Kaa en high school dxd
Akeno continúa sus cochinadas y el encuentro de Asia con Kaa
— Mmm... Gasper-kun... ¿por qué tiemblas tanto? —la voz de Akeno Himejima sonaba como una melodía distorsionada, desprovista de su habitual calidez pícara y sustituida por una frialdad mecánica—. El amo Kaa dice que debo ser una buena medicina para ti... y yo siempre soy una chica muy obediente.
Gasper Vladi, sepultado bajo el peso del cuerpo de la vicepresidenta, apenas podía emitir un gemido de auxilio. Su rostro estaba hundido contra la suave pero firme presión del trasero de Akeno, quien se movía con una lentitud deliberada, restregando su falda contra la nariz y la boca del joven dhampir. El calor de la fiebre de Gasper se mezclaba con el calor corporal de la mujer hipnotizada, creando una atmósfera sofocante y cargada de un erotismo que el chico no sabía cómo procesar.
— ¡Mmmgh... A-Akeno... s-san...! —logró balbucear Gasper cuando Akeno se inclinó un poco hacia adelante, dándole un mínimo espacio para respirar—. ¡Por favor... detente... no sé qué te pasa... tus ojos...!
Akeno giró la cabeza ligeramente para mirarlo por encima del hombro. Sus ojos eran un espectáculo aterrador y fascinante a la vez: las espirales de colores —verde esmeralda, amarillo intenso y rojo carmesí— giraban en un bucle infinito, ocultando por completo sus pupilas naturales.
— Mis ojos están viendo la verdad, Gasper-kun —respondió ella, mientras sus manos, con voluntad propia, bajaban para acariciar los muslos del chico por encima de las sábanas—. El amo Kaa es tan sabio... él me dijo que te sientes solo... que necesitas que alguien te toque... que te asfixie con su afecto...
— ¡No es cierto! —gritó Gasper, con el rostro encendido de vergüenza—. ¡Solo quiero que la fiebre se vaya! ¡Llama a Buchou!
Akeno soltó una risita sibilante, una imitación inconsciente del siseo de la serpiente que ahora gobernaba su mente. Sin previo aviso, se levantó un poco solo para volver a dejarse caer con más fuerza sobre el rostro de Gasper, esta vez abriendo ligeramente las piernas para que el contacto fuera más íntimo. El pobre vampiro sintió que el mundo se desvanecía; el olor a jazmín del perfume de Akeno y la textura de su ropa interior eran lo único que existía. Sus manos, en un acto reflejo de desesperación y placer involuntario, se cerraron sobre la cintura de la Reina de Gremory, apretando la tela de su uniforme.
Mientras tanto, a unos cientos de metros del edificio del club, Asia Argento caminaba apresuradamente por el sendero boscoso que conectaba el jardín botánico con la sede principal. En sus manos llevaba una pequeña bolsa con hierbas medicinales que había logrado recoger con la ayuda de algunos pequeños demonios del bosque. Su corazón latía con fuerza, impulsado por la devoción que sentía hacia sus amigos.
— Tengo que darme prisa —se decía a sí misma, con su voz dulce y llena de determinación—. Gasper-kun está sufriendo mucho... y Rias-sama confía en que traeré algo para ayudarlo. No puedo fallarles.
El bosque, sin embargo, parecía haber cambiado desde que pasó por allí una hora antes. Una niebla sutil y extrañamente perfumada empezaba a serpentear entre los troncos de los árboles. Asia se detuvo un momento, ajustándose el lazo de su uniforme de la Academia Kuoh. Un escalofrío recorrió su espalda.
— ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —preguntó Asia, mirando hacia la espesura—. ¿Koneko-san? ¿Eres tú?
Un susurro suave, como el roce de la seda sobre la hierba seca, respondió a sus palabras.
— Sssí... hay alguien aquí, pequeña monja... alguien que ha estado esssperando tu llegada con mucha impaciencia...
Asia dio un salto hacia atrás, apretando la bolsa de hierbas contra su pecho. De una rama baja, justo frente a ella, una enorme cabeza de serpiente descendió lentamente. Kaa mostró una sonrisa que, aunque carecía de dientes afilados a la vista, resultaba profundamente inquietante.
— ¡Ah! ¡Una serpiente gigante! —exclamó Asia, sus ojos verdes abriéndose de par en par por el susto—. ¡Oh, cielos! ¿Eres un familiar perdido? No... no pareces un demonio...
Kaa balanceó su cuello con una elegancia hipnótica, manteniendo sus ojos cerrados por el momento, saboreando el miedo inocente que emanaba de la chica.
