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Kaa en high school dxd

Akeno conoce a Kaa

El aire de la noche se había vuelto inusualmente denso alrededor de la vieja casona que servía de sede al Club de Investigación de lo Oculto. Akeno Himejima, la Reina de Rias Gremory, caminaba con su elegancia habitual por el sendero que serpenteaba hacia la biblioteca exterior. Su uniforme de la Academia Kuoh se ajustaba perfectamente a sus curvas, y su larga coleta de cabello azabache se balanceaba con cada paso rítmico. A pesar de su apariencia serena, su mente estaba inquieta por la salud de Gasper.

—Realmente es un problema —susurró Akeno para sí misma, llevando una mano a su mejilla—. Si Gasper-kun sigue así, Rias-sama estará muy estresada... y un amo estresado requiere castigos o mimos muy especiales.

Una risita suave y algo traviesa escapó de sus labios, pero se detuvo en seco cuando un sonido extraño, un siseo rítmico y musical, llegó a sus oídos desde la espesura de los árboles que bordeaban el camino.

—¿Quién está ahí? —preguntó Akeno, su tono cambiando instantáneamente de juguetón a alerta. Una chispa de electricidad amarilla bailó entre sus dedos—. No es muy educado esconderse en las sombras de nuestro territorio.

De entre las ramas de un gran sauce llorón, una cabeza alargada y escamosa emergió lentamente. Kaa se deslizó con una parsimonia que denotaba una confianza absoluta. Sus ojos amarillos, aún sin activar su poder, observaron con deleite la figura de la joven frente a él.

—Vaya, vaya... pero qué criatura tan essspléndida tenemos aquí —siseó Kaa, su voz resonando como seda arrastrándose sobre mármol—. No buscaba asssustarte, preciossisssima jovencita. Solo soy un viajero... un observador de la bellezzza.

Akeno arqueó una ceja, manteniendo su postura de combate, aunque la curiosidad empezaba a ganarle al instinto. Nunca había visto un familiar o un demonio con esa apariencia tan... animal y, a la vez, tan refinada.

—Una serpiente que habla —dijo Akeno con una sonrisa gélida—. Qué curioso. ¿Eres un enviado de alguna facción? ¿O quizás un espíritu del bosque que ha olvidado quién domina estas tierras?

Kaa soltó una carcajada sibilante, balanceando su cuello de un lado a otro.

—Oh, no, nada de essso. No sssirvo a nadie más que a mis sssentidos —Kaa se acercó un poco más, bajando de la rama hasta quedar a la altura de los ojos de Akeno, manteniendo una distancia prudente—. Me han dicho que hay un joven enfermo en essse edificio... un tal Gasssper. Qué lássstima, tan joven y sssufriendo.

Akeno entrecerró los ojos.

—¿Cómo sabes su nombre? —La electricidad en sus manos se intensificó—. Habla ahora o te convertiré en cenizas de escamas.

—Tranquila, tranquila... —Kaa comenzó a mover su cabeza en un patrón circular, casi imperceptible—. Solo quiero ayudar. Tengo un don... un don para calmar las mentes agitadas. Si tú te relajasss, podríasss ayudarlo mejor. Mírame... ¿acassso parezco peligroso?

Akeno soltó una risa burlona, pero no atacó. Algo en la cadencia de la voz de la serpiente era extrañamente hipnótico, incluso sin magia de por medio.

—Eres solo una serpiente grande, aunque bastante charlatana —respondió Akeno, relajando un poco los hombros—. Pero no tengo tiempo para juegos. Tengo que buscar una cura.

—La cura está en la calma, mi sssuave dama —insistió Kaa. En ese momento, sus pupilas comenzaron a dilatarse y a contraerse rítmicamente. Pequeños anillos de colores vibrantes —amarillo, verde, rojo y azul— empezaron a girar dentro de sus ojos—. Solo mira... mira mis ojosss... y verásss la sssolución a todos tus problemasss.

Akeno sintió una punzada de advertencia en su cerebro. "No mires", se dijo a sí misma. Sabía de criaturas que usaban la mirada para petrificar o encantar.

—No voy a caer en un truco tan barato —dijo ella, desviando la mirada hacia las hojas del suelo—. He lidiado con ángeles caídos y demonios de alto nivel. Una serpiente no va a...

—¿Tienes miedo, hermosa Akeno? —la interrumpió Kaa con un tono burlón y dulce—. ¿Tanto miedo le tienes a una simple mirada? Pensssé que la Reina del Clan Gremory era más valiente... más ssssegura de sí missma.

