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La verdadera cara

El Canto de la Serpiente y el Eco del Corazón

La revelación de Tony Stark había dejado a Hermione en un estado de euforia y terror a partes iguales. La Sala de los Menesteres se había transformado en un aula de estrategia, con Theodore Nott y ella sentados frente a un mapa del mundo, que la sala había conjurado espontáneamente.

–Entonces, Granger –dijo Theodore, señalando el mapa con un gesto–, tenemos un objetivo claro: despertar la Magia Primordial. Y para eso, necesitamos a Potter y a Malfoy.

–Harry es... manejable –murmuró Hermione, pensando en la forma en que Harry siempre se lanzaba de cabeza a cualquier aventura. –El problema es Draco.

–Malfoy –corrigió Theodore, un atisbo de sonrisa en sus labios. –Y sí, es un problema. Pero la profecía es explícita: "la mente aguda y atormentada, el que se opone y complementa". Es su naturaleza conflictiva lo que lo hace esencial.

–¿Cómo se supone que vamos a "activar" a Malfoy? –preguntó Hermione, frustrada. –No puedo simplemente ir y decirle: "Draco, eres mi alma gemela y necesitamos que nos ayudes a salvar el mundo con magia ancestral." Se reiría en mi cara. O me llamaría sangre sucia. O ambas.

–Necesitamos una situación que lo obligue a enfrentar la verdad –reflexionó Theodore. –Algo que no pueda ignorar. Algo que lo ponga en peligro, o que lo haga sentir útil. Malfoy tiene un ego considerable.

Hermione golpeó suavemente la mesa.

–No podemos ponerlo en peligro deliberadamente, Nott. Y a Harry tampoco.

–No, claro que no –dijo Theodore. –Pero el peligro parece encontrar a Potter con bastante regularidad. Y Malfoy siempre está cerca, de una forma u otra.

Un plan comenzó a gestarse en la mente de Hermione.

–El colgante –dijo, tocando la runa en su cuello. –Tony dijo que era un amplificador y un escudo. ¿Crees que podría emitir algún tipo de señal?

Theodore se inclinó, examinando el colgante.

–Es posible. La Magia Primordial se basa en la energía cósmica. Si la runa está diseñada para canalizarla, podría tener un efecto de atracción o resonancia con aquellos que están destinados a unir fuerzas con ella.

–Entonces, si liberamos un poco de esa energía, tal vez... –Hermione se interrumpió, una idea arriesgada asomando.

–¿Tal vez atraigamos la atención de Malfoy? –completó Theodore, sus ojos brillando con una mezcla de cautela y emoción. –Es arriesgado. Podríamos atraer a la Corte de la Sombra. O a cualquier otra criatura mágica que sienta la energía.

–Pero si lo hacemos con cuidado, en un lugar controlado... –Hermione se puso de pie, su mente ya en marcha. –La Sala de los Menesteres. Es el lugar perfecto.

Decidieron probarlo al día siguiente, después de las clases. Hermione pasó el día en un estado de nerviosismo. ¿Funcionaría? ¿Y qué pasaría si Draco aparecía? ¿Cómo reaccionaría?

Esa tarde, la Sala de los Menesteres se transformó en una réplica del Bosque Prohibido, pero con un claro en el centro. El aire era pesado, cargado de una energía latente.

–¿Estás segura de esto, Granger? –preguntó Theodore, su varita lista.

–Tan segura como se puede estar –respondió Hermione, respirando hondo.

Se concentró en el colgante, sintiendo un calor familiar extenderse desde la runa. Cerró los ojos, visualizando la energía cósmica de la que Tony había hablado, intentando guiarla, como si fuera una extensión de su propia magia. No era magia de varita, no era un encantamiento. Era algo más primitivo, más instintivo.

Una luz azul verdosa comenzó a emanar del colgante, pulsando al ritmo de su corazón. El claro se iluminó con una luz etérea, y los árboles ilusorios del bosque parecían cobrar vida, sus sombras danzando.

De repente, una voz fría y familiar rompió el silencio.

–¿Qué demonios estáis haciendo aquí, sangre sucia?

Hermione abrió los ojos de golpe. Allí estaba, de pie en un borde del claro, con su varita levantada y una expresión de pura incredulidad en su rostro: Draco Malfoy. Sus ojos grises estaban fijos en el colgante, y su rostro, aunque pálido, mostraba un atisbo de fascinación.

–Malfoy –dijo Theodore, sin bajar la varita. –Parece que nuestra pequeña "señal" ha funcionado.

