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Mundial

Ritmo, Cámaras y un Balón en el Corazón

El Centro de Alto Rendimiento (CAR) de la Ciudad de México amaneció con un aire distinto. No era solo la presión del debut mundialista contra Polonia, sino el rumor de que "la joya de la corona" estaría presente en las instalaciones. Entre los pasillos de pasto impecable, los jugadores de la Selección Mexicana se preparaban para la sesión matutina, pero el tema de conversación no era la táctica de salida.

— Oigan, ¿vieron el outfit que subió Mari hoy a su Instagram? —preguntó Alexis Vega mientras se amarraba las agujetas de sus tacos coloridos—. Esa chamarra de cuero con los colores de México pero estilo Chanel... No inventen, tiene un estilo de otro planeta.

— Es que no es solo cantante, Alexis, es un ícono de la moda —intervino Edson Álvarez, estirando los músculos con seriedad—. Mi novia me dijo que ella es embajadora global de marcas de lujo. Pero lo que me impresiona es cómo maneja el escenario. ¿Escucharon "Mantra" esta mañana?

Brian Gutiérrez, que estaba a unos pasos tratando de parecer concentrado en su calentamiento, aguzó el oído. El recuerdo del aroma a vainilla de Mari seguía instalado en su memoria desde el ensayo en el Azteca.

— "Pretty, isn't it? Keep it unconventional. Slim, thick, skin-tight, energy tonight..." —tarareó Roberto "El Piojo" Alvarado, intentando imitar el tono sofisticado de Mari—. Esa parte se me pegó a la cabeza. La letra es muy ella, ¿no? Como que no le importa lo que digan, ella sabe que es la jefa.

— ¡Exacto! —exclamó la Hormiga González, saltando al campo—. Pero no se olviden de que es parte de un grupo. Las otras chicas de Blackpink también son leyendas. Rosé, Lisa y Jisoo deben estar por llegar para apoyarla en la inauguración. Imagínense ese nivel de poder en el estadio.

De repente, el director técnico hizo sonar el silbato, pero antes de que pudieran empezar el rondo, una camioneta negra blindada se detuvo cerca de la banda. De ella bajó el manager de Mari, un hombre coreano-mexicano de aspecto eficiente, seguido por un equipo de cámaras. Y luego, bajó ella.

Mari lucía espectacular, incluso para un entrenamiento bajo el sol. Llevaba unos lentes oscuros de diseño futurista, un top deportivo blanco que resaltaba su figura y unos pantalones de entrenamiento de tiro alto que lograban que algo tan simple pareciera alta costura. Su cabello estaba recogido en una coleta alta, perfecta, sin un solo pelo fuera de lugar.

— ¡Buenos días, campeones! —saludó Mari con una sonrisa radiante, agitando la mano hacia el grupo.

Los jugadores se quedaron petrificados por un segundo. Brian sintió que el corazón le daba un vuelco. El manager se acercó al cuerpo técnico mientras Mari caminaba hacia los futbolistas.

— Perdón por irrumpir así —dijo ella, llegando hasta donde estaban Brian y Edson—. La FIFA y mi equipo de contenido necesitan grabar unos clips de "integración cultural". Quieren que la estrella de la inauguración aprenda unos trucos de los mejores del país. ¿Me ayudan a no hacer el ridículo frente a las cámaras?

— ¡Por supuesto! —respondió Alexis Vega, adelantándose con su carisma habitual—. Aquí tenemos a los mejores maestros. Aunque, para ser sinceros, nosotros deberíamos estar pidiéndote clases de baile. El paso de "You & Me" que haces es imposible para alguien con mis rodillas.

Mari soltó una carcajada cristalina.

— "I love you and me, dancing in the moonlight, nobody can see, it’s just you and me tonight..." —canturreó ella brevemente, haciendo un pequeño movimiento de hombros que dejó a todos hipnotizados—. Es práctica, Alexis. Igual que sus tiros libres.

— Bueno, Mari —dijo Brian, armándose de valor y acercándose con un balón en las manos—, si vamos a grabar, tenemos que empezar por lo básico. ¿Sabes hacer dominadas?

Mari miró el balón con una mezcla de desafío y diversión.

— En los videos musicales parezco muy coordinada, pero esto pesa más que mis micrófonos. A ver, enséñame, Brian.

El equipo de cámaras comenzó a rodar. Brian se colocó frente a ella.

— Mira, el truco es usar la parte plana de las agujetas y mantener el tobillo firme —explicó Brian, golpeando el balón con suavidad, manteniéndolo en el aire con una facilidad asombrosa—. Inténtalo tú. Te lo paso suave.

Brian le lanzó el balón. Mari intentó recibirlo, pero el esférico rebotó en su rodilla y salió disparado hacia la cara de un asistente de producción.

— ¡Ay, no! ¡Lo siento mucho! —gritó Mari, cubriéndose la boca con las manos mientras estallaba en risas—. ¡Les dije que era un peligro!

