𝙻𝚒𝚝𝚝𝚎 𝚂𝚎𝚌𝚛𝚎𝚝 | Joonham
The Midnight Confession at Han River
El reloj de la pared marcaba la 1:45 de la madrugada. El dormitorio de S—SIDE estaba sumido en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el suave zumbido del purificador de aire y la respiración acompasada de Johnny en la cama de al lado. Me levanté con la agilidad de quien lleva años practicando coreografías complejas, evitando que el somier hiciera el más mínimo ruido.
Me puse una sudadera negra, unos pantalones de chándal y me cubrí el cabello rubio platinado con una gorra de béisbol. En el espejo del pasillo, apenas una sombra, me aseguré de que mi mascarilla estuviera en su lugar. Ser el líder de un grupo de K-pop en 2021 significaba que incluso para respirar aire fresco necesitabas un disfraz.
Caminé hacia la habitación de Zhanwei y di tres toques casi imperceptibles en la madera. La puerta se abrió al instante. Él ya estaba listo, luciendo su característica chaqueta de cuero sobre una camiseta blanca, con su cabello rojo oscuro asomando por debajo de un gorro de lana. Sus gafas de descanso le daban ese aire de intelectual que siempre me hacía flaquear las piernas.
— ¿Seguro de esto, Joon? —susurró con su voz grave, esa que parecía diseñada para ser escuchada solo en la intimidad de la noche—. Si el mánager se entera, nos colgará de la torre de YG.
— El mánager está roncando en el piso de abajo después de diez horas de rodaje —respondí, extendiendo mi mano hacia él—. Confía en mí, Zhan. Solo será una hora. Necesito que salgamos de aquí.
Él miró mi mano, dudó un segundo y luego la tomó. Sus dedos estaban fríos, como siempre, pero encajaban perfectamente con los míos. Salimos del edificio por la escalera de incendios, esquivando las cámaras de seguridad que ya conocíamos de memoria, y nos subimos a mi coche, un pequeño vehículo que mantenía en el aparcamiento privado para emergencias como esta.
Conducir por Seúl a las dos de la mañana era una experiencia surrealista. Las luces de neón de Mapo-gu pasaban como ráfagas de colores, y el silencio entre nosotros no era incómodo, sino expectante. Zhanwei miraba por la ventana, su perfil afilado recortado contra la oscuridad.
— ¿A dónde vamos? —preguntó, rompiendo el silencio mientras cruzábamos el puente Yanghwa.
— A nuestro lugar —dije, girando el volante—. El río Han. Pero a una zona donde los paparazzis no se molestan en ir porque no hay cafeterías abiertas.
Aparqué cerca de una zona de césped apartada, lejos de los senderos principales para bicicletas. El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo el olor a agua y asfalto. Bajamos del coche y caminamos hacia la orilla. La luna estaba casi llena, reflejándose en la superficie del agua como un camino de plata líquida.
Zhanwei se detuvo y hundió las manos en los bolsillos de su chaqueta. Se veía tan pequeño a pesar de sus 1.88 metros, tan vulnerable bajo la inmensidad del cielo nocturno.
— Es hermoso —murmuró—. A veces olvido que el mundo sigue girando fuera del estudio de grabación.
— Zhanwei —lo llamé, deteniéndome frente a él—. Sé que dije que podíamos seguir siendo "mejores amigos" y que el fanservice era suficiente, pero mentí.
Él me miró a través de sus cristales, sus ojos oscuros reflejando la luz de la luna. No dijo nada, permitiéndome continuar.
— Me he pasado años cuidándote, desde que llegaste de China —seguí, sintiendo cómo el corazón me martilleaba en la garganta—. Te vi convertirte de un aprendiz asustado en el hombre increíble que eres hoy. Y en algún punto del camino, dejé de querer ser solo el que te cuida. Quiero ser el que te bese al despertar, el que pueda tomar tu mano sin mirar si hay una cámara de *S-SIDE TV* cerca.
Zhanwei dio un paso hacia atrás, abrumado.
— Joonho, somos idols. El contrato, la imagen... todo lo que hemos sacrificado por S—SIDE...
— Al diablo con el contrato por cinco minutos —dije, acortando la distancia y tomando sus manos entre las mías—. No te estoy pidiendo que salgamos del clóset ante Dispatch. Te estoy pidiendo que me dejes quererte de verdad. Li Zhanwei, ¿quieres ser mi novio?
El mundo pareció detenerse. El sonido del agua golpeando los pilares del puente, el viento en los árboles, todo se desvaneció. Zhanwei me miró fijamente, y por un momento temí que se diera la vuelta y regresara al coche. Pero entonces, sus hombros se relajaron y una pequeña sonrisa, una de esas que solo yo conocía, apareció en su rostro.
— Eres un idiota, Choi Joonho —dijo con esa voz rasposa que me volvía loco—. Un idiota romántico.
— ¿Eso es un sí? —pregunté, sintiendo una esperanza salvaje.
