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Naruto el relampago.rojo

El Vórtice de las Voluntades Unidas

La batalla en el claro del País de los Bosques no era ya una simple escaramuza; se había convertido en el epicentro de un cataclismo. El aire, saturado de la energía dorada del Arquitecto y el chakra elemental de los Kages, crepitaba con una intensidad que hacía sangrar los oídos. La tierra bajo sus pies no solo temblaba, sino que se deshacía, convirtiéndose en un polvo fino que flotaba en el aire, desafiando la gravedad.

—¡Gaara, cubre el flanco derecho! —gritó Kakashi, mientras esquivaba una lanza de luz pura que por poco le rebana el hombro—. ¡Darui, necesitamos que tu Rayo Negro mantenga a raya a esos guardianes de obsidiana!

—¡Entendido! —respondió el Raikage, cuya piel estaba cubierta por una capa de electricidad tan densa que parecía una armadura líquida—. ¡Estilo de Rayo: Pantera Negra!

Un rayo con forma de felino oscuro saltó de sus manos, impactando contra tres de los guerreros de armadura oscura. La descarga fue masiva, pero tal como habían temido, las armaduras comenzaron a brillar, absorbiendo la electricidad. Sin embargo, antes de que pudieran procesarla, una ráfaga de arena infundida con sellos de oro los envolvió por completo.

—¡No les den tiempo a respirar! —exclamó Gaara, cerrando su puño con fuerza—. ¡Ataúd de Arena Imperial!

La presión fue tan grande que las armaduras de obsidiana crujieron, pero el Arquitecto, observando la escena desde su posición elevada cerca de la torre, simplemente chasqueó los dedos. Una onda de choque invisible golpeó a Gaara, dispersando su arena y obligándolo a retroceder varios metros.

—Esfuerzos inútiles de seres efímeros —sentenció el hombre de blanco. Sus ojos grises se posaron en Naruto y Sasuke, quienes se movían como sombras entrelazadas—. Ustedes dos... son las anomalías más persistentes.

Naruto, envuelto en el manto de las Nueve Colas, intercambió una mirada con Sasuke. No necesitaban palabras. Durante años, sus mentes se habían conectado en el fragor de la batalla de una forma que trascendía el lenguaje. Sasuke activó su Rinnegan, y en un parpadeo, Naruto desapareció.

—¡Ahora, Sasuke! —rugió Naruto desde el aire.

Sasuke lanzó su espada Kusanagi imbuida en Chidori hacia el Arquitecto. El ser ni siquiera se inmutó, preparándose para atrapar la hoja con sus dedos, pero en el último milisegundo, Sasuke usó el *Amenotejikara*. La espada fue reemplazada por Naruto, quien ya tenía un Rasengan de energía natural cargado en su palma.

—¡Toma esto, engreído! —exclamó Naruto, impactando el ataque directamente en el pecho del Arquitecto.

El impacto generó una explosión de presión atmosférica que barrió las nubes en kilómetros a la redonda. El Arquitecto retrocedió por primera vez, sus pies dejando surcos profundos en la tierra muerta. Una pequeña mancha de suciedad manchaba su túnica blanca.

—¿Energía de la naturaleza? —El Arquitecto bajó la vista hacia la mancha, y por primera vez, su expresión de indiferencia se transformó en una mueca de asco—. Usar la energía del mundo contra su propio arquitecto... es una blasfemia que no quedará sin castigo.

El tercer ojo en su frente comenzó a palpitar con un ritmo frenético. La luz dorada que emanaba de él se volvió roja, el color de la sangre vieja.

—¡Cuidado! —advirtió Sasuke, interponiéndose entre Naruto y el enemigo con su Susanoo completo—. ¡Algo viene!

El Arquitecto extendió sus manos hacia los lados, y de la torre de obsidiana brotaron cientos de hilos negros que se clavaron en el suelo. De repente, de la tierra empezaron a emerger versiones distorsionadas de los propios ninjas. Eran clones de sombra, pero hechos de una materia oscura y viscosa que imitaba el chakra de cada uno de los presentes.