El orgullo de Akeno, siempre presente bajo su máscara de amabilidad, afloró. Ella volvió a mirar a la serpiente, con la intención de fulminarla con la mirada.

—No te equivoques, bicho rastrero. No te tengo miedo —sentenció ella con firmeza.

Pero al fijar su vista en los ojos de Kaa, se encontró atrapada. Las espirales no eran estáticas; giraban y cambiaban de color en un baile infinito que parecía succionar su voluntad. El mundo alrededor de Akeno comenzó a desvanecerse. El sonido del viento, el olor del bosque, incluso su propia preocupación por Gasper... todo se disolvió en ese torbellino cromático.

—Eso esss... —susurró Kaa, viendo cómo las pupilas de Akeno empezaban a reflejar los mismos anillos de colores—. Quédate muy quieta... deja que el sssueño te envuelva... confía en mí... sssolo en mí...

—Yo... —Akeno intentó parpadear, pero sus párpados pesaban como el plomo—. Tus ojos... son... extraños...

—Son hermosssos, ¿verdad? —Kaa se deslizó más cerca, rodeando el cuello de Akeno con su cuerpo, sin apretar, solo acariciando la tela de su uniforme con sus escamas frías—. Sssiente cómo tu voluntad se derrite... ya no hay Rias... ya no hay deberes... sssolo está Kaa... y mis sssupremas órdenesss...

—Solo... Kaa... —repitió Akeno. Su voz, antes firme y audaz, se volvió monótona y vacía. Sus ojos ahora eran dos espejos perfectos de las espirales de la serpiente—. Confío... en ti...

Kaa siseó con triunfo. Tenía a la poderosa Reina bajo su control total. Ahora, era el momento de comenzar su pequeño experimento de "entretenimiento".

—Escúchame bien, mi linda ssservidora —dijo Kaa, acercando su rostro al de Akeno—. Gasper-kun está muy solo y asssustado. Necesita un tipo de consssuelo que sssolo una mujer como tú puede darle. Vas a volver a sssu habitación... pero no vas a darle medicinas. Vas a usar tu cuerpo para "aliviar" sssu fiebre.

Akeno procesó la orden. En su estado normal, se habría reído o lo habría hecho por voluntad propia para burlarse del chico, pero ahora, el mandato de Kaa era una necesidad biológica absoluta.

—Ir a la habitación... de Gasper-kun... —murmuró Akeno, con una sonrisa vacía y las espirales girando con fuerza en sus ojos—. Usar mi cuerpo... para aliviarlo...

—Sssí... —continuó Kaa—. Sssiéntate sobre él... haz que sssienta tu calor... asssfixia sssus miedos con tu bellezzza... hazle cosas sssucias... muy sssucias... que no pueda olvidar... ve ahora... mi obediente Akeno...

—Sí... amo Kaa... iré ahora... —Akeno dio media vuelta. Sus movimientos eran fluidos, pero carecían de la chispa de conciencia habitual. Caminó de regreso al club, con la mirada fija en el frente, mostrando esos ojos hipnóticos que marcaban su sumisión total.

Kaa la vio alejarse y se acomodó de nuevo en la rama, relamiéndose.

—Esto va a ssser... muy divertido de observar.

***

Dentro de la habitación del club, Gasper Vladi estaba despertando de un sueño inquieto. La fiebre aún lo atormentaba, pero se sentía extrañamente lúcido por un momento. El silencio del edificio lo ponía nervioso; odiaba estar solo, y su condición de dhampir lo hacía propenso a los ataques de pánico.

—¿Rias-buchou? ¿Asia-san? —llamó con voz débil, apenas un susurro—. Tengo... tengo sed...

La puerta de la habitación se abrió lentamente. Gasper suspiró aliviado al ver la silueta de Akeno.

—¡Ah, Akeno-san! —dijo Gasper, intentando incorporarse—. Qué bueno que has vuelto... me siento un poco mejor, pero... ¿Akeno-san?

Akeno no respondió de inmediato. Se acercó a la cama con pasos lentos y deliberados. Gasper notó algo extraño. Ella no llevaba ninguna medicina, ni agua, ni toallas. Y su expresión... era una mezcla de serenidad absoluta y una lascivia mecánica que nunca había visto en ella, ni siquiera en sus momentos más sádicos.

—Akeno-san... tus ojos... —Gasper retrocedió contra el respaldo de la cama, asustado—. ¿Qué te pasa en los ojos? Están... brillando de colores...

