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Kaa en dxd

El aroma de la sumisión y el colapso del Alfil

—Mmm... ¿Qué pasa, Gasper-kun? ¿Acaso el aroma de tu ama es demasiado para un simple alfil? —La voz de Rias Gremory sonaba distorsionada, cargada de una lujuria artificial que no pertenecía a su noble linaje.

Rias estaba sentada firmemente sobre el rostro de Gasper, presionando su trasero contra la nariz y la boca del joven vampiro. La tela de su falda y su lencería de encaje negro eran una barrera insuficiente para contener el calor y el olor corporal que, debido a la intensa actividad y al trance hipnótico, se había vuelto denso y abrumador. Gasper intentaba balbucear, sus manos golpeando débilmente los muslos de Rias, pero la heredera no se movía ni un milímetro. Sus ojos azul turquesa, invadidos por las espirales de colores de Kaa, brillaban con una fijeza aterradora.

—No te resistas, mi pequeño y lindo Gasper —continuó Rias, moviendo sus caderas en círculos lentos y pesados—. Deberías estar agradecido. Muchas personas en el Inframundo darían su vida por estar donde tú estás ahora... oliendo mi esencia, sintiendo mi peso. Eres un chico muy, muy sucio por disfrutarlo tanto, ¿verdad?

—¡Mmph! ¡Mmm-gh! —Gasper forcejeaba, sintiendo que el oxígeno se le escapaba. El olor del trasero de Rias, intensificado por el sudor de la excitación hipnótica, empezaba a marearlo seriamente.

Mientras tanto, Akeno Himejima no se quedaba atrás. Arrodillada junto a la cadera de Gasper, sus manos se movían con una destreza pecaminosa. Sus ojos violetas también giraban en un torbellino de colores, reflejando la voluntad de la serpiente que acechaba en el bosque.

—Ara, ara... parece que Gasper-kun está muy tenso —dijo Akeno con una risita juguetona—. Rias, creo que necesita un poco más de estímulo. No podemos dejar que se recupere de la fiebre sin que antes expulse todas sus... tensiones.

Akeno comenzó a masajear la zona íntima de Gasper con una presión rítmica, ignorando los gemidos de protesta que el chico emitía bajo el cuerpo de Rias.

—Vamos, Gasper-kun... —susurró Akeno, inclinándose para lamer el lóbulo de su oreja—. Sé un buen chico y suéltalo todo para nosotras. Queremos ver tus fluidos... queremos ver lo sucio que puedes llegar a ser bajo las órdenes del Amo Kaa.

—¡Mmmph! ¡Mmmph-naaa! —Gasper cerró los ojos con fuerza. Estaba al borde del colapso. La combinación de la asfixia bajo Rias, el olor penetrante y las caricias expertas de Akeno lo estaban empujando a un límite que su cuerpo de adolescente no podía soportar.

Pasaron los minutos, que para Gasper parecieron horas de tortura ecchi. Akeno, sin embargo, empezó a mostrar signos de frustración. Sus movimientos se volvieron más bruscos, pero Gasper, debido al puro terror y a la debilidad de la fiebre, no lograba llegar al clímax.

—Qué decepción... —suspiró Akeno, deteniéndose de golpe. Sus ojos en espiral parpadearon con cansancio—. Parece que este pequeño vampiro es más resistente de lo que pensaba. Me he agotado... necesito descansar para recuperar mis energías mágicas.

Akeno se levantó con movimientos lánguidos y se dirigió al sofá, donde se desplomó junto a una Asia que roncaba suavemente. En pocos segundos, la Reina de Gremory quedó sumida en un sueño profundo inducido por el agotamiento del trance.

Rias, al ver que su compañera se retiraba, sintió que su propia energía flaqueaba. La orden de Kaa había sido intensa, y su cuerpo de demonio reclamaba un respiro.

—Supongo... que yo también descansaré un poco —murmuró Rias, bajándose del rostro de Gasper—. Pero no creas que has escapado, Gasper... volveremos por ti.

Rias se tumbó al otro lado de la cama, cayendo instantáneamente en un sueño pesado. Gasper, jadeando y con la cara roja como un tomate, se incorporó con dificultad. Sus pulmones ardían y su mente estaba hecha un caos.

—Se han... se han dormido... —susurró Gasper, temblando—. Tengo que salir de aquí... tengo que...

Sus ojos se desviaron hacia el sofá donde Asia dormía. Por un momento, pensó que estaba a salvo, pero entonces vio algo que le heló la sangre. Una sombra larga y sinuosa se deslizaba por el marco de la ventana abierta. Kaa, la serpiente, entró en la habitación con una elegancia fantasmal.

—Sssí... el juego aún no ha terminado, jovencito —siseó Kaa, ignorando a Gasper por un momento para dirigirse hacia la rubia ex-monja.

