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Mutantes

Sinfonía de encaje y adamantium

Wade Wilson sentía que sus receptores sensoriales estaban a punto de sufrir un cortocircuito. La depresión que lo había mantenido pegado al sofá como un chicle masticado se había evaporado, reemplazada por una oleada de adrenalina y deseo tan potente que juraría que sus factores de curación estaban trabajando horas extra solo para evitar que su corazón explotara.

Ahí estaba su Spidey. Su dulce, casto y a veces demasiado moralista Peter Parker, vistiendo un conjunto de lencería carmesí que dejaba muy poco a la imaginación. El encaje se hundía en la carne firme de sus muslos, y esa máscara roja, que solía ser un símbolo de justicia, ahora solo servía para resaltar la vulnerabilidad de sus ojos ocultos y el rubor que Wade sabía que incendiaba sus mejillas.

—Logan, juro por todos los dioses de Marvel que si esto es una alucinación por comer chimichangas caducadas, no quiero despertar nunca —susurró Wade, su voz era un hilo ronco mientras gateaba por el colchón, rodeando a la pareja como un depredador que ha encontrado un tesoro.

Logan soltó un gruñido bajo, una vibración que Peter sintió directamente contra su espalda. El mutante mantenía sus manos grandes y callosas firmemente plantadas en la cintura de Peter, marcando el contraste entre su piel curtida y la suavidad del chico.

—No es una alucinación, Wade. Pero si te quedas ahí parado mirando como un idiota, me lo quedo todo para mí —amenazó Logan, aunque sus ojos afilados brillaban con una diversión oscura. Con un movimiento deliberado, Logan deslizó una mano hacia abajo, apretando con fuerza una de las nalgas de Peter—. ¿Sientes eso, Wade? Está temblando. Y no es solo por el frío.

Peter soltó un jadeo entrecortado, sus manos enguantadas apretando las sábanas con fuerza.

—¡Logan! —exclamó Peter, su voz una octava más aguda de lo normal—. Dijiste... dijiste que esto sería rápido. Solo para animarlo. ¡No acordamos que me manosearías frente a él mientras hace chistes!

—Oh, Petey, los chistes se acabaron —dijo Wade, llegando finalmente a ellos. Se posicionó frente a Peter, obligándolo a separar las piernas para que Wade pudiera arrodillarse entre ellas—. Ahora empieza la sección de "agradecimientos especiales".

Wade extendió una mano temblorosa y acarició el borde del encaje en la cadera de Peter. La tela era suave, pero la piel debajo era puro fuego. Peter intentó cerrar las piernas por instinto, pero Logan, con esa fuerza bruta característica, lo mantuvo abierto, anclándolo en su regazo.

—Mira hacia adelante, chico —ordenó Logan al oído de Peter—. Mira lo que le haces a este imbécil.

Wade no podía apartar la vista del bulto que el tapón anal creaba bajo la fina tela del encaje. La idea de que Peter estuviera allí, preparado, dilatado y vulnerable para ellos, era casi más de lo que su mente fracturada podía procesar.

—Petey... ¿de verdad tienes eso ahí dentro? —preguntó Wade, su tono perdiendo toda la burla y volviéndose peligrosamente serio—. ¿Dejaste que Logan te pusiera algo para que yo pudiera... para que nosotros pudiéramos...?

Peter asintió levemente, bajando la cabeza. Los lentes de su máscara se entrecerraron, denotando su vergüenza.

—Él dijo... él dijo que te haría sentir mejor —susurró Peter—. Y que si íbamos a hacerlo, tenía que estar listo. Me duele un poco, Wade. Se siente... extraño. Me hace sentir que no puedo pensar con claridad.

Wade sintió una punzada de ternura mezclada con una lujuria abrasadora. Se inclinó hacia adelante, tomando el rostro de Peter entre sus manos enguantadas.

—Eres el mejor superhéroe del mundo, ¿lo sabías? —dijo Wade antes de presionar sus labios contra la tela de la máscara de Peter, justo donde estaría su boca.

El beso fue hambriento, una descarga de necesidad acumulada durante meses de flirteos no correspondidos. Peter respondió con un gemido, inclinándose hacia el contacto, buscando el calor de Wade mientras Logan seguía siendo su roca en la retaguardia.

