oc x todoroki
Entre hilos de historia y el estruendo del hielo
La biblioteca de la U.A. era, por lo general, el territorio sagrado de Daniela, pero esa tarde el aire se sentía cargado de una electricidad que no tenía nada que ver con el Quirk de Kaminari. Dani estaba sentada en una de las mesas circulares, rodeada no solo de sus habituales libros de literatura, sino de pesadas enciclopedias de historia universal y revistas de moda internacional que su tía le enviaba desde Lima.
A su lado, Monoma Neito, de la Clase 1-B, hojeaba un volumen sobre la Revolución Francesa con una sonrisa ladeada que Shoto Todoroki, observando desde el pasillo de los estantes de mitología, encontraba profundamente irritante.
—Es fascinante, Daniela —decía Monoma, inclinándose un poco más de lo necesario hacia ella—. La forma en que analizas el impacto de la vestimenta de María Antonieta como una declaración política antes que como una simple frivolidad... Tienes una mente demasiado refinada para la Clase 1-A. Esos brutos solo piensan en romper cosas, ¿no es cierto?
Dani soltó una risita amable, pero sus ojos brillaban con ese ingenio rápido que la caracterizaba.
—No seas tan severo, Monoma. La moda es historia visual. Si entiendes por qué se usaba un corsé o por qué el estilo flapper rompió moldes en los años veinte, entiendes las revoluciones sociales. Mis compañeros tienen sus propios talentos, aunque no siempre citen a Robespierre mientras entrenan.
Shoto apretó el libro que sostenía. No era solo que Monoma estuviera allí; era la forma en que Dani parecía disfrutar de una conversación que él, a pesar de todos sus esfuerzos por leer lo que ella le recomendaba, todavía no dominaba del todo. Él entendía de redención y de héroes trágicos, pero la historia de la moda del siglo XVIII era un terreno desconocido.
—¡Todoroki! —La voz de Inasa Yoarashi retumbó desde la entrada de la biblioteca, rompiendo el silencio sepulcral—. ¡Te encontré! ¡Vine a la U.A. por un asunto administrativo y no podía irme sin saludarte! ¡Tu pasión sigue siendo ardiente!
Shoto se tensó. Inasa se acercó a él con su energía desbordante, pero sus ojos se desviaron rápidamente hacia la mesa donde Dani y Monoma conversaban.
—¡Oh! ¿Quién es ella? —preguntó Inasa con entusiasmo—. ¡Tiene un aura de concentración impresionante!
Dani levantó la vista y, al ver a Shoto, su rostro se iluminó con esa sonrisa que siempre hacía que el corazón del chico de hielo y fuego diera un vuelco.
—¡Shoto! —exclamó ella, poniéndose de pie—. Ven, estábamos hablando de cómo el uniforme de los héroes debería evolucionar basándonos en la funcionalidad estética de la Bauhaus.
Shoto se acercó, pero Inasa se adelantó, haciendo una reverencia tan profunda que su cabeza casi golpea el suelo.
—¡Soy Inasa Yoarashi, de la Academia Shiketsu! ¡Es un honor conocer a una amiga de Todoroki!
Monoma arqueó una ceja, claramente divertido por la interrupción.
—Vaya, más gente de la 1-A y sus ruidosos allegados. Daniela, estábamos en la parte de la guillotina, mucho más interesante que las presentaciones efusivas.
Dani, siempre empática, trató de equilibrar la mesa.
—Inasa, un placer. Soy Daniela Paredes. Estábamos comparando el diseño estructural con la historia. Shoto, ¿terminaste el libro de ayer?
Shoto miró a Monoma, quien le dedicó una mirada de superioridad, y luego a Inasa, que ahora miraba a Dani con una admiración desbordante, preguntándole sobre la cultura peruana y cómo se comparaba la historia de los Incas con la de los Samuráis.
—No —respondió Shoto, su voz más fría de lo habitual—. No he tenido tiempo. Hay demasiadas... distracciones.