Kaa se colocó justo frente al rostro de Asia. Sus ojos comenzaron a brillar con una intensidad renovada, las espirales girando a una velocidad vertiginosa.

—Despierta, pequeña Asssia... despierta y termina el trabajo —susurró la serpiente.

Asia abrió los ojos lentamente. Antes de que pudiera recuperar la conciencia, las espirales de Kaa la atraparon de nuevo, sumergiéndola en una sumisión aún más profunda que la anterior.

—Sí... Amo Kaa... —respondió Asia con voz plana, sus ojos verdes transformándose en el caleidoscopio hipnótico.

—Tuss hermanass han fallado —dijo Kaa, rodeando el cuello de Asia con su cola—. El jovencito no ha expulsado ssu essencia. Quiero que vayas y lo obliguess. Usa todo tu peso... usa tu aroma... asssfixialo hasta que no pueda másss.

Asia se levantó del sofá con una sonrisa ancha y vacía. Se acercó a la cama, donde Gasper la miraba con absoluto horror.

—¡Asia-san! ¡No, por favor! —suplicó Gasper, retrocediendo hacia el cabecero—. ¡Tú eres buena! ¡No me hagas esto!

—Gasper-san... —dijo Asia, su voz cargada de una perversión inocente que resultaba perturbadora—. El Amo Kaa dice que soy la única que puede ayudarte. Voy a ser muy, muy sucia contigo.

Sin previo aviso, Asia se lanzó sobre Gasper. A diferencia de Rias, Asia no perdió tiempo. Se colocó de espaldas a él y se sentó directamente sobre su nariz. Gasper sintió la presión de las bragas blancas de Asia, que debido a la humedad del ambiente y al sudor del trance, tenían un olor abrumadoramente maloliente y penetrante.

—¡Mmmph! ¡Mmmmgh! —Gasper sintió que se desmayaba. El olor de Asia era diferente al de Rias; era más agrio, más intenso, una mezcla de sudor juvenil y la falta de higiene provocada por horas de estar bajo el control de la serpiente.

Asia comenzó a rebotar sobre su rostro, asfixiándolo con la tela de su ropa interior.

—¿Te gusta, Gasper-san? —preguntó Asia, inclinándose hacia adelante para que su trasero presionara aún más fuerte contra las vías respiratorias del chico—. Huelo un poco mal, ¿verdad? Es porque he estado trabajando duro para ti... ¡Respira mi aroma! ¡Obedece al Amo Kaa a través de mí!

Gasper intentaba desesperadamente quitarse a Asia de encima, pero la chica, potenciada por la sugestión hipnótica, tenía una fuerza sorprendente. Mientras lo asfixiaba con su trasero, Asia se inclinó hacia atrás, metiendo sus manos por debajo de las sábanas para alcanzar las partes íntimas de Gasper.

—Voy a hacer que lo sueltes todo ahora mismo —sentenció Asia.

Con una mano apretando su zona íntima y su trasero bloqueando su respiración, Asia comenzó a succionar rítmicamente a través de la tela de los pantalones de Gasper. El joven vampiro sintió que su cerebro se desconectaba. La falta de aire, el olor nauseabundo y placentero a la vez, y la humedad de la boca de Asia en su zona más sensible lo llevaron al límite absoluto.

—¡Mmmph! ¡MMMMMMGH! —Gasper soltó un último gemido ahogado mientras su cuerpo se tensaba violentamente.

Finalmente, el clímax llegó. Gasper expulsó sus fluidos masculinos con una intensidad que lo dejó completamente exhausto. Asia se quedó en su posición unos segundos más, disfrutando de los espasmos del chico, antes de levantarse con una sonrisa triunfal.

Gasper quedó tendido en la cama, echando vapor por las orejas y con los ojos en blanco, totalmente fuera de combate. Asia, con sus ojos en espiral brillando, miró hacia la ventana donde Kaa observaba, orgulloso de su obra.

—Bien hecho, pequeña... —siseó Kaa, preparándose para retirarse.

Sin embargo, algo cambió en el ambiente. Una presencia poderosa y furiosa se materializó en la habitación. Rias Gremory, cuyo cuerpo había logrado romper el trance debido a la descarga de energía mágica que supuso el clímax de Gasper, se puso en pie. Su aura roja estallaba con una furia destructiva.

—¡Tú! —gritó Rias, señalando a Kaa—. ¡Maldita serpiente! ¡Cómo te atreves a usar a mi clan de esta manera tan degradante!

Rias se lanzó hacia la ventana, dispuesta a pulverizar a Kaa con su Poder de la Destrucción. Kaa, sin embargo, no perdió la calma. Sabía que la heredera estaba agotada y que su guardia estaba baja debido a la rabia.

—Sssí... ven a mí, precioss sa Riasss —siseó Kaa, ensanchando sus ojos al máximo.

