El vínculo accidental
Sincronía de celos y café frío
La mañana siguiente al "incidente" en el sofá del loft, Stiles se despertó con una sensación de plenitud que no recordaba haber sentido en toda su vida. No era solo que sus músculos se sintieran laxos y su mente inusualmente calmada; era que, al otro lado del vínculo, podía sentir el latido constante y rítmico de Derek. Era como tener un ruido blanco de fondo que le decía que todo estaba bien.
—Buenos días, Rayo de Sol —murmuró Stiles contra la almohada, aunque Derek no estaba en la habitación.
A través de la conexión, recibió una imagen mental de una taza de café humeante y una punzada de irritación afectuosa. Derek ya estaba despierto, probablemente corriendo por el bosque o haciendo algo terriblemente atlético mientras Stiles apenas podía despegar los párpados.
Sin embargo, la paz duró exactamente lo que tardó Stiles en llegar al instituto.
En el momento en que estacionó el Jeep en el aparcamiento de Beacon Hills High, una oleada de pura hostilidad le golpeó el pecho. No era suya. Stiles se agarró al volante, parpadeando con fuerza. El sentimiento era oscuro, afilado y olía a pino y cuero viejo.
—¿Derek? —susurró, mirando a su alrededor como si el lobo fuera a aparecer entre los arbustos.
No estaba allí físicamente, pero Stiles podía sentirlo. Derek estaba cerca, probablemente vigilando desde los límites del bosque, y estaba... furioso. Stiles frunció el ceño y bajó del coche, tratando de localizar la fuente de la ira de su compañero. No tardó mucho.
Caminando hacia él, con una sonrisa que Stiles antes habría considerado encantadora pero que ahora le resultaba sospechosamente brillante, estaba Theo Raeken. El Theo real. El quimera. El que siempre parecía tener un plan B para traicionarlos a todos.
—Stilinski —saludó Theo, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero, que era irritantemente similar a la de Derek—. Te ves... cansado. ¿Mala noche?
Stiles sintió un gruñido literal vibrar en su garganta. No era su gruñido. Era el de Derek, filtrándose a través del vínculo con tanta fuerza que sus propias cuerdas vocales vibraron por simpatía.
—Theo. Qué alegría verte —dijo Stiles con todo el sarcasmo que pudo reunir—. ¿No tienes algún pozo de oscuridad en el que caer o alguna manada que manipular?
Theo se rió, dando un paso más hacia el espacio personal de Stiles. En el bosque, a unos cientos de metros, algo crujió con la fuerza de un árbol rompiéndose. Stiles sintió una punzada de posesividad tan violenta que casi lo marea.
—Solo quería saber cómo iba la investigación sobre el ritual —dijo Theo, inclinándose un poco, su voz bajando a un tono confidencial—. He oído rumores de que tú y el Alpha amargado habéis quedado... conectados. Debe ser un infierno sentir cada uno de sus pensamientos de "machote" torturado.
—Es fascinante, en realidad —respondió Stiles, tratando de ignorar la imagen mental de Derek arrancándole la yugular a Theo que inundaba su mente—. Especialmente la parte en la que siente lo mucho que quiero que te vayas al cuerno. Ahora mismo, por ejemplo, está enviándome una señal muy clara de que si no te alejas de mí tres metros, va a convertirte en alfombra.
Theo arqueó una ceja, divertido. Extendió una mano y, antes de que Stiles pudiera reaccionar, le quitó una mota de pelusa imaginaria del hombro.
—¿Ah, sí? ¿Y qué siente ahora?
El vínculo estalló. Stiles sintió un estallido de adrenalina tan fuerte que sus rodillas flaquearon. Fue como si un rayo lo atravesara. En menos de tres segundos, un borrón negro saltó la valla del aparcamiento y aterrizó pesadamente entre Stiles y Theo.
Derek Hale no parecía un hombre en ese momento; parecía una fuerza de la naturaleza. Sus ojos eran de un azul eléctrico, sus colmillos estaban fuera y sus garras arañaban el asfalto.
—Atrás —rugió Derek. La voz no era humana.
