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magos y phyquicos

Ecos en el laboratorio y el susurro del vacío

El resto de la jornada escolar en la Secundaria Sal transcurrió en una especie de neblina irreal para Lin. Aunque había logrado una tregua con el grupo de Mob, la sensación de ser observada no la abandonaba. Cada vez que caminaba por los pasillos, sentía que las paredes mismas susurraban su nombre. No era paranoia; era su sensibilidad mágica, agudizada por siglos de linaje, detectando el rastro de energía que ella misma había dejado escapar bajo el cerezo.

Al terminar las clases, Lin intentó escabullirse hacia la salida lateral, pero una figura delgada y de postura rígida le bloqueó el paso. Era Ritsu Kageyama.

—Lin, espera —dijo él, ajustándose la correa de su maletín—. El Consejo Estudiantil tiene algunas preguntas sobre los estudiantes de intercambio, pero como hermano de Shigeo, tengo una curiosidad más... personal.

Lin apretó las correas de su mochila, sintiendo el frío del amuleto de estrella contra su pecho.

—Ya dije que no fue nada, Ritsu-kun —respondió ella, forzando una sonrisa tímida—. Solo un truco de luces. En mi país somos muy aficionados a la... prestidigitación.

Ritsu la miró fijamente. Sus ojos eran inteligentes, capaces de desmantelar mentiras con una sola mirada.

—Mi hermano es ingenuo, pero yo no —sentenció él con voz baja—. Lo que hiciste no fue un truco. He visto a muchos psíquicos, he visto el poder de "Garra" y el de mi propio hermano. Lo tuyo... se siente antiguo. Como si no perteneciera a este siglo.

Lin sintió un escalofrío. La perspicacia de Ritsu era peligrosa. Antes de que pudiera responder, una voz alegre y algo estridente interrumpió la tensión.

—¡Oigan! ¡No se vayan sin mí!

Era Mob, caminando con su paso pausado, seguido de cerca por Teru Hanazawa, quien lucía su uniforme con una elegancia impecable y un aire de superioridad que Lin reconoció de inmediato: era el aura de alguien que sabía exactamente cuánto poder poseía.

—Vaya, vaya —dijo Teru, escaneando a Lin de arriba abajo con una sonrisa de medio lado—. Así que esta es la chica de la que todos hablan. El rumor dice que curaste a un pájaro con "polvo de estrellas". Debo decir que tu barrera de ocultamiento es impresionante, aunque ahora que estoy cerca, puedo oler el ozono.

Lin retrocedió un paso, sintiéndose acorralada por tres de los individuos más poderosos de la ciudad.

—Por favor, déjenme ir a casa —suplicó ella, con la voz apenas un susurro—. Mi servidumbre me espera. Tengo que estudiar astrofísica.

—Solo queremos entender —dijo Mob, tratando de sonar reconfortante—. Teru-kun también es como nosotros. Pensamos que quizás... podrías estar en peligro. Hay espíritus en esta ciudad que se sienten atraídos por energías tan puras como la tuya.

Lin suspiró, dándose cuenta de que no escaparía fácilmente. Su fachada de "estudiante aburrida" se estaba desmoronando más rápido que un castillo de naipes en un huracán.

—Está bien —cedió ella—. Pero no aquí. Demasiados ojos.

Caminaron hacia la parte trasera de la escuela, cerca del antiguo laboratorio de ciencias que rara vez se usaba. El aire allí era pesado y olía a polvo y reactivos químicos olvidados. Lin se aseguró de que no hubiera nadie cerca y luego, con un gesto elegante de su mano, trazó un círculo invisible en el aire. Una cúpula de silencio se expandió, aislando sus voces del mundo exterior.

Teru levantó una ceja, impresionado.

—Sin gestos bruscos, sin explosiones de energía... solo voluntad pura. Eso no es telequinesis común —observó Teru.

