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La verdadera cara

El Contacto Inesperado y la Revelación de los Antiguos

La Sala de los Menesteres se había desvanecido, dejando a Hermione de pie en un pasillo silencioso de Hogwarts, el eco de sus propios pensamientos resonando en sus oídos. La conversación con Theodore Nott había sido un torbellino de emociones, una mezcla de alivio y una ansiedad renovada. Había confiado en un Slytherin, algo que su yo de primer año habría considerado una traición a todo lo que creía. Pero este no era su yo de primer año. Esta era Hermione Granger, hija de Anthony Stark, heredera de una magia ancestral, y su mundo se estaba expandiendo de formas que nunca imaginó.

Los días siguientes fueron una tensión constante. Hermione se sumergió en sus estudios con una intensidad renovada, pero su mente estaba en otra parte. Cada vez que veía a Harry, sentía la punzada de la culpa por no poder compartir con él la carga que llevaba. Cada vez que Draco Malfoy pasaba por su lado, lanzándole una mirada despectiva o un comentario mordaz, Hermione sentía una mezcla de irritación y una extraña, casi incómoda, sensación de que la profecía no estaba tan equivocada. Y Theodore Nott… él era una presencia silenciosa, una fuerza tranquilizadora en el caos. Se encontraban furtivamente en la biblioteca, intercambiando sus avances.

Theodore había logrado lo impensable. Había contactado a Anthony Stark.

–Fue a través de un intermediario, claro –le había explicado Theodore en una de sus reuniones secretas en un aula abandonada–. Mi padre tiene un socio de negocios que, al parecer, tiene conexiones con Stark Industries. Le envié una carta, en clave, por supuesto, mencionando un "asunto familiar urgente" relacionado con una "señora Granger" y una "antigua reliquia".

Hermione había temblado de emoción.

–¿Y? ¿Respondió?

Theodore había sonreído, una rara y pequeña sonrisa que apenas le llegaba a los ojos.

–Sí. No directamente Stark, pero un asistente. Han programado una videollamada para el próximo sábado por la noche. En el despacho del director. Necesitaremos la red Flú.

La noticia había sido un shock. Dumbledore. El director. ¿Cómo iban a explicarle todo eso?

El sábado por la noche, Hermione y Theodore se dirigieron al despacho del director, sus nervios a flor de piel. Theodore llevaba consigo un pequeño dispositivo muggle, una especie de proyector que había "tomado prestado" de los archivos de su padre.

–Es un proyector holográfico –explicó Theodore en voz baja mientras subían por la escalera de caracol–. Para que la videollamada sea más... inmersiva. Y para que Dumbledore vea que no estamos bromeando.

Al llegar a la gárgola, Hermione susurró la contraseña que había escuchado a Harry usar una vez, "Sorbetes de Limón", y la estatua cobró vida, abriéndoles el paso.

Dumbledore estaba sentado detrás de su imponente escritorio, con los ojos brillantes y una sonrisa enigmática.

–Ah, señorita Granger, señor Nott. Los esperaba.

Hermione se quedó sin aliento.

–¿Sabía que vendríamos, profesor?

–Digamos que tengo mis formas de saber cuándo un poco de magia inusual está en el aire –respondió Dumbledore, sus ojos centelleando–. Y la llamada que recibí de un tal señor Hogan, de Stark Industries, fue bastante... peculiar.

Theodore colocó el proyector en el escritorio y lo encendió. Un haz de luz azul se proyectó en el centro de la habitación.

–Profesor, esto es... complicado –comenzó Hermione, su voz temblorosa.

–No se preocupe, señorita Granger. La vida rara vez es sencilla. Adelante.

Justo entonces, el haz de luz parpadeó y una figura apareció en el centro de la habitación. No era una imagen plana, sino un holograma tridimensional, tan vívido que parecía real. Era Anthony Stark, con su barba bien cuidada y sus ojos inteligentes, aunque con un toque de cansancio. Llevaba una camiseta oscura y parecía estar en un laboratorio, con maquinaria futurista de fondo.

–Bueno, bueno, bueno –dijo Stark, su voz resonando en la habitación–. ¿Así que esta es la famosa Hogwarts? Más gótico de lo que esperaba. Y ustedes deben ser... ¿los que me contactaron sobre mi hija?

Hermione se sintió repentinamente expuesta, sus secretos al descubierto.

