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Entre almas perdidas y desasosiego

Despertar en la Realidad

– ¡Ay, qué fastidio! –se quejó Kuro, su voz un murmullo adormilado desde el sofá.

Jason, que estaba terminando de vendarse el hombro herido, suspiró.

– ¿Qué es un fastidio ahora, Kuro?

– La luz del sol –respondió el servamp, cubriéndose los ojos con el brazo. – Es demasiado brillante. Y estoy seguro de que el café que estás haciendo es demasiado ruidoso.

Jason rodó los ojos. Los días siguientes a su confesión en el baño habían sido… extraños. La tensión entre ellos era palpable, un campo magnético que los atraía y repelía a partes iguales. Habían profundizado en su relación, o al menos, lo intentaban. Pero Jason era un hombre de acción, no de palabras, y Kuro era el epítome de la inercia.

– Es de día, Kuro –dijo Jason, sirviéndose una taza de café negro. – La gente normal se despierta con el sol.

– Yo no soy gente normal –murmuró Kuro, aferrándose a la manta. – Y el concepto de "despertarse con el sol" me parece una tortura innecesariamente problemática.

Jason se sentó en la mesa de la cocina, observando a Kuro. Había una nueva capa en su forma de interactuar. Una conciencia tácita de los sentimientos que habían flotado en el aire esa noche en el baño. Pero la confianza era un muro alto para ambos, y la expresión de esos sentimientos era un campo minado.

– ¿Cómo está tu hombro? –preguntó Kuro de repente, sin moverse del sofá.

– Mejor –respondió Jason, tocándose el vendaje. – Gracias a ti.

Kuro se removió, un rubor apenas perceptible tiñendo sus mejillas pálidas.

– No es nada. No me gusta ver cosas problemáticas. Y las heridas son muy problemáticas.

Jason sonrió para sí mismo. Era la forma de Kuro de decir "me preocupo por ti".

– Oye, Kuro –dijo Jason, dejando la taza. – Necesito salir. Tengo que reabastecerme de municiones y algunas otras cosas. ¿Quieres venir?

Kuro abrió un ojo, el rojo brillando con desinterés.

– ¿Salir? ¿A la calle? ¿Donde hay gente? Y ruido. Y problemas.

– Sí, a la calle –confirmó Jason. – Y sí, hay gente. Y ruido. Y problemas. Es Gotham.

– Qué fastidio –Kuro suspiró dramáticamente. – No. Preferiría quedarme aquí y dormir.

Jason asintió. Lo esperaba. La idea de Kuro en el mundo exterior, expuesto a los peligros de Gotham, era una preocupación constante. Pero también sabía que no podía obligarlo.

– Bien –dijo Jason, levantándose. – Volveré en unas horas. No hagas nada problemático.

– ¿Yo? ¿Hacer algo problemático? –Kuro sonrió con malicia. – Eso es demasiado esfuerzo.

Mientras Jason se preparaba para salir, no pudo evitar sentirse un poco decepcionado. Quería que Kuro lo acompañara, que compartieran algo más que el silencio del apartamento. Pero sabía que el servamp tenía sus propios límites, sus propias barreras.

Los días se convirtieron en un delicado baile entre ellos. Jason intentaba pequeñas aperturas, sugería actividades, ofrecía gestos de cariño. Kuro respondía con su habitual apatía, pero siempre con un trasfondo de atención. Si Jason llegaba herido, Kuro lo curaba. Si Jason estaba estresado, Kuro se transformaba en gato y ronroneaba en su regazo, una rara muestra de afecto físico que Jason atesoraba.

Una tarde, Jason regresó de una patrulla especialmente agotadora. Había tenido un encuentro con el Joker, y la locura del payaso había dejado un poso de oscuridad en su alma. Se quitó el casco, su rostro tenso, sus ojos vacíos.

Kuro, que estaba acurrucado en el sofá leyendo un cómic (una nueva afición que Jason le había introducido), levantó la vista.

– Pareces más problemático de lo habitual –observó, su voz suave.

Jason se dejó caer en una silla, frotándose las sienes.

– El Joker. Siempre es el Joker.

Kuro cerró el cómic y se sentó erguido, una rara muestra de alerta.

– Ese tipo es muy problemático. Su locura es contagiosa.

– Lo sé –Jason suspiró. – A veces, solo quiero…

No terminó la frase, pero la implicación era clara. Quería acabar con él.

Kuro lo observó, sus ojos rojos fijos en su rostro. Jason sintió una oleada de vulnerabilidad. Con Kuro, no tenía que fingir ser fuerte todo el tiempo. Podía permitirse ser humano, herido, cansado.

