Idol
El origen de nuestra partitura
—¿Alguna vez te has preguntado cómo es que dos líneas paralelas terminan cruzándose? —preguntó Rimi, mientras jugueteaba con el borde de su sudadera, sentada en el suelo de la sala de prácticas de Chan.
Chan, que estaba concentrado en la pantalla de su ordenador ajustando los niveles de una base rítmica, se giró con una sonrisa nostálgica. Se quitó los auriculares y los dejó descansar sobre su cuello.
—En nuestro mundo, Ye-rim, las líneas paralelas no se cruzan por casualidad. Se cruzan porque alguien decide desafiar las leyes de la física —respondió él, extendiendo la mano para que ella se acercara—. O porque el destino se cansa de esperar a que demos el primer paso.
Rimi se deslizó hasta quedar a su lado, apoyando la cabeza en su hombro. El zumbido de los equipos electrónicos era el único sonido en la habitación. Para el resto del mundo, Bang Chan y Rimi eran dos estrellas en órbitas diferentes, pertenecientes a agencias distintas, con agendas que rara vez les permitían respirar el mismo aire. Pero allí, en el silencio de la madrugada, recordaban que su historia no nació de un flechazo instantáneo bajo la lluvia, sino de una serie de ecos que se buscaron hasta encontrarse.
Todo había comenzado mucho antes de los mensajes secretos y las escapadas nocturnas. AERIS se había convertido en un fenómeno global casi de la noche a la mañana. Sus rostros estaban en las vallas publicitarias de Times Square y sus canciones resonaban en cada cafetería de Seúl. Rimi, la maknae del grupo, era a menudo descrita por los medios como "el alma suave del K-pop". Su imagen era etérea, delicada, casi irreal.
Por otro lado, Stray Kids estaba arrasando con una energía cruda y experimental que estaba cambiando las reglas del juego. Chan, como líder y productor, apenas tenía tiempo para algo que no fuera el estudio. Sin embargo, no era ciego ni sordo. Conocía a AERIS. Sabía quién era Rimi.
—La primera vez que te vi de verdad —confesó Chan, rodeando la cintura de ella con su brazo—, no fue en un escenario. Fue en aquellos juegos deportivos para idols.
Rimi soltó una risita suave, recordando el caos de aquel día.
—Oh, no. Estaba hecha un desastre. Tenía el pelo alborotado y estaba gritando como una loca porque Min-seo unnie casi gana la carrera de relevos.
—Exactamente por eso me fijé en ti —dijo él—. Todos esperaban que AERIS fueran como muñecas de porcelana, pero allí estabas tú, riendo a carcajadas, participando en cada juego con una competitividad que nadie esperaba. Me di cuenta de que esa dulzura que vendían las cámaras no era una máscara, sino solo una capa. Debajo había alguien muy real.
Aquel evento había sido el primer punto de contacto visual. No hablaron. Solo hubo reverencias educadas y breves encuentros en las zonas de descanso. Chan recordaba haberla observado desde lejos mientras ella compartía risas con sus compañeras, notando cómo su presencia parecía calmar el ambiente a su alrededor. Sin embargo, el verdadero catalizador de su historia no fue un encuentro físico, sino un clip que se volvió viral por las razones "equivocadas" para las agencias, pero correctas para el corazón.
Sucedió durante un "Solo Live" de Rimi. Ella estaba en su dormitorio, tarde en la noche, interactuando con los fans. En un momento de espontaneidad, tomó su guitarra y comenzó a tocar unos acordes suaves.
—"She's the one", de Robbie Williams —murmuró Rimi, recordando aquel directo—. Me sentía un poco melancólica esa noche. La letra siempre me había parecido preciosa.
En el video, que ahora vivía eternamente en los archivos de internet, Rimi cantaba con su voz aterciopelada: *"I was her she was me, we were one we were free..."*. Al terminar la canción, con los ojos brillando bajo la luz de su habitación, había comentado a la cámara con una sonrisa tímida: *"A veces me pregunto si alguna vez encontraré a alguien que me haga sentir como dice esta canción. Alguien con quien ser uno mismo, sin máscaras"*.
El clip se había disparado en las redes sociales en cuestión de horas. Pero lo que lo hizo explotar fue la creatividad de los fans. Alguien, con un ojo clínico para las coincidencias, editó ese video junto a uno de Bang Chan de meses atrás. En su propio programa semanal, "Chan's Room", él había puesto la banda sonora de *The Greatest Showman* y se había quedado prendado de "Rewrite the stars".
—Recuerdo que dije que era mi canción favorita —comentó Chan, rascándose la nuca con timidez—. Me gustaba la idea de que dos personas pudieran reescribir su destino a pesar de que el mundo les dijera que era imposible.
El edit viral mostraba a Rimi cantando sobre encontrar a "esa persona" y a Chan cantando sobre "reescribir las estrellas". Los comentarios de los fans eran una avalancha: *"Denles una oportunidad a estos dos"*, *"Sus voces encajan perfectamente"*, *"¿Se imaginan si se conocieran de verdad?"*.
—Yo vi ese video —admitió Rimi, escondiendo el rostro en el hombro de él—. Mis compañeras me lo mostraron y me puse roja como un tomate. Pensé: "Bang Chan es un senior increíble, esto es tan vergonzoso".
—Pues a mí me dio el empujón que necesitaba —dijo él—. Cuando vi el clip de ti cantando, algo hizo clic. No era solo que fueras guapa, Ye-rim. Era que parecías estar buscando lo mismo que yo: una conexión real en una industria de plástico.
