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Experimento

Ecos de un Corazón de Carbón

Había pasado un año desde que el laboratorio de Reed Richards se convirtiera en el escenario de una pesadilla química y una revelación carnal que Johnny Storm aún sentía grabada a fuego en su memoria. Un año en el que el mundo había seguido girando, pero el eje de la vida de Peter Parker se había desplazado de forma irreversible.

Para Johnny, el tiempo se sentía como una herida que se negaba a cerrar. Para Peter, sin embargo, el tiempo había sido una medicina amarga pero efectiva.

En la azotea de un edificio en el Lower East Side, Spider-Man observaba el horizonte, pero no estaba solo. A su lado, sentado con las piernas colgando hacia el vacío, Wade Wilson devoraba un taco con una concentración casi religiosa, aunque no dejaba de parlotear ni un segundo.

— Te lo digo, Petey, si los Vengadores tuvieran un plan dental decente, no tendrías que preocuparte tanto por si el Duende Verde te rompe un molar —dijo Deadpool, con la boca medio llena—. Yo tengo un plan dental excelente. Se llama "regeneración celular". Muy recomendado, cinco estrellas en Yelp.

Peter soltó una risita, una de esas risas ligeras y genuinas que Johnny ya no lograba arrancarle. Se quitó la máscara, dejando que la brisa nocturna agitara su cabello castaño, ahora un poco más largo que el año anterior. Sus ojos avellana ya no tenían esa sombra de miedo constante; en su lugar, brillaban con una calidez que solo aparecía cuando estaba cerca del mercenario.

— Wade, los Vengadores no son una corporación, son un equipo de respuesta a crisis —respondió Peter, sentándose a su lado—. Y deja de comer eso sobre mi traje, vas a dejar manchas de salsa que no salen ni con tecnología Stark.

Deadpool se detuvo, miró el taco y luego miró a Peter. Sus ojos, visibles a través de la máscara blanca y negra, se iluminaron con ese brillo extenso que siempre aparecía cuando enfocaba su atención en el chico. Era un brillo de adoración pura, casi infantil, pero cargado de una lealtad que pondría a prueba al mismo Capitán América.

— Por ti, Spidey-boy, me convertiría en un servilletero humano —dijo Wade con una sinceridad repentina que siempre lograba desarmar a Peter—. Estás radiante hoy. ¿Es el metabolismo arácnido o es que finalmente te has dado cuenta de que mi presencia es el mejor tratamiento facial del mercado?

Peter se sonrojó, bajando la mirada. A pesar de que llevaban meses saliendo oficialmente, los cumplidos directos de Wade todavía le provocaban esa reacción de timidez universitaria.

— Eres un idiota, Wade.

— Pero soy *tu* idiota —replicó el mercenario, dejando el taco a un lado y acercándose más a él.

El año había sido transformador. Lo que comenzó como un consuelo tras el trauma del X-14 se había convertido en una relación sólida. Wade no juzgaba las sombras de Peter porque él mismo era una sombra viviente. Con Wade, Peter no tenía que ser el símbolo de esperanza de Nueva York; podía ser simplemente un chico de Queens con demasiadas responsabilidades y un apetito sexual que, gracias a los efectos residuales del químico, a veces lo sobrepasaba.

Habían tenido relaciones, sí. Pero eran encuentros marcados por una cautela inusual en Deadpool. Wade, que solía ser imprudente en todo, era extremadamente cuidadoso con Peter. Sabía que su propia fuerza y su falta de límites físicos podían lastimar al arácnido, a pesar de sus poderes. Eran momentos de una intensidad eléctrica, donde Peter buscaba el ancla que Deadpool le ofrecía, pero siempre bajo un manto de ternura que nadie hubiera esperado del Mercenario Bocazas.

Mientras tanto, a unas manzanas de distancia, una figura envuelta en llamas observaba la escena desde la distancia de una nube. Johnny Storm sentía que el calor de su propio cuerpo era una carga. Había intentado seguir adelante, había salido con modelos, con heroínas, incluso con civiles, pero nada llenaba el hueco que Peter había dejado.

Ver a Peter con Deadpool era una tortura lenta. Johnny veía cómo Wade escuchaba a Peter, cómo se quedaba callado cuando el chico hablaba de sus clases de laboratorio o de sus tías, cómo Deadpool memorizaba cada detalle de la vida de Peter como si fuera escritura sagrada.

— Debería irme —susurró Johnny para sí mismo, pero sus pies se negaban a obedecer—. Debería dejar que sea feliz.

Pero el ego de la Antorcha Humana seguía herido. Todavía recordaba el sabor de Peter, la forma en que se había aferrado a él en aquella camilla. No podía aceptar que el "desastre" de Wade Wilson hubiera logrado lo que él, el chico de oro de los Cuatro Fantásticos, no pudo: el corazón de Peter Parker.

En la azotea, Wade se puso de pie y ofreció una mano a Peter.

— Vamos, Petey. Tengo una película de serie B esperándonos en el apartamento y suficientes palomitas para alimentar a un ejército de simbiontes. Además, presiento que tenemos una "antorcha" observándonos desde las seis en punto y no quiero darle un espectáculo gratis sin cobrar entrada.

Peter se tensó ligeramente, poniéndose la máscara de nuevo. Sus sentidos arácnidos ya le habían advertido de la presencia de Johnny, pero había decidido ignorarlo.

— Déjalo, Wade. Solo está... vigilando.

