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Kaa en high school dxd

La joya de la corona y el susurro de la sombra

Rias Gremory se encontraba en la habitación de Gasper, pero ya no era la líder imponente y segura que todos conocían. Sus ojos, antes de un azul zafiro profundo, ahora eran dos remolinos psicodélicos que cambiaban de color rítmicamente: carmesí, dorado, violeta y verde. La hipnosis de Kaa había calado hondo en la heredera del clan Gremory, transformando su nobleza en una sumisión absoluta hacia los deseos de la serpiente.

— Gasper-kun... —susurró Rias con una voz que sonaba como un eco lejano—. El amo Kaa dice que eres un chico muy afortunado. Él quiere que te dé todo mi afecto... de la manera más impura posible.

Gasper Vladi estaba al borde del colapso. Sus sábanas estaban revueltas y su cuerpo sudaba no solo por la fiebre, que empezaba a remitir, sino por el esfuerzo físico de haber lidiado con Akeno y Asia previamente. Ahora, tener a su "Buchou" encima de él era la prueba definitiva. Rias se había quitado la chaqueta del uniforme y su camisa estaba completamente abierta, revelando su lencería de encaje rojo que hacía juego con su cabello.

— ¡Buchou, por favor! —suplicó Gasper con las pocas fuerzas que le quedaban—. ¡Tú no! ¡Reacciona! ¡Tus ojos están... están girando!

— Mis ojos ven la voluntad de Kaa... —respondió Rias con una sonrisa vacía—. Y mi voluntad es complacerte hasta que no puedas más.

Sin previo aviso, Rias se giró y se sentó con firmeza sobre el rostro de Gasper. El peso de la heredera Gremory era mayor que el de Asia, y la presión sobre la nariz y la boca del dhampir fue instantánea. Gasper sintió la suavidad de la falda del uniforme de la academia Kuoh y el calor húmedo que emanaba de la joven. Sus manos, movidas por el instinto de supervivencia, intentaron apartar las caderas de Rias, pero ella le sujetó las muñecas contra el colchón con una fuerza demoníaca reforzada por el trance.

— Mmmgh... ¡Mmmph! —los gritos de Gasper morían contra la carne de Rias.

Rias comenzó a moverse con un ritmo lento y tortuoso, frotándose deliberadamente contra el rostro del chico. Sus pensamientos estaban nublados por las órdenes de Kaa: "Hazle cosas sucias", "asfixialo con tu belleza", "sé su medicina más perversa". Mientras se movía, Rias soltaba gemidos mecánicos, disfrutando de la lucha inútil de su siervo.

— Siente mi calor, Gasper-kun... —decía ella, mientras sus ojos seguían mostrando las espirales brillantes—. El amo dice que esto te curará. ¿No te gusta el olor de tu presidenta?

Gasper estaba mareado. El placer y el pánico se mezclaban en su mente. Por un lado, la asfixia era aterradora, pero por otro, el contacto íntimo con la mujer que más admiraba le provocaba una reacción física que no podía controlar. Después de lo que parecieron horas de tortura ecchi, Rias finalmente se levantó, dejando a Gasper jadeando por aire, con la cara roja de vergüenza y esfuerzo.

— Ahora... descansa un poco —dijo Rias. Sin embargo, el esfuerzo de mantener la hipnosis y la intensidad de sus propios movimientos empezaron a pasarle factura.

Kaa, desde la rama de un árbol cercano, observaba la escena con sus ojos amarillos entornados. La energía que emanaba de las tres chicas era deliciosa, pero podía sentir que sus cuerpos necesitaban un respiro.

— Sssí... descansen, mis hermossas flores —siseó Kaa para sí mismo—. Han cumplido con crecesss.

Rias, siguiendo un impulso de agotamiento post-hipnótico, se dejó caer en una silla elegante cerca de la cama de Gasper. Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó hacia un lado, sumiéndose en un sueño profundo y pesado. Fuera, en los pasillos del club, Akeno y Asia también se habían quedado dormidas en diferentes sofás, exhaustas por la actividad frenética que la serpiente les había impuesto.

Kaa se deslizó por el tronco del árbol, sintiendo el frescor de la noche. Estaba a punto de retirarse a las sombras para digerir su victoria psicológica cuando un nuevo aroma llegó a su lengua bífida. Era un aroma terrenal, fuerte, mezclado con el olor de dulces de canela.

— Vaya, vaya... —murmuró Kaa, ocultándose tras un arbusto espeso—. Parece que me faltaba una piezza en mi tablero. Una pequeña y deliciossa piezza.

