Volver al resumen

multiverso reacciona multiverso

Ídolos de Barro: El Espejismo de la Justicia

La pantalla gigante, que antes mostraba la fría estructura molecular del Compuesto V, comenzó a parpadear con una estática violenta antes de estabilizarse en una imagen que dejó a muchos de los presentes con un nudo en el estómago. Era una toma aérea de la ciudad de Nueva York, pero no la Nueva York que conocían los héroes de Marvel o DC. Esta ciudad estaba empapelada con el rostro de siete individuos que sonreían con una perfección calculada desde vallas publicitarias, cajas de cereales y carteles de películas.

—Miradlos —dijo la Voz del Multiverso, resonando en las paredes de la sala—. No son solo guerreros. Son activos financieros. Son marcas registradas. Son "Los Siete".

En la pantalla, la imagen cambió a una sala de juntas de lujo. Los Siete estaban sentados alrededor de una mesa de caoba, pero no discutían estrategias para salvar el mundo. Discutían sobre "cuotas de mercado", "puntos de rating" y "merchandising".

—¿Eso es... una reunión de héroes? —preguntó Steve Rogers, frunciendo el ceño con una decepción evidente—. Parece más bien el lanzamiento de un producto de Stark Industries, y hasta Tony tiene más decencia que eso.

—Oye, no me metas en esto, Cap —replicó Tony Stark, aunque su expresión era igual de sombría—. Yo vendo tecnología. Estos tipos venden una mentira envuelta en una capa. Es... es marketing de almas.

La pantalla se centró en Homelander. Estaba de pie frente a un espejo, practicando su sonrisa. No era una sonrisa de alegría, sino una contracción muscular precisa, diseñada para transmitir una seguridad falsa. Detrás de él, Madelyn Stillwell ajustaba su capa como si fuera una pieza de vestuario en un set de filmación.

—Recuerda, John —dijo la mujer en la pantalla—, el sector demográfico del medio oeste necesita sentir que eres su salvador, pero también su amigo. Menos agresividad, más "valores familiares".

—Valores familiares —repitió Thor, el Dios del Trueno, su voz retumbando como un trueno lejano—. Ese hombre exhala la arrogancia de un conquistador y la fragilidad de un cristal fino. ¿Cómo pueden seguir a alguien que ensaya su propia bondad?

—Porque no ven lo que nosotros vemos, melenudo —intervino Rocket Raccoon, ajustándose el cinturón—. Ven los efectos especiales. Ven lo que la corporación quiere que vean. Es un truco de magia a escala global.

De repente, la pantalla cambió de tono. La música heroica se desvaneció y fue reemplazada por un silencio tenso. Se mostró la escena del avión: el vuelo 37. Homelander y Queen Maeve estaban allí, frente a los pasajeros aterrorizados. Los héroes en las gradas se inclinaron hacia adelante, esperando ver un rescate milagroso.

—Aquí viene —susurró Izuku Midoriya, con el bolígrafo suspendido sobre su cuaderno—. Ahora veremos por qué son los mejores.

Pero el milagro no llegó. En lugar de eso, vieron a Homelander destruir accidentalmente el panel de control con su visión de calor. Vieron cómo, con una frialdad absoluta, decidía que era más conveniente dejar que todos murieran a que el mundo supiera que había cometido un error.

—¡Podría haberlos llevado a la orilla uno por uno! —gritó Clark Kent (Superman), poniéndose en pie de un salto, sus puños apretados con tal fuerza que los nudillos le crujían—. ¡Tiene la velocidad! ¡Tiene la fuerza! ¡Hay tiempo de sobra!

—No lo hará —dijo Butcher desde su rincón, con una voz cargada de un odio antiguo—. Mira sus ojos, Capa Roja. No está pensando en las vidas. Está calculando el daño a su reputación.

La escena continuó. Homelander amenazando a los pasajeros con su visión de calor para que se quedaran atrás mientras él y Maeve abandonaban el avión. Los gritos de los niños, las súplicas de las madres... y luego, el impacto silencioso en el océano.

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala del multiverso. Incluso los villanos más endurecidos parecían perturbados.

—Eso... eso no fue un error —murmuró Shoto Todoroki, sus ojos fijos en la pantalla—. Fue una ejecución por negligencia.