—¡La historia es vital! —rugió Inasa—. ¡Daniela-san, tienes una pasión que me hace hervir la sangre! ¡Deberías venir un día a Shiketsu a dar una charla!
—¡Qué tontería! —intervino Monoma con un bufido—. Ella necesita interlocutores a su altura intelectual, no alguien que grite sobre "pasión" cada cinco segundos.
Dani notó la tensión. Su Quirk de percepción captó la vibración metálica en el aire. Shoto no decía nada, pero su lado izquierdo emitía un calor sutil que hacía que el aire alrededor de la mesa se volviera denso.
—Creo que —dijo Dani, tratando de suavizar el ambiente— todos deberíamos calmarnos. La historia nos enseña que los conflictos por falta de comunicación suelen terminar en... bueno, en capítulos que nadie quiere leer.
—Tienes razón —dijo Shoto, pero sus ojos estaban fijos en Monoma—. Daniela, tenemos entrenamiento de combate en diez minutos. Deberías ir a cambiarte.
—¿Tan pronto? —preguntó ella, confundida—. Aizawa dijo que...
—Se adelantó —mintió Shoto sin pestañear.
Monoma soltó una carcajada sarcástica.
—Qué posesivo, Todoroki. ¿Tienes miedo de que aprenda algo útil fuera de tu burbuja de hielo?
—No es miedo —respondió Shoto, dando un paso adelante—. Es eficiencia.
La tensión estalló cuando Inasa, tratando de ser "apasionado", activó accidentalmente una ráfaga de viento para enfatizar un punto sobre la amistad, lo que voló los apuntes de Dani por toda la biblioteca. Monoma intentó atraparlos con un movimiento elegante, pero Shoto fue más rápido, creando una pequeña barrera de hielo para sujetar los papeles contra la pared antes de que se dispersaran.
—¡Suficiente! —gritó Dani, y su voz, aunque no era alta, tenía esa autoridad que silenciaba incluso a Bakugo—. ¡Parecen niños peleando por un juguete en el recreo! Monoma, gracias por la charla, pero Shoto tiene razón, tengo cosas que hacer. Inasa, gracias por la energía, pero estamos en una biblioteca. Y Shoto...
Lo miró fijamente. Él mantenía la mandíbula apretada.
—Vamos al campo de entrenamiento —dijo ella, recogiendo sus cosas con movimientos bruscos—. Ahora.
Caminaron en un silencio sepulcral hasta el campo de entrenamiento Gamma. Dani estaba furiosa, no porque le molestara la presencia de los otros, sino por la actitud de Shoto. Él, por su parte, sentía una mezcla de humillación y un sentimiento amargo que no sabía nombrar, pero que sabía que ardía más que su propio fuego.
—¿Se puede saber qué te pasó ahí dentro? —preguntó Dani una vez que estuvieron solos en el área de práctica—. Fuiste grosero con Monoma y cortante con Inasa. ¡Inasa es tu amigo!
—No son mis amigos los que me preocupan —respondió Shoto, deteniéndose y dándose la vuelta—. Es la forma en que los miras.
Dani parpadeó, incrédula.
—¿Cómo los miro? Shoto, Monoma es una de las pocas personas que puede mantener una conversación sobre la caída del Imperio Romano sin aburrirse, e Inasa es... bueno, es Inasa. ¡Es cultura y entusiasmo! ¿Desde cuándo te molesta que hable con la gente?
—Me molesta que parezcas preferir sus historias a las mías —soltó Shoto. La confesión salió como un ataque, cargada de una vulnerabilidad que lo asustaba.
—¿Preferir sus historias? —Dani soltó una risa seca—. Shoto, tú eres la persona a la que le presto mis libros favoritos. Eres la persona con la que paso mis noches analizando poemas. ¿Cómo puedes ser tan ciego?