— Es un "sí" —respondió él, acercándose hasta que nuestras narices se rozaron—. Siempre ha sido un sí, Joon. Solo que soy demasiado cobarde para admitir que un nerd como yo puede tener algo tan bueno como tú.
No esperé más. Me incliné y lo besé. No fue como los besos de los dramas que él protagonizaba; fue torpe, cargado de desesperación y de cuatro años de sentimientos reprimidos. Sabía a bálsamo labial de menta y a la libertad que solo se encuentra en la clandestinidad. Zhanwei soltó un suspiro contra mis labios y me rodeó el cuello con sus brazos, pegándome a él como si tuviera miedo de que me desvaneciera con la bruma del río.
Cuando nos separamos, ambos estábamos sin aliento. Él tenía las mejillas encendidas y el cabello revuelto.
— Vaya —susurró él—, eso fue mucho mejor que el fanservice de la era *Dundun*.
— Mucho mejor —reí, sintiéndome más ligero que nunca.
— Tengo hambre —soltó de repente, rompiendo el momento romántico con su practicidad habitual—. El estrés de ser tu novio me ha abierto el apetito.
— Típico de ti —le di un ligero empujón—. Vamos, conozco un puesto de comida que abre las 24 horas cerca de aquí.
Caminamos de regreso al coche, pero esta vez nuestras manos estaban entrelazadas con firmeza, sin miedo. Compramos tteokbokki y oden en un pequeño puesto callejero donde la señora apenas nos miró, demasiado ocupada viendo una repetición de un drama histórico. Regresamos al capó del coche para comer, sentados uno al lado del otro.
— Mira la luna, Joon —dijo Zhanwei, señalando el cielo mientras soplaba su comida—. En China decimos que la luna llena es un símbolo de reunión y plenitud.
— Pues parece que nos está dando su bendición —respondí, rodeando sus hombros con mi brazo—. Aunque sea a las tres de la mañana en medio de la nada.
— Me gusta esto —confesó él, apoyando su cabeza en mi hombro—. El silencio. No tener que ser "Baham, el visual frío". Solo ser Zhanwei.
— Para mí siempre has sido solo Zhanwei. El chico que se queda despierto estudiando guiones y que se olvida de comer si no estoy ahí para recordárselo.
Él se rió, un sonido bajo y melodioso que era mi música favorita en el mundo. Terminamos de comer en una paz que me parecía un sueño. El 2021 estaba siendo un año caótico; la fama de S—SIDE estaba creciendo exponencialmente, las giras estaban en el horizonte y la presión de la empresa era asfixiante. Pero en ese momento, con el sabor picante del tteokbokki aún en la lengua y el calor de Zhanwei a mi lado, el futuro no me asustaba.
— Tenemos que volver —dijo él después de un rato, aunque no hizo ningún movimiento para separarse de mí—. Sunwoo se despierta temprano para entrenar y si nos ve llegar juntos va a empezar con sus teorías conspirativas.
— Deja que el maknae imagine lo que quiera —suspiré, pero sabía que tenía razón—. Pero antes de irnos...
Lo obligué a mirarme. Sus gafas se habían resbalado un poco por el puente de su nariz. Se las acomodé con ternura.
— Te quiero, Zhanwei. De verdad. No importa lo que pase con la banda o con nuestras carreras en el futuro.
Él me miró con una intensidad que me hizo estremecer. Sus dedos rozaron mi mandíbula, delineando el contorno de mi rostro.
— Yo también te quiero, Joonho. Y prometo que, aunque el mundo sea un lugar complicado para nosotros, este pequeño secreto será lo más real que tengamos.
El viaje de regreso fue diferente. Ya no había tensión, solo una complicidad dulce que llenaba el habitáculo del coche. Cuando entramos sigilosamente de nuevo al dormitorio, nos detuvimos en el pasillo, frente a nuestras respectivas puertas.
— Buenas noches, novio —susurré, saboreando la palabra por primera vez.
Zhanwei rodó los ojos, pero no pudo ocultar su sonrisa.
— Buenas noches, líder —respondió, dándome un rápido beso en la mejilla antes de desaparecer en su habitación.
Me metí en mi cama, con el corazón aún acelerado. Johnny se movió en sueños, murmurando algo ininteligible sobre una coreografía. Me quedé mirando el techo, pensando en la era de *Vision Up*, en el cabello rojo de Zhanwei y en cómo, a partir de mañana, el fanservice frente a las cámaras ya no sería una actuación para mí.
Sería la única forma permitida de decirle al mundo que el chico más inteligente, frío y hermoso de la industria me pertenecía, y que yo era suyo.
Mañana volveríamos a ser Joon y Baham. Pero esta noche, bajo la luna del río Han, habíamos sido simplemente dos chicos enamorados que se atrevieron a reclamar un pedazo de felicidad en medio del caos. Y eso era más que suficiente para mí.
Me dormí con una sonrisa, sabiendo que nuestro "pequeño secreto" era el tesoro más grande que jamás podría haber encontrado en YG.