𝙻𝚒𝚝𝚝𝚎 𝚂𝚎𝚌𝚛𝚎𝚝 | Joonham
The Silent Language of Fanservice
El eco de los bajos de "DUN DUN" todavía retumbaba en mis oídos mientras caminaba por los pasillos de la empresa. Eran las tres de la tarde y el sol de mayo golpeaba con fuerza a través de los ventanales de YG Entertainment. Mi cabello platinado, aunque lucía increíble en cámara, empezaba a sentirse como paja debido a la decoloración constante. Me pasé una mano por la nuca, suspirando.
Ser el líder de S—SIDE no solo implicaba guiar las prácticas o hablar en las entrevistas; implicaba mantener un equilibrio precario entre lo que el mánager esperaba de nosotros y lo que realmente estaba sucediendo en el dormitorio. Y lo que estaba sucediendo era que yo, Choi Joonho, estaba perdiendo la cabeza por mi mejor amigo.
Me detuve frente a la sala de práctica número 4. A través del cristal, vi a Zhanwei. No estaba bailando. Estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en el espejo, leyendo un guion para su próximo proyecto actoral. Su cabello rojo oscuro caía sobre su frente, ocultando parcialmente sus ojos. Se veía tan jodidamente tranquilo que me dio envidia.
Entré sin hacer ruido, pero él levantó la vista de inmediato. Sus instintos eran afilados, siempre alerta.
— Llegas tarde para el ensayo de la unidad, líder —dijo con esa voz grave que parecía vibrar desde el fondo de su pecho.
— El mánager me retuvo hablando de las métricas de preventa —respondí, dejándome caer a su lado con un quejido dramático—. Dicen que el concepto de "Vision Up" está funcionando mejor de lo esperado. Sobre todo... bueno, ya sabes.
Zhanwei cerró su libreto con un golpe seco. Sabía perfectamente a qué me refería. Las redes sociales estaban inundadas de capturas de pantalla de nosotros dos. El momento en el que nuestras espaldas se rozaban, la forma en que yo lo miraba durante mi verso de rap. El "Joonham" era tendencia global.
— El fanservice está dando resultados —comentó él, su tono era neutro, casi clínico—. Es lo que querían. Hicimos un buen trabajo siguiendo las instrucciones.
Me dolió. No debería, porque técnicamente tenía razón, pero me dolió la facilidad con la que clasificaba todo como "trabajo".
— ¿Solo fue eso para ti? —pregunté, intentando que mi voz sonara casual, como si fuera una broma—. ¿Solo trabajo? Porque casi me muerdes el labio en la toma tres, Zhan.
Él se tensó. Fue un movimiento sutil, apenas un endurecimiento de sus hombros, pero lo noté. Zhanwei siempre era así: un muro de contención que solo dejaba pasar lo que él quería.
— Las cámaras estaban grabando, Joonho. Si vamos a hacerlo, hay que hacerlo bien. Soy actor, ¿recuerdas? Sé cómo vender una emoción.
— A veces eres un idiota —murmuré, poniéndome de pie para empezar a calentar.
— Y tú eres demasiado emocional —respondió él, aunque esta vez noté un deje de suavidad en su voz rasposa.
Empezamos a practicar la coreografía de "THE BADDEST". Éramos una dupla extraña pero funcional. Yo era todo movimiento fluido y energía desbordante; él era precisión, fuerza controlada y una presencia escénica que intimidaba. A pesar de su altura, Zhanwei se movía con una gracia que delataba sus años de entrenamiento.
En un punto de la canción, hay un movimiento donde él debe sujetarme por la cintura para impulsarme. Lo habíamos hecho mil veces, pero hoy, el aire se sentía pesado. Cuando sus manos grandes y frías se cerraron alrededor de mi cintura, sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado de la sala.
— Estás fuera de tiempo —susurró él cerca de mi oreja.
— Es porque me aprietas demasiado —mentí, sintiendo mi rostro arder.
Él me soltó de golpe, pero no se alejó. Se quedó a escasos centímetros, obligándome a mirarlo. Sus ojos oscuros, casi negros bajo la luz blanca, me analizaban con esa inteligencia nerd que siempre me desarmaba.
— ¿Qué te pasa hoy? —preguntó—. Estás distraído. Si no te concentras, Daehyun se va a dar cuenta y empezará a hacer preguntas. Ya sabes cómo es él.
— Daehyun está demasiado ocupado ayudando a Tevin con sus saltos —dije, tratando de recuperar el aliento—. Solo estoy cansado, Zhan. Es este comeback. Siento que... siento que estamos fingiendo demasiado.
Zhanwei frunció el ceño, confundido.
— ¿Fingiendo qué? Somos idols. Fingir es parte del contrato. Fingimos que no estamos agotados, fingimos que no leemos los comentarios de odio, fingimos que somos perfectos.