—Es un monstruo —sentenció Diana de Temiscira, su mano buscando instintivamente la empuñadura de su espada, que no estaba allí—. No hay honor en él. No hay rastro de la chispa divina que debería acompañar a tal poder. Es solo un niño con un arma que no comprende.

—Lo peor no es que los dejara morir —dijo Batman, su voz saliendo desde las sombras de su capucha, fría y analítica—. Lo peor es lo que hizo después. Observad.

La pantalla mostró a Homelander en la playa, frente a las cámaras de noticias, apenas unas horas después del desastre. Tenía lágrimas falsas en los ojos. Usaba la tragedia para exigir que los "Supes" fueran integrados en el ejército, culpando a la burocracia por no haber llegado a tiempo.

—¡Es un genio del mal! —exclamó Light Yagami, con una sonrisa retorcida que hizo que L se alejara un poco de él—. Utiliza su propio fracaso para consolidar más poder. Es político, es mediático... es perfecto.

—Es asqueroso —le espetó Naruto Uzumaki, fulminándolo con la mirada—. No hay nada de perfecto en dejar que la gente muera para ganar una discusión. Eso no es ser un ninja, ni un héroe, ni nada. Es ser un cobarde.

La pantalla giró entonces hacia los otros miembros de los Siete. Vieron a A-Train riéndose de cómo "atravesó" a Robin, la novia de Hughie, como si fuera un insecto en el parabrisas. Vieron a The Deep abusando de su posición con Starlight en su primer día. Vieron a Black Noir eliminando objetivos sin cuestionar jamás las órdenes morales de Vought.

—¿Este es el equipo que protege ese mundo? —preguntó Erza Scarlet, de Fairy Tail, su expresión llena de una furia gélida—. En mi gremio, cualquiera de estas acciones sería motivo de exilio... o algo peor. El poder se usa para proteger a la familia, no para pisotear a los débiles.

—El problema —dijo la Voz del Multiverso— es que en ese mundo, los héroes no nacen de la tragedia o del destino. Son fabricados en laboratorios y criados en departamentos de relaciones públicas. No tienen el concepto de "sacrificio" porque nunca han tenido que sacrificar nada para obtener lo que tienen.

—Excepto su humanidad —añadió Edward Elric—. Intercambio equivalente. Recibieron el poder de los dioses a cambio de su alma. Vought es el alquimista, y ellos son las quimeras.

La pantalla mostró una comparativa entre los Siete y la Liga de la Justicia, y luego con los Vengadores. La diferencia era abismal. Mientras que unos discutían sobre cómo salvar el multiverso, los otros discutían sobre contratos de patrocinio de bebidas energéticas.

—Me pregunto —dijo de repente Thanos, sentado en el sector de los titanes, observando con curiosidad—, cuánto tiempo puede sostenerse una estructura construida sobre mentiras. El universo tiende al equilibrio. Un poder tan desequilibrado, tan carente de propósito, solo puede llevar a la autodestrucción.

—Está ocurriendo —respondió Butcher, señalando a la pantalla—. Por eso estamos aquí. Por eso Hughie, un tipo que no podía ni matar a una mosca, terminó con las manos manchadas de sangre de Supe. Porque cuando los dioses se vuelven locos, los hombres tienen que volverse monstruos para detenerlos.

La imagen cambió a Starlight. Se la veía llorando en un baño, tratando de limpiarse el maquillaje después de una de las humillantes sesiones de fotos impuestas por Vought. Era la única que parecía tener un rastro de decencia, la única que aún creía en el ideal.

—Ella es la única que vale algo allí —comentó Peter Parker, sintiendo una punzada de simpatía—. Se siente como cuando yo empecé... creyendo que todo sería brillante y justo. Pero ese mundo es... es oscuro. No hay luz al final del túnel, solo más focos de cámaras.

—La esperanza es una droga peligrosa en manos de Vought —dijo la Voz—. Usan a Starlight para vender la idea de que los Siete aún pueden ser redimidos. Es otra capa de la mentira.

De pronto, la pantalla mostró un enfrentamiento: Homelander contra Billy Butcher. No era una batalla de ideales, era una carnicería de odio puro. Homelander volando, Butcher usando cada truco sucio, cada explosivo y cada gramo de rencor que poseía.

