la verdad
El Velo de la Discordia y el Rugido del Destino
La presión en el salón de actos de la Academia Sobu era tan densa que algunos estudiantes de primer año comenzaron a hiperventilar. No era solo el miedo a lo desconocido; era el peso gravitacional de dos voluntades colosales colisionando en un espacio confinado. Issei Hyoudou permanecía de pie, con las piernas ligeramente separadas y el *Boosted Gear* manifestado en su brazo izquierdo. Las gemas verdes del guantelete parpadeaban con un ritmo frenético, como el corazón de una bestia que ha detectado a un depredador de su calibre.
— Vaya, vaya —dijo Rizevim Livan Lucifer, descendiendo del escenario con una elegancia que resultaba insultante—. Qué hospitalidad tan... vibrante. Se nota que las historias sobre el nuevo "Soberano de los Dragones" no eran exageraciones de Sirzechs. Tienes un aura que huele a eternidad, Issei Hyoudou.
— No me interesa tu charla, Rizevim —respondió Issei, su voz resonando con un eco metálico—. Sé quién eres y sé lo que tu facción ha intentado hacer. Si pones un pie fuera de lugar, no me importará que estemos en mi escuela. Te borraré de la existencia antes de que puedas terminar de sonreír.
Yukino se adelantó, colocándose a la espalda de Issei, con los ojos fijos en el intruso. A pesar de ser una humana sin poderes mágicos, su voluntad era de acero.
— Este hombre es un peligro público —sentenció Yukino, su voz cortante como el hielo—. Si es un representante de alguna facción, debería saber que entrar en una institución educativa humana sin previo aviso es una violación de los tratados de paz. Issei, no permitas que te provoque.
Yui, por su parte, se mantenía cerca de los demás estudiantes, tratando de calmarlos, aunque sus manos temblaban.
— ¡Issei-kun, ten cuidado! —gritó ella—. ¡Hay algo en él que me da escalofríos!
Hachiman, sentado todavía en su rincón, observaba la escena con una mezcla de pavor y una extraña lucidez. Mientras todos los demás estaban paralizados por el poder, él estaba analizando la narrativa. Rizevim no estaba allí para pelear, al menos no todavía. Estaba allí para sembrar la semilla de la duda. El "maestro de la soledad" reconoció la táctica de inmediato: era la misma que él usaba para desestabilizar grupos sociales, pero a una escala cósmica.
— ¿Y bien? —intervino Hachiman, su voz arrastrada rompiendo el silencio tenso—. Si vas a dar un discurso de villano, hazlo rápido. Algunos tenemos que ir a casa a fingir que tenemos una vida social.
Rizevim giró la cabeza hacia Hachiman, sus ojos plateados brillando con diversión.
— ¡Ah! El joven Hikigaya. El filósofo del cinismo. He oído que eres el único que no se arrodilla ante el resplandor del dragón. Qué refrescante encontrar a alguien que todavía guarda un poco de resentimiento puro en su corazón.
Issei dio un paso al frente, bloqueando la línea de visión de Rizevim hacia Hachiman.
— Déjalo en paz. Habla conmigo. ¿Qué quieres realmente?
— Solo venía a entregar una invitación —dijo Rizevim, sacando un sobre negro adornado con el sello de la casa Lucifer—. Habrá una cumbre de emergencia. Las facciones están aterrorizadas, Issei. No por los demonios, ni por los ángeles caídos... sino por ti. Un humano que ha alcanzado el nivel de un Dios Dragón y que, para colmo, ha decidido formar un harén con las hijas de la élite de Chiba. Es un desequilibrio que muchos no están dispuestos a aceptar.
El villano lanzó el sobre, que flotó en el aire hasta que Issei lo atrapó.
— Mi nieta, Vali, está ansiosa por verte —continuó Rizevim—. Y creo que a tus pequeñas damas les interesará saber que hay fuerzas moviéndose para "corregir" la anomalía que representas. Disfruten de su romance escolar mientras puedan. El tiempo de los juegos se ha acabado.
Con una carcajada estridente, el cuerpo de Rizevim se desvaneció en partículas de luz plateada, dejando tras de sí un rastro de ozono y una sensación de vacío insoportable.
El salón de actos recuperó su temperatura normal, pero el ánimo de los presentes estaba por los suelos. Shizuka Hiratsuka-sensei entró corriendo en ese momento, con un arma de exorcismo en la mano, pero llegó tarde.
