Kaa en dxd
El despertar de la Heredera y el bucle de la sumisión
El ambiente en la habitación de Gasper se había vuelto sofocante. El aire estaba cargado de una mezcla de fragancias femeninas, el calor corporal de dos chicas poderosas y el aroma del incienso medicinal que Asia había encendido antes de sucumbir al trance. Gasper Vladi, el joven medio vampiro, se encontraba en un estado de estupor absoluto. Sus ojos, antes llenos de pánico, ahora miraban al vacío con un tinte de resignación y agotamiento. Asia Argento seguía sobre él, moviéndose con una cadencia hipnótica, mientras Akeno permanecía en el sofá, con la mirada perdida en sus propias espirales internas, esperando el momento de volver a entrar en acción.
Fuera, en la oscuridad del bosque, Kaa sentía que su poder se expandía. La conexión con sus "mascotas" era vibrante. Sin embargo, sabía que el efecto de la hipnosis inicial sobre Akeno estaba empezando a desgastarse. La voluntad de un demonio de clase alta era una fibra fuerte, y aunque sus espirales eran poderosas, la naturaleza de Akeno buscaba recuperar el control.
—Sssí... la Reina essstá despertando —siseó Kaa, deslizándose por las sombras con una elegancia letal—. Pero no por mucho tiempo. Un juguete que intenta rompersse sssolo necesssita un poco más de... atención.
En el interior del club, Akeno parpadeó. Las espirales en sus ojos vacilaron, volviéndose borrosas por un instante. Sacudió la cabeza, sintiendo una punzada de dolor detrás de las sienes.
—¿Qué... qué estoy haciendo? —susurró Akeno, recuperando parte de su conciencia—. Gasper-kun... Asia... ¿por qué...?
Miró hacia la cama y vio a Asia, su dulce y pura Asia, sentada sobre el rostro de Gasper mientras le acariciaba el torso de forma lasciva. El horror y la confusión inundaron a Akeno. Trató de levantarse, pero sus piernas se sentían como si fueran de gelatina.
—¡Asia! ¡Detente! ¡Gasper-kun! —gritó, pero su voz salió como un débil susurro.
Dominada por un impulso de proteger a sus amigos, Akeno logró ponerse de pie y tambalearse hacia la salida. Necesitaba aire. Necesitaba entender qué le había pasado en el bosque. Con un esfuerzo sobrehumano, salió del edificio y se internó de nuevo en la espesura, buscando a la criatura que recordaba vagamente.
—¡Tú! ¡Serpiente! —exclamó Akeno, apoyándose en un tronco—. ¡Sé que estás aquí! ¡Sal y enfréntame! ¿Qué nos has hecho?
Kaa, que la estaba esperando, se dejó caer lentamente desde una rama superior, quedando justo frente a ella, a escasos centímetros.
—Vaya, vaya... la pequeña Reina tiene másss fuerza de la que pensssaba —dijo Kaa con una voz que era como miel venenosa—. ¿Ya te has cansssado de jugar con el jovencito?
—¡Maldito...! —Akeno levantó una mano, intentando convocar un rayo, pero las chispas amarillas se extinguieron antes de formarse—. ¿Qué... qué es este cansancio?
—No esss cansssancio, querida... esss ressistencia inútil —Kaa comenzó a balancearse de nuevo, pero esta vez con una intensidad mayor. Sus ojos se encendieron como faros en la noche—. ¿Por qué quieres ssalir de un sssueño tan dulce? ¿No era divertido ver al pequeño vampiro bajo tu control?
—No... yo no... —Akeno intentó cerrar los ojos, pero Kaa fue más rápido. La serpiente usó su cola para sujetar suavemente el mentón de la chica, obligándola a mantener el contacto visual.
—Mira de nuevo... sssolo un poco másss... —siseó Kaa—. Esta vezss no habrá de ssspertar... sssolo obediencia eterna... confía en mí...
Las espirales volvieron a girar, más brillantes y rápidas que antes. El patrón de colores —violeta, verde, azul— inundó la visión de Akeno. Ella luchó, apretando los dientes, pero la voz de Kaa era una marea que ahogaba sus pensamientos.
—Sssí... ríndete... vuelve a la habitación... Asia te essspera... Gasper te necesssita... —susurró la serpiente.
—Sí... —la voz de Akeno se quebró y finalmente se volvió plana—. Gasper... me necesita...
—Eso esss... —Kaa sonrió—. Ahora vuelve. Asia ha terminado ssu turno. Ella sse quedará dormida... y tú tomaráss su lugar. Pero esta vezss... quiero que sseass másss... ruidossossa.
Akeno, con los ojos de nuevo convertidos en pozos de espirales cambiantes, dio media vuelta y regresó al club. Mientras tanto, dentro de la habitación, el efecto sobre Asia estaba llegando a su clímax. La chica rubia, exhausta por el esfuerzo y la intensidad de la orden de Kaa, se bajó del rostro de Gasper.
