multiverso reacciona multiverso
El Fuego de la Verdad y el Ídolo de Porcelana
La pantalla se iluminó de nuevo, pero esta vez no mostró la pulcritud de la Torre Vought, sino un entorno que descolocó a muchos de los presentes. Un reino de lava, azufre y llamas eternas se extendía ante sus ojos. De entre el fuego, una figura joven, con piel de un naranja incandescente y cabello que eran llamas vivas, caminaba con una expresión de seriedad impropia de su edad.
— ¿Qué es eso? —preguntó Finn el Humano, saltando de su asiento con los ojos abiertos de par en par—. ¡Es la Princesa Flama! ¡Phoebe!
A su lado, Jake el Perro estiró su cuello para ver mejor.
— Viejo, parece que ella también va a reaccionar a la locura de los tipos de las capas.
La Princesa Flama, que hasta ese momento había estado en una sección de la sala envuelta en un aura de calor que mantenía a los demás a distancia, levantó la vista hacia la pantalla. Sus ojos ardían con una intensidad analítica. Como gobernante del Reino del Fuego, entendía bien lo que significaba el poder y la responsabilidad de contenerlo.
— Ese mundo... —susurró Phoebe, su voz sonando como el crepitar de una fogata—. Huele a humo rancio. A algo que se quema pero no se purifica.
La pantalla volvió a mostrar a Homelander. Esta vez, el "héroe" estaba dando un discurso en un mitin político. Su sonrisa era perfecta, sus dientes blancos brillaban bajo el sol, y su capa ondeaba con una majestuosidad calculada.
— "Vosotros sois los verdaderos héroes" —decía el Homelander en la pantalla, con una voz cargada de una falsa humildad que provocó náuseas en varios espectadores—. "Yo solo estoy aquí para asegurar que vuestra libertad esté protegida por alguien que... bueno, que puede volar".
La multitud en la pantalla estalló en vítores. Pancartas con su rostro llenaban el encuadre.
— Es un mentiroso —sentenció la Princesa Flama desde su asiento—. Sus palabras no tienen calor. Son frías, como la ceniza que queda después de que el fuego se apaga.
— Tienes buen instinto, alteza —intervino Batman, sin apartar la vista de los gráficos que su mente ya estaba procesando—. Lo que ves es "conformidad". Él les da una imagen de seguridad, y ellos le entregan su voluntad a cambio de no tener que tener miedo.
La escena cambió bruscamente. Ya no era el mitin. Era el detrás de escena, apenas unos minutos después. Homelander entró en una carpa privada, y su expresión cambió instantáneamente. La calidez desapareció, reemplazada por un asco profundo. Se limpió la mano con un pañuelo de seda después de haber estrechado la mano de un anciano en la multitud.
— "Malditos monos sudorosos" —gruñó el Homelander de la pantalla, arrojando el pañuelo al suelo—. "¿Cuánto falta para que termine este circo, Ashley?".
Una mujer nerviosa, con una tableta en la mano, empezó a balbucear sobre las encuestas y los puntos de rating.
— Mirad eso —dijo Billy Butcher, señalando la pantalla con un dedo acusador—. Ese es vuestro dios. El que os salvaría del fuego. Se siente sucio por tocar a la gente que dice proteger.
— Es un tirano —dijo la Princesa Flama, y el aire a su alrededor se volvió más denso por el calor—. Un gobernante que desprecia a su pueblo es solo un monstruo esperando una excusa para destruir. Mi padre era así. Creía que el fuego era para quemar, no para dar luz.
La pantalla mostró entonces una sesión de entrenamiento de los Siete. A-Train corría en una cinta de correr de alta tecnología, mientras Queen Maeve golpeaba un saco de boxeo reforzado con una desgana evidente. En una esquina, Profundo miraba su reflejo en un espejo, ensayando poses.
— ¿Esto es un equipo de guerreros o una sesión de fotos para una revista de moda? —preguntó Vegeta, con una vena hinchándose en su frente—. No veo disciplina. No veo honor. Solo veo vanidad.
— Es conformidad corporativa, Vegeta —explicó Tony Stark, cruzando los brazos—. Vought no quiere guerreros. Quiere iconos. El Compuesto V les dio el poder, pero el departamento de marketing les quitó la columna vertebral. Mira a esa mujer, Maeve. Ella sabe que esto está mal, pero sigue ahí.