Koneko Toujou caminaba por el sendero hacia el club. Regresaba de su patrulla perimetral, con su habitual expresión impasible y una bolsa de dulces en la mano. Se detuvo un segundo, olfateando el aire. Sus instintos de nekomata le decían que algo no iba bien. El ambiente olía a magia extraña y a... ¿serpiente?

— Sal de ahí —dijo Koneko con su voz monótona—. Hueles a escamas y a algo viejo.

Kaa soltó una carcajada sibilante y emergió de las sombras. Su enorme cuerpo se desenrolló como una alfombra de ébano y oliva frente a la pequeña torre del clan Gremory.

— Qué agudezza de sssentidos... pequeña gatita —dijo Kaa, elevando su cabeza para quedar por encima de ella—. No buscaba asssustarte. Sssolo soy un humilde admirador de tu fuerza.

Koneko no se inmutó. Sus ojos amarillos se clavaron en la serpiente con hostilidad.

— No eres de este mundo. Vete antes de que te convierta en un cinturón —amenazó Koneko, cerrando el puño.

— ¡Oh, qué temperamento! —Kaa comenzó a mover su cabeza en círculos lentos, rítmicos—. Pero parecesss tan tenssa... tan cargada de responsabilidades. ¿No te gustaría dejar de pelear por un momento? Sssolo un momento.

— No me interesan tus juegos —respondió Koneko, tratando de golpear a la serpiente.

Pero Kaa fue más rápido. Esquivó el golpe con una fluidez sobrenatural y se posicionó frente a ella, abriendo sus ojos de par en par. Las espirales hipnóticas estallaron en una danza de colores vibrantes.

— Mírame, pequeña Koneko... —susurró Kaa con una voz que vibraba en los huesos de la chica—. Mira las essspirales... mira cómo giran y giran... No hay necesidad de golpear... sssolo hay necesidad de confiar... Confía en mí...

Koneko intentó cerrar los ojos, pero la curiosidad inherente de los gatos y la potencia de la hipnosis de Kaa fueron superiores a su resistencia. Sus pupilas empezaron a dilatarse. Los colores —amarillo neón, azul eléctrico, rosa intenso— inundaron su visión.

— Yo... no debo... —murmuró Koneko, pero su brazo cayó lánguidamente a su costado—. Los colores... se mueven...

— Sssí... giran para ti... sssolo para ti —continuó Kaa, acercándose tanto que su nariz rozó la de la nekomata—. Eresss una gatita muy obediente, ¿verdad? Y las gatitas obedientesss hacen lo que se les pide.

— Soy... una gatita... obediente... —repitió Koneko. Sus ojos ahora eran dos espejos perfectos de las espirales de Kaa. Su rostro se relajó en una expresión de sumisión absoluta, una leve sonrisa apareciendo en sus labios.

— Muy bien —siseó Kaa con deleite—. Escúchame, pequeña. Tus amigas están descansando, pero Gasper-kun todavía necesita atención. Él está solo en su habitación. Quiero que vayas allí y le demuestresss tu "cariño". Hazle cosas muy sssucias, Koneko. Hazle lo que las demásss no se atrevieron. Ússalo como tu juguete.

Koneko asintió con un movimiento mecánico de cabeza.

— Iré con Gasper... lo usaré como mi juguete... haré cosas sucias... —dijo ella, con su voz monótona ahora teñida de una obediencia escalofriante.

Koneko se dio la vuelta y caminó hacia el edificio. Sus pasos eran silenciosos como siempre, pero el brillo de sus ojos delataba quién era su nuevo amo. Entró en el club, pasando por delante de Rias, Akeno y Asia, quienes roncaban suavemente en sus respectivos trances de agotamiento.

Llegó a la habitación de Gasper. El chico estaba tumbado bocarriba, mirando al techo con los ojos llorosos, tratando de procesar lo que acababa de pasar con Rias. Cuando vio entrar a Koneko, sintió una punzada de esperanza.

— ¡Koneko-chan! —exclamó Gasper, tratando de sentarse—. ¡Gracias al cielo! ¡Algo malo les pasa a las demás! ¡Están actuando raro y...!

Se detuvo al ver los ojos de Koneko. Eran las mismas espirales. El mismo brillo antinatural.

— ¿Tú también? —susurró Gasper, sintiendo que el mundo se le venía encima—. ¡No, por favor! ¡Tú eres la más cuerda de todas!

Koneko no dijo nada. Se acercó a la cama y, con una fuerza sorprendente, arrancó las sábanas de un tirón. Gasper estaba en ropa interior, su cuerpo temblando. Koneko se subió a la cama y se colocó sobre él, pero a diferencia de las demás, ella fue más directa.

