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La luz en la oscuridad

El aroma de los panqueques recién hechos y el caos de las hormonas

—¡Net, juro por mi vida que si ese pato vuelve a perder su sombrero, voy a quemar la televisión! —El grito de JJ resonó desde la sala de estar, seguido de un sollozo desgarrador que hizo que Net soltara la espátula en la cocina.

Net corrió hacia la estancia, encontrando a su alfa, el amor de su vida y el hombre más fuerte que conocía, hecho un ovillo en el sofá junto a Aika. La perra guía miraba a su dueño con una expresión de profunda confusión, como si ella también intentara entender por qué el gran JJ estaba llorando desconsoladamente frente a un episodio de Pocoyó.

—Cariño, es solo un dibujo animado —dijo Net, arrodillándose frente a él y tomando sus manos—. Pato siempre recupera su sombrero. Es la trama del programa, Jay.

—¡No lo entiendes! —JJ se sorbió la nariz, su rostro hermoso pero ligeramente más redondeado que hace unos meses, estaba empapado en lágrimas—. Es amarillo, Net. Es un color tan solitario. Y Pocoyó es tan mandón... me pone de un humor terrible. ¡Y ahora quiero comer!

Net suspiró, una sonrisa de adoración luchando por aparecer en su rostro serio. Había pasado un año desde aquella noche en el puente, y su vida era irreconocible. James era un recuerdo borroso y amargo, una sombra que Domundi TV había terminado por desterrar tras descubrirse más mentiras y manipulaciones. Net, por su parte, se había consolidado como el alfa más respetado de la industria, pero en casa... en casa era simplemente el servidor devoto de los caprichos de JJ.

—¿Qué quieres comer, mi cielo? —preguntó Net, acariciando su mejilla—. Hice panqueques.

—No quiero panqueques —sentenció JJ, cambiando su humor de la tristeza absoluta a una determinación feroz en un parpadeo—. Quiero una ballena.

Net parpadeó, procesando la información.

—¿Una ballena? Jay, eso es... ilegal. Y físicamente imposible de meter en la cocina.

—Bueno, entonces quiero una cucaracha bañada en chocolate —continuó JJ con total seriedad—. Vi un podcast sobre comida exótica y decían que crujen. Quiero algo que cruja y que sea dulce, pero que tenga patas.

Net sintió un escalofrío. Los últimos meses habían sido una montaña rusa. JJ pasaba de la euforia a la depresión en minutos. Sus amigos, Kim y Ohn, decían que era el estrés de su nueva carrera como locutor de radio para personas con discapacidad visual, pero Net empezaba a sospechar que su alfa estaba, literalmente, perdiendo la cabeza. Como ambos eran alfas, la posibilidad de un embarazo era algo que ni siquiera cruzaba sus mentes; la biología era clara, o al menos eso creían ellos.

—Llamaré a Kim —suspiró Net—. Quizás él pueda convencerte de comer algo que no requiera un exterminador o un equipo de pesca de alta mar.

Media hora después, Kim y Ohn irrumpieron en la mansión cargando bolsas de comida tailandesa normal, con la esperanza de distraer a JJ. Poco después llegaron Jimmy y Latte, quienes se habían vuelto visitantes frecuentes, formando una familia extendida que protegía a la pareja de cualquier rastro de la toxicidad del pasado.

—¿Cómo está el paciente cero? —preguntó Latte, dejando su chaqueta en el perchero—. Escuché que hoy el menú incluía insectos.

—Está en el balcón —respondió Net, frotándose las sienes—. Está escuchando un podcast sobre la historia de las servilletas y dice que es lo más profundo que ha oído nunca. Chicos, estoy preocupado. Creo que el estrés le está afectando los sentidos.

Kim intercambió una mirada significativa con Ohn. Ellos habían notado cosas que Net, cegado por su instinto protector, había pasado por alto. El aroma de JJ había cambiado; ya no era solo madera y lluvia, había una nota de leche y miel, algo primigenio y dulce que solo aparecía en condiciones muy específicas.

