friends?¿
El eco de la teoría
El silencio en el departamento compartido nunca se había sentido tan denso. No era el silencio cómodo de dos personas que conocen sus ritmos tras años de convivencia, sino una presión atmosférica que zumbaba en los oídos de Jimin cada vez que Jungkook entraba en la sala.
Hacía apenas dos días que la "propuesta" había sido lanzada al aire. Jungkook, con sus tatuajes recorriendo sus brazos y esa expresión usualmente imperturbable, se había mostrado vulnerable por primera vez en años. La timidez le ganaba la partida frente a Chaeyung, y su supuesta falta de experiencia lo había llevado a recurrir a la única persona en la que confiaba plenamente: su mejor amigo.
Jimin, sentado en el sofá con un libro de danza que no estaba leyendo, sintió la presencia de Jungkook antes de escucharlo.
— Jimin —la voz de Jungkook era baja, casi un susurro—. ¿Todavía estás dispuesto a... ya sabes?
Jimin cerró el libro lentamente, sus dedos pequeños apretando los bordes de las páginas. Su corazón dio un vuelco traicionero. Él era abiertamente gay, y Jungkook era, según sus propias palabras, el hombre más heterosexual del mundo. Se suponía que esto era un entrenamiento técnico. Un favor entre hermanos.
— Si realmente lo necesitas, Kook —respondió Jimin, tratando de que su voz sonara profesional, casi clínica—. Pero te lo dije, esto no debe ser raro. Es solo práctica.
Jungkook se sentó a su lado, dejando una distancia prudencial, aunque el calor que emanaba de su cuerpo parecía acortar los centímetros por sí solo. El pelinegro se rascó la nuca, evitando la mirada intensa de Jimin.
— Es que... no quiero arruinarlo con ella. Siento que si no sé qué hacer con las manos o cómo moverme, me voy a congelar. Y tú... tú tienes experiencia. Eres bueno en esto.
Jimin soltó una risa nerviosa, acomodándose el cabello rubio detrás de la oreja. La ironía de la situación le quemaba la garganta. Mingyu, el chico con el que estaba saliendo oficialmente, lo esperaba esa noche para cenar, y aquí estaba él, a punto de darle lecciones de besos a su mejor amigo.
— Está bien. Acércate más —ordenó Jimin, girándose para quedar frente a él.
Jungkook obedeció, sus rodillas rozando las de Jimin. El contraste era evidente: Jimin, pequeño y de rasgos suaves; Jungkook, imponente y con esa aura de frialdad que solo se derretía cuando estaban a solas.
— Primero, las manos —dijo Jimin, tratando de ignorar cómo su propio pulso se aceleraba—. No puedes dejarlas muertas a los costados, pero tampoco puedes ser demasiado brusco al principio. Tienes que encontrar puntos de apoyo.
Jimin tomó las manos de Jungkook y las guió hacia su propia cintura. La piel del pelinegro estaba caliente al contacto con la tela de la sudadera de Jimin.
— Aquí —susurró Jimin—. O en la mejilla. Prueba poner una mano en mi cuello, pero sin apretar. Solo para guiar el movimiento.
Jungkook movió su mano derecha, sus dedos tatuados rozando la mandíbula de Jimin antes de asentarse en su nuca. El toque fue vacilante, casi temeroso.
— ¿Así? —preguntó Jungkook, sus ojos oscuros fijos en los labios de Jimin.
— Sí, así. Ahora, no te lances de golpe. El contacto visual es importante antes de cerrar el espacio. Tienes que leer si la otra persona quiere lo mismo.
— Yo sé que tú quieres ayudarme —dijo Jungkook con una honestidad desarmante, acercando su rostro al de Jimin hasta que sus respiraciones se mezclaron.
Jimin sintió un escalofrío. La teoría era fácil; la práctica estaba resultando ser un campo minado.
— Bien... ahora, cuando te acerques, inclina la cabeza ligeramente. Si ambos van rectos, chocarán las narices.
Jungkook asintió, siguiendo las instrucciones como un alumno aplicado. Se inclinó hacia la derecha, sus labios a milímetros de los de Jimin. Podía oler el bálsamo labial de cereza de su amigo y el aroma a jabón neutro que siempre lo acompañaba.
— Los labios no deben estar tensos, Kook. Relájalos. Y no abras la boca de inmediato. Empieza con algo suave.
Jungkook cerró los ojos y finalmente acortó la distancia. Fue un roce apenas perceptible, una presión mínima de labios contra labios. Jimin contuvo el aliento. Se suponía que debía estar evaluando, corrigiendo, pero su cerebro se quedó en blanco ante la suavidad inesperada de Jungkook.
— ¿Cómo fue eso? —preguntó Jungkook al separarse apenas un centímetro, su respiración ahora entrecortada.
