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la verdad

El Eco del Poder y la Sombra de la Envidia

La quietud que siguió a la partida de la madre de Yukino era engañosa. Aunque el aire en el salón del Club de Servicio se había enfriado físicamente, la carga residual de la presencia de Issei seguía allí, una vibración sutil que hacía que los objetos pequeños sobre las mesas se desplazaran milímetros casi imperceptibles. Yukino y Yui permanecían junto a él, formando un círculo de afecto que parecía inexpugnable.

Issei, sin embargo, no podía dejar de mirar hacia la puerta por la que Hachiman se había marchado. Su honestidad, esa cualidad que lo definía tanto como su brazo izquierdo, le dictaba que algo no estaba bien. El poder del Dragón Celestial no solo le otorgaba fuerza bruta; sus sentidos estaban agudizados hasta un punto donde podía percibir las fluctuaciones en las emociones de quienes lo rodeaban. Y lo que emanaba de Hikigaya era un pozo negro de resentimiento y melancolía.

— Issei-kun, ¿en qué piensas? —preguntó Yui, frotando su mejilla contra el brazo del joven. Su voz era dulce, cargada de una felicidad que rayaba en la euforia—. Todo salió bien. ¡Incluso la mamá de Yukinon dio su permiso! Es como un sueño.

Yukino, recuperando su elegancia habitual pero manteniendo su mano entrelazada con la de Issei, asintió levemente.

— Es inusual, por decir lo menos —comentó Yukino, con la mirada fija en los ojos castaños de Issei—. Mi madre es una mujer que solo se mueve por intereses. El hecho de que haya aceptado nuestra... configuración actual, solo demuestra que tu existencia ha alterado el equilibrio de poder en este mundo más de lo que imaginamos. Pero, Issei, no me importa por qué ella lo aceptó. Me importa que ahora podemos estar juntos sin ocultarnos.

Issei les dedicó una sonrisa cálida, aunque algo forzada.

— Me alegra mucho, de verdad. Es solo que... Hachiman parecía realmente afectado. No me gusta que las cosas terminen así con él. Somos amigos, ¿no?

Yukino suspiró, su expresión volviéndose gélida por un instante al mencionar al chico de ojos de pescado podrido.

— Hikigaya-kun siempre ha tenido una visión distorsionada de la realidad —sentenció ella—. Se enorgullece de su soledad, pero en el fondo, desprecia el éxito ajeno porque le recuerda sus propias carencias. No puedes cargar con su infelicidad, Issei. Es una elección que él ha tomado.

— ¡Pero Yukinon! —intervino Yui, con un tono de reproche—. Hikki también es nuestro amigo. Aunque... es verdad que hoy se portó un poco raro. Estaba muy enfadado.

En el interior de Issei, una voz profunda y resonante vibró, audible solo para él.

— "Compañero, no seas ingenuo" —retumbó Ddraig—. "Ese humano te mira como si fueras un ladrón. Has tomado lo que él deseaba pero nunca tuvo el valor de reclamar. Para él, tu poder es un insulto a su filosofía de debilidad aceptada. Ten cuidado; los celos de un hombre que no tiene nada que perder pueden ser tan corrosivos como el veneno de Samael".

Issei ignoró mentalmente el consejo del dragón y se centró en las dos chicas.

— Iré a hablar con él mañana. Por ahora... supongo que deberíamos irnos. Se está haciendo tarde.

— Tienes razón —dijo Yukino, recogiendo sus cosas con movimientos precisos—. Pero antes, Issei... hay algo más. Si mi madre ya está al tanto de tu verdadera naturaleza, significa que otras familias influyentes también lo estarán. No solo demonios o ángeles, sino clanes humanos con conexiones en el mundo oculto. Nuestra relación será el centro de muchas intrigas.

— Que vengan —respondió Issei con una determinación que hizo que su aura carmesí destellara un segundo—. Nadie les pondrá una mano encima. Se los prometí.

***

Mientras tanto, Hachiman Hikigaya caminaba por las calles de Chiba, pateando una lata vacía con una rabia que no lograba disipar. El atardecer, que antes le parecía una metáfora adecuada para su vida tranquila y mediocre, ahora se sentía como una burla. El cielo era naranja y rojo, los colores de Issei Hyoudou.

— Es patético —se dijo a sí mismo, apretando los dientes—. Realmente patético.

¿Desde cuándo se había vuelto tan dependiente del Club de Servicio? Él siempre había sido el observador, el que no necesitaba a nadie. Pero ver a Yukino, la chica que lo desafiaba intelectualmente, y a Yui, la que le brindaba una calidez que nunca pidió pero que terminó necesitando, rendidas ante Issei... era demasiado. No era solo que Issei fuera fuerte. Era que Issei era "bueno". Era honesto, valiente y, para colmo, ahora era prácticamente un dios.

— El mundo es una broma de mal gusto —masculló Hachiman, deteniéndose frente a un puente—. Las reglas de la lógica no se aplican cuando alguien puede simplemente "evolucionar" y obtener todo lo que quiere. El esfuerzo, el sacrificio social, el cinismo... nada de eso importa frente a un dragón.