— ¿Están todos bien? —preguntó la profesora, mirando a Issei con preocupación—. Sentí la energía desde la oficina del director. ¿Era él?
— Era un Lucifer —respondió Issei, desactivando el guantelete. Su mano temblaba ligeramente, no de miedo, sino de una rabia contenida—. Dijo que mi existencia es un problema para el equilibrio del mundo.
Yukino se acercó y puso una mano sobre el hombro de Issei.
— Issei, mírame —dijo ella con firmeza—. No importa lo que ese hombre o las facciones digan. Tú no eres una anomalía. Eres tú. Y nosotras estamos contigo por elección propia, no por tu poder.
— ¡Es verdad! —añadió Yui, abrazándolo por la espalda—. ¡No dejaremos que nadie nos separe!
Hachiman se levantó lentamente de su silla. Se sentía como un intruso en un drama épico. La forma en que Yukino y Yui rodeaban a Issei, como si fueran su ancla en la realidad, lo hacía sentir una punzada de envidia que le quemaba el pecho. Él era el que solía resolver los problemas del club con lógica y sacrificio personal. Ahora, los problemas eran de nivel apocalíptico y la solución era simplemente ser el más fuerte.
— Bueno —dijo Hachiman, caminando hacia la salida—, parece que el "Rey del Mundo" tiene mucho en su plato. Si me disculpan, tengo que ir a estudiar. Algunos todavía dependemos de las notas para tener un futuro, ya que no tenemos escamas mágicas que nos protejan.
— ¡Hachiman, espera! —llamó Issei—. Tenemos que hablar sobre lo que dijo ese tipo. Él mencionó que tú...
— Mencionó que soy un resentido —cortó Hachiman sin detenerse—. Y tiene razón. Pero también soy lo suficientemente inteligente para saber que él solo quería usarme para llegar a ti. No te preocupes, Hyoudou. No voy a traicionarte por un par de palabras bonitas de un demonio. Mi odio por la sociedad es mucho más profundo que cualquier oferta que él pueda hacerme.
Hachiman salió del salón, dejando a Issei con una expresión de culpabilidad.
— Déjalo ir, Issei-kun —susurró Yui—. Hikki necesita tiempo. Todo esto es... mucho para él.
***
Esa noche, la residencia de los Yukinoshita era un hervidero de tensión silenciosa. Issei había sido invitado a cenar, tal como la madre de Yukino había exigido. La mesa era larga, de madera oscura y brillante, cubierta con platos de porcelana fina que Issei apenas se atrevía a tocar.
A un lado estaba Yukino, impecable en un vestido formal. Al otro, Yui, que se sentía visiblemente fuera de lugar pero que mantenía la compostura por Issei. En la cabecera, la matriarca del clan Yukinoshita observaba a Issei con una mirada analítica.
— Así que, Rizevim Livan Lucifer se presentó en la escuela —dijo la mujer, rompiendo el silencio—. Es un movimiento audaz. Significa que el mundo sobrenatural ya no está dispuesto a mantener las apariencias. Issei Hyoudou, tu relación con mi hija y la señorita Yuigahama ya no es un asunto privado. Es una declaración de guerra contra el orden establecido.
— No pedí nada de esto —respondió Issei con honestidad—. Solo quería una vida escolar normal. Pero si tengo que pelear para que ellas estén seguras, lo haré. No me importa quién sea el enemigo.
— Esa es la respuesta de un guerrero, pero no la de un líder —replicó la señora Yukinoshita—. Necesitas aliados. Mi familia puede proporcionarte la infraestructura humana, los contactos políticos y la cobertura legal. A cambio, tú garantizas que el nombre Yukinoshita esté vinculado al ser más poderoso del planeta.
Yukino apretó los cubiertos con fuerza.
— Madre, deja de tratar a Issei como una inversión —dijo con voz gélida—. Él es una persona, no una herramienta política.
— En este mundo, Yukino, ambos términos no son mutuamente excluyentes —respondió su madre sin inmutarse—. Issei, ¿estás dispuesto a aceptar el compromiso? Si te unes formalmente a nuestra casa, tendrás que aceptar ciertas responsabilidades. Y eso incluye la protección total de nuestra estirpe.
Issei miró a Yukino. Vio el cansancio en sus ojos, el peso de años de luchar contra las expectativas de su madre. Luego miró a Yui, que le dio un pequeño apretón en la mano por debajo de la mesa.
