Idol
Polvo de estrellas y césped recién cortado
El estadio cubierto de Seúl bullía con una energía caótica y vibrante. Era el día del "Idol Athletic Championship", un evento que, aunque agotador, era esperado por los fans como agua de mayo. Para los idols, sin embargo, era un campo de minas emocional y físico. Bajo las luces blancas y frente a decenas de cámaras de alta definición, cualquier mirada persistente o un roce accidental podía convertirse en el escándalo de la temporada.
Ye-rim, conocida por todos como Rimi de AERIS, se ajustaba el dorsal sobre su conjunto deportivo de color azul pastel. Sus compañeras de grupo, Min-seo, Hana y Yuki, charlaban animadamente a su lado, estirando los músculos antes de que comenzaran las pruebas de atletismo.
—Recuerden —susurró Min-seo, la líder, mientras fingía revisar sus zapatillas—, hay cámaras hasta en el techo. Discreción absoluta. Rimi, sé que estás emocionada, pero mantén la mirada en la meta, no en cierta melena rizada que está al otro lado del campo.
Rimi sintió que sus mejillas se calentaban al instante. Giró la cabeza con disimulo y, efectivamente, allí estaba él. Bang Chan, el líder de Stray Kids, lucía un chándal granate que resaltaba su figura atlética. Estaba riendo con Changbin y Hyunjin, pero por un breve segundo, sus ojos se encontraron con los de ella. Fue un contacto eléctrico, veloz como un parpadeo, pero suficiente para enviarle un mensaje de apoyo silencioso.
—Lo sé, unnie —respondió Rimi, recuperando la compostura—. Soy una profesional. Solo estamos aquí para jugar.
La jornada avanzó entre risas, gritos de aliento de los fans en las gradas y una competitividad feroz pero amistosa. Hubo carreras de relevos, tiro con arco y saltos de altura. El staff corría de un lado a otro, asegurándose de que el guion del programa se cumpliera y de que ningún idol se saliera de su lugar asignado.
A pesar de la estricta vigilancia, la naturaleza del evento permitía cierta convivencia. Los grupos se mezclaban en las zonas de descanso, compartiendo botellas de agua y comentarios sobre las pruebas. Era el "camuflaje perfecto". Si Chan y Rimi hablaban, era simplemente "compañerismo de industria".
En un momento de descanso, mientras los equipos de limpieza preparaban la pista central, Chan se acercó al grupo de AERIS con un paquete de barritas energéticas en la mano.
—¡Buen trabajo en el tiro con arco, chicas! —dijo él con su voz profunda y amable, la misma que usaba en las entrevistas—. Casi nos ganan por puntos.
—Gracias, Chan-sunbaenim —respondió Hana con una reverencia—. Sus chicos son muy rápidos en la pista, nos dejaron sin aliento.
Chan asintió, pero su mirada se desvió un centímetro hacia Rimi, que estaba sentada en el suelo bebiendo agua.
—¿Estás bien, Rimi-ssi? Pareces un poco cansada —comentó él, con un tono que para el resto del mundo era pura cortesía senior, pero que para ella era una caricia.
—Solo un poco de calor, pero estoy lista para el siguiente reto —contestó ella, dedicándole esa sonrisa fácil y genuina que él tanto amaba—. Espero que Stray Kids no se rinda tan pronto.
—Ni en tus sueños —bromeó él, guiñándole un ojo antes de retirarse hacia su grupo. Nadie sospechó nada. Era solo una interacción más entre idols populares.
El clímax del día llegó con el juego final: "Random Play Dance Survival". Las reglas eran sencillas pero brutales. Los ídolos de todos los grupos participantes debían situarse en el centro de la pista. El DJ pondría fragmentos de canciones aleatorias de K-pop, desde clásicos de la primera generación hasta los hits más recientes. El que no supiera la coreografía o cometiera un error, quedaba fuera.
Rimi se colocó en el centro, sintiendo los nervios a flor de piel. Ella siempre había sido la que recordaba los pequeños detalles, la que pasaba horas observando los bailes de otros grupos por pura admiración. No buscaba llamar la atención, pero cuando la música de *Hard Carry* de GOT7 empezó a sonar, su cuerpo se movió por instinto.
—¡Mira a Rimi! —gritó un fan desde las gradas.
La música cambiaba cada treinta segundos. De la elegancia de IVE pasaron a la potencia de EXO, y de ahí al estilo retro de Wonder Girls. Uno a uno, los idols iban saliendo de la pista entre risas y lamentos dramáticos. Chan, que había sido eliminado temprano por un tropiezo tonto que lo hizo reír a carcajadas, se sentó en el suelo junto a sus compañeros para observar.
Su mirada estaba fija en ella. Rimi se movía con una fluidez impresionante. No era una bailarina exagerada; era precisa, suave y a la vez enérgica. Cuando sonó una canción de Stray Kids, *S-Class*, ella ejecutó el estribillo con una perfección que dejó a los chicos del grupo con la boca abierta.
—Vaya, Chan —susurró Han al lado de su líder—, esa chica de AERIS se sabe nuestros pasos mejor que Hyunjin cuando tiene sueño.
Chan no pudo evitar que su pecho se inflara de orgullo.
—Es muy talentosa —se limitó a decir, aunque por dentro quería gritar que esa chica increíble era suya.