Theo levantó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no desapareció.
—Vaya, vaya. El perro guardián tiene el oído muy fino hoy. Solo estábamos hablando, Hale.
—No —dijo Derek, poniéndose de pie lentamente, aunque sin retraer los colmillos. Se colocó directamente frente a Stiles, ocultándolo casi por completo con su espalda ancha—. No estabas hablando. Estabas provocando. Vete. Ahora.
Theo echó un último vistazo a Stiles por encima del hombro de Derek, le guiñó un ojo y se alejó silbando una melodía despreocupada.
Stiles soltó un suspiro tembloroso y apoyó la frente en la espalda de Derek. Podía sentir el calor irradiando del cuerpo del lobo, y el vínculo todavía vibraba con una agitación salvaje.
—Derek, respira —murmuró Stiles, pasando sus manos por los costados de la chaqueta de cuero del mayor—. Se ha ido. El idiota se ha ido.
Derek tardó un momento en relajarse. Sus hombros bajaron, sus garras se retrajeron y sus ojos volvieron a su verde habitual, aunque todavía estaban inyectados en sangre por el esfuerzo de controlarse. Se giró para mirar a Stiles, agarrándole la cara con ambas manos con una urgencia que rozaba la desesperación.
—¿Estás bien? —preguntó Derek, escaneando el cuerpo de Stiles en busca de heridas invisibles.
—Estoy perfectamente, aparte de que mi vínculo sobrenatural me acaba de dar un ataque de pánico por delegación —Stiles puso los ojos en blanco, aunque no se apartó del toque de Derek—. Derek, no puedes saltar sobre cada persona que me hable. Es el instituto. La gente habla. Es lo que hacemos los humanos.
—Él no es una persona —gruñó Derek, sus pulgares acariciando los pómulos de Stiles—. Es una amenaza. Y lo que sentí de ti... tu pulso se aceleró cuando se acercó.
—¡Porque es Theo! ¡Me pone nervioso porque es un sociópata, no porque quiera que me quite la ropa! —Stiles soltó una carcajada incrédula—. Dios, Derek. Los celos te quedan muy bien, pero vas a acabar matando a un repartidor de pizza si seguimos así.
Derek frunció el ceño, el vínculo transmitiendo una mezcla de alivio y una terca insistencia en que tenía razón.
—No me gustan los repartidores de pizza —sentenció.
—Lo sé, lo sé. Solo te gusto yo —Stiles sonrió, rodeando el cuello de Derek con sus brazos, sin importarle que la mitad de la escuela los estuviera mirando desde las ventanas—. Ven aquí, lobo gruñón.
Stiles lo besó brevemente, un toque dulce que sirvió para calmar las últimas brasas de la ira de Derek. A través de la conexión, sintió cómo el lobo se rendía, cómo su energía se suavizaba y se envolvía alrededor de la de Stiles como una manta protectora.
—Tengo que ir a clase —dijo Stiles contra sus labios—. Y tú tienes que irte a... no sé, a romper piedras o lo que sea que hagas para liberar testosterona.
—Voy a quedarme cerca —dijo Derek, y Stiles supo que no era una sugerencia.
—Lo sé. Puedo sentirte, ¿recuerdas?
Stiles se dirigió a la entrada del edificio, sintiéndose mucho más ligero. Pero la comedia del vínculo accidental estaba lejos de terminar.
Durante la clase de Historia, Stiles descubrió que el vínculo no solo transmitía emociones grandes como la ira o el deseo. También transmitía las pequeñas.
—¿En serio, Derek? —susurró Stiles a mitad de una explicación sobre la Guerra Civil—. ¿Aburrimiento? ¿Ahora?
Sintió una oleada de confirmación desde el bosque. Derek estaba sentado en la rama de un roble, observando los pájaros y sintiendo cada segundo de la monótona voz del profesor de Stiles. Lo peor fue cuando Derek decidió que estaba aburrido de verdad.
