La luz en la oscuridad
El rugido del león y el silencio del sótano
El aroma a lavanda y productos de limpieza de la empresa solía ser reconfortante para JJ, pero esa tarde, mientras esperaba a Net en el estacionamiento subterráneo de Domundi TV, el aire se volvió pesado y rancio. Aika, su fiel Golden Retriever, emitió un gruñido sordo, una vibración de advertencia que recorrió el arnés hasta la mano de JJ.
—¿Qué pasa, chica? —susurró JJ, acariciando la cabeza del animal—. Net ya casi sale de la sesión de fotos.
No hubo respuesta humana, solo el sonido de unos pasos rápidos y el impacto seco de algo metálico contra el pavimento. Antes de que JJ pudiera reaccionar, un pañuelo empapado en un químico fuerte cubrió su nariz y boca. Forcejeó, su instinto de alfa gritándole que luchara, pero la debilidad del embarazo y la sorpresa jugaron en su contra. Lo último que sintió fue el ladrido desesperado de Aika alejándose mientras la oscuridad lo reclamaba.
Cuando JJ despertó, el frío le calaba los huesos. El suelo era de cemento rugoso y el aire olía a humedad y moho. Intentó moverse, pero sus manos estaban atadas a una tubería oxidada detrás de su espalda. Su primer pensamiento, instintivo y voraz, fue hacia su vientre.
—Tranquilo, pequeño —murmuró con la voz quebrada—, papá está aquí. No dejaré que nada te pase.
—Vaya, qué conmovedor —una voz aguda y cargada de veneno resonó en las paredes del sótano—. El alfa ciego hablando con su engendro.
JJ reconoció la voz de inmediato. Era James. Pero no era el James que Net describía como un omega caprichoso; este sonaba roto, desquiciado, como alguien que había perdido el contacto con la realidad.
—James —dijo JJ, tratando de mantener la calma—. Esto no tiene sentido. Net no te va a perdonar por esto. Solo estás cavando tu propia tumba.
—¡Net ya me odia! —gritó James, y JJ escuchó el sonido de un golpe seco contra una mesa de madera—. ¡Me lo quitaste todo! Yo era la estrella, yo era su pareja, yo era el centro de su mundo hasta que apareciste tú con tu perro y tu lástima. ¡Mírate! Ni siquiera puedes ver el asco que me das.
James se acercó y, sin previo aviso, le propinó una bofetada que hizo que la cabeza de JJ girara violentamente. El sabor metálico de la sangre llenó su boca.
—Ese golpe fue por arruinar mi carrera —siseó James, agarrando a JJ del cabello—. Y el siguiente será por robarte a mi alfa.
En ese momento, algo cambió dentro de JJ. El miedo que sentía por su propia seguridad desapareció, reemplazado por una furia ancestral. Su alfa interno, ese que había estado domesticado por el amor de Net, despertó con la fuerza de un volcán. Sintió una presión en el pecho, una energía dorada y protectora que emanaba de su núcleo, envolviendo su vientre como un escudo impenetrable.
—No vuelvas... a tocarme —la voz de JJ ya no era suave; era un gruñido bajo que hizo que el aire en el sótano vibrara.
—¿Ah, sí? ¿Y qué vas a hacer, lisiado? —James levantó la mano para golpearlo de nuevo, pero se detuvo en seco.
El aroma de JJ, que normalmente era dulce, se transformó en algo aterrador. Era el olor de una tormenta eléctrica mezclado con ozono y el rugido de un depredador acorralado. La presencia de JJ se expandió, llenando el sótano con una autoridad tan aplastante que James, un omega cuya estabilidad mental pendía de un hilo, cayó de rodillas, jadeando por aire.
—Tú no eres una víctima, James —dijo JJ, rompiendo las cuerdas con un tirón de fuerza bruta que solo el estallido de adrenalina de un alfa podía explicar—. Eres un cobarde que no puede aceptar las consecuencias de sus propias mentiras.
JJ se puso de pie, tambaleándose un poco, pero con la cabeza en alto. Sus ojos desenfocados parecían brillar con una luz propia en la penumbra. James, aterrorizado por la ferocidad del hombre que creía débil, intentó abalanzarse sobre él con un trozo de madera, pero JJ fue más rápido. Guiado por el oído y el instinto, esquivó el ataque y empujó a James con una fuerza devastadora.