—Gasper-san... —murmuró Asia, con una sonrisa vacía—. He cumplido... mi misión... ahora... tengo sueño...
Sin decir nada más, Asia caminó hacia el sofá donde antes estaba Akeno y se desplomó en él. Sus ojos en espiral se cerraron lentamente y cayó en un sueño profundo, inducido por la fatiga mágica de la hipnosis.
Gasper, que apenas podía respirar, intentó incorporarse. Tenía la cara empapada de sudor y el corazón le martilleaba en los oídos.
—Por fin... se acabó... —jadeó el chico, tratando de encontrar sus fuerzas para escapar de la cama.
Pero la puerta se abrió de par en par. Akeno entró de nuevo. Su presencia era diferente esta vez; emanaba una lujuria mucho más agresiva. Sus ojos brillaban con una intensidad tal que Gasper sintió que se mareaba solo con mirarlos.
—¡Akeno-san! ¡No, otra vez no! —gritó Gasper, retrocediendo hasta chocar con el cabecero de la cama.
—Oh, Gasper-kun... —Akeno comenzó a desabrocharse los primeros botones de su propia blusa mientras se acercaba—. El Amo Kaa dice que todavía no has aprendido la lección. Y yo... yo tengo muchas ganas de enseñarte cosas nuevas.
Akeno se lanzó sobre él, inmovilizándolo con su peso. Pero esta vez, además de sentarse en su rostro, comenzó a frotar sus pechos contra la espalda de Gasper mientras le susurraba al oído palabras que hacían que el chico quisiera desaparecer de la vergüenza. En medio del forcejeo, Akeno soltó una pequeña flatulencia, fruto de la relajación total de sus músculos bajo el trance.
—¡Oh! —Gasper se quedó helado—. Akeno-san... ¡eso ha sido...!
—Mmm... ¿te gusta el aroma de tu Reina, pequeño? —preguntó Akeno con una risita maliciosa, sin mostrar ni un ápice de la vergüenza que sentiría en su estado normal—. Es parte de tu medicina. Ahora, ¡respira hondo!
Gasper balbuceó, asfixiado no solo por el peso, sino por la situación cómica y humillante. La Reina de Gremory estaba totalmente fuera de sí, entregada a una perversión juguetona que no conocía límites.
Mientras esto sucedía, una figura de cabellos carmesí caminaba por los pasillos de la academia hacia el club. Rias Gremory había regresado de su consulta con su hermano Sirzechs. Traía consigo un vial con una medicina especial, pero algo en el ambiente la puso en alerta.
—¿Qué es esta presión mágica? —se preguntó Rias, deteniéndose frente a la puerta del club—. Se siente como... hipnosis. Pero es demasiado antigua, demasiado pura.
Rias entró en el salón principal, pero no vio a nadie.
—¿Akeno? ¿Asia? —llamó, pero solo obtuvo el silencio por respuesta.
Decidió salir al jardín, pensando que quizás estaban recolectando algo. Fue entonces cuando, al pasar junto al gran roble, una voz la detuvo.
—Vaya... la joya de la corona ha llegado —siseó Kaa, dejándose ver entre las ramas.
Rias se giró al instante, su aura roja estallando a su alrededor. Sus ojos brillaron con poder destructivo.
—¿Una serpiente? —Rias analizó a la criatura—. Tú eres el origen de esta perturbación. ¿Qué les has hecho a mis siervos?
Kaa no se inmutó ante el poder de Rias. Al contrario, se sintió excitado por el desafío.
—Sssolo les he dado un poco de pazzz, heredera de los Gremory —respondió Kaa, moviéndose de forma sinuosa—. Están en la habitación... cuidando muy bien del pequeño vampiro. Deberíass ir a verlosss... o mejor aún... deberíass quedarte aquí conmigo.
—No sé qué truco estás usando, pero se acaba ahora —Rias extendió su mano, preparando un círculo mágico de destrucción—. ¡Desaparece!
—¡Es s s s pera! —exclamó Kaa con un siseo ensordecedor—. ¿No quieressss saber por qué tus amigas sse ven tan felicesss? Mira... mira mis o joss... y lo entenderásss todo.
Rias, segura de su propia voluntad y de su estatus como demonio de clase alta, cometió el error de subestimar a la serpiente. Pensó que su poder mental era suficiente para resistir cualquier ataque ilusorio. Clavó su mirada en los ojos de Kaa, dispuesta a incinerarlo con su voluntad.
—Tus trucos no funcionan conmigo, bicho —dijo Rias con orgullo.
—¿Ah, sssí? —Kaa activó sus espirales al máximo nivel.
