el regreso de shoko komi reencranada en una mujer lobo y la promesa de hace 30 años
El Alquimista de la Desesperación y el Despertar de la Corrupción
La paz en el Reino de Ozmargo era, como Galois había advertido, un cristal hermoso pero delicado. Mientras el eco de las celebraciones aún resonaba en los pasillos de piedra, Sariphi caminaba por los jardines del segundo piso, buscando un momento de tranquilidad. Sin embargo, lo que encontró cerca de una de las fuentes de agua mágica no fue soledad, sino a un joven de aspecto extraño, con un cabello que desafiaba la gravedad y una bata blanca que parecía fuera de lugar en cualquier mundo conocido.
El joven estaba inclinado sobre una piedra, analizando unos musgos con una lupa improvisada y murmurando números y fórmulas.
—¿Eh? ¿Quién eres tú? —preguntó Sariphi, acercándose con curiosidad—. No pareces de por aquí, ni tampoco de los amigos de Shoko.
El chico se dio la vuelta, revelando una mirada aguda y una sonrisa llena de confianza científica.
—Diez mil millones por ciento seguro de que no soy de aquí —dijo el joven, rascándose la nuca—. Me llamo Senku Ishigami. Y si mi cronómetro mental no falla, he estado en este mundo extraño durante unas tres horas después de que una anomalía dimensional me succionara mientras mezclaba ácido nítrico.
Sariphi parpadeó, confundida por la terminología, pero algo en los ojos del chico le recordó a la determinación de Komi. Tras una breve explicación sobre la situación del reino y la tragedia de Shousuke, los ojos de Senku se entrecerraron con interés.
—¿Revivir a un muerto? —Senku soltó una carcajada corta—. La ciencia no hace milagros, pero si la muerte fue causada por una interferencia de energía externa y el cuerpo está preservado... hay una posibilidad lógica. En mi mundo, toda la civilización fue convertida en piedra durante milenios. Yo los traje de vuelta con química. Esto no es muy diferente, solo es otra rama de la física interdimensional.
Sariphi no perdió tiempo. Corrió a buscar a Shoko Komi y a Tadano, llevándolos ante el joven científico. Komi, al escuchar que existía una mínima posibilidad de recuperar a su hermano, sintió que su corazón de loba daba un vuelco.
—Senku-kun —dijo Komi, su voz temblando por la esperanza—, si puedes ayudarnos, te daré cualquier cosa.
—No quiero oro, reina lobo —respondió Senku, ajustándose los guantes—. Solo quiero acceso a los materiales de este mundo. Pero primero, necesito examinar el cuerpo de Shousuke. Si el "Prototipo" dejó algún rastro de energía, tenemos que neutralizarlo antes de intentar cualquier reanimación.
El grupo se dirigió hacia la cámara funeraria que Komi había materializado en las profundidades del palacio, un mausoleo de diamante puro donde reposaba el cuerpo inerte del joven Shousuke. Sin embargo, al acercarse a las grandes puertas selladas, un frío antinatural comenzó a emanar de las paredes. No era el frío noble de Lucnoca, sino una gélida sensación de podredumbre y estática.
—Algo está mal —dijo Tadano, poniéndose al frente—. La seguridad de la isla Ganryu no debería haber permitido esto.
Al abrir las puertas, el horror los golpeó de frente. En el centro de la sala, frente al féretro de cristal, no estaba el cuerpo de Shousuke solo. De pie, dándoles la espalda, se encontraba Shuuko Komi. Pero su postura era rígida, distorsionada.
—¿Mamá? —susurró Shoko, dando un paso adelante.
Shuuko se dio la vuelta lentamente. El grito de Sariphi desgarró el silencio. El rostro de la madre de Komi, siempre radiante y joven, estaba transformado en una pesadilla viviente. Sus ojos eran cuencas de oscuridad absoluta, con pupilas que brillaban como rubíes bañados en sangre. Lágrimas negras surcaban sus mejillas, quemando su piel, y una sonrisa retorcida, carente de cualquier rastro de humanidad, se extendía por su rostro.
—¡Atrás! —gritó Senku, sacando un pequeño frasco de su bata—. ¡Eso no es una posesión demoníaca estándar! ¡Es una infección de datos corruptos! ¡Energía .EXE!
Shuuko, o lo que quedaba de ella, emitió un sonido que parecía el chirrido de una cinta de video rompiéndose. Su cuerpo se movía con espasmos digitales, teletransportándose tramos cortos de forma errática.
—Shoko... —la voz de Shuuko sonaba como mil voces distorsionadas gritando al mismo tiempo—. Shousuke... tiene hambre. Todos tenemos... hambre.
Con una velocidad que desafiaba la percepción humana, la entidad lanzó un zarpazo de energía roja y negra. Komi reaccionó instintivamente, interponiendo su escudo de diamante, pero el impacto la hizo retroceder varios metros. El diamante, usualmente indestructible, comenzó a mostrar grietas digitales, como si la realidad misma estuviera siendo borrada.
