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Últimamente, Luka se comportaba de forma extraña. No hacía mucho que por fin había formalizado su relación con Jeremy, se sentía increíble, adoraba a aquel chico, pero algo no encajaba. No eran precisamente una pareja romántica convencional; en realidad, su relación era igual que su amistad, salvo por alguna que otra mirada significativa, un abrazo, un beso o un te quiero. Por lo demás, todo seguía prácticamente igual, y era perfecto... excepto por un pequeño detalle: Luka se sentía raro; estaba experimentando cosas que nunca antes había sentido. Por supuesto, Jeremy era su primera pareja sentimental al igual que él lo era para Jeremy, así que ambos se adentraban en terreno desconocido. Uno de esos aspectos nuevos era la intimidad. Habían compartido muchos momentos íntimos de carácter emocional o sentimental, pero nada de índole sexual. Y aquello inquietaba un poco a Luka, pues jamás había experimentado tal clase de deseo sexual en su vida; o, al menos, no dirigido hacia una persona. Durante toda su existencia, su única preocupación habían sido sus plantas, y parecía improbable que alguna de ellas llegara a provocarle una erección. Nunca había visto a otra persona de esa manera vulgar o sexual, ni había sentido tal deseo por otro individuo, ni siquiera por los actores porno de las revistas que compraba a escondidas para masturbarse. Pero ahora se sentía extraño, ya que estaba experimentando esa repentina punsada de deseo. Y todo por culpa de aquel chico. Luka no veía a Jeremy con intenciones lascivas sin un deseo sexual incontrolable ni el impulso de sexualizarlo pero sentía curiosidad; quería... cuidarlo, verlo, tocarlo, sentirlo... cosas que no había experimentado antes. En los últimos meses, apenas se habían besado apasionadamente, se trataba sobre todo de besos rápidos en la mejilla o algún que otro beso breve en los labios: nada intenso. Últimamente, sin embargo, esos pequeños momentos de besos se prolongaban cada vez más. Aún no habían alcanzado un nivel de intensidad elevado, pero sin duda duraban más tiempo. Y eso volvía a Luka jodidamente loco, porque sentía que algo cambiaba en su interior cada vez que rozaba los labios de aquel chico; en esos momentos, deseaba que aquello no terminara nunca, porque se sentía condenadamente bien: solo ellos dos acurrucados en la cama, besándose en silencio, sin que nadie los molestara. Le provocaba un frenesí porque, sinceramente, jamás había experimentado nada igual; era como una droga y, a decir verdad, quería más. Sin embargo, ese deseo de querer más le hacía sentirse extraño y culpable, pues no quería ver a Jeremy con el tipo de lujuria que veía en el porno, eso no era lo que buscaba, simplemente... quería más. Pero no quería hacerle daño a Jeremy. Entonces, en estos últimos dias había estado consumiendo una enorme cantidad de contenido sexual, desde material educativo hasta pornografía explícita. Era un comportamiento inusual para alguien como él, pero sus hormonas estaban totalmente desbocadas; era como si de repente hubieran recordado que Luka era un adolescente en plena pubertad, y no un anciano decrépito que no hacía más que estar tumbado en la cama. Estaba increíblemente excitado. Lo único que tenía que hacer era llegar a su habitación, cerrar la puerta con llave, cubrir las ventanas y perderse en internet; podía pasarse horas haciendo exactamente eso. Una parte de él se sentía culpable y mal, se sentía algo "sucio" por hacer todo aquello, pero sus hormonas le ganaban. En realidad, ese sentimiento quedaba de lado por toda la información que había leído, la cual le aseguraba que no debía sentirse culpable y que aquello era perfectamente normal para alguien de su edad. Eso le daba un impulso de confianza. Además, había cambiado en los últimos días; se sentía mejor consigo mismo, poco a poco, aunque el cambio había sido repentino e intenso. Mientras veía los vídeos, se abrumaba cuando pensaba en Jeremy. A veces se sentía culpable por ello; no porque imaginara que el actor del vídeo era Jeremy, sino porque la intensidad del momento le hacía echarlo de menos, deseando de verdad que Jeremy estuviera allí mismo haciéndole compañía