—Si tanto aman su poder —dijo el Arquitecto con una voz que resonaba en sus mentes—, dejen que su propio poder los devore.

Naruto se vio rodeado por tres versiones oscuras de sí mismo, cada una con un Rasengan de color púrpura. Gaara luchaba contra una masa de arena negra que intentaba asfixiarlo, y Darui se batía en duelo contra un reflejo de rayo que se movía incluso más rápido que él.

—¡Esto es malo, de veras! —exclamó Naruto, esquivando un golpe de su doble oscuro—. ¡Sienten exactamente como yo!

—No son clones ordinarios —dijo Kakashi, luchando contra una sombra que usaba el Raikiri contra él—. Son nuestras propias dudas y arrepentimientos manifestados a través del chakra drenado. ¡No luchen contra ellos con jutsus, usen su voluntad!

Sasuke, sin embargo, no estaba mirando a los clones. Su ojo izquierdo sangraba profusamente mientras mantenía su vista fija en la torre.

—Naruto —dijo Sasuke por el canal mental que compartían—, la torre no es solo un recolector. Es un ancla. Está manteniendo al Arquitecto en esta dimensión. Si no la destruimos desde el núcleo, él seguirá regenerándose y creando estas cosas infinitamente.

—¿Cómo entramos? —preguntó Naruto, lanzando a uno de sus dobles lejos con una patada—. ¡Esa cosa es más dura que el diamante!

—Necesitamos una combinación de potencias que colapse el espacio-tiempo —explicó Sasuke, jadeando por el esfuerzo—. Mi flecha de Indra y tu Rasenshuriken de Seis Caminos. Pero tenemos que lanzarlos en el mismo microsegundo.

—Hagámoslo —asintió Naruto, su determinación brillando más que nunca—. ¡Oigan, todos! ¡Dennos diez segundos!

Gaara, entendiendo el plan, levantó una muralla de arena masiva para proteger a los dos ninjas, mientras Darui y Temari lanzaban ataques combinados de viento y rayo para mantener a raya a los clones oscuros.

—¡No pasarán de aquí! —rugió Darui, descargando todo su chakra restante en una cúpula eléctrica.

Naruto comenzó a levitar, acumulando una cantidad de energía que hacía que el suelo bajo él se vitrificara. Dos clones de sombra aparecieron a su lado, ayudándolo a formar un Rasenshuriken gigantesco, pero esta vez, infundido con el poder de todas las Bestias con Cola. El viento que generaba era tan fuerte que los árboles muertos a su alrededor se desintegraban.

A su lado, Sasuke manifestó el cuerpo completo de su Susanoo, tensando el arco con una flecha compuesta de rayos negros y llamas del Amaterasu. El aire vibraba con una frecuencia insoportable, como si la realidad misma estuviera a punto de rasgarse.

—¿Creen que pueden destruir mi obra? —El Arquitecto se elevó en el aire, con su tercer ojo brillando con una luz cegadora—. Yo soy el principio y el fin. ¡Vuelvan a la nada de donde vinieron!

El Arquitecto lanzó una esfera de vacío absoluto hacia ellos, una técnica que desintegraba todo a su paso.

—¡AHORA! —gritaron Naruto y Sasuke al unísono.

La flecha de Indra y el Rasenshuriken de los Seis Caminos volaron por el aire, entrelazándose en una espiral de destrucción pura. Los dos ataques no solo se sumaron, sino que se multiplicaron al chocar con la esfera de vacío del enemigo. El impacto en el centro del claro fue como el nacimiento de una estrella.

Una luz blanca y pura envolvió todo el País de los Bosques. Durante varios segundos, no hubo sonido, no hubo viento, solo una blancura absoluta que parecía borrar la existencia misma.

Cuando la luz finalmente se disipó, el paisaje era irreconocible. El claro se había convertido en un cráter perfecto de varios kilómetros de diámetro. La torre de obsidiana había desaparecido, dejando solo un rastro de ceniza flotando en el aire. Los clones oscuros se habían desvanecido y los hilos de energía que conectaban con el cielo se habían cortado.