— El amo dice que eres mi juguete —dijo Koneko, y por primera vez, su voz tenía un tono de picardía robótica—. Y a mí me gusta jugar sucio.

Koneko comenzó a tocar a Gasper con una precisión quirúrgica, buscando sus zonas más sensibles. Sus manos pequeñas y frías hacían que el dhampir se retorciera en el colchón. Luego, siguiendo la orden de Kaa de "hacer lo que las demás no se atrevieron", Koneko se bajó los pantalones del uniforme y su ropa interior, quedando completamente desnuda de cintura para abajo.

— ¡Koneko-chan, espera! ¡Eso es demasiado! —gritó Gasper, pero Koneko ya se estaba posicionando.

Se sentó directamente sobre el rostro de Gasper, pero esta vez, al no tener ropa de por medio, el contacto fue piel con piel. El choque sensorial fue demasiado para el joven vampiro. Podía sentir la calidez de la nekomata y su aroma natural. Koneko comenzó a restregarse con fuerza, asfixiándolo mientras emitía pequeños ronroneos que resonaban en la cabeza de Gasper.

— Mmmgh... ¡Mmm! —Gasper pataleaba, pero Koneko lo mantenía en su sitio con sus piernas fuertes.

Después de unos minutos de asfixia erótica, Koneko se desplazó hacia abajo. Miró el miembro de Gasper, que estaba completamente erecto debido a la estimulación constante de las tres chicas anteriores y la situación actual. Koneko, con los ojos brillando en espirales, se inclinó y comenzó a lamerlo con una curiosidad felina, antes de envolverlo con su boca en una felación experta y mecánica.

Gasper sintió que su cerebro se derretía. La fiebre había desaparecido, reemplazada por una oleada de placer que ya no podía contener. La combinación de la asfixia previa, el agotamiento de haber lidiado con Rias, Akeno y Asia, y la lengua experta de Koneko fue el detonante final.

— ¡Ah... ah... ya no puedo más! —gritó Gasper, arqueando la espalda.

En ese momento, mientras Koneko seguía succionando con determinación bajo el influjo de Kaa, Gasper llegó a su clímax. El semen salió disparado con una fuerza increíble, manchando el rostro y el pecho de Koneko, quien ni siquiera se inmutó, manteniendo su mirada perdida en las espirales que solo ella veía.

Gasper se desplomó contra el colchón, con la boca abierta y los ojos en blanco, soltando vapor por la boca y las orejas. Estaba exhausto, vacío y completamente derrotado por el apetito sexual de sus compañeras hipnotizadas.

En ese instante, el efecto de la hipnosis comenzó a desvanecerse en las cuatro chicas simultáneamente. Kaa, satisfecho con el espectáculo, decidió que ya había tenido suficiente diversión por una noche.

Rias despertó en su silla, parpadeando confundida. Akeno y Asia entraron en la habitación en ese momento, frotándose los ojos. Todas se quedaron petrificadas al ver la escena: Koneko desnuda de cintura para abajo, cubierta por el fluido de Gasper, y el pobre chico echando vapor en un estado de shock absoluto.

— ¿Qué... qué ha pasado aquí? —preguntó Rias, su rostro volviéndose rojo carmesí al notar su propia camisa abierta y el estado de Gasper.

— No lo recuerdo bien... —dijo Akeno, cubriéndose la boca—. Solo recuerdo... unos ojos hermosos... y un deseo de cuidar a Gasper-kun...

— ¡Gasper-kun! —gritó Asia, corriendo hacia la cama—. ¡Estás curado! ¡Tu fiebre se ha ido! Pero... ¿por qué pareces haber corrido un maratón?

Gasper no podía responder. Solo emitía un siseo débil, similar al de una serpiente, mientras su mente intentaba procesar cómo las cuatro mujeres más poderosas del club lo habían usado como juguete.

Desde la oscuridad del bosque, Kaa observaba cómo las chicas comenzaban a disculparse entre gritos de vergüenza y confusión. La serpiente se dio la vuelta, deslizándose hacia lo profundo de la maleza.

— Sssí... una noche muy productiva —siseó Kaa, sus ojos volviendo a su amarillo natural—. Confíen en mí... sssiempre habrá otra oportunidad para jugar.

Kaa desapareció en la noche, dejando atrás un Club de Investigación de lo Oculto que tardaría mucho tiempo en olvidar las espirales de colores y los juegos prohibidos de una serpiente de otro mundo. Gasper, por su parte, nunca volvió a mirar a una serpiente a los ojos sin temblar de pies a cabeza.