Héroes Entre Mundos
El Eco de los Monarcas y la Fragilidad del Cristal
El silencio en la oficina privada de Nezu era absoluto, una rareza en la Academia U.A. tras un evento catastrófico. El director, una criatura cuya inteligencia superaba con creces la comprensión humana, observaba las grabaciones de los satélites en Hosu. A su lado, All Might, en su forma esquelética y demacrada, mantenía la cabeza baja, con las manos temblando sobre sus rodillas.
—Toshinori —dijo Nezu, su voz carente de su habitual tono jovial—, lo que hemos presenciado hoy no es un Quirk. No hay registro de ninguna mutación genética que permita la manipulación del espacio-tiempo, la invocación de legiones de ultratumba y la generación de calor termonuclear de forma simultánea.
—Él era mi hijo, Nezu —susurró All Might, con la voz rota—. Lo dejamos atrás porque pensamos que el mundo sería demasiado cruel para un niño sin poder. Y ahora... ahora el mundo parece pequeño a su lado.
—Ese es el problema —respondió Nezu, girando su silla para mirar al antiguo Símbolo de la Paz—. Él no regresó como un héroe. Regresó como un soberano. Y lo que más me preocupa no es su poder, sino los hombres que lo acompañan. Jinwoo Sung y Choi Jong-in no figuran en ninguna base de datos de Interpol hasta hace cinco años. Es como si hubieran surgido de la nada para reclamar el orden mundial.
***
Mientras tanto, en el refugio fortificado de la Asociación de Cazadores en el subsuelo de la embajada coreana en Tokio, la atmósfera era radicalmente distinta. No había lamentaciones, solo preparación.
Izuku estaba sentado en una plataforma de meditación, con el torso desnudo. Cicatrices que no pertenecían a este mundo surcaban su piel: marcas de garras de dragones de hielo, quemaduras de fuego demoníaco y la marca rúnica en su pecho que latía con una luz púrpura tenue.
—Tu flujo de maná está agitado —dijo Jinwoo, apareciendo desde una esquina de la habitación sin hacer el menor ruido—. Estás pensando en ellos.
Izuku abrió los ojos. Sus pupilas verdes ahora tenían destellos dorados, la marca de un Cazador que ha cruzado las puertas de la muerte más de una vez.
—No es nostalgia, padre —respondió Izuku, poniéndose de pie—. Es la disonancia. Este mundo se siente... frágil. Como si fuera un cristal a punto de romperse. Los héroes aquí creen que el peligro son villanos con motivos egoístas. No entienden que el vacío está hambriento.
—Lo entenderán pronto —intervino Choi Jong-in, entrando con varios informes digitales—. Los radares de maná están detectando grietas de clase S en la isla de I-Island y en el centro de Musutafu. Pero hay algo más. El sistema de vigilancia de sombras de Jinwoo ha detectado movimientos inusuales en la "Liga de Villanos". Parece que su líder, Tomura Shigaraki, ha tenido un encuentro con algo que no es humano.
Jinwoo entrecerró los ojos, y la temperatura de la habitación descendió varios grados.
—Los Monarcas no suelen aliarse con seres inferiores —comentó Jinwoo—. Si Shigaraki está recibiendo ayuda del otro lado, significa que los fragmentos de luz o los soberanos de las sombras menores están intentando desestabilizar este plano antes de la gran apertura.
—Izuku —dijo Jong-in con tono serio—, la Comisión de Seguridad Pública de Japón ha solicitado una reunión de emergencia. Quieren que tú y nosotros actuemos como una fuerza de respuesta rápida bajo su mando.
Izuku soltó una carcajada seca y se puso una camisa negra de seda que se ajustaba a su físico atlético.
—¿Bajo su mando? Todavía no han entendido que no somos sus peones. Iremos a esa reunión, pero no para recibir órdenes, sino para dictar los términos de su supervivencia.
***
La reunión tuvo lugar en el edificio central de la Comisión en Tokio. La seguridad era asfixiante. Héroes de élite como Hawks y Best Jeanist flanqueaban la entrada de la sala de conferencias. Cuando Izuku entró, flanqueado por sus dos padres, la presión en la sala se volvió casi insoportable. Hawks, conocido por su actitud relajada, instintivamente llevó una mano a sus plumas, sintiendo que su instinto de pájaro le gritaba que volara lo más lejos posible.
En el centro de la mesa estaba la Presidenta de la Comisión, una mujer de mirada gélida.
—Señores Sung, Choi y... joven Midoriya —comenzó ella.
—Sung-Choi —corrigió Izuku fríamente, tomando asiento—. El apellido Midoriya murió en un apartamento abandonado hace años. No lo repita.
