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Héroes Entre Mundos

El Filo de la Indiferencia y el Rugido del Abismo

El amanecer sobre Tokio no trajo la calidez habitual, sino un cielo plomizo que parecía presagiar el desastre. En la suite presidencial del Hotel Shilla, la atmósfera era de una calma tensa y profesional. Izuku Sung-Choi terminaba de ajustar las correas de su equipo táctico. Sus movimientos eran precisos, mecánicos, fruto de años de sobrevivir en entornos donde un segundo de duda significaba la muerte.

Frente al espejo, el joven observó su reflejo. Sus ojos verdes, que alguna vez desbordaron una admiración infantil por los héroes, ahora eran pozos de una serenidad gélida. Ya no buscaba la aprobación de nadie.

—El transporte está listo, Izuku —anunció Choi Jong-in, entrando en la habitación. El líder del gremio Hunters lucía impecable en su traje, aunque la energía ígnea que emanaba de su cuerpo hacía que el aire a su alrededor ondulara—. La Asociación de Héroes de Japón ha enviado una escolta oficial. Al parecer, temen que nos perdamos... o quizás temen que hagamos nuestro trabajo demasiado bien.

Izuku soltó una risa corta, carente de humor.

—Quieren vigilarnos. Después de lo de ayer en la U.A., All Might y la Comisión de Seguridad deben estar frenéticos. No están acostumbrados a que alguien ajeno a su sistema tenga tanto poder.

—Que miren todo lo que quieran —dijo una voz profunda desde las sombras del rincón. Jinwoo Sung se materializó, su presencia haciendo que las luces de la habitación parpadearan—. Los débiles siempre intentan medir la fuerza de los fuertes con reglas que no comprenden. Pero hoy no estamos aquí para política. El portal de Hosu ha pasado de Rango A a Rango S en las últimas tres horas.

Izuku se tensó. Un Rango S era una calamidad que podía borrar una ciudad entera del mapa si no se gestionaba en cuestión de minutos.

—¿Y el "Asesino de Héroes"? —preguntó Izuku, recogiendo sus dagas, *Colmillo de Sombra* y *Llama Eterna*.

—Un efecto secundario —respondió Jong-in con desdén—. Un hombre con una ideología rota cazando a personas con licencias. Para nosotros, es una distracción. Pero si se interpone en el camino de la limpieza del portal, no tendré reparos en convertirlo en cenizas.

***

Hosu era una zona de guerra. El portal de Rango S se alzaba en el centro del distrito comercial como una herida abierta en la realidad, una espiral de energía púrpura y negra que vomitaba criaturas aladas con cuerpos de obsidiana. Los héroes locales, liderados por Endeavor, intentaban desesperadamente establecer un perímetro, pero las bestias eran demasiado rápidas y sus pieles repelían el fuego convencional.

—¡Mantengan la línea! —rugió Endeavor, lanzando una ráfaga de llamas que apenas logró chamuscar el ala de una de las criaturas—. ¡No dejen que se acerquen a los civiles!

—¡Es inútil, Endeavor-san! —gritó un héroe de apoyo—. ¡Nuestros ataques no les hacen daño! ¡Necesitamos refuerzos de la U.A.!

—Los refuerzos ya están aquí —dijo una voz gélida que resonó por encima del caos.

Un estallido de energía oscura golpeó el suelo, creando una onda expansiva que derribó a una docena de monstruos. Del humo emergieron las tres figuras que ya empezaban a ser leyenda en los susurros de los pasillos de la U.A.

Izuku caminó hacia adelante, sus ojos fijos en el portal. A unos metros de él, vio a un joven de cabello azulado y armadura blanca, Iida Tenya, luchando contra un hombre de aspecto demacrado y múltiples vendas: Stain, el Asesino de Héroes. Estaban en un callejón lateral, ajenos a la magnitud del desastre que caía del cielo.