—¡Él sabe de moda y de historia! —exclamó Shoto, y por primera vez, su voz se elevó—. ¡Yo solo sé de entrenamiento y de cómo no ser como mi padre! Sentí que... que ellos tenían más que ofrecerte. Que yo soy un libro aburrido al lado de ellos.
Dani se quedó en silencio, observándolo. Vio la inseguridad en sus ojos, el miedo de no ser "suficiente" para alguien que devoraba el mundo a través de las palabras. Su enfado se evaporó, reemplazado por esa sensibilidad que la hacía comprender el alma de los demás.
—Shoto —dijo ella suavemente, acercándose—, la historia no solo está en los libros de texto. La historia más importante es la que estamos escribiendo nosotros. ¿Crees que me importa que Monoma sepa de María Antonieta? Es divertido, sí. Pero él no es quien me acompañó a cuidar a Eri. Él no es quien me mira como si yo fuera la cita más importante de un manuscrito antiguo.
Shoto no respondió. Activó su lado derecho, creando una ráfaga de fragmentos de hielo que golpearon los pilares de entrenamiento con furia.
—¡Pelea conmigo! —dijo él, poniéndose en guardia—. Si vas a estar en la 1-A, tienes que demostrar que puedes manejar la presión.
Dani suspiró, dejando su bolso a un lado.
—Está bien. Si quieres que hablemos a través del combate, lo haremos. Pero te advierto, Shoto: he estado analizando tus movimientos desde el primer día. Sé dónde están tus puntos y comas.
El enfrentamiento fue intenso. Shoto atacaba con ráfagas de hielo que Dani esquivaba con la agilidad que Hawks le había enseñado, usando suQuirk de percepción para predecir dónde se solidificaría el aire. Ella no atacaba con fuerza bruta; usaba la inercia de Shoto contra él, moviéndose como si estuviera siguiendo el ritmo de una prosa rápida.
—¡Eres demasiado analítica! —gritó Shoto, lanzando una llamarada controlada para cerrar el paso de ella.
—¡Y tú eres demasiado impulsivo cuando estás celoso! —replicó Dani, deslizándose por debajo de un arco de hielo y apareciendo a su costado, tocando su hombro con un golpe rápido que lo desequilibró.
Se detuvieron, ambos jadeando, en el centro del campo. El hielo derretido creaba una niebla fina a su alrededor. Shoto la miraba, con el cabello despeinado y los ojos encendidos.
—No son celos —dijo él, aunque su voz carecía de convicción.
—Son celos literarios, Shoto. Tienes miedo de que alguien más escriba un capítulo en mi vida que tú no entiendas —Dani se acercó, ignorando el frío que emanaba de su ropa—. Pero lo que no entiendes es que tú eres el protagonista. El resto son solo personajes secundarios que aparecen para darle contexto a la trama.
Shoto bajó la guardia. El silencio del campo de entrenamiento se volvió íntimo, roto solo por el sonido de su respiración agitada.
—No sé cómo hacer esto —confesó él, bajando la cabeza—. No sé cómo decirte que cuando te veo reír con alguien más sobre cosas que yo no comprendo, siento que me quedo atrás. Que vuelves a ser esa estudiante de intercambio inalcanzable y yo vuelvo a ser el chico que solo sabe pelear.
Dani acortó la distancia final. Tomó el rostro de Shoto entre sus manos, obligándolo a mirarla. Sus manos estaban cálidas, un contraste perfecto con la piel fría de él.
—Shoto Todoroki —dijo ella con una solemnidad que le erizó la piel—, he leído a los clásicos, he estudiado las revoluciones y he visto las mejores pasarelas del mundo a través de las revistas. Pero ninguna historia, ninguna prenda y ningún hecho histórico es tan fascinante como tú.
Shoto la miró fijamente, procesando las palabras.
—¿De verdad?
—De verdad. Eres mi libro favorito, el que quiero leer una y otra vez hasta que las páginas se desgasten. No necesito que sepas de alta costura o de la toma de la Bastilla para quererte. Solo necesito que estés presente.