La mujer tragó saliva, pero mantuvo su compostura.
—Como deseen. Sus acciones en Hosu, aunque efectivas, han causado un pánico masivo. El público está cuestionando la eficacia de los héroes profesionales. Proponemos que se integren formalmente en el sistema japonés. Les otorgaremos licencias provisionales de rango especial y...
—Deténgase ahí —interrumpió Choi Jong-in, ajustándose las gafas con una elegancia letal—. No estamos aquí para discutir licencias. Un Cazador de Rango S de Corea del Sur tiene más autoridad jurisdiccional que cualquier héroe de este país. No necesitamos su permiso para salvarlos, pero sí necesitamos que dejen de estorbarnos.
—¡Es una falta de respeto! —exclamó un consejero al fondo de la sala—. ¡Están en suelo japonés!
Jinwoo Sung, que había permanecido en silencio, simplemente levantó la vista. Sus ojos brillaron con un azul eléctrico. De repente, las sombras de todos los presentes en la sala se alargaron y se despegaron del suelo, transformándose en soldados de armadura negra que colocaron sus espadas en los cuellos de los consejeros.
—El respeto se gana con poder, no con títulos —dijo Jinwoo con una voz que parecía emanar de la tierra misma—. Mi hijo ha venido aquí para cerrar las puertas que sus héroes no pueden ni ver. Si vuelven a levantarle la voz, no habrá sombras suficientes para ocultar sus restos.
—¡Basta! —gritó una voz conocida.
All Might entró en la sala, escoltado por Izumi. La chica miraba a su hermano con una mezcla de terror y una esperanza desesperada.
—Izuku, por favor —suplicó Izumi—. Sé que nos odias. Sé que te fallamos de la peor manera posible. Pero la gente de Musutafu... tus antiguos compañeros de clase... están en peligro. Hay un portal abriéndose en el centro de la ciudad, justo donde está mamá.
Izuku se tensó. El nombre de Inko Midoriya todavía provocaba una punzada de algo que no era odio, sino una herida mal cerrada. Miró a Jinwoo, quien asintió levemente.
—Las sombras ya lo han detectado —dijo Jinwoo—. Es un Portal Doble. Un Rango S oculto dentro de un Rango C. Es una trampa.
Izuku se puso de pie, su aura estallando en llamas carmesíes y sombras negras.
—Iremos —dijo Izuku, mirando directamente a All Might—. Pero no por ustedes. Iremos porque si ese portal se abre por completo, este país dejará de existir antes del anochecer.
***
Musutafu estaba sumida en el caos. El cielo se había vuelto de un color violeta enfermizo. En el centro del distrito comercial, un portal gigantesco palpitaba como un corazón de piedra.
La Clase 1-A estaba allí, intentando evacuar a los civiles. Katsuki Bakugo lanzaba explosiones masivas contra las gárgolas que descendían, pero sus ataques apenas las ralentizaban.
—¡Maldita sea! —gritó Bakugo, con el sudor corriendo por su rostro—. ¡No dejan de salir! ¡¿Dónde están los refuerzos?!
—¡Bakugo, cuidado! —gritó Shoto Todoroki, levantando un muro de hielo para bloquear un rayo de energía lanzado por una criatura de tres ojos.
En ese momento, el aire se rasgó. Una columna de fuego descendió del cielo, impactando con tal fuerza que creó un cráter de cincuenta metros. Izuku emergió de las llamas, con sus dagas desenvainadas.
—¡Llegaron! —exclamó Uraraka, con lágrimas de alivio.
Izuku no les dirigió la palabra. Se volvió hacia el portal y gritó con una voz que resonó en todo el distrito:
—¡Beru! ¡Igris! ¡Tusk! ¡Limpien los cielos!
Tres figuras de pesadilla surgieron de su sombra. Beru, el rey hormiga, soltó un chillido que paralizó a los monstruos menores antes de lanzarse a una carnicería a alta velocidad. Tusk, el gran orco hechicero, comenzó a recitar cánticos en una lengua olvidada, haciendo que pilares de fuego surgieran del asfalto.
Izuku caminó hacia la entrada del portal. Allí, atrapada bajo unos escombros, estaba Inko Midoriya. Ella lo miraba con los ojos desorbitados, viendo no al niño que alimentaba, sino a un guerrero que parecía sacado de las leyendas más oscuras.
—Izuku... —susurró ella, extendiendo una mano temblorosa.
Izuku se detuvo frente a ella. Por un segundo, el fuego en sus ojos se suavizó. Con un movimiento de su mano, las sombras levantaron los escombros como si no pesaran nada.
—Vete de aquí, Inko —dijo él, su voz era plana, desprovista de emoción—. Este no es lugar para los débiles.