El omega salió despedido contra la pared, golpeándose la cabeza contra un saliente de piedra. James soltó un gemido ahogado y se desplomó en el suelo, inconsciente.
El silencio volvió al sótano, pero la adrenalina de JJ comenzó a descender, dejando paso a la montaña rusa de hormonas del embarazo. Se dejó caer sentado contra la pared opuesta, respirando agitadamente mientras se abrazaba el vientre.
—Estamos bien, bebé... estamos bien —sollozó, pero de repente, su mirada se fijó en el suelo, cerca de su pie.
A la tenue luz que se filtraba por una rendija, JJ (que podía distinguir sombras y luces fuertes) vio un pequeño punto oscuro que no se movía. Se inclinó, tocando el suelo con la punta de los dedos hasta que encontró a una pequeña hormiga que yacía inmóvil.
—Oh, no... —un sollozo desgarrador escapó de su garganta—. No, no, no. Pequeña hormiga, lo siento tanto. Estábamos peleando y... y te pisamos. Eras mi única amiga aquí abajo. ¡Net! ¡Net, ayúdame!
Mientras tanto, en las afueras de Bangkok, una caravana de coches negros quemaba neumáticos. Net estaba al volante de su deportivo, con el rostro pálido y los nudillos blancos de tanto apretar el volante. Aika estaba en el asiento trasero, gimiendo y señalando con el hocico hacia el norte. Jimmy, Latte, Kim y Ohn lo seguían de cerca, armados con la ubicación del GPS del teléfono de JJ que Kim había logrado rastrear.
—Si le pasa algo, voy a quemar Tailandia entera —juró Net por lo bajo, su aroma a bosque quemado llenando el habitáculo del coche.
—Lo encontraremos, Net —dijo Jimmy por la radio—. JJ es un alfa, es fuerte.
—¡Está embarazado, Jimmy! —gritó Net—. ¡Es mi vida entera!
Llegaron a una vieja fábrica de conservas abandonada. Net bajó del coche antes de que este se detuviera por completo, seguido por el resto del grupo. Aika corrió hacia una trampilla de metal en el suelo, ladrando con una urgencia frenética.
Net arrancó la trampilla de un tirón, ignorando el dolor en sus manos, y bajó las escaleras de tres en tres.
—¡JJ! —bramó, su voz cargada de una angustia que desgarraba el alma.
Al llegar al fondo, la escena que encontraron fue... inesperada.
James estaba tirado en un rincón, con un chichón del tamaño de una naranja en la frente, roncando levemente en su inconsciencia. En el centro de la habitación, JJ estaba sentado en el suelo, llorando a moco tendido, con la camisa rota y el cabello revuelto.
—¡JJ! ¡Mi amor! —Net se lanzó hacia él, envolviéndolo en sus brazos, revisando cada centímetro de su cuerpo en busca de heridas graves—. ¿Estás bien? ¿Te hizo algo ese animal?
—¡Net! —JJ se aferró a su cuello, hipando—. ¡Es horrible! ¡Fue una tragedia!
—¿Qué? ¿Te golpeó? ¿Te duele el vientre? —Net estaba al borde del colapso nervioso, mientras Kim y Ohn se acercaban para esposar a James y Jimmy llamaba a la policía.
—¡No! —JJ señaló el suelo con un dedo tembloroso—. ¡Murió, Net! ¡La hormiga murió! Se llamaba Lucas y yo quería que viera el mundo... quería que comiéramos grillos juntos y ahora está muerta por culpa de James. ¡Es un asesino de insectos!
Net se quedó congelado, con una mano aún protegiendo el vientre de JJ. Miró a Latte, quien estaba detrás de él tratando de no reírse por la situación tan surrealista.
—¿La... hormiga? —preguntó Net, procesando que su pareja acababa de derrotar a su secuestrador pero estaba devastado por un invertebrado.
