My angel
El Aura de los Secretos y el Destino de las Almas
La cafetería cerca de la facultad de artes siempre olía a granos tostados y a esa mezcla particular de pintura y papel viejo que Yeosang tanto disfrutaba. Era un lugar donde lo humano se sentía vibrante, casi tangible. Sentado en una mesa redonda de madera desgastada, Yeosang observaba a Jongho, quien peleaba con una servilleta que se había pegado a su mano después de comer un pastelillo.
—Eres un ángel, Yeosang —dijo Jongho de repente, soltando una risita mientras lograba despegar el papel—. No entiendo cómo puedes comer sin mancharte ni una sola vez. A veces creo que flotas sobre la comida en lugar de ingerirla.
Yeosang sonrió, sintiendo ese calor familiar en sus mejillas. La marca en forma de corazón cerca de su ojo pareció brillar bajo la luz amarillenta del local.
—Solo soy cuidadoso, Jongho —respondió con suavidad—. Pero me gusta que pienses eso de mí. Aunque... ¿qué harías si realmente lo fuera? Si un día mis pies dejaran de tocar el suelo.
Jongho estiró su mano y apretó con cariño la de Yeosang. Sus dedos eran fuertes, marcados por el ejercicio, pero su tacto era de una ternura infinita.
—Ya te lo dije una vez, Yeo —murmuró Jongho con los ojos fijos en los suyos—. Te amarraría a la tierra con todo el amor que tengo. Pero no te preocupes, para mí ya eres el ser más divino que existe, con alas o sin ellas.
Yeosang bajó la mirada, sintiendo el peso del secreto en su pecho. No podía decírselo. Las reglas de la Divinidad eran claras: la experiencia humana debía ser vivida sin el peso del conocimiento celestial compartido. Si confesaba su origen, el velo se rompería y la magia de lo cotidiano perdería su esencia.
En ese momento, la puerta de la cafetería se abrió con un estrépito familiar. Wooyoung entró casi saltando, seguido de San, quien lo miraba con una adoración tan evidente que resultaba casi cegadora para alguien con la sensibilidad de Yeosang. Detrás de ellos venía un grupo que Yeosang solo conocía de vista o por menciones rápidas.
—¡Aquí están los desaparecidos! —exclamó Wooyoung, arrastrando un par de sillas para unirlas a la mesa—. Jongho, Yeosang, tienen que conocer al resto de la banda. No acepto un "no" por respuesta.
Yeosang se enderezó, sintiendo una extraña vibración en el aire. Como antiguo ángel, su visión terrenal era limitada, pero su alma aún conservaba la capacidad de "sentir" las auras de los demás. Al principio, cuando conoció a San y Wooyoung, se dio cuenta de algo hermoso: sus almas estaban entrelazadas por hilos de plata que se extendían hacia atrás en el tiempo, siglos antes de que sus cuerpos actuales nacieran. Eran almas gemelas destinadas, un concepto que en el cielo se estudiaba como una rareza estadística y que aquí, frente a él, se manifestaba en cada roce de manos y cada mirada cómplice.
—Chicos, estos son Hongjoong, Seonghwa, Yunho y Mingi —presentó San, sentándose al lado de Wooy