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Kimetsu no yaiba legacy

Juicio entre Flores, Espadas y un Pirata del Sur

El sol golpeaba con una intensidad implacable, pero no era el calor lo que mantenía a Tanjiro Kamado en un estado de alerta máxima. Era el peso de las cuerdas que quemaban sus muñecas y la presencia abrumadora de las figuras que lo rodeaban. Intentó moverse, pero sintió un bulto sólido y rústico golpeando su espalda.

—¡Ay! Cuidado con los riñones, cara de cicatriz. Todavía me duele la cabeza por la aguja de la mujer mariposa —gruñó una voz ronca y cargada de un acento extraño justo detrás de él.

Era Ronder. Estaban atados espalda con espalda, sentados sobre el suelo de piedra de una finca que exudaba una elegancia antigua y letal. El chico de las tierras del sur bostezó ruidosamente, sacudiendo su melena alborotada, sin parecer ni un poco intimidado por el hecho de que estaban rodeados por los guerreros más poderosos de Japón.

Frente a ellos, alineados como deidades del castigo, se encontraban los Pilares.

—Despierten —sentenció una voz profunda y resonante.

Tanjiro levantó la vista. Sus ojos se encontraron con una colección de personalidades que hacían que el aire se sintiera espeso. Kyojuro Rengoku, con sus ojos llameantes; Tengen Uzui, brillando con una extravagancia casi ofensiva; Mitsuri Kanroji, que lo miraba con una mezcla de lástima y curiosidad; y otros cuyos nombres aún no conocía, pero cuya sed de sangre era palpable.

—Estamos en la sede de los Cazadores de Demonios —susurró Tanjiro para sí mismo, su corazón latiendo con fuerza—. Nezuko... ¿Dónde está Nezuko?

—¿Tu hermana en la caja? —preguntó Ronder en voz alta, ignorando el protocolo—. Supongo que está a buen recaudo, a menos que estos señores tan coloridos hayan decidido que el estilo "minimalista" incluye confiscar equipaje ajeno.

—¡Silencio! —rugió Obanai Iguro, encaramado en la rama de un árbol cercano, con su serpiente siseando en su cuello—. Estás ante los Pilares. Deberías medir tus palabras, extranjero.

Ronder ladeó la cabeza, haciendo que las cuerdas que lo unían a Tanjiro crujieran. Miró a Obanai con una expresión de fingida admiración.

—¡Oh, un hombre con una bufanda que muerde! —exclamó Ronder con una sonrisa ladeada—. Fascinante. ¿Viene con instrucciones o simplemente te gusta que te susurren secretos al oído mientras intentas parecer intimidante? Por cierto, me gusta el árbol. Muy zen.

—Este chico... —murmuró Shinobu Kocho, manteniendo su sonrisa imperturbable pero con una vena latiendo en su frente—. Tiene una lengua muy larga para alguien que cayó tan fácilmente con un sedante.

—¡Fue un golpe bajo, reina de las abejas! —replicó Ronder, riendo entre dientes—. En mi tierra, si quieres dormir a un hombre, al menos le invitas un trago de muday primero. Clavar agujas es tan... poco sofisticado.

Tanjiro sintió un sudor frío recorrer su nuca.

—¡Ronder, por favor, cállate! —suplicó en un susurro—. ¡Nos van a matar!

—¡Exactamente! —gritó de repente Sanemi Shinazugawa, el Pilar del Viento, cuya piel estaba cubierta de cicatrices de mil batallas—. ¿Qué estamos esperando? Un cazador que viaja con un demonio y un vagabundo extranjero que no sabe cerrar la boca. Esto es una violación flagrante del código. ¡Yo mismo los decapitaré aquí mismo!

Sanemi caminó hacia ellos, su mano apretando la empuñadura de su katana nichirin. La presión espiritual que emanaba era como un vendaval que amenazaba con aplastarlos.

—¡Esperen! —gritó Tanjiro, golpeando su frente contra el suelo en un gesto de súplica—. ¡Nezuko no ha comido a nadie! ¡Ella luchó a mi lado! ¡Puede ser una demonio, pero su corazón sigue siendo humano!

Rengoku, con su sonrisa inquebrantable, cruzó los brazos sobre su pecho.

—¡Entiendo tu sentimiento, joven Kamado! ¡Pero la realidad es simple! ¡Un demonio es un demonio! ¡No hay pruebas de que no atacará en el futuro!

Ronder soltó una carcajada seca, una que sonó extrañamente similar a la de un hombre que ha visto demasiados naufragios.

—"No hay pruebas" —repitió Ronder, imitando el tono heroico de Rengoku—. ¡Qué argumento tan brillante! Tampoco hay pruebas de que ese tipo de las cicatrices no vaya a morderse la lengua y morir de envenenamiento por su propio mal humor, pero aquí estamos, dándole el beneficio de la duda.

