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fanfic 5 B.W

El Algoritmo del Caos y el Aroma de la Pólvora

La noche en East Highland tenía un peso distinto para Benjamin Winchester. Mientras el resto de los adolescentes de su edad lidiaban con la resaca de una fiesta o la ansiedad de un mensaje no contestado, Benjamin estaba sentado en el suelo de su sala, rodeado por un silencio que para él era un rugido de información. Sus ojos, fijos en la nada, procesaban los datos de las cámaras de seguridad que había hackeado esa misma tarde. En su mente, los puntos de luz se convertían en trayectorias, y las trayectorias en patrones de comportamiento.

—John y Diana solían decir que la curiosidad mató al gato —susurró Benjamin, su voz resonando en la casa vacía—. Pero olvidaron mencionar que el gato murió sabiendo la verdad.

Su memoria perfecta le devolvió la imagen de Wilson Fisk en aquel coche negro. La presencia de Kingpin en un suburbio de California era una anomalía estadística tan grande que distorsionaba cualquier predicción lineal. Benjamin movió los dedos en el aire, realizando cálculos mentales sobre la expansión territorial de los sindicatos de la Costa Este hacia el Oeste. El olor a ozono y metal oxidado que había percibido en Nate Jacobs ahora se mezclaba en su mente con el aroma a cedro y sangre vieja que emanaba de la figura de Fisk.

Al día siguiente, el instituto se sentía como una olla a presión. Benjamin entró por las puertas principales, ajustando su postura para mantener esa apariencia de adolescente algo torpe y retraído. Sus estadísticas seguían siendo las de un humano promedio, pero sentía un hormigueo bajo la piel, una presión en la base del cráneo que su hipermente identificaba como el inicio de una remodelación neurológica.

[Nombre: Benjamin Winchester] [Fuerza de levantamiento: Humano promedio: 65 kg] [Velocidad: Humano promedio: 6.4 m/s] [Inteligencia: Supergenio] [Inteligencia para combate: Dotado]

Caminó por el pasillo y, como si fuera un imán, su mirada fue arrastrada hacia Cassie Howard. Ella estaba junto a su taquilla, pero esta vez no estaba sola. Nate Jacobs la tenía acorralada, no de forma violenta, sino con esa intensidad depredadora que usaba para marcar territorio.

—Solo digo que es raro, Cass —decía Nate, su voz era un barítono que Benjamin analizó como un intento consciente de dominación—. El chico nuevo. Aparece de la nada y de repente es Bruce Lee en la cafetería. Deberías tener cuidado.

Benjamin se detuvo a unos metros, fingiendo que buscaba algo en su mochila. Su absorción sensorial captó el ritmo cardíaco de Cassie: 95 pulsaciones por minuto. Ansiedad. Miedo. Una pizca de sumisión habituada.

—No hizo nada malo, Nate —respondió Cassie, su voz temblando ligeramente—. Solo ayudó a Fezco. Fue... amable.

Benjamin decidió intervenir. No por heroísmo, sino porque el análisis de causa y efecto le indicaba que, si Nate seguía presionando, Cassie entraría en un ciclo de autodestrucción emocional que alteraría sus posibilidades de acercarse a ella.

—Hola, Cassie —dijo Benjamin, acercándose con una sonrisa que practicó mentalmente para que pareciera exactamente un 15% más segura que la del día anterior—. Siento interrumpir. Solo quería devolverte esto.

Sacó un bolígrafo común de su bolsillo. No era de ella, pero su destreza sobrehumana le había permitido deslizarlo de su mesa el día anterior sin que ella lo notara. Un pequeño "prop" para la escena.

Nate se giró, sus ojos escaneando a Benjamin. El análisis de datos sobre la cabeza de Nate parpadeó en rojo.

[Nombre: Nate Jacobs] [Fuerza de levantamiento: Humano — Superior al promedio: 110 kg] [Velocidad: Humano Atlético: 8.2 m/s] [Inteligencia: Aprendido] [Inteligencia para combate: Callejeros (Nivel alto)]

—El héroe del día —escupió Nate, dando un paso hacia Benjamin para invadir su espacio personal—. Winchester, ¿verdad? Tienes un apellido muy familiar. Como los rifles.