Shoto cerró los ojos, dejando que el calor de las manos de Dani lo anclara a la realidad. Sintió que el peso que llevaba en el pecho desde la biblioteca se disolvía.
—Daniela —dijo él, su voz apenas un susurro—, yo... no soy bueno con las palabras como tú. Pero sé lo que siento cuando no estás. Es como si a la biblioteca le quitaran todas las luces.
Dani sonrió, sus ojos brillando con lágrimas de emoción.
—Esa es una metáfora preciosa, Shoto.
Él tomó aire, como si estuviera a punto de lanzarse a una batalla definitiva.
—No quiero ser solo un personaje en tu historia —declaró él, abriendo los ojos con una determinación nueva—. Quiero ser quien comparta la portada contigo. Daniela, te quiero. No como se quiere a una compañera o a una mentora literaria. Te quiero de la forma en que los poetas que tanto admiras dicen que es peligroso querer.
Dani sintió que el mundo se detenía. Había imaginado este momento, lo había analizado desde todos los ángulos posibles de la narrativa romántica, pero la realidad era mucho más intensa que cualquier descripción escrita.
—Ya era hora de que lo admitieras —susurró ella, soltando una pequeña risa nerviosa—. Porque yo te quiero desde que me recomendaste ese primer rincón de la biblioteca para leer en paz.
Shoto no esperó más. Se inclinó y la besó. Fue un beso que sabía a nieve y a fuego, a café compartido y a páginas de papel viejo. Fue la declaración final de una guerra interna que Shoto había estado librando contra sí mismo.
Cuando se separaron, Dani todavía tenía las manos en su rostro, acariciando la línea de su mandíbula.
—¿Eso significa que dejarás de intentar congelar a Monoma cada vez que me hable de historia? —preguntó ella con un brillo travieso.
Shoto hizo una mueca, pero había una sonrisa real en sus labios.
—Lo intentaré. Pero si vuelve a decir que la 1-A es una clase de brutos, no prometo nada.
Dani se rió y lo abrazó con fuerza, escondiendo su rostro en su cuello.
—Eres un caso perdido, Todoroki. Pero eres mi caso perdido.
Caminaron de regreso a los dormitorios bajo el sol poniente, que teñía el cielo de los mismos colores que el cabello de Shoto. Dani iba hablando sin parar sobre cómo la declaración de Shoto había seguido perfectamente la estructura de un clímax narrativo, mientras él la escuchaba con una paciencia infinita, sosteniendo su mano como si fuera el objeto más valioso del mundo.
—Sabes —dijo Shoto de repente—, tal vez podrías enseñarme un poco sobre esa Revolución Francesa. Solo para estar preparado para la próxima vez que Monoma aparezca.
Dani lo miró, sorprendida y encantada.
—¿En serio? Es mucha política y mucha moda, Shoto.
—Si es importante para ti —respondió él, apretando su mano—, es importante para mí. Además, quiero entender por qué dijiste que mi traje de héroe necesita un toque de la Bauhaus.
Dani soltó una carcajada que resonó en todo el campus.
—Oh, prepárate, Shoto. Vamos a empezar con los fundamentos del diseño funcional. Pero primero, vamos a la cocina. Creo que nuestra historia necesita un capítulo dedicado al arroz con pollo peruano para celebrar este nuevo arco argumental.
Shoto sonrió, sintiendo que, por primera vez, no estaba siguiendo el guion de nadie más. Estaba escribiendo el suyo propio, y el primer capítulo de su nueva vida con Daniela Paredes prometía ser la mejor historia jamás contada en la Academia U.A.
—Me parece un excelente plan —dijo él.
Y mientras entraban en la residencia, rodeados por el bullicio de sus compañeros, ambos sabían que, sin importar cuántos personajes secundarios intentaran entrar en escena, el hilo que los unía era más fuerte que cualquier conflicto literario. Porque al final del día, no se trataba de quién sabía más historia, sino de quién estaba dispuesto a crearla juntos.