— Pareces estar pasando por una crisis existencial bastante interesante, Hikigaya-kun.

Hachiman se sobresaltó y se giró. Apoyada contra la barandilla del puente estaba Haruno Yukinoshita. La hermana mayor de Yukino lucía su habitual sonrisa enigmática, pero sus ojos brillaban con una intensidad depredadora.

— Haruno-san —dijo Hachiman, recuperando su tono apático—. ¿Vienes a burlarte de mi miseria o solo pasabas por aquí para arruinar el día de alguien?

— ¡Qué rudo! —rio ella, aunque la risa no llegó a sus ojos—. En realidad, vengo de hablar con mi madre. Parece que el pequeño Issei ha causado una impresión bastante profunda en la familia Yukinoshita. ¿Puedes creerlo? Mi madre, aceptando un ménage à trois. El mundo se está acabando, ¿verdad?

Hachiman desvió la mirada hacia el río.

— A tu madre solo le importa el poder. Issei tiene suficiente para borrar esta ciudad del mapa si estornuda demasiado fuerte. Es lógico que quiera tenerlo cerca.

Haruno se acercó a él, invadiendo su espacio personal. El perfume de la joven era embriagador, pero Hachiman solo sentía peligro.

— ¿Y a ti? ¿Te parece lógico? —susurró ella—. Sé cómo miras a Yukino. Y sé cómo Yui te buscaba antes de que el "Dragón" apareciera. Te han dejado atrás, Hikigaya-kun. Eres el personaje secundario que se queda en la estación mientras el tren del héroe se aleja hacia el horizonte.

— No necesito que me lo digas —respondió él con amargura—. Soy consciente de mi lugar en el mundo.

— ¿Lo eres? —Haruno ladeó la cabeza—. Issei es honesto, sí. Es tan honesto que es cegador. Pero esa honestidad es lo que más duele, ¿no? Él no te quitó a las chicas con trucos. Se las ganó simplemente siendo él mismo y teniendo un poder que tú jamás podrías soñar. Es una derrota absoluta.

Hachiman sintió un nudo en el estómago. Haruno siempre sabía dónde presionar para causar el máximo dolor.

— ¿Qué quieres, Haruno?

— Solo quería ver esa expresión en tu cara —dijo ella, recuperando su postura—. Pero también quería advertirte. Issei Hyoudou es ahora el ser más fuerte de la historia. Eso atrae moscas. Moscas muy grandes y peligrosas. Si te quedas cerca de él por despecho o por lealtad, terminarás aplastado. Y si intentas interponerte entre él y mi hermana... bueno, dudo que quede algo de ti para contar la historia.

Haruno se dio la vuelta y comenzó a alejarse, pero se detuvo un momento.

— Por cierto, mañana habrá una reunión en la academia. El consejo estudiantil y los clubes importantes deben asistir. Se anunciará una "colaboración especial". Issei será el centro de atención, como siempre. Intenta no llorar frente a todos, ¿quieres?

Hachiman se quedó solo en el puente, el frío de la noche comenzando a calar en sus huesos. La envidia no era una emoción que solía permitirse, pero ahora, era lo único que lo mantenía en pie.

***

Al día siguiente, la preparatoria Sobu bullía de rumores. La noticia de que Issei Hyoudou había realizado "actos heroicos" durante las vacaciones y que estaba bajo la protección de la familia Yukinoshita se había filtrado de manera estratégica. Ya no era solo el chico que algunos consideraban un pervertido; ahora era una celebridad, un aura de misterio y poder lo rodeaba.

Issei caminaba por los pasillos con Yukino a su izquierda y Yui a su derecha. No era una exageración decir que todos los ojos estaban puestos en ellos. Los chicos miraban a Issei con una mezcla de respeto y envidia pura, mientras que las chicas observaban a Yukino y Yui con asombro.

— Esto es un poco incómodo —susurró Issei, rascándose la mejilla—. Me gustaba más cuando la gente me ignoraba o me lanzaba diccionarios.

— Acostúmbrate, Issei-kun —dijo Yui, abrazando su brazo con orgullo—. Eres increíble, y es normal que todos lo sepan.

— Es una consecuencia necesaria —añadió Yukino, manteniendo la vista al frente—. Al mostrar tu vínculo con nosotras, disuades a muchos pretendientes molestos y, al mismo tiempo, estableces tu territorio. Aunque admito que la atención excesiva es irritante.

Entraron en el salón de actos, donde se llevaría a cabo la reunión mencionada por Haruno. Allí estaba el consejo estudiantil, encabezado por Iroha Isshiki, quien al ver a Issei, cambió su expresión de aburrimiento por una sonrisa radiante y algo calculadora.

— ¡Issei-先輩 (senpai)! —exclamó Iroha, acercándose rápidamente—. He oído cosas increíbles. Dicen que ahora eres alguien muy, muy importante. ¿Es verdad que tienes el apoyo de los Yukinoshita?

Issei sonrió nerviosamente.

— Algo así, Iroha. Es complicado.