Akeno llegó al borde de la cama y, sin decir una palabra, se desató el lazo de su coleta, dejando que su cabello azabache cayera sobre sus hombros como una cascada nocturna. Sus ojos, llenos de espirales giratorias, se clavaron en los del chico.

—Gasper-kun... —dijo ella con una voz que sonaba como un eco lejano—. El amo dice que tienes mucha fiebre... y yo estoy aquí para... "enfriarte".

—¿El amo? ¿De qué hablas? —Gasper estaba temblando—. ¡Akeno-san, me asustas! ¡Llamaré a Buchou!

Gasper intentó activar su poder para detener el tiempo, pero su debilidad física y la confusión mental se lo impidieron. Antes de que pudiera reaccionar, Akeno se subió a la cama con una agilidad felina. Su falda corta se levantó ligeramente, revelando sus muslos cubiertos por las medias negras.

—No te muevas, Gasper-kun... —susurró Akeno, colocándose a horcajadas sobre las piernas del chico—. Esto es por tu bien... órdenes de Kaa...

—¿Kaa? ¿Quién es...? ¡Espera! —Gasper gritó cuando Akeno se inclinó hacia adelante, atrapándolo con su peso.

Akeno, siguiendo la orden hipnótica de "hacerle cosas sucias", comenzó a desabrocharse los primeros botones de su blusa, dejando ver el encaje negro de su sostén y el inicio de su generoso busto. Gasper, que era extremadamente tímido, se puso rojo como un tomate, el vapor parecía salir de sus orejas.

—¡Akeno-san, detente! ¡Esto no es propio de ti! —suplicó el dhampir, cubriéndose los ojos con las manos.

Akeno soltó una risita carente de emoción y le apartó las manos con fuerza, clavándolas contra el colchón.

—El amo quiere que sssientas... —dijo ella, imitando inconscientemente el siseo de la serpiente—. Y yo quiero que huelasss...

En un movimiento rápido y coordinado, Akeno se giró, dándole la espalda a Gasper mientras seguía encima de él. Sin previo aviso, se sentó directamente sobre el rostro del chico.

Gasper emitió un sonido ahogado. Su cara quedó completamente sepultada por el trasero de Akeno, cubierto por la tela de su falda y su ropa interior. El aroma de la joven —una mezcla de flores y un toque de magnetismo demoníaco— lo inundó por completo. El dhampir comenzó a patalear débilmente, tratando de buscar aire, pero Akeno se acomodó con firmeza, frotándose deliberadamente contra su rostro.

—Mmm... Gasper-kun... te estás poniendo muy caliente... —dijo Akeno, con la mirada perdida en la pared opuesta, sus ojos aún mostrando las espirales vibrantes—. El amo Kaa tenía razón... esto es muy entretenido...

Gasper intentaba balbucear, pero solo lograba emitir sonidos ininteligibles contra la carne de la vicepresidenta. Estaba atrapado entre el pánico, la asfixia y una sensación de placer prohibido que empezaba a recorrer su cuerpo a pesar de su voluntad. Sus manos buscaban desesperadamente algo de lo que agarrarse, terminando por apretar los muslos de Akeno.

—Eso es... agárrate fuerte... —murmuró Akeno, llevando sus propias manos a sus pechos y apretándolos por encima de la blusa abierta—. Vamos a jugar mucho tiempo... hasta que el amo diga basta...

Mientras tanto, en el exterior, Kaa observaba a través de la ventana con una satisfacción inmensa. Podía ver la silueta de Akeno moviéndose rítmicamente sobre el joven vampiro.

—Sssí... la primera pieza del dominó ha caído —siseó Kaa, enroscándose más fuerte en la rama—. Disssfruta, pequeño vampiro... porque pronto tendrás más compañía... la pequeña monja debería estar regresando pronto... y sssu mente será aún más fácil de quebrar.

Kaa cerró los ojos un momento, saboreando el poder que sentía. No necesitaba magia compleja, solo la debilidad de la voluntad ajena. Akeno seguiría allí, atrapada en su trance, asfixiando y provocando al pobre Gasper hasta que él, Kaa, decidiera que era el turno de la siguiente.

La noche apenas comenzaba, y el Club de Investigación de lo Oculto estaba a punto de convertirse en el nido de juegos de una serpiente que no conocía la piedad, solo la curiosidad y el deseo de ver hasta dónde llegaría la sumisión de las poderosas guerreras de Gremory.

—Asia Argento... —susurró Kaa al viento—. Te essspero... ven a jugar con tu nuevo amigo... Kaa...