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Multiverso reacciona multiverso

Combustión Interna y Banquetes de Octano

El silencio que siguió a las últimas imágenes de la pantalla fue denso, casi pegajoso. Las luces de la sala de cine se encendieron con una intensidad suave, bañando el anfiteatro en un tono ámbar que invitaba a una tregua momentánea. La voz del Nexo, siempre puntual y carente de emociones, resonó una vez más.

—Se les concede un periodo de receso. El conocimiento requiere digestión, tanto metafórica como física. En las mesas laterales encontrarán sustento adecuado para sus fisiologías.

Como si la realidad misma se plegara a un deseo colectivo, largas mesas aparecieron en los pasillos superiores. El aroma era una amalgama caótica: pizza de pepperoni, ramen humeante, asado asgardiano y frutas que parecían brillar con luz propia.

—Por fin —suspiró Tony Stark, quitándose un guante de su armadura—. Si tengo que ver a Homelander sonreír una vez más sin tener algo en el estómago, voy a lanzar mi reactor arc contra la pantalla.

Los héroes y villanos comenzaron a dispersarse hacia la comida. Naruto corrió hacia el vapor del ramen como si fuera una cuestión de vida o muerte, mientras que Steve Rogers y Clark Kent compartían una mirada de cansancio compartido, acercándose a una sección de sándwiches con una sobriedad que contrastaba con el entusiasmo del joven ninja.

Sin embargo, en la primera fila, la Reina Flama no se movió. Su cuerpo seguía emitiendo un calor constante, una distorsión visual que hacía que el aire a su alrededor vibrara. Miró las mesas con una mezcla de confusión y desdén.

—¿Qué es todo eso? —preguntó Phoebe, señalando un plato de pasta que Peter Parker devoraba con rapidez—. Parece... blando. Y húmedo.

—Es comida, su majestad —respondió Peter, hablando con la boca medio llena antes de tragar con esfuerzo—. Ya sabe, carbohidratos, proteínas... combustible para el cuerpo. ¿Usted no come?

Phoebe se levantó, sus pies dejando pequeñas chispas sobre la alfombra.

—Mi cuerpo no es como el suyo, pequeño humano. Si ingiriera eso, solo causaría una explosión de vapor desagradable. Mi fuego se alimenta de lo que hace que las cosas se muevan, no de materia orgánica.

Caminó hacia una sección apartada de la mesa de buffet, una zona que parecía haber sido preparada específicamente para ella por la entidad que gobernaba la sala. Mientras los demás se servían ensaladas y carnes, Phoebe encontró una hilera de recipientes metálicos que emanaban un olor penetrante, químico y peligrosamente inflamable.

—Ah —suspiró ella, y por primera vez desde que llegó, su expresión se suavizó—. Esto es más parecido a casa.

Con una elegancia que desafiaba su naturaleza destructiva, tomó un bidón de metal que contenía un líquido transparente y denso. Sin necesidad de herramientas, sus dedos incandescentes perforaron el metal como si fuera mantequilla. Un chorro de gasolina de alto octanaje comenzó a verterse en su boca, pero antes de tocar sus labios, el líquido se vaporizaba y se encendía, convirtiéndose en una llamarada azulada que ella absorbía con deleite.

A unos metros de distancia, Bruce Wayne observaba la escena mientras sostenía una taza de café solo. Sus ojos, siempre analíticos, registraban cada detalle de la fisiología de la joven reina.

—Combustión directa —murmuró Batman para sí mismo—. No procesa nutrientes, procesa energía liberada por reacciones químicas.

—Es fascinante, ¿verdad? —Tony Stark se acercó a él, sosteniendo una hamburguesa en una mano y un dispositivo de escaneo en la otra—. Su metabolismo es básicamente un motor de combustión interna de ciclo infinito. Y mira eso, lo que está comiendo ahora... ¿es carbón activado con trazas de magnesio?

Phoebe, al notar que la observaban, tomó un trozo de carbón al rojo vivo de una bandeja de piedra y le dio un mordisco crujiente. Las chispas saltaron de su boca como fuegos artificiales en miniatura.

—¿Tienen algún problema, hombres de metal? —preguntó ella, con una ceja de fuego arqueada—. ¿O es que nunca han visto a una mujer disfrutar de un buen banquete de azufre?

—Problema ninguno —dijo Tony, levantando su hamburguesa en un brindis—. Solo envidia profesional. Mi armadura necesita una central eléctrica entera para hacer lo que tú haces después de un aperitivo.

Phoebe soltó una risa que sonó como el crepitar de una fogata en una noche de invierno.

—Tu armadura es una cáscara, Stark. Mi poder es mi núcleo. Aunque admito que este "combustible" del Nexo es de una pureza aceptable. Tiene un regusto a petróleo crudo que me recuerda a las profundidades del Reino de Fuego.

—Es curioso —intervino Superman, acercándose con una expresión amable— que en este lugar todos necesitemos detenernos para reponer fuerzas. Incluso en el multiverso, la vulnerabilidad nos une.