— No te asssustesss, jovencita Asia... —siseó Kaa, su voz fluyendo como miel caliente—. No soy un enemigo... soy un amigo... un gran amigo que ha venido de muy lejos para ayudarte a descansar... Parecesss tan cansssada... tan agobiada por tus responsssabilidades...
Asia parpadeó, confundida. La voz de la criatura era tan amable, tan persuasiva, que gran parte de su miedo inicial empezó a disiparse, reemplazado por una curiosidad ingenua.
— ¿Cansada? Bueno... es cierto que estoy preocupada por Gasper-kun... pero debo ayudarlo —dijo Asia, tratando de rodear a la serpiente—. Por favor, señor serpiente, déjeme pasar. Es una emergencia.
Kaa se movió con una rapidez asombrosa, bloqueando el camino de Asia una vez más. Esta vez, su cuerpo se enroscó suavemente en una rama que quedaba justo a la altura de la cabeza de la chica.
— Pero... sssi te vas ahora, te perderásss el regalo que tengo para ti —dijo Kaa con un tono de fingida tristeza—. Un regalo de paz... de tranquilidad... sssolo necesitas mirarme a los ojos para entender que no hay nada de qué preocuparsse...
Asia recordó las advertencias de Rias sobre no confiar en extraños en el bosque, especialmente si no emanaban una energía conocida.
— No debo... —murmuró Asia, desviando la mirada hacia sus propios zapatos—. Rias-sama dice que hay seres que pueden engañar con la vista. No voy a mirarte, señor serpiente.
Kaa soltó una carcajada suave, un sonido vibrante que parecía resonar dentro de los oídos de Asia.
— ¿Rias-sssama? ¿La misma que te deja hacer todo el trabajo pesssado mientras ella se queda en la comodidad del club? —Kaa comenzó a descender un poco más, su nariz casi rozando la oreja de Asia—. Qué cruel esss... tú, tan pura... tan dedicada... merecesss un momento para ti... sssolo un momento... mírame... mírame y verásss que sssolo hay bondad en mis ojosss...
— No... no es cruel... ella es mi familia... —replicó Asia, aunque su resolución empezaba a flaquear ante la calidez de la voz de Kaa—. Pero... quizá un segundo no haga daño... solo para demostrar que no tengo miedo...
Lentamente, como si una fuerza invisible tirara de su barbilla, Asia levantó la vista. Kaa estaba listo. En el momento en que sus ojos se encontraron, la serpiente abrió sus párpados por completo, revelando las brillantes y giratorias espirales de colores.
— Eso esss... —siseó Kaa con triunfo—. Mira las essspirales... mira cómo giran... rojo... verde... amarillo... azul... todo tu cansssancio se va... toda tu voluntad me pertenece ahora...
Asia sintió como si su cerebro se sumergiera en un baño de agua tibia. Las imágenes de Gasper, de Rias y del club comenzaron a volverse borrosas, reemplazadas por el patrón hipnótico que bailaba ante ella.
— Oh... —suspiró Asia, sus manos relajándose y dejando caer la bolsa de hierbas medicinales al suelo—. Qué... qué bonitos colores... parecen... estrellas...
— Sssí... essstrellas sssolo para ti —continuó Kaa, acercando su rostro al de Asia hasta que sus narices casi se tocaron. Las pupilas de Asia empezaron a dilatarse, y pequeños anillos de colores comenzaron a formarse en sus iris verdes—. Confía en mí... confía sssolo en Kaa...
— Confío... en ti... señor Kaa... —repitió Asia con voz monótona. Su rostro, antes lleno de expresión y bondad, se transformó en una máscara de sumisión absoluta. Una sonrisa vacía y amplia se dibujó en sus labios.
— Muy bien, pequeña —dijo Kaa, deslizándose alrededor de sus hombros, sintiendo el calor de su piel—. Ahora, escúchame con atención. Vas a volver al club... pero no vas a curar a Gasper con esas hierbas tontas. Vas a usar un método mucho más... divertido.
Asia asintió lentamente, sus ojos girando al unísono con los de la serpiente.
— Un método... divertido... —susurró ella.
— Exacto. Vas a entrar en la habitación... y verásss a Akeno jugando con él. Tú te unirásss. Quiero que te sssientes en la cara de Gasper... quiero que lo asssfixies con tu trasero mientras le dicesss lo mucho que lo quieresss... quiero que le hagasss tocamientos... que lo pongasss muy, muy nervioso... ¿entiendesss, mi dulce Asia?
— Sí... amo Kaa... —respondió Asia, su voz carente de cualquier rastro de su antigua timidez—. Iré al club... buscaré a Gasper-kun... y me sentaré en su rostro... le haré cosas sucias... muy sucias...