Rias intentó lanzar un ataque, pero antes de que pudiera completar el círculo mágico, sus ojos se cruzaron con los de la serpiente. Las espirales de Kaa brillaron con una fuerza que nunca antes había mostrado, una explosión de colores que golpeó la mente de Rias como un martillo.

—¡No! ¡No otra vez! —Rias luchó, cerrando los dientes hasta que sus encías sangraron—. ¡Te... te destruiré!

—Confía... en... mí... —la voz de Kaa era un trueno sibilante en su cerebro—. Ríndete... pero esta vez... hay un cambio de planesss.

La voluntad de Rias se quebró de nuevo. Sus ojos se llenaron de espirales, pero debido a la fatiga de Kaa, la orden que la serpiente intentó dar fue confusa. Kaa quería ordenarle que volviera con Gasper, pero en su mente solo proyectó la idea de "sumisión" y "asfixia".

Rias, bajo el influjo de una orden malinterpretada, no miró hacia Gasper. Miró directamente a Kaa. Su rostro se transformó en una máscara de lujuria y obediencia torcida.

—Sí... Amo Kaa... —dijo Rias—. Entiendo mi orden. Debo darte... mi medicina.

—¿Qué? —Kaa parpadeó, confundido—. No, Riasss... ve con el chico...

Pero era tarde. Rias se abalanzó sobre la enorme serpiente. Con una fuerza demoníaca, sujetó la cabeza de Kaa contra la rama del árbol donde se encontraba.

—Amo Kaa... vas a disfrutar de mi aroma tanto como Gasper —dijo Rias con una sonrisa ancha.

Rias se dio la vuelta y, antes de que Kaa pudiera reaccionar, se sentó con todo su peso sobre la nariz y los ojos de la serpiente.

—¡Ssssss! ¡Sssss-gh! —Kaa intentó zafarse, pero Rias era un demonio de clase alta y su peso era abrumador.

Peor aún para Kaa, su sentido del olfato era miles de veces más desarrollado que el de un humano. El aroma del trasero de Rias, cargado con el sudor de toda la noche y la esencia de su excitación, golpeó los receptores de la serpiente como un ataque químico.

—Mmm... ¿te gusta, Amo Kaa? —preguntó Rias, moviendo sus caderas con saña sobre la cara del reptil—. Eres una serpiente muy sucia por querer mirarnos... ahora respira mi esencia. ¡Aspira todo mi olor!

Kaa sentía que sus pulmones se llenaban de un aroma tan denso y maloliente que su visión empezó a nublarse. Intentó usar su hipnosis para liberarse, pero el asco y la falta de aire le impedían concentrarse. Rias continuó diciéndole cochinadas, describiendo lo sucio que era el aroma que le estaba obligando a tragar.

—¡Mmm-gh! —Kaa soltó un último siseo de agonía. El olor era demasiado. Su mente, incapaz de procesar tal nivel de estimulación sensorial negativa, se apagó.

La serpiente cayó desmayada de la rama, golpeando el suelo con un sonido sordo. En el momento en que Kaa perdió el conocimiento, el vínculo hipnótico se rompió por completo.

Rias parpadeó, recuperando la cordura de golpe. Se encontró sentada en el suelo del jardín, con una serpiente gigante inconsciente debajo de ella.

—¿Pero qué...? —Rias se levantó de un salto, cubriéndose con lo que quedaba de su uniforme—. ¡Akeno! ¡Asia!

Dentro del club, Akeno y Asia despertaron sobresaltadas, frotándose los ojos y sintiendo una vergüenza indescriptible al recordar vagamente lo que habían hecho. Gasper, milagrosamente, sintió que su fiebre desaparecía de golpe, como si el impacto emocional y físico hubiera reiniciado su sistema inmunológico.

—¿Gasper-kun? ¿Estás bien? —preguntó Asia, acercándose a la cama con el rostro encendido de vergüenza.

—Yo... yo creo que sí... —balbuceó Gasper, aunque todavía echaba un poco de vapor por la cabeza—. Pero por favor... no os acerquéis a mi cara en mucho tiempo.

Rias entró en la habitación, mirando a sus siervas con una mezcla de autoridad y disculpa.

—Esa criatura... nos usó a todas —dijo Rias con seriedad—. Pero parece que el juego se ha terminado. Gasper está curado, y esa serpiente no volverá a molestarnos en mucho tiempo.

Las tres chicas se disculparon profundamente con un Gasper que solo quería olvidar la noche más extraña y ecchi de su vida. Mientras tanto, en el jardín, Kaa seguía inconsciente, con una expresión de puro horror grabada en su rostro escamoso, habiendo aprendido que, en el mundo de High School DxD, jugar con fuego —o con traseros de demonio— puede tener consecuencias muy malolientes.

Gasper terminó la noche en su cama, exhausto pero a salvo, rodeado de las cuatro chicas (incluyendo a una Koneko que acababa de llegar y no entendía nada) que, aunque avergonzadas, prometieron cuidarlo de forma mucho más... convencional.