—Vulnerabilidad —repitió Phoebe, dejando a un lado el bidón vacío—. Eso es lo que ese hombre, Homelander, no entiende. Él cree que comer frente a las cámaras es un acto de relaciones públicas. No disfruta de la vida, solo consume la atención de los demás.

—Él no come para vivir —añadió Wonder Woman, quien se había unido al grupo con una copa de néctar—. Él devora para llenar un vacío que no tiene fondo. Verlo fingir humanidad en esos banquetes de Vought es casi más insultante que verlo asesinar.

La Reina Flama tomó un puñado de virutas de magnesio y las lanzó al aire, atrapándolas con la boca mientras estallaban en destellos blancos.

—En mi mundo —dijo ella, su voz volviéndose más seria—, el fuego es honesto. Si no lo alimentas, se apaga. Si lo alimentas demasiado, destruye. Pero Homelander es un fuego que no emite calor, solo luz cegadora. Es un fraude térmico.

—Un fraude térmico —rio Stark—. Me gusta esa definición. Voy a anotarla para cuando diseñe mi próxima armadura "Anti-Psicópatas con Capa".

Mientras el grupo charlaba, en el otro extremo de la sala, Billy Butcher observaba a la Reina Flama con una mirada calculadora. No comía mucho, apenas un trozo de pan seco, pero su atención estaba fija en la demostración de poder elemental de la chica.

—Increíble, ¿no? —dijo Hughie Campbell, apareciendo al lado de Butcher con un plato de pasta temblorosa—. Una chica hecha de fuego comiendo gasolina. Y nosotros aquí, preocupados por si la salsa tiene demasiada sal.

—No te equivoques, Hughie —gruñó Butcher—. Ella es igual que los demás. Una bomba de tiempo con corona. Solo que su "Compuesto V" es natural. Pero mírale a los ojos... hay algo diferente. No tiene esa mirada de "mírenme, soy un dios". Tiene hambre. Hambre de verdad.

De vuelta en el grupo principal, la Reina Flama terminó su banquete de hidrocarburos. Su piel brillaba ahora con una intensidad renovada, y las puntas de su cabello rozaban el techo de la sala, dejando rastros de hollín que desaparecían mágicamente.

—Me siento mejor —declaró Phoebe—. El fuego se había debilitado con tanta oscuridad en esa pantalla. ¿Qué es lo que sigue? ¿Más desfiles de moda y asesinatos corporativos?

—Probablemente —respondió Batman, dejando su taza vacía—. El Nexo no nos ha traído aquí para darnos buenas noticias. Nos está mostrando el colapso de una sociedad que puso su fe en el producto equivocado.

—Entonces que venga —dijo la Reina Flama, regresando a su asiento con paso firme—. He quemado reinos enteros de maldad antes de desayunar. Si ese Homelander cree que el mundo es suyo porque puede volar y lanzar rayos por los ojos, es que nunca ha intentado apagar un incendio forestal con las manos desnudas.

—Esa es la actitud —exclamó Naruto, que pasaba por allí con su quinto tazón de ramen—. ¡Deberías venir a mi aldea! ¡Seguro que podrías ayudar a cocinar el ramen en tiempo récord!

Phoebe lo miró con una mezcla de desconcierto y diversión.

—Niño, si me acerco a tu sopa, lo único que quedará será un cuenco de cerámica fundida. Pero aprecio la invitación.

La sala comenzó a oscurecerse de nuevo. El aroma a comida y combustible empezó a disiparse, reemplazado por el aire frío y estático de la pantalla gigante. Los héroes regresaron a sus puestos, algunos limpiándose las migas de la boca, otros ajustando sus armas.

—La pausa ha terminado —anunció la voz del Nexo—. Ahora que sus cuerpos han sido saciados, es hora de que sus mentes se enfrenten a la siguiente etapa. El heroísmo no es solo una cuestión de poder, sino de lo que uno está dispuesto a sacrificar cuando el marketing deja de funcionar.

La pantalla parpadeó. La imagen de una ciudad nocturna apareció, pero esta vez no había música triunfal ni luces de neón. Solo el sonido del viento soplando entre los rascacielos y la sombra de una capa roja que se recortaba contra la luna.

—Miren bien —dijo la voz—. Porque ahora verán lo que sucede cuando el "héroe" decide que ya no necesita una máscara de amabilidad.

La Reina Flama se cruzó de brazos, sintiendo el calor del combustible quemándose en su interior. Estaba lista. Si Homelander era el sol frío de aquel universo podrido, ella sería la llama que le recordara que incluso los dioses pueden arder.

—Que empiece —murmuró Phoebe, y sus ojos se encendieron en un rojo profundo—. Quiero ver cómo se rompe el cristal de ese escaparate.

El silencio volvió a caer sobre el multiverso, pero esta vez, bajo el terciopelo de las butacas y tras las miradas de los guerreros, había una nueva chispa. Una mezcla de indignación y determinación que, alimentada por el breve banquete, prometía que la reacción a lo que vendría sería mucho más que un simple acto de observación. La batalla por la idea del héroe continuaba, y la Reina Flama, con su estómago lleno de fuego y gasolina, no pensaba apartar la vista.