—¡Eso es! —rugió Vegeta, golpeando el reposabrazos de su asiento—. ¡Deja de hablar y pelea! ¡Si ese bufón con capa es un dios, demuéstrale que incluso los dioses pueden sangrar!

—No es una pelea justa —observó Guts, el Guerrero Negro, con su ojo sano fijo en la brutalidad de la escena—. El hombre de la gabardina no busca justicia. Busca venganza. Y la venganza es un fuego que consume tanto al cazador como a la presa. Lo sé por experiencia.

—Pero es lo único que tienen —respondió Eren Yeager—. Cuando el sistema está podrido hasta la médula, no puedes pedirle permiso para cambiarlo. Tienes que quemarlo todo y empezar de nuevo.

La pantalla se dividió en múltiples cuadros, mostrando los "pecados" de cada miembro de los Siete. Las adicciones de A-Train, la debilidad de Deep, la apatía de Maeve, la psicopatía de Homelander. Y frente a ellos, el grupo de "The Boys": humanos rotos, cínicos y desesperados, haciendo lo impensable para nivelar el campo de juego.

—Es una guerra de guerrillas contra el Olimpo —comentó Tony Stark, fascinado a pesar de sí mismo—. Están usando ciencia, chantaje y psicología para derribar a seres que pueden mover montañas. Es... es brillante y aterrador al mismo tiempo.

—Es necesario —dijo Batman—. En un mundo sin control, el caos es la única herramienta de los oprimidos. Pero el costo... mirad a ese chico, Hughie. Sus ojos ya no son los mismos.

La pantalla mostró un primer plano de Hughie Campbell. Al principio del metraje, era un joven asustadizo. Ahora, estaba cubierto de vísceras, con una mirada de mil yardas que hablaba de una pérdida total de la inocencia.

—Esa es la verdadera tragedia del Compuesto V —dijo la Voz del Multiverso—. No solo corrompe a quienes lo usan, sino que destruye la pureza de quienes intentan combatirlo. No hay héroes en esta historia. Solo supervivientes y víctimas.

—¿Y qué hay de nosotros? —preguntó de repente una voz joven, era Steven Universe, que se veía visiblemente afectado por la violencia y el cinismo de lo que veía—. ¿Estamos aquí solo para ver cómo se destruyen? ¿No hay una lección de esperanza?

La pantalla se oscureció lentamente, dejando solo el logo de Vought International brillando con un azul eléctrico, antes de que una grieta roja lo atravesara de arriba a abajo.

—La lección —respondió la Voz— es que el poder sin responsabilidad no es heroísmo, es tiranía. Y que la verdadera fuerza no viene de lo que tienes en las venas, sino de lo que estás dispuesto a perder por hacer lo correcto, incluso cuando nadie te está mirando, incluso cuando no hay cámaras grabando.

—Eso es algo que Homelander nunca entenderá —susurró Superman, volviendo a sentarse, pero con una determinación renovada en su mirada—. Él tiene el poder de un dios, pero es el hombre más pequeño de esta sala.

—Amén a eso, Boy Scout —murmuró Butcher, sacando un frasco de su bolsillo y mirándolo con desprecio antes de volver a guardarlo—. Pero ser pequeño tiene una ventaja: es más fácil pasar desapercibido cuando te acercas para cortarles el cuello.

La sala volvió a sumirse en un murmullo de debates éticos y morales. Los héroes de otros mundos se miraban entre sí, agradeciendo en silencio que sus propios mundos, por muy peligrosos que fueran, no estuvieran regidos por el departamento de marketing de una empresa farmacéutica.

—Prepárense —anunció la Voz—. Porque ahora veremos qué sucede cuando el "héroe" más grande del mundo decide que ya no necesita fingir que le importa la humanidad. Veremos el día en que la máscara de Homelander se rompió por completo.

La pantalla emitió un destello cegador, y el sonido de un grito sónico desgarró el silencio de la sala, marcando el inicio de lo que sería la lección más sangrienta hasta el momento. Los espectadores se acomodaron, algunos con horror, otros con una curiosidad mórbida, sabiendo que estaban a punto de presenciar el fin de la ilusión.