Draco ignoró a Theodore, sus ojos fijos en Hermione.

–¿Qué es eso? Esa... esa luz. Nunca he visto nada igual.

–Es Magia Primordial –respondió Hermione, con la voz apenas un susurro. –Y tú, Malfoy, eres parte de ella.

Draco soltó una carcajada amarga.

–¿Yo? ¿Parte de tu magia de sangre sucia? Has perdido la cabeza, Granger.

Pero incluso mientras hablaba, un leve brillo plateado comenzó a emanar de su propia varita, un eco de la luz del colgante de Hermione. Era sutil, casi imperceptible, pero estaba allí.

Hermione lo notó. Theodore también.

–Lo ves, Malfoy –dijo Theodore, con una voz calmada. –No es solo la magia de Granger. Es algo más. Algo que resuena contigo.

Draco miró su varita, luego a Hermione, sus ojos grises llenos de una confusión que rara vez mostraba.

–Esto... esto es imposible.

–No lo es –dijo Hermione, acercándose un paso. –Mi padre es Anthony Stark. Mi madre era una bruja llamada Elara. Y hay una profecía. Una profecía que dice que tú, yo y Harry Potter somos almas gemelas destinadas a despertar esta magia.

Draco se tambaleó, como si hubiera recibido un golpe físico.

–¿Anthony Stark? ¿Iron Man? ¿Estás demente? Y ¿almas gemelas? ¿Con Potter? ¿Con una... sangre sucia como tú?

El insulto no picó tanto como otras veces. Hermione estaba demasiado concentrada en la verdad que se revelaba.

–La profecía dice: "la mente aguda y atormentada, el que se opone y complementa" –recitó Hermione. –Eres tú, Draco. Siempre has sido tú.

Draco se rió de nuevo, pero esta vez fue una risa sin humor, casi un gruñido.

–¡Tonterías! Soy un Malfoy. Estoy destinado a la grandeza, no a ser el complemento de una...

De repente, la luz del colgante de Hermione se intensificó, y el brillo plateado de la varita de Draco se volvió más pronunciado. Una fuerza invisible pareció tirar de ellos, acercándolos. Draco se resistió, sus músculos tensos, pero la fuerza era ineludible.

–¡Apaga eso, Granger! –siseó Draco, su voz tensa.

–No puedo –dijo Hermione, sintiendo que la energía la envolvía. –No sé cómo hacerlo.

La luz se hizo cegadora, y un pulso de energía recorrió la Sala de los Menesteres. Los árboles ilusorios se estremecieron, y el aire se llenó de un zumbido.

De repente, la luz se desvaneció tan rápido como había aparecido, dejando la sala en un silencio sepulcral, solo roto por sus respiraciones agitadas. Draco estaba a solo unos centímetros de Hermione, sus ojos fijos en los de ella, una mezcla de terror y algo más profundo en su mirada.

–¿Qué... qué ha sido eso? –preguntó Draco, su voz ronca.

–Una demostración –dijo Theodore, bajando su varita. –La Magia Primordial reacciona a la presencia de sus almas gemelas.

Draco se apartó de Hermione bruscamente, como si la hubiera quemado.

–No. Esto no es real. Es una trampa. Una broma de Potter.

–No es una broma, Malfoy –dijo Hermione, su voz firme. –Mi madre murió por esto. Y una organización llamada la Corte de la Sombra la busca. Y ahora nos busca a nosotros.

La mención de la Corte de la Sombra pareció golpear a Draco. Su expresión cambió, pasando de la incredulidad a una tensa seriedad.

–¿La Corte de la Sombra? –murmuró. –Mi padre... él hablaba de ellos. Decía que eran una leyenda. Un grupo de magos oscuros que buscaban poder más allá de lo que Voldemort podía imaginar.

–Son reales –confirmó Theodore. –Y quieren la Magia Primordial.

Draco se pasó una mano por el pelo, su mente claramente trabajando a toda velocidad. El shock inicial estaba dando paso a la fría lógica Slytherin.

–Entonces, ¿estáis diciendo que la única forma de detenerlos es que yo, Potter, y tú, Granger, nos unamos para desatar una magia que ni siquiera entendemos?

–Básicamente, sí –dijo Hermione. –La profecía dice que un "acto de amor incondicional" será el catalizador.

Draco soltó una risa seca.

–¿Amor incondicional? ¿Entre nosotros tres? Eso es más descabellado que la idea de que seas la hija de Iron Man.