Finalmente, solo quedaron tres personas en la pista: un miembro de un grupo rookie, un bailarín principal de un grupo veterano y Rimi. El agotamiento era evidente; el sudor perlaba su frente y su respiración era agitada. El DJ puso una canción de un grupo de chicas de los noventa con un juego de pies extremadamente complejo. Rimi siguió el ritmo durante diez segundos, pero en un giro rápido, su pie izquierdo no coordinó con el derecho. Se detuvo, riendo y jadeando, mientras hacía una señal de rendición con las manos.
—¡Rimi de AERIS queda en el top tres! —anunció el presentador por los altavoces.
El estadio estalló en aplausos. Rimi, con el rostro encendido por el esfuerzo, caminó hacia la zona donde sus compañeras la esperaban. Por una casualidad del destino —o quizás por una gestión inteligente del staff que buscaba visuales interesantes—, el área asignada a AERIS para el cierre del evento estaba justo al lado de la de Stray Kids, sobre el césped artificial.
Rimi se dejó caer sobre el césped al lado de Min-seo, tratando de recuperar el aliento.
—¡Estuviste increíble! —le dijo Yuki, pasándole una toalla—. Casi ganas.
—Mis piernas son gelatina ahora mismo —confesó Rimi, secándose el cuello.
A menos de un metro de distancia, los miembros de Stray Kids se acomodaban también. La cercanía era tal que Rimi podía oler el aroma familiar de Chan, esa mezcla de sándalo que sobrevivía incluso a una jornada de deportes.
—Ese último giro fue traicionero —dijo una voz baja a su derecha.
Rimi giró la cabeza. Chan estaba sentado con las piernas cruzadas, lo suficientemente cerca como para que sus rodillas casi se rozaran si alguno se movía un poco. Estaba de espaldas a la cámara principal, lo que le daba un pequeño margen de maniobra.
—Mis pies decidieron que ya habían tenido suficiente por hoy —respondió ella en el mismo tono bajo, fingiendo que hablaba con sus compañeras mientras lo miraba de reojo—. Pero me divertí.
—Bailaste nuestra canción —comentó él, y Rimi pudo notar el brillo de adoración en sus ojos—. Lo hiciste mejor que yo, para ser honesto.
—No digas tonterías —susurró ella con una sonrisa tímida—. Solo trataba de no quedar en ridículo frente al compositor original.
La conversación continuó así, camuflada por el ruido del estadio y las interacciones de los otros miembros. Para cualquier observador externo, eran dos grupos amigos compartiendo anécdotas del día. Changbin bromeaba con Hana sobre quién había comido más snacks, mientras que Felix y Yuki comparaban sus pecas. Bajo ese manto de "convivencia grupal", Chan y Rimi encontraron un oasis.
—Me gustaría poder darte un masaje en esos pies ahora mismo —murmuró Chan, bajando la cabeza para juguetear con los cordones de sus zapatillas.
Rimi sintió un vuelco en el corazón.
—Me conformo con que estés sentado aquí —respondió ella—. Ha sido un día largo. Verte de lejos es difícil, pero tenerte así de cerca... hace que el cansancio valga la pena.
—Ye-rim —dijo él, usando su nombre real con una suavidad que casi la hizo temblar—, mira hacia las gradas del sector B. Hay un punto ciego de las cámaras durante los próximos dos minutos mientras graban la entrevista del ganador.
Rimi obedeció discretamente. Efectivamente, la atención del equipo de producción estaba centrada en el otro extremo del estadio.
En un movimiento rápido y preciso, Chan extendió la mano hacia atrás, apoyándola en el césped entre los dos grupos. Rimi, comprendiendo la invitación, dejó caer su mano hacia atrás también. Sus dedos se entrelazaron por apenas unos segundos, ocultos por las sombras de sus propios cuerpos y las sudaderas que descansaban en el suelo.
Fue un contacto breve, pero cargado de una intensidad que las cámaras nunca podrían captar. La piel cálida de Chan contra la de ella fue un recordatorio de que, a pesar de los ídolos, los contratos y las expectativas, eran simplemente dos personas que se amaban.
—Te quiero —susurró él, tan bajo que solo ella pudo oírlo.
—Y yo a ti —respondió Rimi, antes de retirar la mano justo cuando un camarógrafo giraba en su dirección.
El evento terminó con todos los grupos de pie, saludando a los fans y cantando el himno del programa. Rimi y Chan se mantuvieron en sus respectivos lados, manteniendo la fachada profesional hasta el último segundo.
Mientras caminaba hacia el túnel de salida junto a AERIS, Rimi sintió una vibración en el bolsillo de su chándal. Sacó el teléfono una vez que estuvo a salvo de las miradas en el pasillo de los camerinos.
"Has sido la estrella del día. No puedo esperar a que volvamos a estar en un lugar donde no tenga que llamarte 'Rimi-ssi'. Descansa, mi campeona."
Rimi sonrió, guardando el teléfono contra su pecho. El día de juegos había sido divertido, los bailes habían sido emocionantes y la competencia, intensa. Pero para ella, el momento más importante no había sido quedar en el top tres, sino ese breve segundo en el que sus manos se encontraron sobre el césped, demostrando que, incluso en un estadio lleno de gente y cámaras, su mundo privado seguía siendo solo de ellos dos.
—¿Rimi? ¿Vienes? —llamó Min-seo desde la puerta del camerino.
—¡Ya voy! —respondió ella, caminando con pasos ligeros a pesar del cansancio.
Mañana volverían a los ensayos, a las grabaciones y al constante juego del gato y el ratón con la prensa. Pero hoy, bajo el cielo artificial del estadio, habían logrado ganar la única competencia que realmente les importaba: la de mantener su amor vivo y protegido, un secreto compartido entre el polvo de estrellas y el eco de los aplausos.