—Sí —sollozó JJ, escondiendo el rostro en el pecho de Net—. Tengo mucha hambre, Net. Quiero ver al primo de Lucas, quiero comer grillos fritos con mucha sal y quiero irme a casa. Este sótano tiene una energía muy negativa para el bebé.
Net soltó un suspiro de alivio tan profundo que sus hombros cayeron. Besó la frente de JJ con una devoción infinita, ignorando por completo a James, quien estaba siendo arrastrado hacia afuera por la policía que acababa de llegar.
—Iremos por esos grillos, mi vida —dijo Net, levantándolo en brazos con una facilidad asombrosa—. Iremos por todos los grillos de Tailandia si es necesario.
—Y un funeral para Lucas —insistió JJ, quedándose dormido casi al instante en los brazos de su alfa, agotado por el despliegue de poder y el drama hormonal.
—Y un funeral para Lucas —confirmó Net, saliendo de la fábrica hacia la luz del atardecer.
***
Seis meses después.
El hospital de la zona élite de Bangkok estaba en silencio, a excepción de una habitación en el ala de maternidad donde el caos y la alegría se mezclaban en partes iguales.
Net estaba sentado en el borde de la cama, sosteniendo un fardo envuelto en una suave manta azul. Su rostro, que antes solía ser una máscara de seriedad y tristeza, ahora irradiaba una luz que ninguna cámara de televisión podría capturar.
—Es perfecto, Jay —susurró Net, acercando al bebé a JJ, quien estaba recostado en las almohadas, cansado pero con una sonrisa radiante.
JJ extendió sus manos, tocando con cuidado los pequeños dedos del recién nacido. Sus dedos trazaron la nariz perfecta, las mejillas regordetas y el cabello suave.
—Huele a ti, Net —dijo JJ, con lágrimas de felicidad en los ojos—. Huele a bosque y a victoria.
—Es un alfa —confirmó Net, besando la coronilla del bebé—. Un alfa fuerte, como su padre.
En ese momento, la puerta se abrió y el "escuadrón de tíos" entró en tropel. Kim y Ohn traían globos gigantes, mientras Jimmy y Latte cargaban cestas de frutas y juguetes.
—¡Queremos ver al heredero de Domundi! —exclamó Latte, acercándose de puntillas—. Vaya, Net, se parece tanto a ti que asusta. Pobre niño, va a ser un rompecorazones estricto.
—Se llamará Nael —anunció JJ, tomando al bebé en sus brazos—. Y va a ser el alfa más amable del mundo.
—Y el más protegido —añadió Kim, mirando a Net—. Después de lo que pasaron, este niño va a tener más guardaespaldas que el Rey.
Net miró a su alrededor. Estaba rodeado de sus mejores amigos, los que no le habían dado la espalda. Tenía a JJ, el hombre que le había devuelto la vista al alma cuando él mismo se sentía ciego de dolor. Y ahora tenía a Nael, la prueba viviente de que incluso de las cenizas de una traición podía nacer algo eterno.
James estaba cumpliendo una larga condena en un hospital psiquiátrico penitenciario, olvidado por el público y por el hombre que alguna vez intentó destruir. La empresa Domundi TV había limpiado el nombre de Net por completo, pero a él ya no le importaba la fama de la misma manera. Su verdadera carrera, su verdadero éxito, estaba allí mismo, en esa habitación.
—¿Sabes qué, Net? —preguntó JJ, mientras el pequeño Nael soltaba un bostezo ruidoso.
—¿Qué, mi cielo?
—Creo que Lucas estaría muy orgulloso de nosotros —dijo JJ con esa chispa juguetona que Net tanto amaba.
Net soltó una carcajada y se inclinó para besar a su esposo y a su hijo.
—Estoy seguro de que sí, Jay. Estoy seguro de que sí.
Fuera del hospital, el sol brillaba con fuerza sobre Bangkok. El alfa dominante, el hombre que un día quiso rendirse en un puente, finalmente había encontrado su camino a casa. Y mientras sostenía la mano de JJ, Net supo que no importaba cuántas sombras intentaran volver; él siempre tendría la luz necesaria para guiarlos a todos, porque ahora veía el mundo no con los ojos, sino con el corazón de un hombre que lo tenía todo.