Naruto cayó de rodillas, jadeando, con su ropa hecha jirones y el manto de chakra desapareciendo. Sasuke aterrizó a su lado, apoyándose en su espada para no caer, con ambos ojos cerrados por el agotamiento extremo.

—¿Lo... lo logramos? —preguntó Naruto, mirando hacia el centro del cráter.

Entre el humo y el polvo, una figura permanecía de pie. El Arquitecto estaba allí, pero su apariencia había cambiado. Su túnica blanca estaba destrozada, revelando una piel que parecía hecha de constelaciones y sombras. Su tercer ojo estaba cerrado y sangraba un líquido dorado.

—Impresionante —dijo el hombre, aunque su voz ya no era melódica, sino un susurro ronco—. Han roto el ancla. Han retrasado lo inevitable.

—No solo lo retrasamos —dijo Naruto, poniéndose en pie con una voluntad que desafiaba a la muerte—. Te vamos a detener. Esto no es solo por nosotros, es por el futuro de todos.

El Arquitecto miró a Naruto con una mezcla de curiosidad y algo que se parecía sospechosamente al respeto.

—El chakra en tus manos es diferente al de los demás, Naruto Uzumaki. No lo usas para dominar, sino para sostener. Quizás el experimento de Hagoromo no fue un fracaso total después de todo.

—Vete de aquí —sentenció Sasuke, abriendo su ojo derecho con dificultad—. Si vuelves, estaremos esperándote.

El Arquitecto comenzó a desvanecerse, su cuerpo convirtiéndose en partículas de luz que se elevaban hacia las nubes que empezaban a despejarse.

—Esta torre era solo una semilla —fueron sus últimas palabras—. Hay otras que ya han germinado. El mundo que conocen está cambiando, y ninguna voluntad humana puede detener la marea del tiempo. Nos volveremos a ver cuando el fruto esté maduro.

Con un último destello, la presencia del Arquitecto desapareció por completo.

El silencio regresó al bosque, pero esta vez no era un silencio de muerte, sino de alivio. Gaara y los demás se acercaron a Naruto y Sasuke, sus rostros marcados por la fatiga pero iluminados por la victoria.

—Eso fue... intenso —dijo Darui, sentándose pesadamente en el suelo—. Si todas las torres son así, vamos a necesitar a cada ninja del mundo para ganar esta guerra.

—Entonces los llamaremos a todos —dijo Naruto, mirando hacia el cielo, donde los primeros rayos de sol real comenzaban a filtrarse—. No importa cuántas torres haya o quién sea ese Arquitecto. Estamos juntos en esto.

Kakashi se acercó y puso una mano en el hombro de su alumno.

—Has crecido, Naruto. Pero esto es solo el comienzo. Tsunade-sama tenía razón; el mundo ninja está entrando en una nueva era, y el enemigo es más antiguo de lo que imaginamos.

—Lo sé —respondió Naruto, ajustándose su protector de frente, que milagrosamente seguía en su lugar—. Pero mientras tengamos un vínculo, no hay nada que no podamos superar.

Sasuke miró hacia el horizonte, donde el sol naciente teñía de naranja las ruinas del bosque.

—El juego ha cambiado —murmuró el Uchiha—. Pero las reglas las escribiremos nosotros.

Mientras el grupo comenzaba el largo camino de regreso a sus respectivas aldeas para informar y prepararse para lo que vendría, en lo profundo de las sombras de una dimensión lejana, el Arquitecto observaba una mesa de luz donde otros puntos rojos brillaban con fuerza en el mapa del mundo ninja.

—Que disfruten de su pequeña victoria —susurró la voz en la oscuridad—. El verdadero jardín apenas está comenzando a florecer.

La lluvia comenzó a caer de nuevo, pero esta vez no era la lluvia pesada y triste de Amegakure, sino una llovizna suave que parecía limpiar las cenizas del combate. Naruto, caminando al lado de sus amigos, sintió el calor de Kurama en su interior y supo que, aunque la sombra fuera grande, su luz siempre sería más fuerte. La guerra por el alma del chakra acababa de dar su primer paso, y el mundo ninja, unido como nunca antes, estaba listo para enfrentar su destino.