—Padre, Jong-in-san —dijo Izuku sin detenerse—, encárguense del portal. Yo me ocuparé de limpiar los alrededores. Hay... asuntos pendientes que requieren una mano firme.

Jinwoo asintió.

—No te demores. El jefe de esta mazmorra no tardará en cruzar.

Con un movimiento fluido, Jinwoo invocó a su ejército.

—Surjan.

Cientos de soldados de sombra brotaron del pavimento, lanzándose contra las criaturas aladas en un despliegue de poder absoluto que dejó a los héroes profesionales en estado de shock. Mientras tanto, Jong-in levantó su mano hacia el cielo, invocando una lluvia de meteoros de fuego carmesí que comenzó a incinerar a los monstruos que intentaban escapar del área.

Izuku, por su parte, se desvió hacia el callejón.

Stain tenía su espada sobre el cuello de un herido Native, mientras Iida yacía en el suelo, paralizado por el Don del asesino.

—Los falsos héroes deben ser purgados —siseó Stain—. Solo All Might es digno...

—Qué discurso tan aburrido —interrumpió Izuku, entrando en el callejón. El fuego carmesí bailaba en las puntas de sus dedos.

Stain giró con una velocidad sobrehumana, lanzando varias dagas. Izuku ni siquiera se movió; una pequeña sombra emergió de su espalda y desvió los proyectiles con un simple movimiento de mano.

—¿Quién eres tú? —gruñó Stain, sintiendo por primera vez en su vida un instinto de supervivencia que le gritaba que huyera—. No hueles a héroe... pero tampoco a villano.

—Soy el resultado de la negligencia de este mundo —respondió Izuku, caminando con calma—. Soy un Cazador. Y tú, asesino, eres un estorbo para mi contrato.

—¡Izuku! —gritó Iida desde el suelo, con los ojos muy abiertos—. ¡Vete de aquí! ¡No puedes moverte si prueba tu sangre!

Izuku miró a Iida con una mezcla de lástima y desdén.

—Sigues siendo tan ruidoso como en el examen de ingreso, Iida. Pero tus reglas no se aplican a mí.

Stain se lanzó al ataque, su espada moviéndose en un arco mortal. Izuku desenvainó a *Colmillo de Sombra*. El choque de los metales produjo una chispa púrpura. El asesino era rápido, pero Izuku se movía en una dimensión diferente. Para un Cazador acostumbrado a luchar contra monarcas y deidades, un humano con una espada era como ver una película en cámara lenta.

—Eres lento —susurró Izuku al oído de Stain, apareciendo detrás de él en un parpadeo.

Con un golpe seco en la nuca, Izuku envió a Stain contra una pared de ladrillos, fracturándola. El asesino intentó levantarse, pero Izuku le pisó la mano, rompiendo sus dedos con un crujido seco.

—Tus ideales tienen un punto válido —dijo Izuku, mirando a Stain a los ojos—. Esta sociedad está podrida. Pero tu método es el de un niño haciendo un berrinche con un cuchillo. Si quieres cambiar el mundo, debes tener el poder de reconstruirlo, no solo de mancharlo de sangre.

En ese momento, un rugido ensordecedor sacudió la ciudad. Del portal de Rango S emergió el jefe: un Dragón de Hielo de tres cabezas, cuya sola presencia congeló los edificios circundantes en un radio de trescientos metros.

—¡Maldición! —gritó Endeavor a lo lejos—. ¡Eso es un monstruo de nivel desastre!

Izuku levantó la vista. El dragón estaba preparando un aliento de escarcha que borraría Hosu del mapa.

—Iida —dijo Izuku, sin mirar al estudiante—, llévate a los heridos. Ahora.

—Pero... ¡Stain! —protestó Iida, recuperando lentamente el movimiento.

—Él ya no es una amenaza —sentenció Izuku, mientras el aura de las sombras comenzaba a arremolinarse a su alrededor—. Ahora van a ver lo que sucede cuando un Monarca decide que la batalla ha terminado.