—Es un nombre común —respondió Benjamin, manteniendo el contacto visual pero dejando que sus hombros se hundieran un poco, alimentando el ego de Nate—. Y créeme, no soy un héroe. Solo tengo un problema con la física de los cuerpos en movimiento. Cuando veo a alguien a punto de caer, mi cerebro simplemente... calcula la corrección.

Nate entrecerró los ojos. Su instinto le decía que algo no encajaba, pero la fachada de Benjamin como un "nerd" introvertido era perfecta. La microexpresión de desprecio en el rostro de Nate le confirmó a Benjamin que había ganado este asalto psicológico.

—Mantente alejado de lo que no te incumbe, Ben —advirtió Nate antes de alejarse por el pasillo con esa zancada arrogante que desplazaba el aire a su alrededor.

Cassie soltó un suspiro largo, casi un sollozo ahogado.

—Gracias —murmuró ella, tomando el bolígrafo—. No tenías que hacer eso. Nate puede ser... intenso.

—La intensidad suele ser una máscara para la fragilidad estructural —dijo Benjamin, su sinestesia mostrándole el aura de Cassie como un cristal a punto de romperse—. Estás temblando, Cassie. ¿Quieres ir a algún lugar más tranquilo?

—Tengo clase de literatura —dijo ella, mirando el reloj—. Pero... después de la escuela, hay una fiesta en casa de Daniel. ¿Vas a ir?

Benjamin procesó la invitación. Las fiestas en Euphoria eran el epicentro del caos, el lugar donde las variables se volvían locas. Era el entorno perfecto para observar y, quizás, para empezar a mover las piezas del tablero.

—No soy muy de fiestas. Pero si vas a estar allí, creo que puedo hacer un esfuerzo logístico —respondió Benjamin con una timidez que esta vez era mitad real y mitad calculada.

—Te veré allí entonces —dijo Cassie, y por un segundo, su sonrisa fue genuina, iluminando el pasillo de un amarillo brillante en la mente de Ben.

El resto del día fue un borrón de datos para Benjamin. Durante la clase de historia, leyó tres libros sobre criminología y dos sobre artes marciales mixtas por debajo del pupitre, absorbiendo cada técnica, cada punto de presión, cada estrategia de contraataque. Su aprendizaje instantáneo estaba en su apogeo. Mientras el profesor hablaba sobre la Guerra Fría, Benjamin estaba mentalmente perfeccionando su forma de golpeo, simulando miles de peleas contra oponentes imaginarios.

Al salir del instituto, sus instintos sobrehumanos le enviaron una señal de alerta. Un olor a tabaco caro y un perfume floral pesado. Se giró para ver a una mujer rubia, elegante pero con una mirada fría, apoyada en un coche deportivo.

[Nombre: Vanessa Fisk (Vanessa Marianna)] [Fuerza de levantamiento: Humano — Inferior al promedio: 40 kg] [Velocidad: Humano promedio: 5.2 m/s] [Inteligencia: Brillante] [Inteligencia para combate: Sin noción]

Ella no lo miraba directamente, pero Benjamin sabía que estaba allí por él. O al menos, por lo que él representaba en el ecosistema de Fisk. East Highland estaba dejando de ser un suburbio para convertirse en un campo de batalla.

Esa noche, Benjamin llegó a la fiesta. El volumen de la música era un asalto a sus sentidos, pero su hipermente lo filtró rápidamente, convirtiendo el estruendo en una frecuencia de fondo manejable. Vio a Rue en un rincón, sus ojos vidriosos delatando el consumo de sustancias. Vio a Maddy bailando con una furia contenida mientras Nate la observaba desde la barra.

Pero su atención se centró en Cassie. Estaba bebiendo demasiado rápido. Su análisis instantáneo detectó la velocidad a la que el alcohol estaba afectando su sistema motor.

—Demasiada dopamina externa, Cassie —susurró para sí mismo.

Se acercó a ella, pero antes de llegar, fue interceptado por un grupo de chicos del equipo de fútbol. Entre ellos estaba McKay, que no parecía muy feliz de verlo.