y... bueno... quién sabe...Necesitaba parar por un momento. Pero todo estalló en un día cualquiera, sin previo aviso y sin una señal en el cielo. No hubo música dramática ni velas encendidas; solo el zumbido de la computadora de Luka y el rasgueo errático de una cuerda de guitarra que Jeremy no terminaba de afinar. Jeremy estaba desparramado al borde de la cama, la espalda encorvada y el cabello más rebelde que de costumbre, alternando entre tararear una melodía rota y garabatear palabras inconexas en un cuaderno viejo. Luka, por su parte, fingía que los deneres eran la prioridad absoluta de su existencia, aunque sus ojos se desviaban del cuaderno de ejercicios hacia la silueta de Jeremy cada tres minutos. —Entonces, Anthony dice que si no practicamos el solo de la próxima canción, la banda va sonar como un gato siendo atropellado por un tractor —decía Jeremy, soltando una risotada que iluminaba sus ojos cansados—. Y yo le dije: "Viejo, ese es precisamente nuestro concepto artístico". Luka dejó escapar una pequeña sonrisa, una de esas que solo Jeremy lograba arrancarle. Estaban cerca, lo suficiente como para que el calor corporal del otro fuera una presencia constante. Luka lo observó de reojo. Jeremy tenía el pelo más alborotado que de costumbre y las pecas de su nariz parecían más marcadas. —Eres un idiota, Jeremy —murmuró Luka con tono suave, sin rastro de su habitual amargura. El cuaderno de deberes quedó a un segundo plano. —Pero soy tu idiota favorito, admítelo —respondió Jeremy con una sonrisa ladeada. —En serio, Luka, estoy convencido de que Nirvana usaba frecuencias secretas para hipnotizar a la gente y que Kurt Cobain en realidad descubrió que el sonido podía abrir portales a otras dimensiones, pero el gobierno lo calló todo —soltó Jeremy de repente, dejando la guitarra a un lado con un golpe seco. Luka esbozó una sonrisa mínima, apenas un movimiento de la comisura de sus labios. Era fascinante cómo Jeremy podía saltar de una broma sobre un tractor a una teoría conspirativa sobre el grunge en menos de diez segundos. —Es minimalismo, Jeremy. A veces menos es más. Deberías aplicarlo a tu forma de hablar de vez en cuando —comentó Luka, cerrando el cuaderno de deberes con una calma fingida. —¡Auch! —Jeremy se llevó una mano al pecho, fingiendo una herida mortal, dejándose caer un poco más sobre la colchoneta—. Directo al corazón. Eres un malvado, Souza. Pero al menos no cuido plantas como si fueran bebés. —No son bebés —replicó Luka con voz suave, aunque sin rastro de molestia—. Son seres vivos que no interrumpen mis pensamientos con teorías conspirativas tontas. Jeremy soltó una carcajada ruidosa y se giró para ver a Luka. El movimiento hizo que su postura encorvada se acentuara, revelando esa pequeña joroba que tanto intentaba ocultar bajo sus camisetas. Sus ojos ámbar brillaron con una calidez que siempre lograba desarmar a Luka. —Ya, en serio. Gracias por dejarme venir —dijo Jeremy, bajando el tono, su voz volviéndose inusualmente vulnerable—. Diana está de un humor horrible hoy y el ambiente estaba... denso. Luka asintió. No necesitaba que Jeremy diera detalles para entender que el caos era pasar con Diana. —Sabes que puedes quedarte el tiempo que quieras —terminó Luka, su voz apenas un susurro. La conversación fluyó entonces hacia temas más triviales: la última película de terror que Jeremy había visto y que, según él, "no daba miedo porque el gato era el verdadero villano", y la creciente obsesja de Anthony por comprar pedales de distorsión que nadie necesitaba. Luka escuchaba, pero ya no estaba procesando las palabras. Su cuerpo se movía por un instinto que superaba su propia cautela. Dejó el cuaderno de deberes sobre la mesa con un movimiento lento y, deslizándose por la cama, se posicionó detrás de Jeremy. Con una naturalidad que solo los meses de confianza permiten, Luka rodeó la cintura de Jeremy con sus brazos, apoyando la barbilla en el hombro del otro. Jeremy ni siquiera dejó de gesticular con las manos mientras explicaba por qué el béisbol era, en esencia, un deporte de paciencia extrema; simplemente se recostó hacia atrás, aceptando el peso de Luka como quien acepta la gravedad. —...y entonces le dije que