— Acepto proteger a Yukino y a su familia —dijo Issei con voz firme—. Pero lo haré bajo mis propios términos. No seré un peón de nadie. Soy el Dragón Celestial, y si alguien intenta usarme para sus propios fines, descubrirá por qué incluso los dioses me temen.
Una chispa de respeto, casi imperceptible, cruzó el rostro de la madre de Yukino.
— Muy bien. Veremos si tus acciones respaldan tus palabras.
***
Mientras tanto, en un pequeño parque cerca de la academia, Hachiman Hikigaya estaba sentado en un columpio, balanceándose perezosamente bajo la luz de la luna. Tenía una lata de café Max en la mano, pero el sabor dulce no lograba quitarle el amargor de la boca.
— Es divertido, ¿no? —dijo una voz desde las sombras.
Haruno Yukinoshita emergió de detrás de un árbol, vistiendo un abrigo largo y una bufanda que ocultaba parte de su rostro.
— ¿Otra vez tú? —suspiró Hachiman—. ¿No tienes nada mejor que hacer que acosar a estudiantes de preparatoria con problemas de actitud?
— Oh, Hikigaya-kun, siempre tan modesto —rio Haruno, sentándose en el columpio de al lado—. Estaba pensando en lo que pasó hoy. Issei es realmente impresionante. Tiene todo lo que un hombre podría desear: poder absoluto, la devoción de dos chicas hermosas y el respeto de los líderes mundiales.
— Sí, ya lo sé. Es el protagonista de la historia. Yo soy solo el tipo que escribe los comentarios sarcásticos en el margen —dijo Hachiman.
— ¿Y eso no te molesta? —Haruno se acercó, su voz bajando a un susurro seductor—. ¿No te molesta que él haya obtenido en unos meses lo que tú intentaste construir con años de auto-sacrificio? Yukino te miraba con respeto, Hikigaya-kun. Yui te quería con una pureza que rara vez se ve. Ahora, ellas solo tienen ojos para el "Dragón".
Hachiman apretó la lata de café hasta que el metal crujió.
— Por supuesto que me molesta —admitió él, su voz cargada de una honestidad brutal que rara vez mostraba—. Me quema. Cada vez que los veo juntos, siento que algo dentro de mí se rompe. Siento celos, Haruno. Celos que me hacen querer gritar y destruir algo.
Haruno sonrió, una expresión que era a la vez hermosa y aterradora.
— Esa es la honestidad que me gusta. Pero aquí está el secreto, Hikigaya-kun: el mundo no es justo. Issei no ganó porque fuera "mejor" que tú. Ganó porque nació con un dragón en el alma. Pero tú... tú tienes algo que él nunca tendrá.
— ¿Y qué es eso? ¿Una colección de traumas y una visión pesimista de la vida? —se burló Hachiman.
— Tienes la capacidad de ver la oscuridad debajo del brillo —dijo Haruno—. Issei es demasiado brillante. No puede ver las sombras que se proyectan a su alrededor. Pero tú sí. Y en la guerra que viene, las sombras serán más importantes que la luz.
Haruno se levantó y le puso una mano en el hombro.
— No dejes que tus celos te destruyan, Hikigaya-kun. Úsalos. Conviértete en la sombra que protege lo que Issei no puede ver. Porque te aseguro que, tarde o temprano, ese dragón va a tropezar. Y cuando lo haga, alguien tendrá que estar allí para recoger los pedazos... o para tomar lo que queda.
Hachiman se quedó solo de nuevo. Miró hacia el cielo, donde las estrellas parecían pálidas en comparación con el recuerdo del aura de Issei.
— Proteger lo que él no puede ver... —susurró Hachiman—. Qué ironía. El perdedor protegiendo al ganador.
***
De vuelta en la academia, los días siguientes fueron una extraña mezcla de normalidad y preparativos de guerra. Issei, Yukino y Yui pasaban cada momento libre juntos en el Club de Servicio. La relación entre los tres se había vuelto más natural, aunque no exenta de momentos de timidez.
— Issei-kun, ¡mira! —dijo Yui, mostrándole un pequeño amuleto que había hecho—. Es para tu guantelete. Dice "Protección y Amor". Espero que no interfiera con tu poder.
Issei tomó el amuleto con una ternura que contrastaba con su fuerza bruta.
— Gracias, Yui. Significa mucho para mí.
Yukino levantó la vista de sus documentos. Había estado trabajando en un plan de contingencia por si la academia era atacada de nuevo.