En la pantalla, Queen Maeve se detuvo y miró a Homelander, que acababa de entrar. Hubo un destello de miedo en sus ojos, oculto tras una máscara de indiferencia.
— "Homelander, el avión... la gente está preguntando" —dijo Maeve en la pantalla, su voz apenas un susurro.
— "Diles que llegamos tarde. Diles lo que sea" —respondió él, acercándose demasiado a ella, invadiendo su espacio personal—. "O diles la verdad. Diles que no nos importó lo suficiente. ¿Crees que les importará? Mientras sigamos en las fiambreras de sus hijos, nos amarán".
Un escalofrío recorrió la sala. Incluso los villanos más curtidos se sintieron incómodos ante la absoluta falta de empatía.
— Eso es lo más aterrador —comentó Superman (Clark Kent), con una tristeza profunda en su voz—. No es que sea malvado por una causa. Es malvado porque no cree en nada. Para él, la vida humana no tiene peso.
— Es como el Rey Liche —murmuró Finn—, pero con mejor dentadura.
La Princesa Flama se levantó de su asiento. Sus pies dejaban pequeñas marcas de quemaduras en el suelo de la sala de cine, pero a nadie pareció importarle.
— Ese hombre dice que es como el sol —dijo Phoebe, señalando a Homelander—. Pero el sol no elige a quién calentar. El sol simplemente es. Él usa su poder para moldear la realidad a su antojo, para que todos se conformen con su versión de la paz. Es una paz de cementerio.
La pantalla mostró un montaje de la vida cotidiana en ese mundo. Gente comprando figuras de acción de Homelander, niños usando capas de plástico, iglesias donde se rezaba a los Siete. Era una sociedad que había aceptado la superioridad de estos seres inyectados con Compuesto V como una verdad absoluta.
— La conformidad es el arma más peligrosa de Vought —dijo la voz del multiverso—. No necesitan cadenas físicas cuando tienen el control de la narrativa cinematográfica, las redes sociales y el miedo.
— ¡Es un fraude! —gritó Naruto Uzumaki, golpeando el reposabrazos de su butaca—. ¡Un héroe es alguien que reconoce su debilidad y lucha de todos modos! ¡Ese tipo nació con todo servido en una jeringuilla!
— No solo eso, chico —dijo Butcher, mirando a Naruto con una mezcla de lástima y respeto—. Es que el mundo entero quiere que el fraude sea real. Prefieren una mentira hermosa que una verdad fea. Prefieren creer que Homelander es un ángel enviado por Dios antes que aceptar que es un experimento de laboratorio que salió mal.
La imagen en pantalla cambió a un laboratorio subterráneo. Se veía a un bebé en una cuna de cristal. Un científico, con manos temblorosas, inyectaba el líquido azul, el Compuesto V, en la pequeña vena del infante. El bebé empezó a llorar, y de repente, sus ojos brillaron con una luz azulada antes de que la cuna se partiera por la mitad debido a una fuerza invisible.
— ¡No! —exclamó Diana (Wonder Woman), cubriéndose los ojos—. ¡Es un sacrilegio! ¡Ningún niño debería ser tratado como un arma antes de saber siquiera su nombre!
— Es la base de su economía —dijo Bruce Banner, ajustándose las gafas con manos temblorosas—. Crean la demanda y luego fabrican el producto. Si el mundo es peligroso, necesitan a los Siete. Y si no hay villanos, Vought los crea para que sus héroes tengan algo que derrotar frente a las cámaras.
La Princesa Flama observó la escena del bebé con una expresión de dolor. Ella misma había sido encerrada en una lámpara por su propio padre debido a que su poder era "demasiado grande".
— Lo entiendo —dijo Phoebe en voz alta—. Lo entiendo perfectamente. Lo tratan como algo que posee, no como alguien que siente. Ese Homelander... él nunca fue un niño. Fue una inversión. Y ahora, el mundo está pagando los intereses de esa inversión en sangre.
La pantalla mostró una reunión de la junta directiva de Vought. Stan Edgar, un hombre de una calma aterradora, miraba a Homelander a los ojos.
— "Usted no es nuestro activo más valioso, John" —decía Edgar en la pantalla, con una frialdad que hizo que Homelander retrocediera un paso—. "Usted es simplemente un mal producto. Una aberración que debemos gestionar hasta que encontremos algo mejor".