—Net, ¿alguna vez han oído hablar de los casos de alfas recesivos que pueden concebir en condiciones de vinculación extrema? —preguntó Kim, sacando una pequeña caja de su bolsillo.

—Eso es un mito urbano, Kim —intervino Jimmy, cruzándose de brazos—. Dos alfas no pueden... bueno, ya sabes. La naturaleza no funciona así.

—La naturaleza hace lo que quiere cuando dos alfas dominantes se aman tanto que sus hormonas deciden reescribir el manual —replicó Ohn—. JJ ha estado comiendo como un regimiento y llorando por colores. Eso no es estrés, eso es biología rebelde.

Kim caminó hacia el balcón donde JJ estaba sentado con sus auriculares.

—¡Jay! ¡Mira lo que te traje! —gritó Kim para llamar su atención.

JJ se quitó los auriculares y sonrió, aunque sus ojos seguían algo hinchados por el drama de Pato.

—¿Es la cucaracha? —preguntó con esperanza.

—No, es un juguete nuevo —mintió Kim, entregándole una prueba de embarazo digital—. Es un termómetro de alta tecnología. Necesito que vayas al baño y... bueno, que lo uses. Dice si tu energía está equilibrada.

—¡Oh, qué moderno! —JJ se levantó con entusiasmo, tropezando un poco con Aika—. Net dice que mi energía está "modo loco", así que esto me dará la razón.

Net observó a JJ dirigirse al baño, sintiéndose escéptico.

—Kim, si eso es una prueba de embarazo, vas a decepcionarlo —dijo Net en voz baja—. No quiero que se sienta mal por algo que físicamente no puede pasar.

—Solo espera, Net —respondió Kim, mirando el reloj.

En la sala, el silencio se volvió denso. Jimmy y Latte se sentaron en el borde del sofá, contagiados por la tensión. Ohn empezó a dar golpecitos rítmicos en la mesa. Cinco minutos pasaron, que para Net se sintieron como cinco años.

De repente, la puerta del baño se abrió. JJ salió caminando con cuidado, sosteniendo el "juguete" como si fuera un tesoro.

—Kim, este termómetro es raro —dijo JJ, extendiendo el objeto—. No tiene números, solo tiene dos rayitas rojas muy brillantes. ¿Eso significa que mi energía es doble?

Kim tomó la prueba y sus ojos se abrieron como platos. Se la pasó a Ohn, quien soltó un grito ahogado.

—¡No puede ser! —exclamó Ohn, saltando de su asiento—. ¡Dos rayas! ¡Net, mira esto!

Net se acercó, con el corazón martilleando contra sus costillas. Tomó el pequeño aparato de plástico y leyó las instrucciones en la caja que Kim aún sostenía. Dos rayas: Positivo.

—¿Positivo? —Net sintió que las piernas le flaqueaban—. Pero... somos dos alfas. ¿Cómo...?

—Parece que tu alfa interno es más eficiente de lo que pensábamos, Net —dijo Latte, riendo entre dientes mientras le daba una palmada en la espalda—. ¡Vas a ser papá!

Net miró a JJ, quien seguía parado allí, confundido por la conmoción pero sintiendo la alegría desbordante que empezaba a llenar la habitación. La comprensión finalmente golpeó a Net como un rayo. No era locura, no era estrés. Era vida. Una vida real, fruto de aquel nudo que habían formado en medio de la desesperación y el amor más puro.

—¡VOY A SER PAPÁ! —Gritó Net, perdiendo por completo su compostura de alfa dominante y serio.

En un movimiento rápido, Net alzó a JJ en peso, dándole vueltas en el aire mientras reía a carcajadas.

—¡Net, bájame! ¡Me voy a marear y la ballena va a salir disparada! —gritó JJ, aunque su risa era igual de vibrante.

—¡Hay un bebé aquí dentro! —Net bajó a JJ y puso sus manos sobre su vientre, arrodillándose frente a él—. Un pequeño alfa, o un omega, no me importa... es nuestro, Jay. ¡Es nuestro!