– No es bueno que te consuma la oscuridad –dijo Kuro, su tono sorprendentemente serio. – Te volverás tan problemático como él.

– ¿Y qué se supone que debo hacer, Kuro? –preguntó Jason, su voz ronca. – ¿Dejarlo ir? ¿Dejar que siga causando estragos?

Kuro se levantó y se acercó a Jason. La idea de contacto físico por parte de Kuro era casi impensable, a menos que Jason estuviera herido o en su forma felina. Pero esta vez, Kuro extendió una mano y la colocó suavemente sobre el hombro de Jason.

Jason se tensó al principio, sorprendido por el toque. La mano de Kuro era fría, pero la intención era cálida.

– No digo que lo dejes ir –dijo Kuro, sus ojos fijos en los de Jason. – Digo que no dejes que te convierta en lo que odias. La venganza es un problema que nunca termina.

Jason miró la mano de Kuro en su hombro, luego a los ojos rojos del servamp. Había una profundidad en ellos que rara vez mostraba, una sabiduría antigua que contrastaba con su apariencia juvenil.

– ¿Cómo lo sabes? –preguntó Jason, su voz apenas un susurro.

Kuro retiró la mano, como si el contacto hubiera sido demasiado para él. Se encogió de hombros, volviendo a su postura habitual de desinterés.

– He vivido mucho tiempo. He visto muchas cosas. Y los problemas se repiten.

Jason se sintió una extraña mezcla de gratitud y frustración. Kuro le había ofrecido una verdad profunda, un consuelo inesperado, pero luego se había retirado de nuevo detrás de su muro de apatía.

– Gracias, Kuro –dijo Jason, poniéndose de pie. – Necesitaba escuchar eso.

Kuro asintió, volviendo a su cómic.

– Mhm. Ahora, ¿puedes hacer menos ruido? Estoy tratando de concentrarme en esta historia de un tipo con un murciélago. Parece muy problemático.

Jason no pudo evitar una pequeña sonrisa. Era la forma de Kuro de volver a la normalidad, de mantener la distancia.

A pesar de estos pequeños avances, la intimidad física era un desafío. Jason, con su historia de trauma y abandono, anhelaba el contacto, la confirmación de la cercanía. Pero Kuro era reacio. Incluso un abrazo casual a menudo terminaba con Kuro tensándose o evadiendo el contacto.

Una noche, mientras estaban sentados en el sofá viendo una película de acción que Jason había puesto, Jason extendió un brazo para rodear los hombros de Kuro. Kuro se quedó rígido, sus músculos tensos.

– ¿Todo bien? –preguntó Jason, su voz suave.

Kuro no respondió de inmediato. Su mirada estaba fija en la pantalla, pero sus ojos no veían la película.

– Esto es… –Kuro hizo una pausa, buscando las palabras. – Esto es un poco…

– ¿Demasiado? –sugirió Jason, retirando su brazo lentamente.

Kuro asintió, casi imperceptiblemente.

– Sí. Es… problemático. No estoy acostumbrado a esto.

Jason sintió una punzada de dolor, pero se esforzó por no mostrarlo.

– Está bien, Kuro. No tienes que hacer nada que no quieras.

– No es que no quiera –dijo Kuro, su voz baja. – Es solo que… es extraño. Y un poco… abrumador.

Jason lo miró, su corazón apretado. Entendía la desconfianza, la reticencia al contacto. Él mismo había lidiado con eso durante años. Pero con Kuro, era diferente. Era una barrera que no podía romper, y eso lo frustraba.

– Entiendo –dijo Jason, su voz más fría de lo que pretendía.

Kuro pareció encogerse un poco.

– No te enfades. Es solo… yo.

– No estoy enfadado –mintió Jason. – Solo… es difícil, Kuro.

Hubo un silencio tenso entre ellos. La película continuó, pero ninguno de los dos la estaba viendo realmente.

Finalmente, Kuro se levantó del sofá.

– Necesito ir a dormir –dijo, su voz plana. – Estoy muy cansado.

Y con eso, se retiró a su habitación, dejando a Jason solo en el sofá, con el brazo vacío y el corazón pesado.

Los días siguientes fueron marcados por una distancia sutil. Kuro seguía siendo Kuro, perezoso y quejumbroso, pero había una frialdad en su comportamiento que Jason no pasaba por alto. La preocupación en los ojos de Kuro cuando Jason llegaba herido seguía ahí, pero el contacto físico era casi nulo.