no podía usar el amplificador de su tío porque el sonido era demasiado "limpio", ¿sabes? Como si estuviéramos grabando un anuncio de detergente —continuaba Jeremy, riendo entre dientes. Luka no respondió. Se quedó allí mientras asiente con la cabeza respirando su aroma. Desde esa posición, podía ver la curva de su cuello y la forma en que sus hombros se relajaban bajo la tela gastada de la camiseta. De repente, el deseo que Luka había estado cultivando golpeó con una fuerza renovada. No era la urgencia vulgar que temía, sino una necesidad eléctrica de estar más cerca. Luka comenzó a depositar besos cortos y distraídos en la curva del hombro de Jeremy, sintiendo la calidez de su piel a través de la tela. Jeremy soltó un ruidito, una mezcla entre un ronroneo y una risa ahogada, y dejó de hablar del béisbol. —Vaya, alguien ha despertado su lado romántico hoy —bromeó Jeremy, aunque no hizo ningún intento por apartarse; al contrario, se hundió más en el abrazo—. ¿Qué pasa, Luka? ¿Te has caído en un hechizo de amor o es que finalmente te diste cuenta de que soy la criatura más adorable de este código postal? Luka soltó un suspiro, apretando un poco más el agarre en su cintura. —Solo eres un idiota —murmuró Luka contra su cuello, aunque su voz sonaba ronca, carente de cualquier rastro de frialdad. —¡Oye! —Jeremy se giró torpemente en sus brazos, quedando cara a cara, con el cabello negro tapándole la mitad de la frente—. Además, no me digas que no te encanta este idiota. Luka no pudo evitar sonreír. Se acercó lentamente, acortando la distancia hasta que sus narices se rozaron. Comenzaron a besarse con esa suavidad habitual, besos que sabían a rutina segura y a un cariño que no necesitaba gritar para existir. Eran besos cortos, casi tímidos, pero el aire entre ellos empezó a vibrar con una frecuencia distinta. De repente, Luka sintió una chispa de determinación recorrer su columna vertebral; dejó de ser el receptor pasivo de la energía de Jeremy y tomó la iniciativa, profundizando el beso, presionando sus labios contra los del otro con una urgencia que lo dejó sin aliento. Jeremy soltó un gemido ahogado, sorprendido por el cambio de ritmo. Sus manos, que antes gesticulaban salvajemente sobre el béisbol ahora buscaban anclarse a la camiseta de Luka, apretando la tela con dedos torpes. Luka, sintiéndose más valiente que nunca, llevó sus manos al rostro de Jeremy, acunando sus mejillas con una delicadeza casi religiosa. Sus pulgares acariciaron la piel salpicada de pecas, recorriendo la línea de su mandíbula mientras se separaba apenas unos milímetros para susurrarle contra los labios. —Te quiero tanto que duele, idiota —murmuró Luka, su voz ahora una octava más baja, cargada de una ternura que rara vez dejaba salir—. Eres lo más increíble que me ha pasado en la vida... mi sol, mi vida... Sus labios, que hasta entonces se habían limitado a la seguridad de la boca de Jeremy, comenzaron una exploración más audaz. Se deslizó con lentitud hacia la mandíbula, marcando un camino húmedo y cálido, antes de subir hacia la curva de su oreja. Luka sintió el estremecimiento del otro bajo sus dedos, una respuesta visceral que lo impulsó a bajar la guardia y profundizar la entrega. Sus besos descendieron entonces hacia el cuello, trazando una ruta deliberada y suave. Jeremy, que siempre tenía una respuesta rápida o una broma inapropiada para romper la tensión, se quedó sin palabras. Sus manos, aún aferradas a la camiseta de Luka, se tensaron por un momento antes de relajarse profundamente. Empezó a emitir sonidos tenues, una especie de tarareo rítmico y entrecortado que vibraba en su garganta, como si estuviera intentando procesar una frecuencia de placer que no sabía nombrar. No era desagrado; era una rendición absoluta. Jeremy cerró los ojos con fuerza, echando la cabeza hacia atrás y exponiendo más su cuello, dejándose llevar por la marea de sensaciones que Luka estaba provocando. Para Luka, cada pequeño sonido que escapaba de Jeremy era una validación, una señal verde que lo animaba a seguir. Sentía el corazón martilleando , no solo por el deseo, sino por la vulnerabilidad del momento. Mientras sus labios recorrían la piel cálida del otro, Luka se