El destino finalmente les dio una oportunidad semanas después, en los pasillos de una cadena de televisión durante las grabaciones de un programa especial de fin de año. El edificio era un hervidero de gente, pero Chan había estado atento a los horarios de AERIS. Cuando las vio salir de su camerino hacia el escenario, supo que era el momento.
—Casi me desmayo cuando te vi acercarte —recordó Rimi—. Mis unnies se quedaron tiesas. Un senior tan respetado como tú viniendo directamente hacia nosotras...
—Estaba aterrorizado —confesó Chan, riendo—. Tenía las palmas de las manos sudadas. Me acerqué y simplemente dije: "Hola, Rimi-ssi. He visto tu clip cantando Robbie Williams. Tienes una voz preciosa".
—Y yo solo pude decir "gracias" como una tonta —añadió ella—. Pero tú no te fuiste. Te quedaste allí y mencionaste que "Rewrite the stars" también era una de tus favoritas. Fue como si estuviéramos hablando en un lenguaje que solo nosotros entendíamos gracias a aquel video viral.
—Ese fue el comienzo de todo —susurró él—. El saludo más largo de la historia. Me arriesgué a pedirte tu número de forma tan discreta que ni tu mánager, que estaba a dos metros, se dio cuenta. Te dije que me gustaría hablar más sobre música algún día.
—Y yo te lo di porque sentí que, si no lo hacía, me arrepentiría toda la vida —dijo Rimi, entrelazando sus dedos con los de él—. Pero no fue fácil al principio, ¿verdad?
—Para nada —coincidió Chan—. Dos compañías diferentes, horarios que nunca coincidían... Pasamos meses solo enviándonos mensajes. A veces pasaban días sin que pudiéramos respondernos por las giras o las grabaciones.
—Recuerdo que me enviabas notas de voz a las cuatro de la mañana cuando terminabas de producir —dijo ella con ternura—. Me contabas tus dudas sobre una letra o simplemente me decías que habías visto la luna y habías pensado en mí. Esas pequeñas cosas fueron las que hicieron que este noviazgo, a pesar de ser secreto y difícil, se sintiera más sano que cualquier otra cosa en mi vida.
Chan se giró para mirarla a los ojos. La luz del estudio se reflejaba en las pupilas de Rimi, y él se vio a sí mismo en ellas.
—¿Te arrepientes? —preguntó él en un susurro—. A veces me siento culpable por pedirte que vivas en las sombras conmigo. Sé que mereces caminar bajo el sol, que mereces que todo el mundo sepa lo afortunado que soy de tenerte.
Rimi negó con la cabeza con determinación, esa fuerza suave que siempre lo sorprendía.
—No me arrepiento de nada, Chris. El mundo tiene sus luces y sus cámaras, pero lo que tenemos aquí... esto es nuestro. Es verdad que empezamos por un clip viral y una coincidencia musical, pero lo que construimos después de eso es real. Prefiero mil veces un "te quiero" susurrado en este estudio que un titular en todas las revistas.
—Eres increíble —dijo él, acercándola para darle un beso lento—. A veces pienso en aquel edit que hicieron los fans. Tenían razón en una cosa.
—¿En qué?
—En que nuestras voces encajan —respondió él antes de volver a besarla—. Pero no solo para cantar. Encajan para vivir.
Se quedaron en silencio un rato más, disfrutando de la paz que solo se encuentra cuando no hay nada que demostrar a nadie. Rimi pensó en cómo había cambiado su vida desde aquel directo en su dormitorio. Había buscado a "esa persona" y la había encontrado en el lugar más inesperado: detrás de la fachada de un líder incansable y perfeccionista que resultó tener el corazón más cálido que jamás había conocido.
—¿Sabes qué canción estoy tarareando ahora mismo? —preguntó ella con una sonrisa traviesa.
—Déjame adivinar... —Chan empezó a silbar la melodía de "Rewrite the stars".
—Exacto —dijo Rimi—. Porque al final, eso fue lo que hicimos. Las estrellas decían que los idols de diferentes agencias no deberían enamorarse, que era un riesgo demasiado grande, que nuestras carreras podrían terminar. Pero nosotros tomamos esas estrellas y las reescribimos a nuestra manera.
—Y seguiremos haciéndolo —prometió Chan—. Mientras tengamos estos momentos, mientras pueda verte sonreír así cada vez que entro en una habitación, no me importa lo difícil que sea mantenerlo oculto. Eres mi secreto favorito, Ye-rim.
—Y tú eres mi refugio —respondió ella, cerrando los ojos y dejándose llevar por el calor de su abrazo.
En la pantalla del ordenador, la onda sonora de la nueva canción de Chan seguía brillando, una representación visual de la armonía que habían encontrado. Afuera, Seúl seguía su ritmo frenético, ajena a la historia de amor que se tejía entre cables y consolas de sonido. Dos líneas que el mundo juró que eran paralelas, pero que habían decidido, por voluntad propia, convertirse en una sola melodía infinita.
—¿Chris? —llamó ella suavemente cuando él empezó a juguetear con su cabello.
—¿Dime?
—Gracias por animarte a saludarme aquel día. Sé que no fue fácil para ti.
Chan sonrió, recordando los nervios y la adrenalina de aquel momento en el pasillo.
—Fue el mejor riesgo que he tomado en mi vida. Y lo volvería a hacer, una y mil veces, solo por estar aquí contigo ahora.
Rimi sonrió y volvió a acomodarse contra él. El camino había sido lento, lleno de incertidumbres y mensajes a deshoras, pero cada paso los había traído hasta allí. Eran el líder de Stray Kids y la maknae de AERIS, figuras públicas, ídolos de masas. Pero por encima de todo, eran dos personas que habían aprendido que el amor no necesita focos para brillar, solo necesita a alguien que esté dispuesto a reescribir las estrellas a tu lado.