— Vigilando, babeando, es lo mismo en su idioma —dijo Wade, rodeando la cintura de Peter con un brazo y pegándolo a él de forma posesiva—. Pero tú eres mío, ¿verdad? Dilo para que el radar de la cerilla lo capte.

Peter suspiró, pero se apoyó en el pecho de Wade, sintiendo el latido constante y fuerte del mercenario.

— Soy tuyo, Wade. Vámonos a casa.

Saltaron del edificio, perdiéndose entre los callejones con una coordinación perfecta. Johnny los vio desaparecer, sintiendo que el fuego en su interior se extinguía, dejando solo un rastro de carbón y arrepentimiento.

Días después, el Edificio Baxter recibió una visita inesperada. Peter entró en el laboratorio de Reed para entregar unos informes sobre la estabilidad molecular que había estado analizando. Se veía bien, saludable, con una energía que irradiaba paz.

Johnny estaba allí, fingiendo trabajar en un motor de plasma. El silencio entre ambos era tenso, hasta que Johnny no pudo más.

— ¿Realmente eres feliz con él, Peter? —preguntó Johnny, sin levantar la vista de sus herramientas—. ¿Con un hombre que mata por dinero y hace chistes sobre cadáveres?

Peter se detuvo cerca de la puerta. Se giró lentamente, mirando a Johnny con una compasión que dolió más que cualquier insulto.

— Wade no es solo lo que hace, Johnny. Es quién es cuando nadie más está mirando. Él me vio cuando yo estaba en mi punto más bajo, cuando sentía que mi propio cuerpo me traicionaba, y no intentó "controlarme". Solo me sostuvo.

— Yo también te sostuve —dijo Johnny, dejando caer la llave inglesa con un estruendo metálico—. Yo te salvé la vida esa noche.

— Me salvaste el cuerpo, Johnny —corrigió Peter con suavidad—. Pero Wade salvó lo que quedaba de mí después de eso. Tú me mirabas y veías un problema científico o una tentación. Él me mira y ve a Peter.

Johnny dio un paso adelante, sus ojos brillando con una intensidad desesperada.

— Él no puede darte lo que yo te di. Esa conexión, ese fuego...

— Tienes razón —interrumpió Peter—. Él no me da fuego. Él me da paz. Y después de todo lo que he pasado, Johnny, la paz es mucho más valiosa que las llamas.

Peter se dio la vuelta para irse, pero se detuvo un momento en el umbral.

— Espero que algún día encuentres a alguien que no necesite que te quemes para sentirse vivo, Johnny. De verdad lo espero.

Cuando Peter se fue, el laboratorio se sintió más frío que nunca. Johnny se quedó solo con sus máquinas y sus recuerdos. Sabía que Peter tenía razón. El amor de Wade por Peter era una obsesión, sí, pero era una obsesión que ponía las necesidades de Peter por encima de las propias. Deadpool hablaba de Peter en cada bar de mercenarios, en cada callejón, presumiendo no de sus poderes, sino de su inteligencia y su bondad. Wade lo amaba con una devoción que rozaba lo religioso, y Peter, el chico que siempre había cargado con el peso del mundo, finalmente había encontrado a alguien dispuesto a cargar el mundo por él.

Esa noche, Deadpool y Spider-Man estaban en su pequeño apartamento. Wade estaba sentado en el sofá, sin máscara, revelando su rostro lleno de cicatrices que Peter besaba sin dudar. Wade le contaba, por décima vez esa semana, cómo Peter había derrotado a un robot gigante en Queens con una maniobra que "solo un genio sexy podría haber inventado".

— Y entonces, ¡bam! Le diste en el procesador central y yo estaba como: "Ese es mi chico, el futuro Sr. Deadpool" —decía Wade, sus ojos iluminados mientras gesticulaba con entusiasmo—. Eres increíble, Pete. A veces olvido respirar solo de verte existir.

Peter se rió, acurrucándose contra él.

— Exagerado.

— Ni un poco. Eres el centro de mi universo, y mi universo es un lugar muy extraño, así que eso es decir mucho.

Wade lo tomó por la barbilla, obligándolo a mirarlo. La seriedad regresó a su rostro, esa profundidad que solo Peter conocía.

— Sé que Storm estuvo hablando contigo hoy. Sé que él cree que yo no soy suficiente para ti.

— Lo que él crea no importa, Wade —dijo Peter, acariciando la mejilla rugosa del mercenario—. Tú eres exactamente lo que necesito.

Wade lo besó, un beso lento y profundo que no buscaba nada más que confirmar su presencia. A pesar de su reputación, Wade nunca presionaba. Sabía que su cuerpo era una masa de poder y destrucción, y con Peter, siempre se sentía como si estuviera sosteniendo una mariposa de cristal.

— Te amo, Spidey —susurró Wade contra sus labios.

— Te amo, Wade —respondió Peter.

Afuera, la ciudad seguía su curso. Johnny Storm volaba sobre los rascacielos, buscando un incendio que apagar, sin darse cuenta de que el incendio más grande ya se había consumido, dejando tras de sí una unión que ni el fuego más intenso podría separar. Porque mientras Johnny ofrecía una combustión que consumía, Deadpool ofrecía un refugio donde Peter Parker, por fin, podía dejar de ser un héroe y empezar a ser simplemente amado.

La obsesión de Deadpool no era una cadena, era un escudo. Y en los brazos del mercenario, Spider-Man había encontrado la única red que no había tenido que tejer él mismo: la red de un amor incondicional, caótico y eterno.

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