—No soy una psíquica, al menos no como ustedes lo entienden —explicó Lin, quitándose las gafas y dejando que sus ojos, con destellos de nebulosas, brillaran sin restricciones—. Soy una archimaga. Mi familia custodiaba los sellos que separan las dimensiones físicas de las astrales. Cuando el sello principal se debilitó hace años, mi familia... bueno, ellos pagaron el precio para volver a cerrarlo. Yo soy la última que queda con el conocimiento completo.

Mob la miró con una tristeza profunda. Él entendía lo que era perder algo por culpa de un poder que no pediste.

—¿Por eso viniste a Ciudad Condimento? —preguntó Mob—. ¿Para esconderte?

—Para vivir —corrigió ella—. Mi familia adoptiva es rica y poderosa, pero ellos no tienen magia. Me enviaron aquí porque pensaron que, en una ciudad llena de psíquicos y fenómenos extraños, una archimaga pasaría desapercibida. Irónico, ¿verdad? Es como tratar de esconder un diamante en un tazón de canicas de vidrio.

De repente, la temperatura en el laboratorio bajó drásticamente. Las ventanas vibraron y un humo negro comenzó a filtrarse por las rendijas de la puerta.

—Hablando de diamantes —una voz gutural y distorsionada resonó en el aire—, hace mucho que no probábamos una esencia tan refinada.

Del humo emergió una entidad grotesca, un espíritu de clase alta que parecía compuesto de sombras y fragmentos de espejos rotos. Sus ojos eran múltiples y giraban en órbitas aleatorias.

—¡Un espíritu maligno! —exclamó Ritsu, preparándose para atacar, pero Teru lo detuvo.

—Espera, Ritsu. Mira a Lin.

Lin no se movió. No gritó ni mostró miedo. Se limitó a suspirar, como si la presencia del espíritu fuera una interrupción molesta en su horario de estudio.

—La entropía siempre busca el orden para alimentarse —dijo Lin en un tono monótono, casi académico—. Eres un remanente de los deseos oscuros de esta ciudad, atrapado en la forma de un devorador de luz.

El espíritu rugió y se lanzó hacia ella, extendiendo zarcillos de oscuridad que buscaban drenar su energía vital. Mob dio un paso adelante para intervenir, pero Lin levantó un solo dedo.

—*Sidus Aeterna: Constrictio* —susurró ella.

Cadenas de luz plateada brotaron del suelo, no hechas de energía psíquica, sino de geometría pura. Las cadenas envolvieron al espíritu, apretando con una fuerza que parecía ignorar la densidad física de la criatura. El espíritu chilló, un sonido que habría roto los oídos de cualquiera si no fuera por la barrera de silencio de Lin.

—No pertenezco a este plano de conflicto —continuó Lin, acercándose al espíritu atrapado—. Solo deseo observar las estrellas en paz. Regresa al vacío del que viniste y dile a tus semejantes que esta "luz" tiene espinas.

Con un movimiento de su muñeca, las cadenas se contrajeron hasta que el espíritu se desintegró en partículas de luz blanca que se desvanecieron antes de tocar el suelo.

El silencio volvió al laboratorio. Mob, Ritsu y Teru se quedaron estupefactos. No había sido una pelea; había sido una ejecución matemática.

—Eso fue... —Teru buscó las palabras adecuadas— ...extremadamente eficiente. Ni siquiera usaste fuerza bruta. Simplemente... borraste su existencia.

—La magia es la ciencia de lo que aún no entienden —respondió Lin, volviéndose a poner las gafas y recogiendo su cabello—. He pasado diez años estudiando cómo desmantelar estructuras moleculares y espirituales. Para mí, ese espíritu era solo una ecuación mal planteada.

Mob se acercó a ella, con su expresión habitual de calma, pero con un brillo de admiración en los ojos.

—Lin-san, eres increíble —dijo Mob—. Pero... te ves cansada. Usar tanto poder para algo tan pequeño debe ser agotador.

Lin lo miró, sorprendida por su observación. Era cierto. Su magia no consumía energía física, sino una parte de su propia esencia vital que tardaba en recuperarse. Cada vez que "brillaba", una parte de ella se sentía más vacía.