–Señor Stark... –comenzó, pero él la interrumpió.

–Por favor, llámame Tony. Y tú debes ser Hermione. Definitivamente tienes los rizos de tu madre. Y esa mirada de "voy a resolver esto" que me recuerda a mí mismo... aunque no lo admitiría en voz alta.

Hermione se sonrojó.

–Soy yo.

Tony la miró fijamente, con una mezcla de curiosidad y una profunda tristeza en sus ojos.

–He estado esperando este día. O temiendo, no estoy seguro. Tu madre... ella quería protegerte de todo esto. De mi mundo. Y del tuyo.

–¿Mi madre? –preguntó Hermione, sintiendo un nudo en el estómago–. ¿Usted la conoció?

Tony suspiró.

–Claro que la conocí. Ella era... excepcional. Su nombre era Elara. Era una bruja, sí. Pero también una científica brillante, una lingüista, una artista. Nos conocimos en un simposio en Suiza. Fue una de esas cosas que solo pasan en las películas. Chispas. Magia, literalmente.

Dumbledore carraspeó suavemente.

–Con todo respeto, señor Stark, ¿podría ir al grano? Hay mucha información que la señorita Granger necesita comprender.

Tony asintió.

–Cierto. Elara y yo nos enamoramos. Ella me habló de su mundo, de la magia. Yo le hablé del mío, de la ciencia, de las estrellas. Tuvimos una hija. Tú. Pero el mundo mágico... no estaba listo para una Stark-Granger. Y mi mundo... era demasiado peligroso. Elara tenía enemigos. Muchos. Y no solo en tu mundo. Había una profecía, una antigua. Decía que nuestra hija sería la clave para un poder que podría salvar o destruir ambos mundos. La "Magia Primordial", como la llamaban.

Hermione sintió un escalofrío al escuchar las palabras de la carta confirmadas por Tony.

–¿Magia Primordial? –preguntó Theodore, su voz tranquila pero con una evidente fascinación.

–Sí. Una fuerza anterior a todo lo que conocen. Una energía cósmica que fluye a través de linajes específicos. Elara era una de esas. Y tú, Hermione, eres la siguiente. Pero el poder era demasiado grande para una sola persona. La profecía decía que necesitarías a tres "almas gemelas" para controlarlo. Para evitar que te consumiera.

–"El corazón puro y valiente, el elegido" –recitó Hermione, mirando a Dumbledore, quien asintió lentamente.

–"La mente aguda y atormentada, el que se opone y complementa" –continuó Theodore, lanzando una mirada significativa a Hermione.

–Y "el espíritu sereno y observador, el que equilibra" –terminó Hermione, sus ojos fijos en Theodore.

Tony asintió.

–Exactamente. Elara investigó esto durante años. Creía que la profecía era una bendición, pero también una condena. Que el poder de la Magia Primordial era necesario para luchar contra una amenaza inminente. Una amenaza que se cierne sobre ambos mundos.

–¿Qué amenaza? –preguntó Hermione, sintiendo que la situación se volvía aún más grave.

–Eso es lo que no pudo averiguar. O lo que no me dijo del todo. Pero sabía que el tiempo se agotaba. Por eso te dejó en el mundo Muggle, con los Granger. Para protegerte. Para que crecieras sin la presión de la profecía, hasta que fuera el momento adecuado.

–Pero si mi madre era una bruja... ¿por qué no me explicó todo esto? ¿Por qué se fue? –La voz de Hermione se quebró.

Tony bajó la mirada.

–Elara... fue asesinada. No mucho después de dejarte con los Granger. La encontraron. Intentaron obtener información de ella sobre la Magia Primordial. No se la dio. Yo la busqué. La encontré demasiado tarde.

Un silencio pesado llenó la habitación. Hermione sintió un dolor agudo en el pecho, una oleada de tristeza por una madre que nunca conoció y que había sacrificado todo por ella.

–Mi madre... ¿quién la mató?

Tony levantó la vista, sus ojos duros.

–Una organización que opera en las sombras, en ambos mundos. La llamaban la "Corte de la Sombra". Buscan el poder de la Magia Primordial para sus propios fines. Por eso te envié la carta. Es hora de que sepas la verdad. Es hora de que te prepares.

–¿Prepararme para qué? –preguntó Hermione, su voz apenas un susurro.