Jimmy y Latte comenzaron a vitorear, mientras Kim y Ohn se abrazaban, celebrando que su intuición no les había fallado. La mansión, que una vez fue el escenario de la depresión de Net, ahora era el epicentro de un milagro biológico.

—¿Entonces no es un termómetro? —preguntó JJ, pasando sus dedos por el rostro de Net, trazando la amplia sonrisa que su pareja no podía ocultar.

—No, mi amor —respondió Net, besando sus palmas—. Es la prueba de que el destino no solo nos unió para salvarnos, sino para crear algo nuevo. Por eso tenías tanta hambre, por eso llorabas por el pato... estás construyendo un humano.

JJ se quedó en silencio un momento, procesando la noticia. Luego, su expresión cambió a una de absoluta seriedad.

—Si voy a construir un humano, Net Siraphop, exijo que me traigas esa cucaracha de chocolate ahora mismo. Tengo que alimentar a nuestro heredero.

—¡Traeré todo el zoológico si es necesario! —exclamó Net, poniéndose de pie y abrazando a JJ por la cintura, pegando su frente a la de él—. Chicos, ¡quédense! ¡Hay que celebrar! ¡Latte, abre el mejor vino para ustedes, yo le haré a JJ el batido más nutritivo del mundo!

—Nada de batidos verdes, Net —advirtió JJ, coqueteando con esa confianza que solo él tenía—. Quiero pizza con piña y helado de menta. Mezclado.

—Lo que tú digas, mi alfa —asintió Net, sintiéndose el hombre más afortunado del universo.

Esa tarde, la casa se llenó de música y risas. Jimmy y Latte ayudaron a Net a empezar a buscar en internet "cómo decorar una habitación de bebé para dos padres alfas", mientras Kim y Ohn le explicaban a JJ que, a partir de ahora, sus podcasts de servilletas tendrían que ser reemplazados por guías de paternidad.

Net observaba a JJ desde la cocina mientras preparaba la extraña combinación de comida que su pareja había pedido. Ver a JJ reír, rodeado de amigos que realmente los querían, y saber que en unos meses habría un pequeño ser corriendo por esos pasillos con Aika, le hizo comprender que la justicia divina existía.

James había intentado destruir su imagen, su carrera y su vida, pero al hacerlo, lo había empujado hacia la oscuridad donde JJ era la única luz. Y ahora, esa luz se había multiplicado.

—¿Net? —JJ apareció en la puerta de la cocina, guiado por su excelente oído.

—Aquí estoy, Jay.

JJ se acercó y lo abrazó por la espalda, apoyando la cabeza en su hombro.

—Gracias —susurró el alfa menor—. Por no saltar ese día. Por atraparme cuando tropecé. Y por creer que podíamos tener esto, incluso cuando el mundo decía que era imposible.

Net se giró en sus brazos y lo besó con una ternura que detuvo el tiempo.

—Gracias a ti, Jay. Por enseñarme a ver lo que realmente importa. Ahora, ve a la sala, tu pizza de piña con helado está casi lista.

—Eres el mejor alfa dominante y mandón del mundo —dijo JJ, robándole un último beso antes de retirarse.

Net sonrió, mirando hacia la ventana. El sol se estaba poniendo sobre Bangkok, tiñendo el cielo de un naranja vibrante. Ya no había tristeza, ya no había seriedad fingida para protegerse del dolor. Solo había esperanza, el caos bendito de una familia que crecía y la certeza de que, sin importar lo que dijeran los manuales de biología o los críticos de Domundi TV, su amor era la fuerza más poderosa de la naturaleza.

—¡Net, el pato volvió a perder el sombrero! ¡Ven rápido! —gritó JJ desde la sala.

Net soltó una carcajada, tomó la bandeja de comida y caminó hacia su futuro. Un futuro que olía a sándalo, a chocolate y a la promesa de una vida que apenas comenzaba a florecer.