Sanemi se detuvo en seco, sus ojos inyectados en sangre fijándose en Ronder.

—¿Qué dijiste, mocoso?

—Digo —continuó Ronder, balanceándose ligeramente hacia adelante y hacia atrás, arrastrando a Tanjiro con él— que tienen un concepto de justicia muy aburrido. Tienen a una niña que no ha matado a nadie encerrada en una caja, y a un chico que ha arriesgado el cuello por su familia. Y luego estoy yo, un humilde viajero del sur que solo pasaba por aquí buscando un buen clima y terminó en medio de una convención de peluquerías extravagantes.

—¡Es tan lindo incluso cuando es grosero! —pensó Mitsuri, cubriéndose las mejillas sonrojadas—. ¡Pero dice cosas tan peligrosas!

—¡Extravagante! —exclamó Uzui, señalando a Ronder con un dedo enjoyado—. ¡Dices que somos extravagantes, pero tú vistes pieles de animales y hueles a tierra y especias raras! ¡Tu falta de respeto es casi... artística!

—Gracias, brillante señor —dijo Ronder con una reverencia sentada—. Hago lo que puedo con el presupuesto que tengo. Ahora, ¿podríamos desatar estas cuerdas? Se me está durmiendo el brazo izquierdo y es el que uso para gesticular de forma dramática.

—No habrá liberación —sentenció Gyomei Himejima, el Pilar de la Roca, mientras las lágrimas corrían por su rostro—. Pobre alma perdida... traído desde tierras lejanas solo para corromperse con la compañía de un demonio. Qué tristeza... qué tragedia...

—¡Oh, genial, el gigante está llorando! —susurró Ronder a Tanjiro—. Esto se está poniendo mejor por momentos. ¿Hay algún Pilar que no tenga un trauma psicológico evidente o todos vienen con el paquete completo?

Tanjiro estaba a punto de desmayarse de la pura vergüenza y el terror.

—¡Ronder, detente! ¡Estás empeorando todo! —Tanjiro volvió a mirar a los Pilares—. ¡Por favor! ¡Déjenme demostrarles que Nezuko es inofensiva!

En ese momento, Sanemi soltó un gruñido de puro desprecio. Se dio la vuelta y caminó hacia las sombras de la finca, regresando momentos después con la caja de madera de Nezuko.

—¡No! —gritó Tanjiro, forcejeando con las cuerdas.

Sanemi sonrió con malicia y desenvainó su espada. Con un movimiento rápido, atravesó la madera de la caja. Un gemido de dolor ahogado salió del interior.

—¡DETENTE! —rugió Tanjiro, su voz quebrándose.

Ronder, cuya expresión juguetona desapareció por primera vez, entrecerró los ojos. Su cuerpo rústico se tensó, y aunque estaba atado, sus músculos se hincharon bajo la ropa ligera.

—Oye, cicatrices —dijo Ronder, y esta vez no había rastro de broma en su voz—. Hay una línea entre ser un guerrero y ser un cobarde que patea una caja. Estás muy cerca de cruzarla, y te aseguro que no te va a gustar lo que hay del otro lado.

Sanemi soltó una carcajada ronca.

—¿Ah, sí? ¿Y qué vas a hacer tú, pedazo de basura extranjera? ¿Lanzarme arena a los ojos otra vez?

—Podría hacer eso —respondió Ronder, recuperando su tono sarcástico pero con una mirada afilada como un cuchillo—. O podría recordarte que un hombre que necesita torturar a un ser indefenso para sentirse poderoso, generalmente está tratando de compensar una espada muy pequeña. Y no hablo de la de acero.

Un silencio sepulcral cayó sobre el jardín. Uzui soltó una carcajada involuntaria que intentó ahogar con una tos. Shinobu se cubrió la boca con la mano. Incluso Tomioka, que permanecía apartado en silencio, pareció parpadear con sorpresa.

Sanemi, rojo de furia, levantó su espada contra Ronder.

—¡Te mataré primero a ti!

—¡El Patrón ha llegado! —anunció una voz infantil y sincronizada.

La tensión se congeló. Las puertas de la finca se abrieron y un hombre de cabello oscuro y una marca de enfermedad en el rostro salió lentamente, apoyado por dos niñas. Kagaya Ubuyashiki emanaba una paz tan absoluta que incluso el aura asesina de Sanemi se disipó instantáneamente.

—Buenos días, mis queridos hijos —dijo el Patrón con una voz que era como seda sobre una herida—. Veo que tenemos invitados muy interesantes hoy.

Todos los Pilares se arrodillaron de inmediato, forzando a Tanjiro a hacer lo mismo. Ronder, sin embargo, se quedó sentado, observando al hombre con una curiosidad genuina, como si estuviera evaluando el valor de una joya antigua.

—Vaya —murmuró Ronder—. Al fin alguien que sabe cómo hacer una entrada sin gritar sobre sangre y tripas. Tienes buen gusto, señor de la casa. Aunque tus guardias necesitan un curso de modales.