—¡Lo siento tanto, Izuku! —sollozó ella, aferrándose a su bota—. ¡Debí ser mejor madre! ¡Debí protegerte!
Izuku la miró con una tristeza infinita.
—Ya es tarde para disculpas. Pero no dejaré que mueras aquí. No hoy.
Hizo una señal a uno de sus soldados de sombra, un caballero de bajo rango, para que la llevara a una zona segura. Luego, se giró hacia el portal, donde una figura comenzaba a emerger. No era un monstruo común. Era un humanoide con piel pálida, cuatro brazos y una armadura que parecía hecha de estrellas muertas.
—Un Comandante del Caos —dijo Choi Jong-in, apareciendo al lado de Izuku—. Esto es más que una mazmorra. Es una invasión formal.
Jinwoo Sung se colocó al otro lado de Izuku.
—Hijo, este es tu momento. Los héroes de este mundo necesitan ver la diferencia entre un símbolo y una realidad.
El Comandante del Caos rugió, y la onda de choque rompió todos los cristales en un radio de un kilómetro. Los estudiantes de la U.A. cayeron al suelo, incapaces de soportar la presión espiritual.
Izuku dio un paso adelante. Su cuerpo comenzó a brillar con una mezcla de energía solar y abisal.
—Ustedes hablan de justicia —dijo Izuku, su voz proyectándose hacia los héroes que observaban desde la distancia—. Hablan de paz. Pero la paz es una mentira si no tienes el poder para defenderla.
Se lanzó hacia el Comandante. El choque fue como una explosión nuclear controlada. Izuku se movía como un rayo negro, sus dagas dejando estelas de fuego que cortaban la armadura estelar del enemigo. El Comandante intentó golpearlo con sus cuatro brazos, pero Izuku usó el "Intercambio de Sombras" para aparecer instantáneamente sobre su cabeza.
—¡Estallido de Monarca! —rugió Izuku.
Una explosión de energía pura envolvió al Comandante, desintegrando sus dos brazos superiores. El monstruo gritó de agonía, pero Izuku no le dio tregua. Con una velocidad que desafiaba la física, conectó una serie de cortes que redujeron al invasor a una masa de carne y energía inestable.
Finalmente, Izuku clavó su daga principal en el pecho del Comandante.
—Vuelve al vacío —susurró—. Este mundo ya tiene suficiente con sus propios demonios.
Con un último estallido de luz, el Comandante desapareció y el portal comenzó a cerrarse.
Izuku aterrizó suavemente sobre el asfalto agrietado. El silencio volvió a Musutafu, pero era un silencio cargado de una nueva comprensión. Los estudiantes de la Clase 1-A, All Might e Izumi se acercaron cautelosamente.
—Izuku... —dijo Izumi, con la voz entrecortada—. Eso fue... increíble. ¿Cómo podemos... cómo podemos ayudarte a cerrar los demás?
Izuku se guardó las dagas y se giró. Sus ojos volvieron a ser de ese verde gélido.
—No pueden. Ustedes están entrenados para capturar villanos y dar discursos. Nosotros estamos entrenados para exterminar amenazas existenciales. Quédense en sus escuelas, jueguen a ser héroes. Nosotros nos encargaremos de la guerra.
—¡No puedes hacer esto solo! —gritó Bakugo, aunque su voz carecía de su habitual arrogancia—. ¡Somos la U.A.! ¡Se supone que protegemos a la gente!
Izuku miró a Bakugo, y por primera vez, el rubio retrocedió por puro instinto.
—Protejan lo que puedan, Bakugo. Pero cuando el cielo se abra de verdad y los verdaderos Monarcas desciendan, sus explosiones no serán más que fuegos artificiales en una tormenta.
Jinwoo y Jong-in se acercaron a Izuku.
—Tenemos que irnos —dijo Jinwoo—. Hay una perturbación mayor en el Monte Fuji. Algo está intentando cruzar, algo que incluso a mí me resulta familiar.
Izuku asintió. Sin una última mirada atrás, sin una palabra de despedida para la familia que lo abandonó, los tres hombres se desvanecieron en un remolino de sombras.
All Might cayó de rodillas, mirando el lugar donde su hijo había estado. Había salvado la ciudad, sí. Pero la brecha entre el mundo de los héroes y el mundo de los cazadores se había vuelto un abismo insalvable.
En el horizonte, sobre el Monte Fuji, una grieta de color rojo carmesí comenzó a abrirse. La verdadera prueba no había hecho más que empezar, y el destino de Japón —y del mundo entero— ya no dependía de los héroes, sino de un joven que había aprendido que para salvar la luz, primero hay que dominar las sombras.