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Tras el incidente, Luka intenta acercarse a Jeremy para hablar de lo sucedido, pero este esquiva el tema cada vez que puede, haciéndose el desentendido. Pasan así un par de días llenos de intentos fallidos por parte de Luka, quien no se rinde y, con mucha paciencia, calma y suavidad, logra persuadirlo para sentarse a conversar a solas en un ambiente tranquilo, logrando que Jeremy finalmente ceda. Con total madurez y cuidando mucho sus palabras para no presionarlo, Luka abre la conversación buscando entender si todo está bien, si Jeremy se siente seguro o si, por el contrario, él cometió un error o hizo algo que lo incomodara. Jeremy lo escucha con atención, aunque se nota un tanto distraído y abrumado por sus propios pensamientos; su mayor preocupación en ese instante es no hacer sentir mal a Luka, ya que tiene muy claro que el problema no es su pareja, sino él mismo. Movido por ese sentimiento, Jeremy intenta abrirse y explicar lo que le pasa, pero la tremenda inseguridad que le provoca su propio cuerpo le impide ser directo. En su lugar, recurre a indirectas muy discretas y explicaciones a medias, revelando con mucha dificultad lo incómodo que se siente con su físico. Luka, demostrando una gran empatía, une las piezas en silencio y comprende perfectamente el trasfondo de esas complejas justificaciones sin cuestionarlo ni juzgarlo. De esta manera, ambos logran desahogarse genuinamente y disipar los malentendidos, sanando la tensión entre los dos; y aunque el tema de dar el siguiente paso a nivel sexual queda en el aire por el momento, ambos se sienten aliviados al haber priorizado lo que sienten y fortalecer su conexión emocional.