el regreso de shoko komi reencranada en una mujer lobo y la promesa de hace 30 años
El Verano de los Mundos: Reflejos en el Agua y el Reencuentro del Corazón
Habían pasado tres meses desde que el polvo industrial de la fábrica Playtime Co. se asentara y el silencio de la muerte fuera reemplazado por la paz del descanso eterno. Tres meses en los que Shoko Komi, la mujer lobo revestida en diamante, había procesado el duelo por su hermano Shousuke junto a su madre y sus amigos más cercanos. El multiverso, sin embargo, no se detenía, y el calor del verano japonés había llegado con una intensidad que derretía incluso la gélida compostura de los guerreros más curtidos.
La idea había nacido de Najimi, por supuesto. Nadie más tendría la audacia de sugerir que un Caballero Dorado, un Rey Bestia, un grupo de Shuras asesinos y los peleadores más brutales de la Asociación Kengan se reunieran en un parque acuático público en las afueras de Tokio.
—¡Komi-san! ¡No puedes quedarte encerrada meditando con Shaka todo el día! —había exclamado Najimi semanas atrás—. ¡Tus amigos de otros mundos se están asando! ¡Incluso Lucnoca está empezando a soltar vapor!
Y así, la mañana del sábado encontró al grupo más bizarro de la historia frente a las puertas de "Aqua Paradise World". Shoko Komi caminaba a la vanguardia, vistiendo un vestido de verano ligero que ocultaba su armadura de diamante, aunque sus orejas de lobo se asomaban con curiosidad por debajo de un sombrero de paja de ala ancha. A su lado, Tadano Hitohito cargaba con tres bolsas de lona llenas de protector solar, toallas y bocadillos.
—¿Estás segura de esto, Komi-san? —preguntó Tadano, mirando de reojo hacia atrás—. Llamamos un poco la atención.
Detrás de ellos, la escena era digna de una pintura surrealista. Leonhart, el Rey de Ozmargo, caminaba en su forma humana pero con una majestuosidad que hacía que la gente se apartara instintivamente. Sariphi corría a su alrededor, sosteniendo la mano de la pequeña Amit, quien miraba los toboganes gigantes con ojos como platos. Anubis, con su habitual severidad, vigilaba los alrededores como si esperara un ataque inminente de peluches asesinos en cualquier momento.
—Relájate, Anubis —dijo Leonhart con una sonrisa tranquila—. Hoy no hay enemigos. Solo... agua demasiado clorada.
—Es una cuestión de protocolo, Majestad —respondió Anubis, aunque vestía una camisa hawaiana que Amit le había obligado a ponerse.
Desde el otro lado del estacionamiento, un rugido de motor anunció la llegada de los peleadores Kengan. Ohma Tokita bajó de una camioneta junto a Kazuo Yamashita, Lihito y Cosmo Imai. Casi al mismo tiempo, una distorsión en el aire permitió que Alus el Corredor Estelar descendiera del cielo, retractando sus alas mecánicas mientras saludaba a Regneeje y a un muy incómodo Toroa el Terrible, quien parecía odiar el concepto de "diversión bajo el sol".
—¡Miren esto! —gritó Alus, señalando el tobogán más alto—. ¡Apuesto a que puedo bajar por ahí más rápido que la gravedad!
—Eso es hacer trampa, pajarraco —gruñó Toroa, ajustándose el cinturón de su bañador, que todavía tenía espacio para un cuchillo oculto.
Una vez dentro del parque, el grupo se apoderó de una zona de carpas privadas cerca de la piscina de olas. Shaka de Virgo, el caballero dorado, se sentó en posición de loto bajo la sombra, con los ojos cerrados, pareciendo perfectamente cómodo a pesar de los gritos de los niños y la música pop de fondo.
—La armonía se encuentra en todos los lugares, incluso en el caos del ocio —murmuró Shaka cuando Legoshi, el lobo gris de Cherryton, se sentó cerca de él, visiblemente abrumado por la cantidad de olores y personas.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? —preguntó Legoshi, moviendo su cola con nerviosismo—. Siento que todos nos miran.
—Nos miran porque emanamos una energía que no comprenden —respondió Shaka sin abrir los ojos—. Pero hoy, Shoko necesita que seamos simplemente sus amigos. No guerreros, no leyendas. Solo acompañantes en su descanso.
Komi, mientras tanto, se había retirado a los vestidores con Sariphi y las chicas de la preparatoria Itan. Cuando salieron, el silencio se apoderó de la zona de las carpas. Komi vestía un traje de baño de una pieza de color negro elegante que resaltaba su figura atlética y sus rasgos de loba. Su cola se movía rítmicamente, delatando su emoción contenida.