El choque fue instantáneo. Rias sintió como si un mazo de colores golpeara su mente. Las espirales de Kaa no eran magia demoníaca; era una fuerza primordial, algo que apelaba a los instintos más básicos de cualquier ser vivo.
—¡N-no puede ser...! —Rias retrocedió un paso, su círculo mágico parpadeando—. Mi mente... se siente... nublada...
—Sssí... la gran Riass Gremory... tan orgulloss ssa... tan noble —siseó Kaa, acercándose hasta que su cabeza estuvo frente a la de ella—. Pero incluso un Rey necesssita un Amo. Confía en mí... sssolo en mí...
Rias luchó. Cerró los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas. Intentó recordar su nombre, su posición, su deber. Pero las espirales eran implacables. Giraban y giraban, borrando su orgullo, sustituyéndolo por una sensación de entrega absoluta.
—Yo soy... Rias... Gremory... —su voz empezó a perder fuerza.
—Eres mía... —sentenció Kaa—. Eres mi juguete de cabelloss rojosss. Mira el arcoírisss... deja que te envuelva...
Poco a poco, los ojos azul turquesa de Rias comenzaron a mostrar el patrón. Primero una pequeña chispa, luego un círculo, y finalmente, las espirales de colores inundaron sus pupilas. Su aura de destrucción se desvaneció por completo. Sus hombros cayeron y su expresión de mando fue reemplazada por una sonrisa de sumisión absoluta.
—Sí... soy tuya... Amo Kaa... —dijo Rias, su voz ahora era un eco de la de sus compañeras.
Kaa se permitió una risa larga y sibilante que resonó en todo el bosque. Había capturado a la líder.
—Excelente... —Kaa se enroscó un momento en el cuello de Rias, sintiendo el pulso de la heredera—. Ahora, mi noble Reina... tienes una tarea. Tus siervass ya están con Gasper. Pero él necesssita la autoridad de ssu ama.
—Iré con Gasper —dijo Rias, sus ojos cambiando de color rítmicamente.
—Sssí, pero no de cualquier forma —ordenó Kaa—. Quiero que sseass la másss atrevida de todass. Quiero que te quites la ropa delante de él... que le muesstres la belleza de los Gremory mientras le hacess sentir... cossass ssuciasss. Quiero que lo asssfixiess con tu cuerpo... que lo obliguess a adorarte mientras tus o joss le ssuccionan la voluntad.
—Lo haré —respondió Rias con una voz cargada de una lujuria que nunca se habría permitido mostrar—. Haré que Gasper olvide quién es. Lo haré mi juguete personal bajo tus órdenes.
—Vee, entoncesss —dijo Kaa, liberándola—. El Club del Oculto sserá mi cámara de recreo esssta noche.
Rias se dio la vuelta y caminó hacia el edificio con una elegancia renovada, pero con una intención oscura en cada paso. Al entrar, se dirigió directamente a la habitación de invitados.
Dentro, Akeno estaba terminando de jugar con un Gasper que ya no tenía fuerzas ni para gritar. Asia seguía dormida en el sofá, con los ojos entreabiertos mostrando las espirales.
Rias abrió la puerta. Akeno se detuvo y miró a su Presidenta. Al ver las espirales en los ojos de Rias, Akeno sonrió y le hizo una reverencia.
—Bienvenida, Presidenta —dijo Akeno—. Gasper-kun ha sido muy obediente.
Rias no dijo nada. Se acercó a la cama y miró al joven vampiro, quien al ver a Rias en ese estado, sintió que su última esperanza se desvanecía.
—¿B-Buchou? —susurró Gasper, temblando—. ¿Tú también...?
Rias comenzó a desabrocharse la chaqueta del uniforme, dejando que cayera al suelo. Luego siguió con su blusa, revelando su lencería de encaje negro. Sus ojos en espiral no se apartaron de los de Gasper ni un segundo.
—Gasper... —dijo Rias con una voz que hizo que el chico se estremeciera—. He decidido que tu tratamiento necesita un toque más... personal.
Rias se subió a la cama, empujando a Akeno a un lado con un gesto de autoridad. Se colocó sobre Gasper, quien estaba atrapado entre las sábanas y el cuerpo de su ama. Rias se inclinó, dejando que su largo cabello carmesí envolviera el rostro del chico.
—A partir de ahora, solo escucharás mi voz... y la del Amo Kaa —sentenció Rias, mientras comenzaba a frotar su trasero contra la pelvis de Gasper con una intensidad lujuriosa—. ¡Prepárate, Gasper! Porque la verdadera diversión acaba de empezar.
Gasper cerró los ojos, sintiendo cómo el mundo desaparecía. Solo quedaba el calor de Rias, el aroma de Akeno, la presencia silenciosa de Asia y, por encima de todo, la sombra invisible de la serpiente que, desde el bosque, reía mientras sus hilos movían a las mujeres más poderosas de Kuoh en una danza de perversión y sumisión total.