—Ronder... —susurró Tanjiro, horrorizado—. ¡Es el Patrón! ¡Muestra respeto!

—Le estoy mostrando respeto —replicó Ronder en voz alta—. No lo he insultado ni una vez. De hecho, me gusta su túnica. ¿Es seda? Se ve cara.

Kagaya Ubuyashiki sonrió suavemente, mirando en dirección a donde sabía que estaba el joven extranjero.

—Así que tú eres Ronder. Los informes dicen que vienes de las tierras del sur, un lugar más allá de los mares. Y que posees una forma de pelear que no sigue las leyes de la respiración nichirin.

—Soy un hombre de muchos talentos, su alteza, o como prefiera que lo llamen —dijo Ronder, relajando su postura—. En mi tierra, los espíritus de la tierra nos enseñan que la fuerza no viene de una espada, sino de saber cuándo no usarla. Pero estos chicos de aquí parecen tener un fetiche con el metal.

Sanemi estaba temblando, conteniéndose para no saltar sobre el chico.

—Patrón —dijo Sanemi, tratando de mantener la compostura—, este chico es un insolente y el otro viaja con un demonio. ¡No podemos permitir esto!

Kagaya levantó una mano, y el silencio volvió a reinar.

—He aceptado la situación de Tanjiro y su hermana. Hay una carta de Urokodaki-san y Tomioka-san que garantiza la seguridad de la niña con sus propias vidas. Pero lo que me intriga es este joven, Ronder. No es un demonio, ni un cazador, y sin embargo, protegió a los hermanos Kamado contra una Luna Menguante y contra un Pilar.

—Solo soy un turista que odia los abusos, jefe —dijo Ronder, encogiéndose de hombros—. El chico de la cicatriz tiene un buen corazón. Huele a pan recién horneado y honestidad. La niña... bueno, tiene un problema de cutis y una dieta restrictiva, pero es familia. Y para un mapuche, la familia lo es todo. Incluso si esa familia tiene colmillos.

Kagaya asintió, pareciendo complacido.

—Tu lealtad es admirable, aunque tus métodos sean... poco convencionales. Tanjiro, Nezuko... y Ronder. El destino los ha unido por una razón.

—¿Destino? —Ronder soltó una risita—. Yo lo llamo mala suerte y un pésimo sentido de la orientación, pero "destino" suena mucho más heroico, lo admito.

—¡Patrón! —intervino Iguro—. ¡Incluso si aceptamos a los hermanos, este extranjero es un riesgo! ¡No sabemos quién es ni qué busca!

—Busco un lugar donde la gente no intente apuñalarme cada cinco minutos —respondió Ronder rápidamente—. Pero parece que en este país eso es un deporte nacional.

Kagaya miró a los Pilares y luego a los dos jóvenes atados.

—Ronder se quedará como un invitado de la organización. Tanjiro y Nezuko irán a la Finca de las Mariposas para recuperarse. Sanemi, por favor, deja de probar la voluntad de la niña. Ya hemos visto suficiente.

Sanemi, a regañadientes, enfundó su espada, pero lanzó una mirada de odio puro a Ronder. El chico del sur simplemente le guiñó un ojo y lanzó un beso al aire, lo que casi provoca que el Pilar del Viento tuviera un derrame cerebral ahí mismo.

—Bueno —dijo Ronder mientras los Kakushi se acercaban para desatarlos—, eso fue divertido. Casi pierdo la cabeza, hice un par de enemigos de por vida y conocí a un hombre que llora por las piedras. Un martes cualquiera en la vida de Ronder.

Tanjiro, finalmente libre de las cuerdas, se desplomó en el suelo, respirando con alivio.

—Gracias, Ronder... aunque casi haces que nos ejecuten un par de veces.

Ronder se puso de pie, estirando su cuerpo rústico y sacudiendo el polvo de sus ropajes de piel. Se ajustó su hacha de piedra al cinturón y miró hacia el horizonte con esa mirada que no pertenecía a Japón, sino a las vastas llanuras y montañas de un continente lejano.

—El peligro es como el ají, Tanjiro —dijo Ronder, ofreciéndole una mano para levantarse—. Un poco le da sabor a la vida. Demasiado... bueno, te quema la salida. Ahora, vamos a ver a esa hermana tuya. Tengo curiosidad por saber si el bocado de madera es de cerezo o de roble. Soy un conocedor de la buena madera, ¿sabes?

Tanjiro tomó la mano de Ronder, dándose cuenta de que, aunque el chico era un caos andante con la personalidad de un pirata ebrio, su presencia era lo único que había mantenido el ánimo lo suficientemente alto como para no rendirse ante la presión de los Pilares.

El viaje apenas comenzaba, y con Ronder a su lado, Tanjiro sabía que las reglas de la Compañía de Cazadores de Demonios nunca volverían a ser las mismas.