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el mejor guia de teyvat

Vientos de Libertad y Acordes de Acero

La ruta hacia Mondstadt era exactamente como Damian la recordaba de sus horas frente a la pantalla, pero mil veces más vibrante. El aroma de las flores de seda y el dulce néctar de las flores de azúcar impregnaban el aire, mientras el sol de la mañana bañaba las colinas de un verde esmeralda. Sin embargo, para Lumine, el paisaje era secundario. Su atención estaba dividida entre la majestuosa espada que ahora colgaba de su cintura y el extraño chico de cabello blanco que flotaba a su lado, tarareando una melodía que sonaba a aventura y peligro.

—¿Te duele la cabeza? —preguntó Damian de repente, rompiendo el silencio tras su última estrofa—. Te quedaste mirando ese árbol durante tres minutos. Si esperas que las manzanas caigan por miedo, lamento decirte que estas son manzanas de Teyvat, son bastante tercas.

Lumine sacudió la cabeza, esbozando una sonrisa cansada.

—No es eso. Es solo que todo esto es... mucho para procesar. La espada, tus canciones, el hecho de que sepas tanto de mí.

Damian se encogió de hombros, haciendo una voltereta en el aire que hizo que su capa estrellada ondulara con elegancia.

—El conocimiento es poder, estrellita. Y hablando de poder, el Sistema me dice que estamos cerca de algo interesante. ¿Sientes eso? El aire se siente más... denso.

Lumine asintió. A medida que avanzaban por el sendero boscoso, el murmullo del viento se volvió más errático. De repente, un rugido desgarró la paz del bosque. No era un rugido animal, sino algo antiguo, cargado de un dolor que hacía vibrar los huesos.

—Eso no sonó como un perrito faldero —comentó Damian, entrecerrando sus ojos rojos—. ¡Rápido, por aquí! ¡El drama nos llama!

Usando sus *Pasos de Flash*, Damian se convirtió en un borrón blanco, desplazándose varios metros en un parpadeo. Lumine, sorprendida por la velocidad de su guía, apretó el paso, sintiendo cómo la espada de acero valyrio en su cadera parecía animarla a correr, reduciendo el peso de su fatiga.

Al llegar a un claro oculto por árboles milenarios, se detuvieron en seco. Allí, frente a una gran roca, se encontraba un dragón de escamas celestes y seis alas, majestuoso y terrible. Frente a él, un joven vestido de verde, con trenzas que brillaban con una luz turquesa, parecía intentar calmar a la bestia.

—No temas... He vuelto —susurró el bardo, extendiendo una mano hacia el dragón.

Damian sintió un escalofrío. Verlo en persona era muy diferente a verlo en una cinemática. La energía elemental que emanaba de Venti y Dvalin era abrumadora. Sin embargo, su instinto de "jugador" tomó el control.

—¡Sistema! —pensó con urgencia—. Analiza la situación. ¿Puedo intervenir sin arruinar el canon de manera catastrófica?

[NOTIFICACIÓN DEL SISTEMA] [Evento Detectado: El Encuentro del Dragón y el Bardo] [Misión Opcional: Interferencia Armónica] [Objetivo: Utilizar "Voz del Bardo" para estabilizar la energía de Dvalin momentáneamente] [Recompensa: Fragmento de Resonancia Elemental + 500 Monedas del Sistema]

Damian sonrió de lado. Era hora de su debut musical en Teyvat.

—¡Lumine, quédate atrás! —ordenó Damian, elevándose más alto.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó ella, desenvainando su espada con cautela—. ¡Esa criatura es enorme!

—Voy a darle un poco de terapia musical —respondió él con un guiño.

Damian cerró los ojos y respiró hondo. Sintió la habilidad "Voz del Bardo" activarse en su garganta, una calidez que se extendía desde su pecho hasta sus cuerdas vocales. No eligió una canción de batalla esta vez. Necesitaba algo que hablara de la soledad, del tiempo y de la redención.

Comenzó a cantar. Su voz, amplificada por una energía invisible, fluyó a través del claro como un río de seda. Era una melodía melancólica, una balada que hablaba de un cielo que alguna vez fue hogar y de un sueño que se tornó pesadilla.

—*“In the stars, I see your face... A memory of a warmer place...”* —La voz de Damian vibró con una pureza sobrenatural.