— ¡Fingir que solo somos amigos! —solté, sin poder contenerme más.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Solo se escuchaba el zumbido del sistema de ventilación y nuestra respiración agitada. Zhanwei se quedó petrificado. Sus ojos recorrieron mi rostro, buscando una señal de que estaba bromeando, pero yo no podía sonreír. Mi corazón latía tan fuerte que estaba seguro de que él podía oírlo.
— Joonho... —su voz bajó una octava, sonando más ronca de lo habitual—. No digas cosas de las que te vayas a arrepentir.
— No me arrepiento. Estoy harto de que las fans vean más de nosotros que nosotros mismos. Ellas se inventan historias, hacen ediciones de video con música romántica... y yo me quedo ahí, viéndolas a las tres de la mañana porque a veces siento que es la única forma de vernos así.
Zhanwei dio un paso atrás, como si mis palabras lo hubieran quemado. Se pasó una mano por el cabello rojo, desordenándolo.
— Somos mejores amigos desde 2017 —dijo, su voz temblando apenas un poco—. No podemos arruinar eso. No por un impulso o por la presión de lo que la gente quiere ver. S—SIDE está en su mejor momento. Si algo sale mal entre nosotros...
— ¿Crees que esto es un impulso? —me acerqué a él, acortando la distancia que él intentaba poner—. Zhan, te conozco mejor que nadie. Sé que odias el café amargo pero lo bebes para parecer maduro. Sé que guardas las cartas de tus fans chinas en una caja debajo de tu cama. Sé que cuando estás nervioso, te tocas el lóbulo de la oreja izquierda.
Él instintivamente bajó la mano que, efectivamente, se dirigía a su oreja.
— Eso no prueba nada —replicó con terquedad.
— Prueba que te observo. Todo el tiempo. Y no lo hago por el fanservice, ni por las cámaras. Lo hago porque no puedo evitarlo.
Zhanwei suspiró, cerrando los ojos con fuerza. Parecía estar librando una batalla interna, una lucha entre su mente analítica y algo que llevaba mucho tiempo enterrado.
— ¿Y qué quieres que haga, Joon? —preguntó finalmente, abriendo los ojos. Había una vulnerabilidad en ellos que rara vez mostraba—. ¿Quieres que nos besemos aquí mismo y arriesguemos todo lo que hemos construido desde que éramos trainees? ¿Quieres que le digamos a la empresa que el líder y el visual están enamorados?
Mi corazón dio un vuelco al escuchar la palabra "enamorados" salir de su boca, aunque fuera en una pregunta retórica.
— No quiero arruinar el grupo —dije en voz baja—. Pero tampoco quiero seguir viviendo en este "pequeño secreto" donde solo nos tocamos porque un director nos lo pide. Me duele, Zhanwei. Me duele tenerte tan cerca y sentir que estás a kilómetros de distancia.
Zhanwei se quedó callado por lo que pareció una eternidad. Luego, caminó hacia la esquina de la sala donde habíamos dejado nuestras botellas de agua y sus pertenencias. Sacó algo de su mochila. Era un pequeño llavero, un astronauta de plata que yo le había regalado en su primer cumpleaños en Corea, cuando todavía lloraba por las noches porque extrañaba Pekín.
— Todavía lo tienes —susurré.
— Nunca lo dejé —respondió él, mirando el objeto—. Joonho, yo no soy como tú. No sé cómo expresar las cosas con abrazos o palabras bonitas. Soy frío, soy distante... es mi mecanismo de defensa. Pero eso no significa que no sienta.
Se acercó de nuevo, pero esta vez no había cámaras, no había música, no había guion. Solo éramos nosotros dos en una sala de ensayo vacía.
— A veces —continuó Zhanwei, su voz apenas un hilo—, cuando hacemos esas escenas para los fans, tengo que recordarme a mí mismo que debo soltarte. Porque si por mí fuera, no lo haría.
Mi respiración se detuvo. ¿Acababa de decir lo que creía que había dicho?
— ¿Zhan?
— No digas nada más —me interrumpió, su rostro recuperando esa máscara de seriedad, aunque sus orejas estaban rojas—. Tenemos que seguir practicando. Los demás llegarán en diez minutos.
— No puedes soltar esa bomba y luego pedirme que siga bailando como si nada —protesté, sintiendo una mezcla de euforia y frustración.
— Sí puedo. Porque soy el visual y tengo que mantener la compostura —dijo, y por primera vez en todo el día, vi una pequeña y fugaz sonrisa en la comisura de sus labios—. Pero... tal vez esta noche, cuando todos se duerman, podamos hablar en el balcón. Sin cámaras.
Asentí frenéticamente. Era más de lo que había esperado obtener hoy.