—Vaya, si es el genio —dijo McKay, bloqueándole el paso—. ¿Vienes a darnos una clase de matemáticas o a intentar ligar con las novias de los demás?

Benjamin suspiró. Odiaba los clichés.

—McKay, tu ritmo cardíaco es de 110. Tu respiración es superficial. Estás proyectando tu inseguridad sobre tu futuro profesional en una confrontación física innecesaria —dijo Benjamin con una voz tranquila y monótona—. No quiero problemas. Solo vengo a ver a una amiga.

—¿Amiga? —McKay se rió, empujando a Benjamin en el hombro—. Cassie no es tu amiga, Winchester. Es demasiado para un bicho raro como tú.

Benjamin no se movió. Su control muscular perfecto absorbió el impacto del empujón sin que su cuerpo retrocediera un centímetro.

—La fuerza del empujón fue de aproximadamente 300 Newtons —dijo Benjamin, sus ojos volviéndose fríos—. Si lo intentas de nuevo, tendré que responder. Y te garantizo que no te va a gustar el resultado de la ecuación.

McKay, enfurecido, lanzó un puñetazo. Para Benjamin, el movimiento fue como ver una película en cámara lenta. Pudo ver la contracción de los deltoides de McKay, el cambio de peso en su cadera y la trayectoria predecible del puño.

Se movió medio centímetro a la izquierda, dejando que el puño pasara rozándole la oreja. Luego, con un movimiento fluido, atrapó la muñeca de McKay y presionó el nervio radial.

—¡Ah! —gritó McKay, cayendo de rodillas.

—Es solo un calambre —dijo Benjamin, soltándolo—. Pero la próxima vez, usaré el codo.

La música pareció detenerse por un segundo en ese rincón de la casa. Benjamin sintió las miradas de todos. Nate Jacobs, desde lejos, lo observaba con una intensidad nueva. Ya no era solo desprecio; era reconocimiento de una amenaza.

Cassie se acercó, tambaleándose un poco.

—¿Ben? ¿Qué pasó?

—Nada, Cassie. Solo una pequeña lección de física —dijo él, volviendo a su tono suave—. Vámonos de aquí. Este lugar tiene un nivel de toxicidad que supera los límites permitidos por la salud mental.

Caminaron hacia el jardín trasero, lejos del ruido. El aire fresco ayudó a Cassie a recuperar un poco la compostura. Se sentaron en el borde de la piscina vacía.

—Eres increíble, ¿lo sabes? —dijo Cassie, mirándolo con ojos empañados—. Nadie se enfrenta a McKay así. Nadie se enfrenta a Nate.

—No tengo miedo a los matones, Cassie. Tengo miedo a las cosas que no puedo calcular. Y tú... tú eres la variable más difícil que he encontrado.

Cassie se apoyó en su hombro. Benjamin sintió el calor de su cuerpo y el ligero aroma a vainilla que siempre la rodeaba. Su mente, que normalmente procesaba millones de datos por segundo, se quedó en blanco por un instante. Fue una sensación aterradora y maravillosa a la vez.

—Ben —susurró ella—, ¿por qué eres tan bueno conmigo?

—Porque veo quién eres debajo de todo este ruido —respondió él, su carisma sobrehumano fluyendo de forma natural—. Veo a alguien que solo quiere ser amada por las razones correctas. Y creo que mereces eso.

Estuvieron a punto de besarse cuando un grito desgarrador rompió el silencio de la noche. Venía de la parte delantera de la casa.

Benjamin se puso en pie al instante. Sus sentidos se agudizaron. Olor a sangre. Un olor metálico y dulce que inundó su nariz.

—Quédate aquí, Cassie. No te muevas —ordenó Benjamin.

Corrió hacia el frente de la propiedad. Allí, colgado de una de las farolas de la entrada, había un cuerpo. No era un estudiante. Era uno de los hombres de Wilson Fisk que Benjamin había visto en el almacén. El cuerpo estaba cubierto de pintura roja, con símbolos extraños grabados en la piel.