— Ve, entoncesss... —ordenó Kaa, desenrollándose y dándole un suave empujón hacia el sendero—. Ve y demuestra lo "buena" que puedes ssser...
Asia comenzó a caminar de regreso. Sus pasos eran precisos, pero su mirada estaba perdida en el infinito, con las espirales cambiando de color rítmicamente. Ya no era la monja casta y pura; ahora era un títere de los caprichos de la serpiente.
***
En la habitación de Gasper, la situación había alcanzado un punto crítico. Akeno, totalmente entregada a su trance, se había quitado la chaqueta del uniforme, quedando solo en su blusa blanca que transparentaba el sudor de su cuerpo. Seguía sentada sobre el rostro de Gasper, quien ya apenas podía moverse, su cuerpo estaba al borde del colapso por la falta de aire y la sobreestimulación sensorial.
— Eres tan lindo cuando no puedes respirar, Gasper-kun —decía Akeno, frotando sus pechos contra la espalda del chico mientras se inclinaba hacia atrás—. El amo Kaa estará muy complacido con nosotrosss...
En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Gasper, con un último hilo de esperanza, pensó que Rias había llegado para salvarlo. Pero lo que vio lo dejó aún más horrorizado.
Asia entró en la habitación. Sus ojos brillaban con las mismas espirales que los de Akeno. Llevaba una sonrisa que Gasper nunca había visto en ella: una expresión de lujuria pura y vacía.
— ¡A-Asia-san! —logró gritar Gasper cuando Akeno se movió un segundo para mirar a la recién llegada—. ¡Ayúdame! ¡Akeno-san se ha vuelto loca!
Asia no respondió. Se acercó a la cama con paso firme. Ignoró las súplicas del chico y miró a Akeno.
— El amo Kaa me ha enviado —dijo Asia con voz plana—. Dice que es mi turno de cuidar a Gasper-kun.
Akeno sonrió, una expresión carente de alma.
— Por sssupuesto, Asia-chan... hay mucho espacio para las dos en este pequeño juguete...
Asia se subió a la cama por el otro lado. Gasper, temblando, intentó arrastrarse hacia la pared, pero Asia lo agarró por los tobillos con una fuerza sorprendente y lo arrastró de nuevo al centro del colchón.
— No te escapes, Gasper-kun —dijo Asia, arrodillándose sobre él—. He traído una medicina especial... pero no es para tu fiebre... es para tu placer...
Asia comenzó a desabrocharse la falda, dejando ver su ropa interior de encaje blanco, que contrastaba con la oscuridad del momento. Gasper sentía que su corazón iba a estallar.
— ¡No, por favor! ¡Asia-san, tú no! —suplicó el dhampir, con lágrimas en los ojos.
— Shhh... sssolo confía en nosotros —dijo Asia, imitando el siseo de Kaa.
Sin más preámbulos, Asia se posicionó justo frente al rostro de Gasper, mientras Akeno se preparaba para sujetar sus manos. El chico miró por última vez los ojos de Asia, viendo cómo las espirales doradas y verdes giraban con una intensidad hipnótica, antes de que su visión fuera reemplazada por la suavidad del cuerpo de la ex-monja.
Asia se sentó con decisión sobre su cara, asfixiándolo de nuevo. Gasper emitió un gemido ahogado, sintiendo cómo el trasero de Asia, firme y cálido, sellaba cualquier entrada de aire. Al mismo tiempo, Akeno comenzó a juguetear con los botones de los pantalones de Gasper, riendo suavemente ante su resistencia inútil.
Desde la rama del árbol, fuera de la ventana, Kaa observaba la escena con sus ojos brillando en la oscuridad de la noche.
— Sssí... qué hermossso cuadro —siseó la serpiente, lamiéndose los labios—. Dos flores de Gremory, marchitándosssse bajo mi control... y el pequeño vampiro, perdiéndosssse en el deleite de sssu propia perdición. Esto es sssolo el principio... pronto, la joya de la corona, la pelirroja Rias, vendrá a buscar a sssus amigas... y yo estaré esperándola con mis ojosss abiertosss...
Kaa se enroscó cómodamente, sabiendo que el efecto de la hipnosis duraría lo suficiente como para que Gasper recordara cada segundo de esa "terapia" tan especial. La voluntad de las chicas era suya, y mientras ellas continuaban sus cochinadas con el exhausto dhampir, la serpiente ya saboreaba su próxima victoria. El Club de Investigación de lo Oculto se hundía lentamente en un sueño de espirales de colores, del cual nadie quería despertar.