— Ya veo, ya veo —dijo ella, lanzando una mirada rápida a Yukino y Yui—. Parece que el Club de Servicio ha acaparado todo el mercado. Qué egoístas son, Yukino-先輩, Yuigahama-先輩.

— Isshiki-san —cortó Yukino con voz gélida—, no estamos aquí para juegos. ¿Cuál es el propósito de esta reunión?

Antes de que Iroha pudiera responder, Hachiman entró en el salón. Se veía cansado, con ojeras más marcadas de lo habitual. No miró a nadie y se sentó en una silla al fondo, tratando de hacerse invisible.

Issei lo vio y, sin dudarlo, se acercó a él.

— ¡Hey, Hachiman! —dijo Issei con sinceridad—. Siento lo de ayer. No quería que te fueras así. De verdad valoro tu opinión, incluso si eres un gruñón.

Hachiman levantó la vista. La honestidad de Issei era como un martillazo. No había rastro de burla en su voz, ni de superioridad. Issei realmente quería seguir siendo su amigo. Y eso, extrañamente, hacía que Hachiman se sintiera peor.

— No te preocupes, Hyoudou —respondió Hachiman con voz monótona—. Solo estaba cansado. No todos tenemos energía de dragón para aguantar dramas familiares y romances triples en un solo día.

— Vamos, no digas eso —insistió Issei, sentándose a su lado—. Eres parte del club. Sin ti, Yukino y Yui se estarían peleando cada cinco minutos y yo no sabría qué hacer. Te necesito para mantener el equilibrio.

— ¿El equilibrio? —Hachiman soltó una risa seca—. Hyoudou, eres el Dragón Celestial más fuerte de todos los tiempos. Puedes reescribir la realidad si te apetece. No necesitas a un tipo cínico que apenas puede mantener una conversación sin insultar a la sociedad.

— Te equivocas —dijo Issei, bajando la voz para que solo Hachiman lo oyera—. Ddraig me dice que mi poder es absoluto, pero yo sé que mi humanidad es frágil. Tú ves el mundo de una forma que yo no puedo. Ves las mentiras y las intenciones ocultas. Ese es un poder que yo no tengo, y que necesito para proteger a Yukino y a Yui de las cosas que no puedo golpear con un puño.

Hachiman se quedó callado. Por un momento, la envidia fue reemplazada por una desconcertante sensación de responsabilidad. Issei no lo estaba mirando hacia abajo; lo estaba mirando como a un igual en un aspecto que el dragón consideraba vital.

Sin embargo, el momento fue interrumpido cuando las luces del salón se atenuaron y una figura apareció en el escenario. No era un profesor. Era un hombre vestido con un traje elegante, de cabello plateado y una presencia que hizo que Ddraig rugiera en la mente de Issei.

— "¡Compañero, alerta! Ese no es un humano ordinario" —advirtió el dragón.

El hombre sonrió, y su mirada se fijó directamente en Issei.

— Saludos, jóvenes de la Academia Sobu —dijo el hombre, su voz resonando con un poder antiguo—. Mi nombre es Rizevim Livan Lucifer. Y he venido a proponer un intercambio cultural con el mundo que ustedes, o al menos uno de ustedes, conoce tan bien.

El silencio en el salón fue total. Yukino se tensó, reconociendo el apellido. Yui se acercó instintivamente a Issei.

Issei se levantó, su brazo izquierdo comenzando a emitir un brillo carmesí.

— ¿Qué hace un Lucifer aquí? —preguntó Issei, su voz ahora cargada de una autoridad divina que hizo que varios estudiantes se encogieran en sus asientos.

Rizevim rio, un sonido carente de toda calidez.

— Oh, solo vengo a ver al famoso Dragón que ha enamorado a las flores de Chiba. Y también... a ver si el mundo humano es tan aburrido como recordaba.

Hachiman, desde su asiento, observó la escena. Vio a Issei dar un paso al frente, protegiendo a todos con su mera presencia. Vio a Yukino y Yui mirarlo con una fe absoluta. Y en ese momento, Hachiman comprendió algo doloroso: su envidia era un lujo que ya no podía permitirse. Si el mundo iba a colapsar debido al poder de Issei, él, el cínico y solitario Hachiman, tendría que encontrar la forma de usar su propia oscuridad para ayudar al dragón a mantener la luz.

— Esto va a ser un dolor de cabeza —susurró Hachiman para sí mismo, aunque por primera vez en mucho tiempo, sus ojos de pescado podrido mostraron una chispa de determinación.

Issei no retrocedió. La batalla por su nueva vida, su relación con Yukino y Yui, y la paz de su entorno apenas estaba comenzando. Y aunque los celos de Hachiman seguían ahí, el vínculo que los unía se estaba transformando en algo que ni siquiera el más fuerte de los dragones podía predecir.

— Si vienes a causar problemas —dijo Issei, mientras el guantelete carmesí se materializaba en su mano—, te sugiero que te vayas ahora. No permitiré que nadie arruine este lugar.

El aire en el salón estalló en una presión insoportable. El Dragón Celestial había despertado por completo, y con él, el destino de todos en la Academia Sobu quedó sellado en una danza de poder, amor y envidia que cambiaría la historia para siempre.