Benjamin se acercó, su análisis instantáneo trabajando a toda velocidad.

—Cortes precisos. Estilo artístico. No es una ejecución de la mafia —murmuró Benjamin, sus ojos escaneando la escena—. Es un mensaje.

[Nombre del objetivo: Desconocido] [Causa de muerte: Desangramiento por múltiples incisiones] [Firma detectada: Muse]

Benjamin sintió un escalofrío. Muse. El asesino en serie que trataba el asesinato como una forma de arte. Si Muse estaba aquí, significaba que East Highland se había convertido en un lienzo para la depravación.

—¿Qué es esto? —preguntó una voz detrás de él. Era Nate, que había salido con el resto de la multitud.

Nate estaba pálido, su arrogancia desaparecida ante la visión del horror real. Benjamin lo miró de reojo.

—Es el comienzo de algo que no puedes controlar con tus puños, Nate —dijo Benjamin, su voz gélida—. La ciudad está cambiando. Y si no tienes cuidado, serás el siguiente color en la paleta de alguien.

Benjamin se alejó de la escena, ignorando los gritos y las sirenas que empezaban a oírse a lo lejos. Su mente ya estaba trazando el perfil psicológico de Muse, comparándolo con los datos de otros asesinos en serie que había memorizado.

Al llegar a su casa, Benjamin se encerró en su taller. Sus manos temblaban ligeramente, no de miedo, sino de una extraña excitación. Por primera vez en su vida, tenía un desafío real. Un enemigo que no era una ecuación en un libro, sino una mente tan compleja y desviada como la suya.

Se miró al espejo. Su rostro, el de un joven Jensen Ackles, se veía diferente bajo la luz fluorescente. Sus ojos azules brillaban con una intensidad casi inhumana.

—Muy bien, Muse. Muy bien, Fisk —dijo Benjamin, una sonrisa irónica apareciendo en su rostro—. Queréis jugar en mi patio trasero. Veamos quién tiene el mejor algoritmo.

Se sentó frente a sus monitores y empezó a escribir. No era código de hackeo esta vez. Era un manifiesto. Un plan para limpiar la ciudad, no como un héroe, sino como un arquitecto del orden.

[Subtrama actualizada: El ascenso del Vigilante] [Estado de Benjamin: Evolución al 12%]

Esa noche, Benjamin Winchester no durmió. Pasó las horas practicando su control muscular, moviendo monedas entre sus dedos con una velocidad que el ojo humano apenas podía seguir. Sabía que la pelea en la fiesta con McKay era solo el preámbulo. Algo se estaba despertando en su ADN, algo que John y Diana Winchester habían intentado ocultar, o quizás, algo que la propia naturaleza había decidido crear para equilibrar la balanza.

—Cassie —susurró, mirando una foto que había tomado de ella con su memoria perfecta—. Voy a mantenerte a salvo. Aunque tenga que quemar este pueblo hasta los cimientos para hacerlo.

El aroma de la pólvora y la lluvia empezó a filtrarse por la ventana abierta. Benjamin cerró los ojos y "vio" la ciudad: una red de latidos, mentiras y sangre. Y en el centro de todo, él, el único que podía ver la verdad detrás del velo de purpurina de Euphoria.

La guerra por East Highland acababa de empezar, y Benjamin Winchester era el único que conocía todas las reglas del juego. O mejor dicho, el único capaz de reescribirlas a su antojo. El adolescente tímido estaba muriendo, y en su lugar, algo mucho más peligroso estaba naciendo.

—Próximo paso —dijo, sus dedos volando sobre el teclado—. Localizar el escondite de Muse. Y después... hablar con un hombre gordo en un traje caro.

La pantalla del ordenador reflejó su rostro, y por un segundo, sus ojos parecieron brillar con un destello plateado. El efecto del NZT natural estaba alcanzando un nuevo nivel de integración. Benjamin ya no solo estaba procesando información; se estaba convirtiendo en la información misma.

El capítulo de la inocencia se había cerrado. El capítulo del poder acababa de abrirse. Y en las sombras de los pasillos del instituto, el depredador más grande de todos finalmente había despertado.