— Incluso entre ellos se desprecian —observó Sasuke Uchiha, analizando la dinámica de poder—. No hay lealtad. Solo hay control y miedo al fracaso financiero.
De repente, la pantalla mostró una imagen que hizo que todos se pusieran en tensión. Era un mapa del multiverso, con pequeñas grietas que se abrían.
— ¿Qué significa esto? —preguntó Tony Stark, poniéndose de pie—. ¿Por qué nos enseñas esto ahora?
— Porque la conformidad está cruzando las fronteras —respondió la voz del cine—. Vought no se conforma con un solo mundo. El Compuesto V es una idea. Y las ideas pueden infectar otros universos.
Un pequeño frasco de Compuesto V apareció de nuevo en el centro de la sala, flotando. Pero esta vez, la imagen de la Princesa Flama apareció reflejada en el cristal del frasco.
— ¿Me estás tentando? —preguntó Phoebe, sus llamas volviéndose azules por el aumento de temperatura—. ¿Crees que yo querría ese veneno?
— No es para ti, Princesa del Fuego —dijo la voz—. Es para que veas lo que ocurre cuando alguien de tu mundo, alguien que busca la "conformidad" y el orden absoluto, pone sus manos en él.
La pantalla mostró una visión hipotética. El Reino del Fuego, pero bajo el control de Vought. Los habitantes de fuego ya no eran libres, sino que llevaban uniformes con el logo de la empresa. Phoebe estaba encadenada, su fuego siendo utilizado para alimentar turbinas industriales, mientras una versión "perfecta" y controlada de ella misma sonreía en carteles publicitarios.
— ¡Jamás! —rugió la Princesa Flama, y una onda de choque de calor barrió la sala, aunque nadie resultó herido por la protección del cine—. ¡Mi fuego no se vende! ¡Mi gente no es una marca!
— Eso es lo que dicen todos —dijo Butcher, encendiendo un cigarrillo invisible—. Hasta que ven el cheque o hasta que Vought amenaza con quemar todo lo que aman. La conformidad no empieza con un grito, empieza con un "está bien, solo por esta vez".
La pantalla volvió a Homelander. Estaba volando sobre las nubes, solo. No había cámaras, no había fans. Su rostro estaba sumido en una tristeza patética, casi infantil. Empezó a llorar, pero sus lágrimas se evaporaban antes de caer.
— Es un círculo vicioso —dijo Steve Rogers—. Él quiere que lo amen, pero no sabe amar. Y el mundo lo ama porque tiene miedo de lo que pasaría si dejaran de hacerlo.
— Es una prisión de cristal —concluyó la Princesa Flama, sentándose de nuevo, aunque su calor seguía siendo intenso—. Todos en ese mundo están atrapados. Los héroes en su fama, y la gente en su ignorancia. Pero el fuego tiene una propiedad que ellos olvidan.
— ¿Cuál? —preguntó Finn, mirando a su amiga.
— El fuego purifica —dijo Phoebe, mirando fijamente a la imagen de Homelander—. Tarde o temprano, la mentira se quemará. Y cuando eso ocurra, no quedará nada de su Torre Vought más que cenizas.
La pantalla se oscureció lentamente, dejando la palabra "CONFORMIDAD" escrita en letras doradas que goteaban sangre.
— Habéis visto el orden que impone el miedo —dijo la voz—. Ahora veréis el caos que genera la verdad.
— Prepárense —dijo Batman a la Liga de la Justicia—. Lo que viene no será agradable. Vamos a ver cómo se rompe ese mundo.
Butcher sonrió, una sonrisa llena de dientes y malas intenciones.
— Ahora es cuando la cosa se pone divertida, capullos. Vamos a ver cómo Hughie y los muchachos le meten un petardo en el trasero a la perfección.
La Princesa Flama cerró los ojos, intentando calmar su fuego interno. Había visto mucho en su corta vida, pero la frialdad corporativa de ese mundo la había perturbado más que cualquier villano de la Tierra de Ooo. En ese universo, el mal no tenía cuernos ni piel verde; vestía de traje y corbata, y te vendía una bebida energética mientras te pisaba el cuello.
La luz de la pantalla volvió a parpadear, preparándose para el siguiente segmento de la historia de los Siete, y el multiverso entero contuvo el aliento.