— ¡Falta! ¡Roja para la estrella! —bromeó el Piojo Alvarado, haciendo el gesto de sacar una tarjeta invisible.

La sesión de fotos y videos se convirtió rápidamente en un caos de risas. Los jugadores, que normalmente sentían el peso de la nación sobre sus hombros, se veían relajados, disfrutando de la presencia de la cantante. Edson Álvarez intentó enseñarle a hacer un "sombrerito", mientras que Mari, en un momento de descanso, se sentó en una hielera a platicar con ellos.

— Es increíble el impacto que tienes, Mari —comentó Edson, secándose el sudor—. Mis sobrinas en Ámsterdam no dejan de preguntarme si de verdad te conocí. Dicen que cambiaste el juego para las artistas latinas en Asia.

— Ha sido un viaje loco —respondió ella, poniéndose seria por un momento—. Cuando empecé en Corea, extrañaba tanto los tacos y el sol de México... Pero las chicas, mis compañeras de grupo, fueron mi familia. Lisa siempre me decía que mi "picante" mexicano era lo que le daba sabor a nuestras coreografías. Por eso, estar aquí ahora, representando a México en un Mundial, es como cerrar un círculo.

— Se nota en tus letras —dijo Brian, que se había sentado cerca de ella—. La de "Solo", la que dice "Used to be your girl, now I'm used to being the GOAT"... esa confianza es la que necesitamos nosotros en la cancha.

Mari lo miró fijamente, sus ojos oscuros brillando bajo el sol.

— "Shinning bright like a diamond", Brian —citó ella con una sonrisa cómplice—. Esa canción habla de brillar por uno mismo. Ustedes ya son estrellas. Solo tienen que recordarlo cuando el estadio esté rugiendo.

— Oye, Mari —interrumpió la Hormiga, acercándose con su celular—, mi manager está hablando con el tuyo porque queremos saber si es cierto que vas a tener un palco especial. Queremos invitarte a una cena con las familias después del primer partido. Si ganamos, claro.

— ¡Hecho! Pero con una condición —dijo ella, levantándose y tomando el balón de nuevo—. Si anotas un gol, tienes que hacer un paso de "Pink Venom".

— ¡Trato hecho! —exclamó el Piojo, mientras todos reían imaginándose a los seleccionados haciendo la coreografía de Blackpink en pleno festejo mundialista.

El entrenamiento terminó con una foto grupal donde Mari posó en el centro, sosteniendo una playera de la selección con el número 10 y su nombre. Antes de irse, se acercó a Brian, que estaba recogiendo unos conos.

— Jugaste muy bien hoy, Brian —le dijo en voz baja, para que las cámaras no captaran el momento—. Gracias por la paciencia con mis patadas chuecas.

— Cuando quieras, Mari. Si necesitas más clases, ya sabes dónde encontrarnos. O si quieres jugar Mario Kart, la invitación sigue en pie.

— No lo olvides —dijo ella, guiñándole un ojo—. Por cierto, descargué el partido que jugaste contra el LAFC. Tu asistencia fue... "Kill This Love". Literalmente mataste el juego ahí.

Brian se quedó mudo. Ella no solo sabía quién era, sino que veía sus partidos. Mari se dio la vuelta, su silueta elegante alejándose hacia la camioneta, dejando tras de sí ese rastro de perfume y una energía que hacía que el Mundial no pareciera una carga, sino una fiesta.

— ¡Hey, Brian! —gritó Alexis Vega desde la entrada de los vestidores—. ¡Deja de ver el horizonte como protagonista de novela y muévete! ¡Tenemos que estudiar los videos de Lewandowski!

Brian suspiró, pero esta vez, al entrar al vestidor y ponerse los audífonos, no puso la lista de reproducción de la selección. Buscó el perfil de Mari y le dio play a "You & Me".

— "I love you and me..." —susurró para sí mismo, sintiendo que, por primera vez, el éxito no se medía solo en goles, sino en la posibilidad de conocer el alma detrás de la estrella más brillante del firmamento.

Mientras tanto, en la camioneta, Mari revisaba las fotos del día. Su manager la miraba por el espejo retrovisor con una sonrisa de suficiencia.

— Te llevaste muy bien con el número 17, ¿no? —preguntó el manager.

— Es agradable, Teddy —respondió ella, mirando por la ventana hacia el campo de entrenamiento—. Es real. En este mundo de flashes y marcas, encontrar a alguien que te enseñe a patear un balón sin pedirte un autógrafo primero... es refrescante.

— Tenemos la agenda llena, Mari. Mañana es la prueba de vestuario para la inauguración. Chanel envió tres opciones nuevas.

— Lo sé —dijo ella, suspirando—. Pero asegúrate de que el palco para el partido de México esté listo. No me voy a perder el debut por nada del mundo.

El Mundial 2026 estaba a punto de estallar en una explosión de música y fútbol. Y en medio de todo, una cantante que conquistó el mundo y un futbolista que buscaba su lugar en la historia estaban empezando a escribir su propia partitura, una que no seguía ninguna regla, excepto la del ritmo de sus propios corazones.