—Lo estoy —confesó ella, bajando la guardia por un momento—. Ser la última de un linaje es una carga pesada, Shigeo-kun. A veces siento que si dejo de brillar, la historia de mi familia desaparecerá para siempre.

—No tienes que brillar sola —dijo Mob, recordando las palabras que Reigen siempre le decía—. Aquí en la ciudad, hay mucha gente que puede ayudarte a cargar con las cosas. Incluso si no somos "archimagos", sabemos lo que es ser diferente.

Ritsu asintió, aunque todavía procesaba la superioridad técnica de la chica.

—Mi hermano tiene razón. Además, si vas a estar en esta escuela, podrías considerar unirte a un club que no sea el de Telepatía. El Consejo Estudiantil siempre necesita gente con... capacidades analíticas.

Lin soltó una pequeña risa, una que sonó como campanas de cristal.

—Gracias, pero creo que me quedaré con mi telescopio por ahora. Aunque... —miró a Mob— ...me gustaría que me enseñaras cómo logras ser tan "normal" teniendo tanto poder dentro. Tu energía es como un agujero negro: masiva, pero perfectamente contenida. Me fascinas desde un punto de vista astrofísico.

Mob se sonrojó ligeramente, rascándose la mejilla.

—No creo ser tan interesante. Solo trato de vivir un día a la vez.

—A veces, eso es lo más difícil de todo —concluyó Lin.

Salieron del laboratorio justo cuando el sol comenzaba a teñir el cielo de naranja y púrpura. En la puerta de la escuela, una limusina negra de cristales tintados esperaba en silencio. Un hombre vestido con un traje impecable y guantes blancos bajó para abrir la puerta trasera.

—Joven ama, sus tutores están preocupados por su retraso —dijo el mayordomo con una reverencia perfecta.

Lin suspiró y miró a sus nuevos conocidos.

—Supongo que mi "normalidad" ha durado exactamente seis horas —dijo ella con un tinte de ironía—. Nos vemos mañana, Shigeo-kun, Ritsu-kun, Hanazawa-kun.

—¡Hasta mañana, Lin-san! —gritó Mob, agitando la mano.

Mientras la limusina se alejaba, Teru se cruzó de brazos, observando el rastro de luz plateada que aún flotaba débilmente en el aire.

—Esa chica va a atraer muchos problemas, Kageyama —advirtió Teru—. Su poder es demasiado refinado. Es como dejar un pastel de bodas frente a una horda de hormigas hambrientas.

—Lo sé —respondió Mob, mirando hacia las primeras estrellas que aparecían en el firmamento—. Pero creo que ella puede manejarlos. Y si no, nosotros estaremos aquí.

Dentro de la limusina, Lin se recostó en los asientos de cuero, cerrando los ojos. Su mente ya estaba calculando la trayectoria de la lluvia de meteoritos que se esperaba para esa noche. Por primera vez en años, no se sentía como una reliquia de un pasado olvidado, sino como una estudiante que, a pesar de sus secretos, había encontrado un pequeño rastro de gravedad que la mantenía unida a la Tierra.

Sin embargo, en su bolso, el fragmento de estrella comenzó a pulsar con un ritmo errático. Lin lo sacó y lo observó con preocupación. El brillo no era plateado, sino que se tornaba de un color carmesí oscuro.

—Algo viene —susurró para sí misma—. Algo que no pertenece a las estrellas ni a la tierra.

La archimaga sabía que su año de "vida común" estaba a punto de volverse mucho más complicado. Pero mientras miraba por la ventana y veía a Mob caminando a lo lejos, sintió que, por primera vez, el destino no era una sentencia, sino una posibilidad.

La noche cayó sobre Ciudad Condimento, y mientras los ciudadanos comunes dormían, las fuerzas de lo oculto y lo científico comenzaban a alinearse para un encuentro que cambiaría el equilibrio de ambos mundos. Lin, la joven que amaba los astros, se preparó para lo que vendría, sabiendo que incluso en la oscuridad más profunda, una sola chispa de voluntad podía encender un universo entero.