—¡Komi-san, te ves increíble! —exclamó Najimi, saltando a la piscina de olas sin previo aviso.
Komi se acercó a la orilla del agua, donde Tadano la esperaba. Por un momento, la timidez que la había caracterizado durante años regresó. Sus orejas se pegaron a su cabeza y sus ojos buscaron los de su amigo.
—Tadano-kun... —susurró ella.
—Te ves muy bien, Komi-san —dijo Tadano con una sonrisa sincera, aunque sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas—. ¿Quieres entrar? El agua está perfecta.
Komi asintió y, con una gracia que solo una mujer lobo bendecida por el diamante podía poseer, se deslizó en el agua. El frescor fue un alivio instantáneo para su piel, que todavía sentía el calor residual de las batallas pasadas.
Pronto, el parque acuático se convirtió en el campo de entrenamiento más extraño del mundo. En la piscina de olas, Ohma Tokita intentaba practicar su técnica de "Redirección" contra las mareas artificiales, para gran confusión de los socorristas.
—¡Es inútil, Ohma! —gritó Lihito desde la orilla—. ¡El agua no tiene articulaciones que puedas romper!
—Todo tiene un flujo, Lihito —respondió Ohma, manteniendo el equilibrio mientras una ola gigante chocaba contra él—. Si puedo controlar esto, mi estilo Niko alcanzará un nuevo nivel.
En los toboganes, la competencia era feroz. Alus y Regneeje se lanzaban una y otra vez, tratando de romper la barrera del sonido en el "Tornado de Agua". Toroa, por su parte, se había deslizado una vez y había terminado asustando a un grupo de adolescentes al salir del tubo con una expresión de querer asesinar al agua misma.
Cerca de la piscina infantil, Sariphi y Amit jugaban con pelotas inflables. Leonhart las observaba desde una tumbona, con una expresión de paz que rara vez se veía en su rostro de soberano.
—¿Quién hubiera pensado que el Rey de las Bestias disfrutaría de un helado de vainilla en un parque humano? —comentó Anubis, sentándose a su lado con un paraguas para darle sombra a su señor.
—El mundo ha cambiado, Anubis —dijo Leonhart, saboreando el dulce—. O quizá, nosotros hemos cambiado gracias a ella. Mira a Shoko. Hace tres meses estaba dispuesta a morir para salvar a su hermano. Hoy... hoy es solo una chica disfrutando del verano.
Komi estaba en ese momento en la zona de buceo. Se sumergió profundamente, disfrutando del silencio bajo el agua. Allí abajo, donde los sonidos del mundo se amortiguaban, podía sentir la conexión con cada uno de sus amigos. Podía sentir el cosmos de Shaka, la fuerza bruta de Ohma, la calidez de Sariphi. Activó brevemente su poder, y pequeños fragmentos de diamante brillaron bajo el agua, creando un espectáculo de luces que atrajo a varios niños curiosos.
Al salir a la superficie, se encontró con Legoshi, quien estaba sumergiendo solo los pies en la orilla, mirando el agua con melancolía.
—¿Pasa algo, Legoshi-kun? —preguntó Komi, acercándose a él.
El lobo gris se sobresaltó un poco, pero luego sonrió tímidamente.
—Es solo que... a veces me cuesta creer que esto sea real —confesó Legoshi—. En mi mundo, las relaciones entre carnívoros y herbívoros son tan tensas... Ver a Leonhart-sama jugar con Sariphi, o verte a ti, una loba tan poderosa, siendo tan amable con todos... me da esperanza.
Komi puso una mano sobre la pata de Legoshi.
—La fuerza... no es solo para luchar —dijo ella con lentitud, eligiendo sus palabras con cuidado—. Es para crear espacios... donde todos puedan estar seguros. Como este.
Legoshi asintió, sintiéndose un poco más ligero.
—Tienes razón, Komi-san. Gracias.
La tarde avanzó entre risas y pequeñas anécdotas. Najimi organizó un torneo de voleibol acuático que rápidamente se salió de control cuando Toroa decidió que las reglas eran "sugerencias" y empezó a usar su fuerza para lanzar el balón como si fuera una bala de cañón.
—¡Falta! ¡Eso es falta técnica! —gritaba Najimi mientras el balón desaparecía en el horizonte tras un golpe de Toroa.
—¡En Ishura no hay faltas, solo vencedores! —rugió Toroa, aunque tenía una pequeña sonrisa en la comisura de los labios.
Tadano, mientras tanto, se encontraba sentado en un banco de madera, observando el caos con una sensación de plenitud. Sintió que alguien se sentaba a su lado y vio a Shuuko, la madre de Komi.