–Lo sé –admitió Hermione. –Pero el colgante... y lo que acabas de sentir. No puedes negarlo, Draco.

Draco la miró fijamente, sus ojos grises buscando una mentira, pero no encontrando ninguna.

–¿Y qué pasa si me niego? –dijo, su voz volviendo a su tono habitual de arrogancia, aunque con un matiz de incertidumbre.

–Entonces, la Corte de la Sombra te encontrará de todos modos –dijo Theodore con calma. –Y no creo que sean muy amables con los que se interponen en su camino. Tu familia ha estado involucrada en la magia oscura durante generaciones, Malfoy. Tienes más conexiones con este tipo de cosas de lo que crees.

Draco apretó la mandíbula.

–No voy a unirme a ti y a Potter para salvar el mundo. No soy un héroe.

–Nadie te está pidiendo que seas un héroe, Malfoy –dijo Hermione. –Solo te estamos pidiendo que te protejas a ti mismo y, quizás, que protejas a todos los demás. Incluidos los que te importan.

La cara de Draco se contrajo. Hermione sabía que había dado en el clavo. A pesar de toda su arrogancia, Draco se preocupaba por sus padres, a su manera retorcida. La amenaza de la Corte de la Sombra era real, y si su familia podía verse afectada, eso era un motivador poderoso.

–¿Y Potter? –preguntó Draco, cambiando de tema. –¿Ya lo sabe?

–Todavía no –dijo Hermione. –Quería hablar contigo primero. Eres... más complicado.

Draco resopló.

–Lo creas o no, Granger, no es tan fácil manipularme.

–Lo sé –dijo Hermione, una pequeña sonrisa asomando en sus labios. –Por eso te necesitamos. Tu mente aguda, tu escepticismo. Nos mantendrás a raya, nos harás pensar.

Draco la miró fijamente, y Hermione sintió una extraña chispa entre ellos, no de confrontación, sino de reconocimiento. La profecía no hablaba de amor romántico, sino de complementariedad. Y, a pesar de sus diferencias, Draco y ella siempre se habían complementado en el campo de batalla intelectual.

–Entonces, ¿cuál es el plan? –preguntó Draco, su voz más suave de lo que Hermione había escuchado en años. La admisión implícita de que estaba, al menos, considerando la posibilidad, fue un triunfo para Hermione.

–El plan es investigar –dijo Theodore. –Necesitamos saber más sobre la Magia Primordial, sobre la Corte de la Sombra. Y necesitamos encontrar la manera de activar a Potter sin asustarlo demasiado.

–Potter es un idiota impulsivo –dijo Draco. –No creo que haya forma de no asustarlo.

–Lo sé –dijo Hermione. –Pero él es el corazón puro y valiente. Su instinto lo guiará.

–Y tu, Granger –dijo Draco, sus ojos grises fijos en ella–, ¿qué eres tú en esta... profecía?

–Yo soy la heredera –respondió Hermione, tocando el colgante. –La que debe unir las piezas.

Draco asintió lentamente.

–Bien. Entonces, si realmente vamos a hacer esto, necesito saber todo. No voy a entrar a ciegas en una misión para salvar el mundo con una sangre sucia y el Niño que Vivió.

–Lo entendemos –dijo Theodore. –Esta noche, en la Sala de los Menesteres, nos reuniremos. Te pondremos al día con todo lo que sabemos.

Draco dudó un momento, luego se dio la vuelta para irse.

–No esperéis que sea amistoso –murmuró, antes de desaparecer por la puerta ilusoria de la Sala de los Menesteres.

Hermione y Theodore se miraron, un suspiro de alivio escapándose de ambos.

–Eso fue... mejor de lo que esperaba –dijo Theodore.

–Apenas –dijo Hermione, pero había una sonrisa en su rostro. –Pero al menos no nos maldijo. Y no dijo que no.

–Un paso a la vez, Granger –dijo Theodore. –Un paso a la vez.

Hermione sabía que la parte más difícil aún estaba por llegar. Convencer a Harry, lidiar con la personalidad volátil de Draco, y desentrañar los misterios de la Magia Primordial. Pero por primera vez, sintió que las piezas estaban empezando a encajar. El canto de la serpiente había respondido al eco del corazón, y el destino, por fin, estaba poniéndose en marcha. La Corte de la Sombra no sabía lo que se les venía encima. No sabían que la hija de Anthony Stark, la heredera de Elara, había encontrado a sus almas gemelas. Y que el mundo, el mundo mágico y el muggle, estaba a punto de cambiar para siempre.