Logan no se quedó atrás. Sus garras estaban guardadas, pero sus manos eran igual de peligrosas. Empezó a trazar círculos en el abdomen de Peter, bajando lentamente hacia el centro de la lencería carmesí.

—Ya basta de charlas —gruñó Logan, su voz vibrando contra la nuca de Peter—. Wade, quítale esa porquería roja. Quiero ver el daño que le he hecho con ese juguete.

Wade no necesitó otra invitación. Con dedos sorprendentemente ágiles, desabrochó los cierres del conjunto de lencería. La tela cayó, revelando el cuerpo atlético de Peter en toda su gloria, excepto por la máscara y el pequeño objeto de silicona que asomaba entre sus glúteos. La vista era obscena y hermosa a la vez. El anillo de Peter estaba rosado y tenso, rodeando el cuello del tapón, y su propio miembro estaba erecto y palpitante, reaccionando a la estimulación doble.

—Dios mío —susurró Wade, sus ojos recorriendo cada centímetro de la piel de Peter—. Logan, creo que voy a llorar. Esto es mejor que el final de Avengers: Endgame.

—Menos llorar y más trabajar, Wilson —dijo Logan, agarrando a Wade por el cuello de su traje y tirando de él hacia la cama—. Te dije que teníamos que compartir. Yo lo sostengo, tú lo preparas. Y luego, los dos nos servimos.

Wade se despojó de su propia máscara y parte de su traje con una velocidad sobrenatural, revelando su rostro lleno de cicatrices pero iluminado por una sonrisa genuina. Se posicionó entre las piernas de Peter, sus manos separando las nalgas del arácnido para admirar el trabajo de Logan.

—¿Te gusta, Petey? —preguntó Wade, pasando su lengua por el borde del juguete, haciendo que Peter saltara en el regazo de Logan—. ¿Te gusta que tu mercenario favorito te vea así? Tan abierto, tan listo.

—Wade... por favor —gimió Peter, echando la cabeza hacia atrás, descansando sobre el hombro musculoso de Logan—. Se siente... demasiado. Logan, no pares.

Logan estaba ocupado dejando marcas de dientes en el hombro de Peter, reclamando su territorio. Sus manos bajaron para rodear el miembro de Peter, moviéndose con un ritmo lento y tortuoso que hacía que el chico soltara pequeños gritos ahogados.

—No voy a parar, chico —dijo Logan con voz ronca—. Wade, saca esa cosa. Quiero ocupar su lugar.

Wade agarró la base del tapón anal. Miró a Peter a los ojos, o al menos a los lentes de su máscara.

—Esto va a sentirse muy bien, dulzura —prometió Wade.

Con un movimiento lento y constante, Wade comenzó a extraer el juguete. Peter soltó un grito largo, sus dedos enterrándose en los bíceps de Logan mientras sentía cómo el objeto estiraba sus paredes internas una última vez antes de salir con un chasquido húmedo. El vacío que dejó fue inmediatamente reemplazado por la urgencia. Peter estaba abierto, su entrada palpitando rítmicamente, pidiendo ser llenada.

Wade no perdió el tiempo. Se deshizo de lo que quedaba de su ropa, revelando su propia erección, y se preparó. Pero antes de entrar, miró a Logan. Había un entendimiento silencioso entre los dos hombres. Ambos amaban a ese chico, a su manera retorcida y violenta.

—Yo primero —dijo Wade—. Tú quédate ahí, Logan. Quiero que sienta tu peso mientras yo lo lleno.

Logan asintió, envolviendo sus brazos alrededor del pecho de Peter, inmovilizándolo contra él.

—Hazlo de una vez, Wilson. El chico se está volviendo loco.

Wade se posicionó y, con un empuje lento y deliberado, se hundió en el calor de Peter. El arácnido soltó un alarido que fue sofocado por el beso que Logan le plantó en la nuca. Peter estaba increíblemente apretado, a pesar de la preparación, y Wade tuvo que detenerse un momento para dejar que el cuerpo de su amigo se ajustara a su tamaño.

—Estás tan... perfecto, Spidey —jadeó Wade, sus manos apretando las caderas de Peter para mantenerlo en su lugar—. Tan caliente. Siento que voy a correrme solo con estar aquí dentro.