—Están todos muy felices, ¿verdad, Tadano-kun? —preguntó Shuuko, mirando hacia donde Komi y Sariphi compartían un gran tazón de hielo raspado.
—Sí, señora Komi. Hacía mucho tiempo que no veía a Komi-san tan relajada.
—Ella cargó con mucho —dijo Shuuko, y por un momento, la chispa eterna de sus ojos se volvió profunda y maternal—. Perder a Shousuke fue un golpe que ninguna madre o hermana debería sufrir. Pero verla aquí, rodeada de personas de tantos mundos que la aman... me hace saber que estará bien. Ella es el puente, Tadano-kun. El puente que nos une a todos.
De repente, un grito de emoción interrumpió la charla. Amit había logrado convencer a Anubis de subir al tobogán más alto. El imponente canciller de Ozmargo bajó con una expresión de puro terror digna de un cachorro asustado, gritando por la gloria del reino mientras caía al agua con un estruendo masivo.
—¡Otra vez, tío Anubis! ¡Otra vez! —saltaba Amit, mientras Anubis intentaba recuperar su dignidad y su peluca empapada.
Al atardecer, el grupo se reunió en una zona de barbacoa cerca de la salida del parque. Komi, usando sus poderes de materialización, creó mesas de diamante transparente que reflejaban los colores del ocaso. Sanji (quien había insistido en venir como el "chef oficial del multiverso") preparaba carne y vegetales con una velocidad que dejaba a los cocineros del parque en ridículo.
—¡Esto es vida! —exclamó Lihito, devorando una brocheta de carne—. ¡Oye, Ohma, deberías probar esto! ¡Es mejor que el jabalí que cazamos en las montañas!
Ohma asintió, comiendo con su habitual apetito voraz, mientras conversaba con Mestelexil sobre las diferencias entre la magia de Ishura y la energía vital.
Komi se levantó de su asiento y llamó la atención de todos golpeando suavemente su vaso de cristal. El silencio se hizo de inmediato; cuando la Diosa Silenciosa hablaba, hasta el viento parecía detenerse para escuchar.
—Gracias... por estar aquí —dijo ella, mirando a cada uno de los presentes—. Hace tres meses, pensé que el mundo se había vuelto oscuro para siempre. Pero hoy, al verlos jugar, pelear y reír... comprendí que la luz no se fue. La luz son ustedes.
Komi extendió su mano y, sobre el centro de la mesa, materializó una pequeña escultura de diamante. No era una espada, ni una armadura. Era una representación de todos ellos: un lobo, un ciervo, un rey, un caballero, un luchador y un chico normal, todos unidos por un hilo invisible.
—Esta es nuestra fuerza —continuó Komi—. No importa de qué mundo vengamos o qué horrores hayamos visto. Mientras podamos compartir un día de verano... el mal nunca ganará.
Un brindis general resonó en el aire. Shaka de Virgo levantó su copa, asintiendo con respeto hacia Komi.
—Has alcanzado una sabiduría que muchos tardan vidas en comprender, Shoko —dijo el caballero dorado—. El descanso es tan sagrado como la batalla.
Cuando la noche cayó y las luces del parque empezaron a parpadear, el grupo comenzó a despedirse. Los portales dimensionales se abrieron uno a uno. Leonhart y su comitiva regresaron a Ozmargo, con Sariphi prometiendo visitar a Komi pronto para otra "aventura humana". Los guerreros de Ishura se marcharon hacia sus propias tierras en conflicto, pero con una nueva perspectiva sobre la paz.
Legoshi y su grupo se despidieron con abrazos, sintiéndose un poco más seguros de su propio lugar en el mundo. Shaka desapareció en una ráfaga de pétalos de cerezo, regresando al Santuario.
Finalmente, solo quedaron Komi, su familia y los amigos de la preparatoria Itan en el estacionamiento ahora casi vacío.
—Fue un buen día, ¿verdad? —preguntó Tadano, mientras ayudaba a Komi a subir las últimas bolsas al auto.
Komi lo miró y, por primera vez en mucho tiempo, no necesitó escribir nada, ni usar su voz de guerrera. Simplemente se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla, dejando a Tadano congelado en el lugar.
—El mejor —susurró ella, con sus orejas de lobo moviéndose con una alegría pura.
Mientras el auto se alejaba, Komi miró hacia el cielo estrellado. Sabía que habría más desafíos, más mundos que proteger y quizá más pérdidas que lamentar. Pero por ahora, el calor del verano y el recuerdo de las risas en el agua eran suficientes. La Diosa del Diamante había encontrado su equilibrio, y el multiverso, por una noche, estaba en completa y absoluta armonía.