Jason, sintiéndose rechazado, comenzó a pasar más tiempo fuera del apartamento. Las patrullas nocturnas se hicieron más largas, más brutales. Se sumergió en el trabajo, en la violencia de Gotham, buscando una distracción para el dolor que sentía.

Una noche, Jason regresó al apartamento más tarde de lo habitual. Estaba empapado por la lluvia, cubierto de barro y sangre. Había tenido una pelea particularmente desagradable con un grupo de matones, y su cuerpo dolía.

Abrió la puerta del apartamento y encontró a Kuro sentado en la oscuridad de la sala de estar, esperándolo. No estaba leyendo un cómic, ni durmiendo. Simplemente estaba sentado, con los ojos rojos fijos en la puerta.

– Estás muy mojado –observó Kuro, su voz carente de su habitual sarcasmo. – Y hueles a sangre.

– Larga noche –murmuró Jason, dejando caer su equipo con un golpe.

Kuro se levantó y se acercó a él. Jason esperaba el habitual comentario sobre lo "problemático" que era, o la reticencia al contacto. Pero Kuro no hizo ninguna de las dos cosas.

En cambio, Kuro extendió una mano y tocó suavemente la mejilla de Jason. Su piel era fría, pero el toque era inesperadamente gentil.

– Estás helado –dijo Kuro, su voz casi un susurro. – Y tienes un corte aquí.

Jason se quedó inmóvil, sorprendido por la muestra de afecto. La mirada en los ojos de Kuro era una mezcla de preocupación y algo más, algo que Jason no podía identificar.

– Estoy bien, Kuro –dijo Jason, su voz ronca.

– No –dijo Kuro, negando con la cabeza. – No lo estás. Te estás lastimando a ti mismo. Te estás volviendo más problemático.

Las palabras de Kuro no eran un regaño, sino una observación triste. Jason se dio cuenta de que su retiro, su inmersión en la violencia, había afectado a Kuro.

– Lo siento –dijo Jason, su voz quebrada. – Solo… no sé cómo lidiar con esto. Contigo. Conmigo.

Kuro lo miró, sus ojos rojos brillando en la oscuridad.

– Yo tampoco. Los sentimientos son muy problemáticos. El contacto físico es… extraño.

– ¿Por qué es extraño? –preguntó Jason, atreviéndose a dar un paso adelante.

Kuro bajó la mirada, su cabello azul cayendo sobre su rostro.

– Nunca he tenido a nadie que me toque así. No de esta manera. Los humanos son… ruidosos. Problemáticos. Pero tú… no eres como los demás.

Jason extendió una mano y levantó suavemente la barbilla de Kuro, obligándolo a mirarlo.

– Tú tampoco eres como los demás, Kuro.

Los ojos de Kuro se encontraron con los de Jason, y en ellos, Jason vio una vulnerabilidad inmensa, una soledad tan profunda como la suya. Se dio cuenta de que la reticencia de Kuro no era rechazo, sino miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a la intimidad, miedo a la posibilidad de que todo fuera "problemático".

– No tienes que tener miedo, Kuro –dijo Jason, su voz suave. – No te haré daño. Y no te obligaré a hacer nada que no quieras.

Kuro parpadeó, una lágrima solitaria deslizándose por su mejilla.

– Es… es difícil. Es un problema muy grande.

Jason asintió.

– Lo sé. Pero podemos resolverlo juntos. Poco a poco. A tu ritmo.

Y entonces, en un gesto que sorprendió a ambos, Jason se inclinó y besó suavemente la frente de Kuro. No fue un beso apasionado, sino uno de consuelo, de promesa, de aceptación.

Kuro se quedó inmóvil por un momento, sus ojos cerrados. Luego, lentamente, se inclinó hacia Jason, apoyando su cabeza en su hombro. El contacto era tímido, casi imperceptible, pero estaba ahí.

Jason lo rodeó con sus brazos, con cuidado, sintiendo el cuerpo delgado de Kuro temblar ligeramente. No hubo ronroneo esta vez, solo un silencio lleno de emociones no expresadas.

– No es tan problemático, ¿verdad? –susurró Jason.

Kuro suspiró, su aliento cálido contra el cuello de Jason.

– Todavía un poco. Pero… no tanto como pensaba. Quizás.

Jason sonrió, sintiendo una oleada de esperanza. Era un comienzo. Un pequeño paso, pero un paso significativo. La confianza era un proceso lento, y los sentimientos eran un terreno desconocido para ambos. Pero en la oscuridad del apartamento de Gotham, dos almas rotas estaban encontrando la manera de sanar, de conectar, de atreverse a sentir. Y quizás, solo quizás, el amor no sería tan "problemático" después de todo.