—¡Escúchenme! —exclamó Senku mientras se ocultaba tras una columna—. Esa energía es un virus multiversal. Se alimenta del dolor de la pérdida. Ella intentó estar cerca de su hijo y la corrupción la usó como huésped. ¡Si la golpean con fuerza bruta, solo propagarán el virus!
—¿Entonces cómo la detenemos sin lastimarla? —gritó Tadano, esquivando un proyectil de estática roja.
—¡Necesitamos un cero absoluto! —respondió Senku—. ¡Algo que detenga el procesamiento de la materia a nivel atómico! ¡Congelación criogénica instantánea!
Komi entendió de inmediato. A través del nexo de los mil amigos, envió un llamado desesperado que atravesó las dimensiones. No llamó a un guerrero, sino a un guardián del frío eterno.
En un destello de luz dorada y azul, Camus, el Caballero de Acuario, apareció en medio de la cámara. Su capa blanca ondeaba a pesar de la falta de viento, y su expresión era de una seriedad absoluta.
—Shoko, he sentido la perturbación —dijo Camus, elevando su cosmos al instante—. Esa energía es una aberración que no pertenece a este plano.
—¡Camus-san, por favor! —suplicó Komi, mientras bloqueaba otro ataque de su madre—. ¡No la mates! ¡Solo congélala! ¡Senku dice que es la única forma de salvarla!
Camus observó a la figura distorsionada de Shuuko. La entidad .EXE rugió, lanzándose contra el Caballero de Oro con las uñas convertidas en garras de código negro.
—El frío es la ausencia de movimiento, y en el silencio del hielo, la corrupción no tiene voz —sentenció Camus, juntando sus manos sobre su cabeza en la posición de la jarra sagrada—. ¡Ejecución de la Aurora!
Una ráfaga de aire gélido, alcanzando temperaturas cercanas al cero absoluto, inundó la habitación. La energía .EXE intentó resistirse, creando una barrera de estática, pero el cosmos de Camus era implacable. Poco a poco, los movimientos erráticos de Shuuko se ralentizaron. El negro de sus ojos comenzó a cristalizarse y el aura roja se apagó bajo una capa de hielo eterno y transparente.
En pocos segundos, una estatua de hielo perfecto contenía a la madre de Komi. La expresión de terror y locura en su rostro quedó congelada en el tiempo, como una fotografía de una pesadilla.
Komi cayó de rodillas, sollozando en silencio. Tadano se acercó a ella, abrazándola mientras Camus bajaba los brazos, su rostro mostrando una leve fatiga.
—Está a salvo, por ahora —dijo Camus—. Pero mi hielo no durará para siempre si esa energía sigue alimentándose desde el interior.
Senku se acercó a la estatua, ajustándose las gafas mientras observaba los patrones dentro del hielo.
—Diez mil millones de puntos para el tipo de la armadura dorada —dijo Senku con seriedad—. Esto nos da tiempo. Pero escúchenme bien: la causa de esto no está aquí. Esa energía .EXE es una señal emitida desde el vacío. Alguien o algo usó el cadáver de Shousuke como una antena para infectar a los que estaban más cerca emocionalmente.
—¿Quieres decir que mi hermano fue una trampa? —preguntó Komi, levantándose con una furia fría ardiendo en sus ojos.
—Una trampa y una oportunidad —respondió Senku—. Si podemos limpiar el cuerpo de Shousuke de esta corrupción, no solo lo traeremos de vuelta, sino que podremos rastrear el origen de la señal y destruirla. Necesito un laboratorio, necesito los diamantes de Komi como conductores y necesito que nadie, absolutamente nadie, toque ese hielo.
Komi miró a su madre congelada y luego al féretro de su hermano. El peso de ser el Mesías nunca se había sentido tan pesado, pero ahora tenía una dirección.
—Haremos lo que sea necesario —sentenció Komi—. Camus-san, por favor, quédate aquí y vigila el sello. Senku, Ozmargo está a tu disposición. Tadano-kun... tenemos que avisar a los demás. La guerra ya no es contra piratas o monstruos de este mundo.
—Es una guerra contra la corrupción de la existencia misma —añadió Camus, cerrando los ojos para entrar en un estado de vigilancia meditativa.
Senku sonrió, una sonrisa que prometía una victoria a través del intelecto.
—Esto se pone emocionante. Vamos a salvar a tu familia con el poder de la ciencia interdimensional, Shoko Komi. ¡Es hora de despertar al mundo de su pesadilla de datos!
Mientras el grupo salía de la cámara para preparar el contraataque, una pequeña chispa roja parpadeó en lo profundo del hielo que cubría el corazón de Shuuko, un recordatorio de que la oscuridad .EXE apenas estaba comenzando a jugar su partida. Pero Komi ya no era la niña silenciosa de antes; ahora era la cazadora de diamantes, y no se detendría hasta que el aullido de su familia volviera a ser de pura alegría.