–Para despertar ese poder. Para encontrar a tus almas gemelas. Y para luchar. No solo por ti, sino por todo. Elara creía que tú eras la única que podía detenerlos.

Dumbledore intervino, su voz resonando con autoridad.

–Señor Stark, entiendo la urgencia, pero la señorita Granger es una estudiante. Y el mundo mágico tiene sus propias protecciones.

–Con todo respeto, director –dijo Tony, su holograma inclinándose ligeramente–, las protecciones del mundo mágico no son suficientes. Esta amenaza es más antigua que Hogwarts, más antigua que el mismo Ministerio. Necesitamos trabajar juntos. Yo puedo ofrecer tecnología, recursos, información sobre la Corte de la Sombra en el mundo Muggle. Pero ella necesitará su guía en el mundo mágico. Y sus almas gemelas.

–Entiendo –dijo Dumbledore, sus ojos fijos en Hermione–. Señorita Granger, esta es una carga inmensa. Pero también un gran honor. Su madre era una mujer excepcional.

–¿Y la profecía? –preguntó Hermione, tratando de asimilar toda la información–. ¿Cómo se activa la Magia Primordial?

Tony se encogió de hombros.

–Esa es la parte que Elara no llegó a descifrar por completo. Sabía que la unión de las tres almas gemelas era crucial. Que un "acto de amor incondicional" sería el catalizador. Pero la naturaleza exacta de ese acto... no lo sé. Tendrás que descubrirlo.

Hermione miró el colgante en su cuello, la runa brillando tenuemente.

–¿Y esta runa?

–Es un amplificador –explicó Tony–. Elara lo diseñó. Canaliza la Magia Primordial. Es una llave y un escudo. Mantenla siempre contigo.

–Profesor Dumbledore –intervino Theodore–, con el debido respeto, creo que el señor Stark tiene razón. Si esta amenaza es tan grave, no podemos ignorarla. Y si la señorita Granger es la clave, entonces debemos ayudarla.

Dumbledore asintió, su mirada pensativa.

–Tiene razón, señor Nott. Esto es... una situación sin precedentes. Señorita Granger, le ofrezco mi apoyo incondicional. Pero esto será peligroso. Y requerirá una discreción absoluta.

–Lo entiendo, profesor –dijo Hermione, sintiendo una nueva determinación crecer en su interior. Ya no era solo una estudiante, una sabelotodo. Era la hija de Anthony Stark, la heredera de Elara, y tenía un destino que cumplir.

–Bien –dijo Tony, su holograma comenzando a parpadear–. Mi tiempo se acaba. Mantendré el contacto a través de Nott. Y, por favor, Hermione, ten cuidado. El mundo es más grande y más peligroso de lo que crees. Y estoy orgulloso de ti.

El holograma de Tony Stark se desvaneció, dejando a los tres en silencio.

–Bueno –dijo Dumbledore, rompiendo el silencio–. Eso fue... informativo.

Hermione se sintió abrumada, pero también extrañamente liberada. La verdad, por fin. Una madre que era una heroína, un padre que era un genio, y un destino que la esperaba.

–Entonces, ¿qué hacemos ahora? –preguntó Hermione, mirando a Theodore.

Theodore se ajustó las gafas.

–Ahora, Granger, investigamos. Y planeamos. Tenemos un padre en el mundo Muggle que contactar, una magia ancestral que comprender, y dos almas gemelas más que... convencer.

–Convencer a Malfoy será la parte más difícil –dijo Hermione, con un suspiro.

Dumbledore sonrió.

–La vida tiene una forma peculiar de unir a las personas, señorita Granger. Y a veces, los mayores desafíos nos traen las mayores recompensas.

Hermione asintió. La tarea que tenía por delante era monumental. Pero ya no estaba sola. Tenía a Theodore, un aliado inesperado y brillante. Tenía la promesa de ayuda de Dumbledore y de su padre, Anthony Stark. Y, en algún lugar, tenía a Harry, su corazón puro y valiente, y a Draco Malfoy, su mente aguda y atormentada.

El camino hacia el despertar de la Magia Primordial estaba lleno de peligros y misterios, pero Hermione Granger, con su inteligencia, su coraje y el legado de sus padres, estaba lista para enfrentarlo. El mundo estaba a punto de cambiar, y ella era la clave.