El efecto fue instantáneo. Dvalin, que estaba a punto de rugir de nuevo, ladeó la cabeza. Las espinas de energía oscura que brotaban de su lomo parecieron palidecer ligeramente. Venti, el bardo de verde, se giró bruscamente, con los ojos abiertos de par en par al ver al pequeño ser de cabello blanco flotando y emitiendo una frecuencia que resonaba con el mismísimo viento.

—¿Quién...? —murmuró Venti, pero no pudo terminar la frase.

Un destello rojo brilló en el pecho del dragón. La corrupción de la Orden del Abismo reaccionó violentamente ante la pureza de la canción de Damian. Dvalin lanzó un rugido de agonía, sacudiendo sus alas y creando un vendaval que casi lanza a Lumine por los aires.

—¡Cuidado! —gritó Damian, interrumpiendo su canto para usar sus *Pasos de Flash* y aparecer frente a Lumine, creando un pequeño escudo de energía que desvió las ráfagas de viento.

El dragón, asustado y enfurecido por el conflicto interno, se elevó hacia el cielo, desapareciendo entre las nubes en cuestión de segundos. El bardo de verde también se desvaneció en un remolino de plumas y viento, dejando tras de sí un pequeño cristal carmesí que flotaba sobre la roca.

El claro quedó en silencio, salvo por el jadeo de Lumine y el suave zumbido de la pantalla del Sistema frente a Damian.

[MISIÓN COMPLETADA: INTERFERENCIA ARMÓNICA] [Recompensa otorgada. El vínculo con el elemento Anemo ha aumentado un 5%]

—Bueno... eso pudo salir mejor —dijo Damian, rascándose la nuca mientras descendía lentamente hasta el suelo—. Pero hey, ¡al menos no nos comió!

Lumine se acercó a la roca, guardando su espada. Sus ojos estaban fijos en el cristal rojo que palpitaba con una luz maligna.

—¿Qué es esto? —preguntó, extendiendo la mano hacia él.

—¡Espera! —Damian se interpuso—. Eso está imbuido con una energía bastante desagradable. Es una lágrima de dragón, pero está corrupta. Aunque... —Damian sonrió con picardía—, para alguien como tú, es el material de entrenamiento perfecto.

Lumine lo miró con escepticismo.

—¿Entrenamiento? Siento que si lo toco, me va a dar un síncope.

—Confía en tu guía, estrellita —Damian hizo un gesto teatral hacia la espada de Lumine—. Tu espada de acero valyrio no es solo un trozo de metal. Tiene la capacidad de absorber y purificar energías si se lo pides amablemente. O si yo fuerzo el proceso con un poco de ayuda del Sistema.

Lumine suspiró, pero confió. Al acercar la mano al cristal, este no la quemó. En cambio, una corriente de aire frío recorrió su brazo. La espada en su cintura comenzó a brillar con un suave tono plateado. El cristal rojo perdió su color turbio, volviéndose de un azul cristalino antes de disolverse en partículas de luz que fueron absorbidas por la hoja de la espada.

—¡Vaya! —exclamó Lumine, mirando su arma—. Se siente... más ligera. Y puedo sentir algo... como si el viento me hablara.

—Es el primer paso para recuperar tu divinidad, o algo parecido —dijo Damian, sintiéndose satisfecho—. Esa espada ahora tiene una afinidad básica con el viento. Úsala bien y podrías cortar un tornado a la mitad.

Caminaron unos minutos más hasta que el bosque se abrió, revelando una vista impresionante. Frente a ellos, en medio de un lago inmenso, se alzaba una ciudad amurallada con molinos de viento gigantescos que giraban perezosamente bajo el sol.

—Mondstadt —susurró Lumine, maravillada.

—La Ciudad de la Libertad, el Vino y los Bardos que no pagan sus cuentas —añadió Damian con una risita—. Un lugar perfecto para empezar nuestro imperio... digo, tu búsqueda.

Sin embargo, antes de que pudieran cruzar el puente, una figura roja y veloz saltó desde lo alto de un terraplén, aterrizando frente a ellos con una pirueta perfecta.

—¡Alto ahí, extraños! —exclamó la chica, que vestía un uniforme de exploradora con un lazo que recordaba a las orejas de un conejo—. ¡Identifíquense! Soy Amber, Caballero de Exploración de los Caballeros de Favonius.