Izuku saltó. No fue un salto humano; fue un disparo de energía que lo lanzó cientos de metros hacia el cielo, directo hacia el dragón. En el aire, sus dagas se fusionaron en una sola hoja de energía pura, una mezcla de fuego solar y oscuridad abisal.

—¡Izuku, no! —se escuchó el grito de All Might, que acababa de llegar a la escena y observaba con horror cómo el joven se lanzaba hacia lo que parecía una muerte segura.

Pero Izuku no estaba solo.

—¡Beru! ¡Igris! —ordenó Izuku en pleno vuelo.

Dos de las sombras más poderosas de su padre aparecieron a sus flancos. El caballero de armadura roja y el rey hormiga interceptaron las cabezas laterales del dragón, dándole a Izuku el camino libre hacia el núcleo de la bestia.

—*Corte del Fin del Mundo* —susurró Izuku.

El cielo de Hosu se dividió en dos. Una línea de luz negra y roja cortó el aire, atravesando el cuello principal del dragón y descendiendo hasta el suelo, dividiendo el portal por la mitad. La explosión de energía fue tan brillante que todos los presentes tuvieron que cubrirse los ojos.

Cuando la luz se desvaneció, el dragón se estaba convirtiendo en partículas de maná. El portal se estaba cerrando, colapsando sobre sí mismo.

Izuku descendió lentamente, aterrizando en medio de la calle principal, justo frente a la Clase 1-A, All Might, Endeavor y una multitud de reporteros. Su uniforme estaba intacto, su respiración era tranquila. No había ni una gota de sudor en su frente.

—El portal ha sido despejado —dijo Izuku, guardando su arma—. El área es segura.

El silencio que siguió fue sepulcral. Los héroes profesionales miraban al joven como si fuera una deidad caída del cielo. Endeavor, el hombre más orgulloso de Japón, ni siquiera podía articular palabra; sus llamas parecían velas temblorosas ante el poder que acababa de presenciar.

All Might se acercó, su forma debilitada ocultada por su gran musculatura, pero sus ojos estaban llenos de una tristeza profunda.

—Izuku... lo que acabas de hacer... ningún héroe en la historia...

—Ya te lo dije, All Might —lo interrumpió Izuku, dándose la vuelta para caminar hacia donde Jinwoo y Jong-in lo esperaban—. No soy un héroe. No hice esto por la gloria, ni por ustedes. Lo hice porque era mi deber como Cazador.

—¡Hijo, por favor! —Inko Midoriya apareció entre la multitud, escoltada por policías. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar—. ¡Vuelve a casa! ¡Podemos arreglarlo! ¡Podemos ser una familia otra vez! ¡Izumi te extraña tanto!

Izuku se detuvo. Por un momento, el mundo pareció contener el aliento. Se giró lentamente, mirando a la mujer que le dio la vida y que luego se la arrebató con su indiferencia.

—¿Familia? —preguntó Izuku con una suavidad que dolía más que un grito—. Inko-san, la familia no es algo que se reclama cuando el que abandonaste se vuelve poderoso. La familia son los hombres que me recogieron del suelo cuando tú ni siquiera podías mirarme a la cara porque no tenía un Quirk.

Señaló a Jinwoo y a Jong-in, quienes observaban la escena con una protección silenciosa.

—Ellos son mi familia. Ellos me enseñaron que mi valor no dependía de un gen, sino de mi voluntad. Ustedes me enseñaron que el amor de un héroe es condicional.

Izumi Midoriya, que estaba de pie junto a Bakugo y Todoroki, dio un paso adelante, temblando.

—Hermano... yo... yo quería protegerte... por eso te decía que no podías ser un héroe...

—Me llamabas "Deku", Izumi —la cortó él, su voz volviéndose tan fría como el hielo del dragón que acababa de matar—. Me dejaste solo en los pasillos mientras tú brillabas. No querías protegerme; querías que no fueras una vergüenza para tu legado. Ahora, mira este campo de batalla. Yo he hecho en cinco minutos lo que todos ustedes, con sus dones y sus trajes coloridos, no pudieron hacer en horas.