Stiles sintió una caricia fantasma en su nuca. No había nadie detrás de él, pero la sensación era tan real que se le erizó el vello de los brazos. Derek estaba recordando la noche anterior. Estaba recordando la sensación de la piel de Stiles bajo sus dedos, el sonido de su nombre jadeado en la oscuridad del loft.
—Para —siseó Stiles, apretando el bolígrafo con tanta fuerza que la tinta empezó a manchar sus dedos—. Estamos en público, mentalmente hablando.
La respuesta de Derek fue una oleada de deseo travieso. Stiles sintió un calor repentino subiendo por sus muslos, una presión imaginaria que lo hizo removerse en su asiento.
—¡Señor Stilinski! —exclamó el profesor—. ¿Tiene algo que compartir con la clase o prefiere seguir peleándose con su silla?
Stiles se puso rojo como un tomate, sintiendo la carcajada silenciosa de Derek resonar en su mente.
—No, señor. Solo... calambres. Muchos calambres —logró decir, hundiéndose en su asiento mientras Scott, desde la fila de al lado, lo miraba con una mezcla de lástima y diversión.
—Dile que pare —susurró Scott—. Puedo oler tu excitación desde aquí, Stiles. Es asqueroso.
—¡No es culpa mía! —susurró Stiles de vuelta—. ¡Díselo a él! ¡Él es el que tiene el control remoto de mis hormonas!
Al salir de clase, Stiles estaba decidido a tener una charla seria con su compañero vinculado. Pero el destino, o más bien la manada, tenía otros planes.
Se encontraron en la reserva de Beacon Hills, cerca de las ruinas de la casa Hale. Scott, Lydia, Malia y Liam ya estaban allí, junto con Derek, que parecía perfectamente recuperado de su ataque de celos matutino. Estaban examinando unos grabados en una piedra que Deaton creía que podrían ser la clave para romper el vínculo.
—Según el emisario —explicó Lydia, cruzándose de brazos—, el vínculo se alimenta de la proximidad física y emocional. Cuanto más... "íntimos" seáis, más fuerte se vuelve.
Stiles y Derek compartieron una mirada rápida. El vínculo vibró con la culpa compartida de lo que había pasado en el sofá y en la cama del Sheriff.
—¿Y cómo se rompe? —preguntó Derek, su voz recuperando su habitual tono cortante.
—Necesitáis un catalizador de neutralización —dijo Scott, leyendo unos apuntes de Deaton—. Algo que represente vuestra individualidad. Pero hay un problema. Si intentáis romperlo mientras las emociones están... bueno, en su punto máximo, podría causar un choque psíquico.
—O sea, que tenemos que dejar de sentir cosas el uno por el otro —resumió Stiles, agitando las manos—. Genial. Sencillo. Solo tengo que dejar de sentir que Derek es un imán gigante de atracción fatal y él tiene que dejar de querer marcarme como si fuera un árbol en el bosque. Pan comido.
Malia olfateó el aire y arrugó la nariz.
—Hueles a él, Stiles. Mucho. Incluso más que ayer.
—¡Gracias, Malia! ¡Siempre tan sutil! —Stiles suspiró y se acercó a la piedra—. Bien, ¿qué tenemos que hacer?
—Tenéis que poner las manos en la piedra y meditar en vuestra propia esencia, separados del otro —dijo Lydia—. Tenéis que encontrar el "yo" dentro del "nosotros".
Stiles y Derek se colocaron frente a frente, con la piedra entre ellos. Derek extendió su mano y la puso sobre la superficie fría. Stiles hizo lo propio, pero en el momento en que sus dedos rozaron los de Derek, el vínculo no se calmó. Al contrario, rugió.
Fue como una explosión de imágenes. Stiles vio los recuerdos de Derek: el fuego, el dolor, la soledad... y luego, la primera vez que vio a Stiles en el bosque. El chico flaco y parlanchín que no tenía miedo de gritarle a un Alpha. Vio la admiración de Derek, su necesidad de protegerlo, el amor que el lobo se negaba a admitir incluso ante sí mismo.
Y Derek vio todo de Stiles: su ansiedad, su miedo a ser el "humano débil", su devoción absoluta por sus amigos... y el momento exacto en que se enamoró de Derek, a pesar de las chaquetas de cuero y el mal humor.