— He hablado con Shizuka-sensei —dijo Yukino—. Las barreras de la escuela han sido reforzadas con magia de la casa Gremory y tecnología de los ángeles caídos. Pero Issei, Rizevim mencionó a una tal "Vali". Ddraig parece inquieto cada vez que escuchas ese nombre.
Issei asintió, su expresión volviéndose seria.
— Vali es el portador del *Divine Dividing*, el Dragón Blanco. Es mi rival destinado. Si ella está con Rizevim, las cosas van a ponerse feas muy pronto. Ella es fuerte, Yukino. Tal vez tan fuerte como yo antes de mi despertar.
— "Compañero" —intervino Ddraig en su mente—, "no subestimes a la portadora de Albion. Ella también habrá sentido tu cambio. El choque entre el Rojo y el Blanco esta vez no será una simple batalla. Será el evento que defina el futuro de este mundo".
Issei se levantó y caminó hacia la ventana del club, mirando hacia el patio donde los estudiantes reían y jugaban, ajenos al peligro que se cernía sobre ellos.
— No dejaré que este lugar sea destruido —prometió Issei—. Ni por Rizevim, ni por Vali, ni por las facciones.
En ese momento, la puerta del club se abrió. Hachiman entró, luciendo su habitual expresión de indiferencia, pero esta vez llevaba una carpeta bajo el brazo.
— He estado investigando —dijo Hachiman, lanzando la carpeta sobre la mesa—. Si ese tipo Lucifer quiere una "cumbre de emergencia", no lo hace para hablar. Lo hace para poner a prueba a las facciones humanas. He analizado los movimientos de las familias influyentes en Chiba. Hay una división. Algunos quieren apoyarte, Hyoudou, pero otros te ven como una amenaza que debe ser eliminada.
Yukino revisó los documentos con rapidez.
— Estos son informes confidenciales del consejo estudiantil y de la asociación de padres... Hikigaya-kun, ¿cómo conseguiste esto?
— Tengo mis métodos —respondió Hachiman, evitando la mirada de Yukino—. Digamos que Haruno-san no es la única que sabe cómo moverse en las sombras. Issei, si vas a esa cumbre, vas a entrar en una trampa. No solo mágica, sino social. Van a intentar desacreditarte, a decir que has "corrompido" a Yukinoshita y a Yuigahama con tus poderes.
Issei apretó los puños.
— Que lo intenten. La verdad está de nuestro lado.
— La verdad no importa en la política —sentenció Hachiman—. Pero yo estaré allí. Alguien tiene que ser el abogado del diablo y señalar las mentiras de esos tipos. Además, alguien tiene que vigilarte para que no hagas ninguna estupidez heroica que empeore las cosas.
Issei sonrió, una sonrisa genuina que hizo que Hachiman desviara la mirada con molestia.
— Gracias, Hachiman. Sabía que podía contar contigo.
— No lo hagas costumbre —gruñó el chico de ojos de pescado—. Solo lo hago porque no quiero que mi escuela se convierta en un campo de batalla interdimensional. Es malo para mi historial académico.
Yui se acercó a Hachiman y, antes de que él pudiera reaccionar, le dio un rápido abrazo.
— ¡Gracias, Hikki! Sabía que seguías siendo nuestro Hikki.
Hachiman se quedó rígido, su rostro tornándose de un rojo violáceo. Yukino sonrió suavemente, una visión que hizo que el corazón de Hachiman diera un vuelco doloroso.
— Parece que el Club de Servicio vuelve a estar completo —dijo Yukino—. Aunque las circunstancias sean extraordinarias, nuestro objetivo sigue siendo el mismo: ayudar a quienes lo necesiten. Y ahora, parece que el mundo entero necesita nuestra ayuda.
Issei se colocó en el centro del grupo, su presencia irradiando una calidez protectora.
— Entonces, preparémonos. El Dragón Celestial, la Reina de Hielo, el Rayo de Sol y el Maestro de las Sombras... No creo que haya nada que no podamos enfrentar juntos.
Mientras el sol se ponía sobre la Academia Sobu, proyectando sombras alargadas sobre el salón del club, el pacto entre ellos se selló. Iban a enfrentar a dioses y demonios, a navegar por las traiciones de la alta sociedad y a luchar contra el destino mismo. Issei Hyoudou era el dragón más fuerte, pero en ese pequeño salón, rodeado de Yukino, Yui y un Hachiman reacio pero leal, se sentía más humano que nunca. Y era esa humanidad, alimentada por el amor y la amistad, la que se convertiría en su arma definitiva contra la oscuridad que acechaba en el horizonte.