— Un poco rígido —mintió Jimin, su voz temblando ligeramente—. Prueba otra vez. Esta vez, deja que el labio inferior se deslice entre los tuyos. Despacio.
Jungkook volvió a atacar, esta vez con más seguridad. Siguió la instrucción de Jimin, capturando el labio inferior del rubio con una delicadeza que no encajaba con su apariencia ruda. Jimin, sin poder evitarlo, soltó un pequeño suspiro y sus manos subieron instintivamente a los hombros de Jungkook, apretando la tela de su camiseta negra.
El beso comenzó a transformarse. Ya no era una lección. El movimiento de los labios de Jungkook se volvió más fluido, más rítmico, perdiendo la timidez inicial. Jimin se encontró respondiendo con una intensidad que no debería estar allí. La mano de Jungkook en su nuca se cerró un poco más, acercándolo, eliminando cualquier rastro de aire entre sus pechos.
Fue un momento suspendido en el tiempo. La sala del departamento, con sus cajas de pizza a medio comer y la televisión apagada, desapareció. Solo existía la fricción de sus labios y el sonido de sus respiraciones sincronizadas.
De repente, el teléfono de Jimin sobre la mesa ratona vibró con fuerza, rompiendo el hechizo. El nombre de "Mingyu" brilló en la pantalla.
Jimin se apartó bruscamente, jadeando, su rostro encendido. Jungkook parpadeó, luciendo aturdido, como si acabara de despertar de un trance profundo.
— Yo... —Jimin se aclaró la garganta, evitando mirar a Jungkook a los ojos—. Eso fue... mucho mejor. Creo que ya entendiste la mecánica.
Jungkook se pasó una mano por el pelo, visiblemente perturbado pero tratando de mantener la compostura.
— Sí. Gracias, Jimin. De verdad. Creo que estoy listo para mi cita con Chaeyung mañana.
— Genial —dijo Jimin, sintiendo una punzada de algo amargo en el pecho que se negó a identificar como celos—. Me voy a arreglar, Mingyu pasará por mí en veinte minutos.
***
La noche para Jimin fue un desastre silencioso. Estaba sentado frente a Mingyu en un restaurante italiano acogedor, pero su mente estaba atrapada en el sofá de su sala. Mingyu era atento, guapo y lo trataba con una dulzura que Jimin sabía que debería valorar más, pero cada vez que Mingyu intentaba tomar su mano o le sonreía, Jimin sentía una carga de culpa que le oprimía el esternón.
— ¿Estás bien, Jimin? Estás muy callado hoy —dijo Mingyu, ladeando la cabeza con preocupación.
— Sí, solo... mucho trabajo en la academia de baile. Estoy cansado —mintió Jimin, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.
No era cansancio. Era una tristeza sorda que empezaba a florecer. Se sentía como un traidor, no solo hacia Mingyu, sino hacia la amistad pura que siempre había tenido con Jungkook. Había cruzado una línea, incluso si Jungkook lo veía como un simple "entrenamiento".
Mientras tanto, en un bar del centro, Jungkook estaba sentado frente a Chaeyung. La chica era hermosa, rubia y reía de todos sus chistes. Era exactamente el tipo de chica con la que Jungkook siempre pensó que encajaría.
— Eres muy tierno cuando te pones nervioso, Jungkook —dijo ella, acercándose a él sobre la mesa pequeña.
Llegó el momento que Jungkook había estado esperando y temiendo. Chaeyung se inclinó hacia él, cerrando los ojos, invitándolo. Jungkook recordó las instrucciones de Jimin: inclinar la cabeza, relajar los labios, usar las manos.
La besó.
Fue un beso técnicamente perfecto. Chaeyung respondió con entusiasmo, pasando sus brazos por su cuello. Sin embargo, por dentro, Jungkook sintió... nada.
No hubo esa chispa eléctrica que le había recorrido la columna vertebral en la sala de su casa. No hubo ese aroma a cereza que lo había embriagado, ni esa sensación de "pertenencia" que no había sabido explicar. Los labios de Chaeyung eran solo labios. Los de Jimin habían sido un incendio.
Se separó de ella con una sonrisa forzada, sintiendo un vacío extraño en el estómago.
— ¿Pasa algo? —preguntó Chaeyung, notando su distracción.
— No, nada. Solo... recordé que dejé algo encendido en el departamento —dijo Jungkook, la primera excusa que se le ocurrió.
Necesitaba irse. Necesitaba ver a Jimin.
***
Cuando Jungkook llegó al departamento, las luces estaban bajas, excepto por la pequeña lámpara de la cocina. Jimin ya estaba de regreso, sentado en la barra con una copa de vino a medio terminar. Se veía pequeño, envuelto en un suéter demasiado grande, con la mirada perdida en la ventana.