Bakugo apretó los puños, la rabia hirviendo en su sangre, pero por primera vez, no se atrevió a gritar. La presión que emanaba de Izuku era como una montaña cayendo sobre sus hombros.

—Vámonos —dijo Izuku a sus padres adoptivos—. Ya hemos cumplido con el contrato.

—Espera —dijo una voz autoritaria. El Jefe de Policía de Hosu se acercó—. Tenemos que arrestar al Asesino de Héroes y necesitamos su declaración oficial sobre el uso de poderes sin licencia.

Choi Jong-in dio un paso adelante, ajustándose las gafas con una sonrisa peligrosa.

—Me temo que se equivoca, oficial. El joven Izuku Sung-Choi opera bajo inmunidad diplomática y leyes internacionales de la Asociación de Cazadores. Si intentan detenerlo por "uso de poderes sin licencia" mientras él acaba de salvar su ciudad, les aseguro que la crisis diplomática entre Corea y Japón será el menor de sus problemas.

Jinwoo Sung simplemente miró al oficial. No dijo nada, pero las sombras bajo los pies del hombre comenzaron a hervir. El policía retrocedió, pálido como la cera.

—Entendido... —susurró el oficial—. Pueden retirarse.

Izuku comenzó a caminar, pero se detuvo al pasar junto a Shoto Todoroki. El chico del hielo y el fuego lo miraba con una curiosidad intensa, casi con respeto.

—Todoroki —dijo Izuku sin mirarlo—. Tienes un buen poder. Pero si sigues usándolo solo para rebelarte contra tu padre, nunca serás más que una sombra de lo que podrías ser. Encuentra tu propia razón para luchar, o el próximo portal te consumirá.

Sin esperar respuesta, Izuku se unió a Jinwoo y Jong-in. En un instante, una marea de sombras los envolvió y desaparecieron de la vista de todos, dejando tras de sí una ciudad salvada y una sociedad de héroes cuyas bases habían sido sacudidas hasta el núcleo.

Horas más tarde, en la privacidad de su transporte hacia la base de operaciones temporal, Izuku se dejó caer en el asiento, cerrando los ojos.

—¿Estás bien, Izuku? —preguntó Jinwoo, observando a su hijo con orgullo paternal.

—Sí —respondió el joven—. Solo... es agotador. Ver sus caras, sentir su arrepentimiento... es como ver un fantasma de alguien que ya no soy.

—Es el precio de la ascensión —dijo Jong-in, ofreciéndole una bebida—. Has dejado de ser una víctima para convertirte en un depredador. Y el mundo nunca perdona a quienes cambian las reglas del juego.

Izuku miró por la ventana, viendo cómo las luces de Japón se alejaban. Sabía que esto era solo el comienzo. Los portales de Rango S estaban apareciendo con más frecuencia, y la conexión entre su mundo y este se estaba volviendo peligrosamente delgada.

—Padre —dijo Izuku, mirando a Jinwoo—, el jefe de ese portal... antes de morir, susurró algo. No era lenguaje de monstruos. Era una advertencia.

Jinwoo entrecerró los ojos.

—¿Qué dijo?

—Dijo que el Monarca de las Sombras ha regresado, y que los otros están despertando. Que este mundo solo es el primer tablero de ajedrez.

Jinwoo sonrió, una expresión que habría aterrorizado a cualquiera que no fuera de su familia.

—Entonces, que despierten. Nosotros estaremos listos.

Izuku asintió, sintiendo el fuego y las sombras pulsar en sus venas. Ya no era el niño sin don de la familia Midoriya. Era un Cazador de Rango Nacional, el heredero de dos leyendas, y el destino de dos mundos descansaba ahora sobre sus hombros.

La guerra real estaba por comenzar, y esta vez, no habría héroes para salvar el día. Solo habría Cazadores.