Damian hizo una reverencia exagerada, flotando a la altura de los ojos de Amber.

—¡Saludos, noble caballera de los conejos saltarines! —dijo con un tono dramático—. Soy Damian, el bardo más talentoso que jamás pondrá un pie en esta ciudad, y ella es Lumine, una viajera de tierras muy, muy lejanas que tiene una puntería casi tan buena como la tuya.

Amber parpadeó, confundida por la verborrea del chico flotante.

—¿Un bardo? ¿Y qué es... exactamente lo que eres tú? —preguntó señalando a Damian—. ¿Un hada? ¿Un espíritu de la naturaleza?

—Soy su guía oficial y soporte emocional —respondió Damian, inflando el pecho—. Y si te portas bien, puede que te dedique una canción que hará que tus flechas nunca fallen.

Lumine intervino, notando que Amber estaba a punto de sacar su arco por pura confusión.

—Lo siento, él es un poco... intenso. Estamos de paso, buscamos información sobre alguien.

Amber relajó la postura, aunque seguía mirando a Damian con curiosidad.

—Bueno, no parecen miembros de la Orden del Abismo. Los monstruos han estado muy activos últimamente, especialmente con ese dragón sobrevolando la zona. Si van a la ciudad, puedo escoltarlos. Pero nada de trucos mágicos extraños, ¿entendido?

—¡Entendido, jefa! —exclamó Damian, empezando a flotar hacia el puente mientras tarareaba una melodía de un famoso juego de rol—. Por cierto, Amber, tienes una mancha de barro en la bota izquierda. El estilo es importante para un caballero, ¿sabes?

Amber se miró la bota instintivamente, dándose cuenta demasiado tarde de que era una broma.

—¡Oye! —protestó ella, pero Damian ya estaba varios metros por delante, riendo mientras hacía piruetas en el aire.

Lumine suspiró y miró a Amber con una expresión de disculpa.

—Te acostumbras... eventualmente.

—Lo dudo mucho —murmuró Amber, aunque no pudo evitar sonreír ante la energía contagiosa del pequeño guía.

Mientras cruzaban el puente de piedra de Mondstadt, Damian recibió una nueva notificación en su visión periférica.

[NUEVA MISIÓN: El Regalo del Viento] [Objetivo: Obtener el planeador y dar un espectáculo musical en la plaza de la estatua] [Recompensa: Habilidad "Canto de Sirena" (Aturdimiento en área) + Desbloqueo de Tienda de Armas de Anime]

Damian sonrió para sus adentros. Teyvat era un escenario gigante, y él estaba decidido a ser el director, el protagonista y el compositor de la banda sonora. Miró a Lumine, que observaba las murallas de la ciudad con esperanza, y luego a Amber, que intentaba mantener el orden.

—Prepárate, Mondstadt —pensó Damian, invocando mentalmente un par de auriculares invisibles para sintonizar su próxima canción—. No tienes ni idea de la clase de ídolo que acaba de llegar a tus puertas.

—¿En qué piensas, Damian? —preguntó Lumine, notando la chispa traviesa en sus ojos rojos.

—En que esta ciudad necesita un poco más de ritmo —respondió él, elevando su voz para que todos los guardias de la puerta lo escucharan—. ¡Ciudadanos de Mondstadt! ¡Abran paso a la futura salvadora de este mundo y a su increíblemente guapo y talentoso mánager!

Lumine se cubrió la cara con la mano, roja de vergüenza, mientras Amber soltaba una carcajada nerviosa. El viaje en Mondstadt acababa de empezar, y Damian ya se estaba asegurando de que nadie olvidara su nombre. Después de todo, ¿qué es una aventura sin un poco de drama y una buena dosis de egocentrismo encantador?

Al cruzar el umbral de la ciudad, Damian sintió la energía del Dios del Viento en el ambiente. Sabía que Venti los estaba observando desde algún lugar, probablemente confundido por su presencia.

—Espera y verás, Barbatos —murmuró Damian para sí mismo—. Vamos a convertir este "Prólogo" en un éxito de taquilla.

Y con un chasquido de sus dedos, una suave melodía de piano comenzó a sonar de la nada, siguiendo sus pasos mientras se adentraban en las calles empedradas de la ciudad de la libertad. El sistema brilló una última vez antes de minimizarse:

[Sincronización con el mundo: 15%. Estado: Diversión garantizada].