— Pensé que te quedarías a dormir con Mingyu —dijo Jungkook, dejando las llaves sobre la mesa con un estrépito metálico.
Jimin se sobresaltó y lo miró. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos.
— No me sentía muy bien. ¿Y tú? ¿Cómo te fue con Chaeyung? Supongo que mis lecciones sirvieron de algo.
Jimin intentó sonar juguetón, pero su voz salió quebrada. No era un celo agresivo, no quería gritarle a Jungkook ni prohibirle nada. Era una tristeza profunda, la comprensión de que quizás él sentía cosas que su mejor amigo nunca sentiría, y que ahora tenía que vivir con la imagen de Jungkook besando a otra persona usando lo que él le había enseñado.
Jungkook caminó hacia él y se detuvo a pocos pasos. El aire entre ellos volvió a cargarse de esa tensión insoportable.
— La besé, Jimin —soltó Jungkook, su voz fría pero con un matiz de confusión—. Hice todo lo que me dijiste.
— ¿Y? —Jimin apretó la copa de vino.
— Y no sentí nada —confesó Jungkook, dando un paso más hacia el rubio—. Nada de lo que sentí esta tarde contigo.
Jimin dejó la copa sobre la barra, sus manos temblando visiblemente.
— Kook, no digas eso. Estábamos practicando. Lo que sentiste fue... adrenalina, o quizás confusión porque somos amigos. No significa nada.
— ¿Entonces por qué no puedo dejar de pensar en cómo te sentías tú? —Jungkook ignoró las advertencias de Jimin y se acercó hasta que estuvo justo frente a él, atrapándolo entre sus brazos y la barra—. ¿Por qué Mingyu puede tocarte y yo tengo que fingir que no me importa?
— Porque tú eres heterosexual, Jungkook —susurró Jimin, las lágrimas finalmente asomando en sus ojos—. Y yo estoy con alguien. No podemos hacer esto. No puedes pedirme que te enseñe a besar y luego decirme estas cosas. Duele.
Jimin bajó la cabeza, escondiendo su rostro. No quería que Jungkook viera lo roto que estaba por dentro. La responsabilidad de su relación con Mingyu pesaba como el plomo, pero el deseo latente por su mejor amigo era un fuego que no podía apagar.
Jungkook suspiró, una exhalación pesada que rozó el cabello de Jimin.
— Tienes razón. Soy un idiota.
Pero no se alejó. En su lugar, Jungkook apoyó su frente contra la de Jimin.
— Solo... una vez más —pidió Jungkook en un susurro desesperado—. No como lección. Solo porque quiero saber si estoy loco.
Jimin sabía que debía decir que no. Sabía que Taehyung, si estuviera allí, le diría que saliera corriendo. Sabía que Jin y Namjoon se preocuparían por la dinámica del grupo. Pero cuando Jungkook puso sus manos en su cintura de nuevo, esta vez con una firmeza posesiva, Jimin cerró los ojos y se dejó llevar.
El beso fue diferente esta vez. No hubo vacilación. No hubo instrucciones. Fue un choque de necesidades contenidas durante años. Jungkook lo besó con una urgencia que le robó el aliento a Jimin, subiéndolo a la barra para tenerlo a su altura. Las manos de Jimin se enredaron en el cabello pelinegro de Jungkook, tirando suavemente, soltando un gemido que se perdió en la boca del otro.
La culpa estaba allí, acechando en las sombras, recordándoles a Mingyu y a Chaeyung, recordándoles que eran "mejores amigos". Pero en ese momento, bajo la luz tenue de la cocina, las reglas que habían construido durante toda su vida se estaban desmoronando pieza por pieza.
— Kook... —jadeó Jimin contra sus labios cuando se separaron para tomar aire—. Esto va a arruinarlo todo.
— Ya está arruinado, Jimin —respondió Jungkook, sus ojos oscuros brillando con una intensidad peligrosa—. Desde el momento en que me dejaste tocarte, ya no hay vuelta atrás.
Jimin lo miró, viendo por primera vez al hombre detrás del mejor amigo. La timidez de Jungkook había desaparecido, reemplazada por una determinación fría que lo asustaba y lo excitaba a partes iguales.
— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Jimin, su voz apenas un hilo.
— No lo sé —dijo Jungkook, volviendo a buscar su cuello con los labios—. Pero no te vayas con él mañana. Quédate aquí. Conmigo.
Jimin sabía que esto era el comienzo de una crisis que afectaría a todo su círculo de amigos, desde Yoongi hasta Hoseok, pero mientras las manos tatuadas de Jungkook recorrían su espalda bajo el suéter, la tristeza que había sentido horas antes empezó a transformarse en algo mucho más peligroso: esperanza. Una esperanza culposa que amenazaba con quemarlos a ambos.