—Mmuévete... Wade, muévete —suplicó Peter, sus caderas buscando instintivamente el ritmo.

Wade comenzó a moverse, primero con estocadas cortas y luego con embestidas más profundas y potentes. Cada vez que Wade golpeaba el fondo, Peter se estremecía, y Logan aprovechaba para morderle las orejas y susurrarle obscenidades sobre lo mucho que ambos lo deseaban.

—Eres nuestra pequeña araña, ¿verdad? —gruñó Logan, su mano bajando para masturbar a Peter en sincronía con los movimientos de Wade—. Mírate, aceptando a este monstruo como si hubieras nacido para ello.

—¡Ah! ¡Logan! ¡Wade! —Peter estaba perdido en un mar de sensaciones. El peso de Logan detrás de él, la invasión de Wade frente a él, y el placer abrumador que recorría su columna vertebral.

Wade estaba en trance. Ver a Logan, el hombre más rudo que conocía, sosteniendo a Peter con una mezcla de posesividad y cuidado, mientras él mismo poseía al amor de su vida, era la cura definitiva para cualquier depresión. El ritmo se volvió frenético. El sonido de la carne chocando contra la carne y los gemidos de Peter llenaban la habitación, creando una atmósfera densa y cargada de feromonas.

—Logan... me voy a... —advirtió Wade, sus ojos volviéndose blancos por el placer.

—No te atrevas a salirte —ordenó Logan—. Quiero sentir cómo lo llenas mientras yo también tomo mi parte.

Logan giró a Peter ligeramente, sin que Wade se saliera, obligando al chico a adoptar una posición que permitiera a Logan entrar también en juego. Fue una maniobra coreografiada por años de instinto de combate, pero aplicada al sexo. Logan se posicionó justo debajo de Wade, buscando la entrada ya dilatada y compartiendo el espacio con una brutalidad que solo dos hombres con factores de curación podrían gestionar sin romper al chico en medio.

Peter gritó, esta vez de puro éxtasis, cuando sintió la plenitud absoluta. Estaba siendo reclamado por ambos lados, rodeado por el acero de Logan y el fuego de Wade. Sus sentidos arácnidos estaban disparándose, cada terminación nerviosa gritando ante la sobrecarga sensorial.

—¡Eso es! ¡Así, Petey! —gritó Wade, aumentando la velocidad de sus embestidas—. ¡Danos todo!

El clímax llegó como una explosión. Peter fue el primero en ceder, su propio placer manchando su abdomen y las sábanas mientras su cuerpo se tensaba en un espasmo violento. Segundos después, Wade soltó un rugido, vaciándose profundamente dentro de Peter, seguido casi inmediatamente por Logan, quien gruñó como un animal mientras alcanzaba su propio orgasmo.

El silencio que siguió solo estaba roto por las respiraciones agitadas de los tres. Wade se desplomó sobre el pecho de Peter, quien a su vez estaba apoyado en el de Logan. El trío era un nudo de extremidades, sudor y restos de encaje carmesí.

Después de unos minutos, Wade levantó la cabeza, una sonrisa de oreja a oreja iluminando su rostro.

—¿Saben qué? —dijo Wade, recuperando su tono jovial—. Creo que ya no estoy deprimido. De hecho, creo que quiero hacer esto todos los martes. ¿Martes de Tacos y Tríos? Tiene buen ritmo.

Peter, aún con la máscara puesta pero completamente agotado, soltó una risa débil.

—Cállate, Wade.

Logan gruñó, pero no se movió, manteniendo a ambos hombres cerca de él.

—Por una vez, Wilson, estoy de acuerdo con el chico. Cierra la boca y disfruta del silencio antes de que te eche a patadas de tu propia cama.

Wade se acurrucó más cerca, cerrando los ojos con una paz que no había sentido en semanas. Tenía a su Spidey, tenía a su Logan, y tenía una historia que probablemente nunca podría contarle a nadie, pero que recordaría cada vez que viera el color rojo.

—Los quiero, chicos —susurró Wade.

—Nosotros también, idiota —respondió Logan, mientras Peter simplemente apretaba la mano de Wade, confirmando que, a pesar de la vergüenza y el encaje, no cambiaría ese momento por nada en el mundo.

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