El resto del ensayo fue un borrón. Jungmo y Johnny llegaron poco después, seguidos por el resto del grupo. El ambiente cambió de inmediato a uno de camaradería ruidosa.
— ¡Vaya, el líder y Baham ya están sudando! —exclamó Sunwoo, el maknae, entrando con un salto—. ¿Estaban compitiendo para ver quién es más baddest?
— Joonho estaba perdiendo, como siempre —bromeó Zhanwei, dándome un codazo amistoso que, para cualquiera, parecería el gesto de un mejor amigo, pero para mí, ahora tenía un significado completamente distinto.
— ¡Oye! —me quejé, entrando en el juego—. Solo le estaba dando ventaja porque es el mayor por unos meses.
Johnny se rió, pasando un brazo por los hombros de Jungmo.
— Sí, claro. La "Joonham" line siempre con sus excusas. Vamos, chicos, a sus posiciones. Daehyun dice que el puente de "DUN DUN" todavía se ve un poco flojo.
Pasamos las siguientes tres horas puliendo cada movimiento. Durante la práctica, pude sentir la mirada de Zhanwei sobre mí varias veces. Ya no era la mirada fría del profesional, sino algo más cálido, más profundo. Y cuando nos tocaba interactuar en la coreografía, sus toques eran más firmes, más seguros.
Era como si, al admitir una pequeña parte de la verdad, nos hubiéramos liberado de una carga.
Al terminar, todos estábamos exhaustos. Regresamos al dormitorio en silencio, cada uno sumergido en sus pensamientos o en sus teléfonos. Al llegar, la rutina de siempre: duchas rápidas, cenas improvisadas y el cansancio venciendo a la mayoría.
Cerca de la una de la mañana, el dormitorio finalmente quedó en silencio. Me levanté de mi cama con cuidado, tratando de no despertar a Johnny, que compartía habitación conmigo. Salí al pasillo y caminé hacia el balcón que daba a las calles de Seúl.
Zhanwei ya estaba allí. Se había cambiado la ropa del escenario por una sudadera negra de gran tamaño y sus gafas de lectura. Estaba mirando hacia el horizonte, donde las luces de la ciudad nunca se apagaban.
— Pensé que te habías quedado dormido —dijo sin girarse.
— No podría dormir ni aunque quisiera —me puse a su lado, apoyando los brazos en el barandal—. Zhan... sobre lo que pasó en la sala...
— Lo sé —me cortó suavemente—. Joon, tengo miedo. No voy a mentirte. Si esto sale a la luz, mi carrera como actor en China se acaba antes de empezar. Y lo que es peor, podría arrastrar al grupo conmigo.
— Lo sé —respondí con amargura—. Pero esconderlo también nos está matando.
Él suspiró, el aire frío de la noche formando una pequeña nube frente a su rostro. Luego, hizo algo que nunca había hecho por iniciativa propia fuera de las cámaras. Extendió su mano y buscó la mía, entrelazando nuestros dedos. Sus manos seguían estando frías, pero su agarre era fuerte.
— Por ahora —susurró—, que sea nuestro pequeño secreto. Solo nuestro. Ni siquiera de los otros miembros.
— ¿Estás seguro? —pregunté, apretando su mano—. ¿Puedes vivir con eso?
Zhanwei se giró para mirarme. En la penumbra, sus ojos brillaban con una determinación nueva.
— Si es contigo, puedo vivir con cualquier cosa, Joonho. Incluso con el fanservice. Especialmente si eso me permite tocarte sin que nadie sospeche por qué lo hago realmente.
Me acerqué a él, rompiendo la última barrera de espacio personal. No nos besamos, no todavía. Solo apoyé mi frente contra la suya, escuchando su respiración que ahora se sincronizaba con la mía. El líder platinado y el visual de rojo, unidos en la oscuridad de un balcón en Seúl.
— Te quiero, Zhan —susurré.
Él guardó silencio por un momento, y por un segundo temí haber ido demasiado rápido. Pero luego, sentí su mano libre acariciar mi mejilla con una ternura que me rompió el corazón.
— Yo también, idiota —respondió con su voz rasposa—. Más de lo que un nerd como yo sabe explicar.
Esa noche, bajo las estrellas de una ciudad que nunca duerme, el "Joonham" dejó de ser un producto de marketing para convertirse en nuestra realidad. Sabíamos que el camino sería difícil. Sabíamos que vendrían giras, más comebacks como "Tragic" y presiones que pondrían a prueba nuestra cordura.
Pero mientras caminábamos de regreso al interior del dormitorio, con nuestras manos aún rozándose en las sombras, supe que no importaba cuántas cámaras nos grabaran o cuántas fans gritaran nuestros nombres.
Teníamos nuestro secreto. Y, por primera vez en mucho tiempo, eso era suficiente.