—Es demasiado —jadeó Stiles, cerrando los ojos. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. No eran suyas, eran de Derek. O quizás eran de ambos.
—No puedo... no puedo soltarte —gruñó Derek, su mano apretando la de Stiles sobre la piedra—. Stiles, no quiero soltarte.
El vínculo se volvió dorado, una luz cegadora que emanaba de sus manos unidas. La manada retrocedió, protegida por Scott, mientras la energía fluctuaba salvajemente.
—¡Tenéis que concentraros! —gritó Scott—. ¡Si no lo hacéis ahora, el vínculo se volverá permanente!
Stiles miró a Derek a los ojos. Vio el miedo en el gran lobo malo. Miedo a perder la única conexión pura que le quedaba. Y en ese momento, Stiles supo que no quería romperlo. No del todo.
—Derek —dijo Stiles, su voz firme a pesar de los temblores—. No tenemos que romperlo. Tenemos que domarlo. No es una cadena, es un puente.
Stiles se concentró no en su individualidad, sino en el equilibrio. En lugar de luchar contra el flujo de emociones, lo aceptó. Dejó que el amor de Derek lo inundara y devolvió el suyo con la misma intensidad. El vínculo dejó de vibrar con violencia y empezó a emitir un zumbido constante y armonioso.
La luz se desvaneció lentamente. La piedra bajo sus manos se había agrietado, pero ellos seguían allí, unidos.
Lydia se acercó, examinándolos con curiosidad.
—¿Sigue ahí? —preguntó.
Stiles cerró los ojos y buscó a Derek. Estaba allí, pero ya no era un ruido ensordecedor. Era como una canción suave de fondo. Podía sentir la calma de Derek, su asentimiento mental.
—Sí —dijo Stiles, sonriendo—. Sigue ahí. Pero ya no nos controla. Nosotros lo controlamos a él.
Derek soltó la mano de Stiles, pero el contacto emocional permaneció. Se acercó al chico y, delante de toda la manada, le pasó un brazo por los hombros, atrayéndolo hacia su costado.
—¿Significa esto que ya no vas a intentar matar a Theo? —preguntó Stiles con esperanza.
Derek lo miró con una expresión seria, aunque el vínculo irradiaba una diversión oscura.
—Significa que ahora puedo sentir exactamente dónde está para saber desde qué dirección atacarlo.
Stiles suspiró, pero se acurrucó contra el pecho de Derek.
—Bueno, supongo que es un progreso.
La manada empezó a dispersarse, comentando lo sucedido, mientras Stiles y Derek se quedaban un momento más en el claro del bosque. El sol empezaba a ponerse, tiñendo los árboles de naranja y oro.
—Stiles —dijo Derek, su voz baja y seria.
—¿Sí, Der?
—Lo que viste... en la piedra. Mis recuerdos.
—Lo sé —interrumpió Stiles, suavizando su expresión—. Yo también te quiero, lobo estúpido. Y el vínculo me dice que ahora mismo estás pensando en lo mucho que quieres llevarme a casa y demostrarlo.
Derek arqueó una ceja, su sonrisa de medio lado volviendo a su rostro.
—¿Ah, sí? ¿Y qué más dice el vínculo?
Stiles se puso de puntillas y le susurró al oído, sintiendo cómo el pulso de Derek se aceleraba instantáneamente en respuesta.
—Dice que el Jeep tiene los asientos traseros muy espaciosos y que estamos en medio del bosque, completamente solos.
Derek no necesitó más invitación. Agarró a Stiles por la cintura y lo levantó, cargándolo hacia el Jeep mientras el vínculo vibraba con una euforia compartida que prometía una noche muy larga y muy poco silenciosa.
Definitivamente, pensó Stiles mientras Derek lo empujaba contra el metal del coche, el vínculo accidental era lo mejor que le había pasado en la vida. Incluso si tenía que aguantar los celos de un Alpha sobreprotector. Al fin y al cabo, él también era bastante protector con su lobo.
Y ahora, todo el mundo podía sentirlo.