sentía más vivo que nunca, como si estuviera despertando de un letargo de años de represión y soledad. La sensación de la piel de Jeremy bajo sus labios era más real que cualquier cosa en su vida. era una verdad tangible y eléctrica. Luka dejó que sus manos abandonaran el rostro de Jeremy para buscar un territorio más cálido y prohibido. Con una lentitud deliberada, sus dedos rozaron el borde inferior de la camiseta gastada, deslizándose hacia adentro para encontrar el contacto directo con la piel. Cuando sus palmas finalmente aterrizaron sobre el abdomen de Jeremy, Luka sintió una descarga eléctrica recorrer sus propios brazos. La piel de Jeremy estaba caliente, ligeramente húmeda, y vibraba con una respiración agitada que Luka podía sentir contra su propio pecho. Jeremy soltó un suspiro largo, cerrando los ojos y dejándose hundir en el colchón, entregado a esa caricia que parecía borrar el ruido del mundo exterior. Sin embargo, la calma duró tan solo unos segundos. Impulsado por esa nueva hambre que no sabía cómo saciar, Luka comenzó a subir las manos, deslizando sus dedos con firmeza por las costillas de Jeremy. En el instante en que el contacto se volvió más invasivo, la atmósfera cambió. Jeremy, que hasta hace un momento flotaba en una nube de sensaciones, volvió a la realidad de golpe. Sus ojos se abrieron con una intensidad súbita, y el cuerpo, que antes se derretía, se tensó. Jeremy reaccionó como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Con un movimiento brusco y torpe, plantó las palmas de sus manos en los hombros de Luka y lo empujó hacia atrás con una fuerza sorprendente, rompiendo el contacto la piel con piel. El impacto hizo que Luka retrocediera sobre la cama, parpadeando, confundido por el cambio drástico. Jeremy se sentó rápidamente, alejándose hasta el borde del colchón, con la respiración agitada y los ojos ámbar dilatados, mirando cualquier lugar que no fuera la cara de Luka. —¡Ay! ¡Dios! ¡Un calambre! —exclamó Jeremy, su voz ahora demasiado alta, recuperando ese tono errático y acelerado que usaba para llenar los silencios incómodos—. ¡Uf, qué calambre tan horrible! Creo que... creo que es la posición en la que estaba, ya sabes, la ergonomía de la cama es terrible, es un crimen contra la columna vertebral. Luka se quedó inmóvil, con las manos aún suspendidas en el aire, sintiendo el eco del calor de la piel de Jeremy evaporándose. Jeremy empezó a hurgar frenéticamente en sus bolsillos, sacando el teléfono y mirándolo con una expresión de fingida sorpresa, aunque la pantalla estaba apagada. —¡Llegamos tarde! ¡Llegamos tardísimo! —soltó Jeremy, soltando una risita nerviosa que no llegó a sus ojos—. Me acabo de acordar de que... que tengo que alimentar a mi pez. Sí, eso. El pez no se alimenta solo, Luka, es una responsabilidad enorme. ¡Y la guitarra! Casi olvido que dejé la guitarra en una posición que podría afectar el sustain de las cuerdas. Jeremy se lanzó fuera de la cama con un salto casi atlético. Luka se quedó allí, tendido y con la respiración aún agitada mientras procesaba la velocidad con la que Jeremy había pasado de la rendición absoluta a estar tan energico. —¡El sustain, Luka! ¡El sustain es sagrado! —exclamó Jeremy, moviéndose por la habitación con espasmos erraticos. Recogió su mochila con un movimiento brusco y empezó a meter sus cosas con una torpeza deliberada, soltando una risita nasal. —¡Uf, qué intensidad, Luka! Casi me desintegras el sistema nervioso —soltó Jeremy, su voz volviendo a sonar alta y juguetona, cargada de ese sarcasmo ligero. —. Si sigues así, voy a tener que cobrarte una tarifa por sesión de masajes terapéuticos. ¡A precio de oro, eh! Luka se incorporó lentamente —Jeremy, yo... lo siento, si te sentiste incómodo o si fui demasiado rapi... — Pero Jeremy no lo dejó terminar. Se giró con un giro dramático lanzando una mirada chispeante, aunque sus pupilas seguían demasiado dilatadas. —¿Incómodo? ¡Por favor, Luka! —exclamó, agitando las manos en el aire —. Estaba simplemente procesando la intensidad del momento. ¡Fue como un corto circuito eléctrico! Pero mira el lado positivo: ahora sé que mis reflejos están al cien por ciento. ¡Podría jugar en las ligas mayores de béisbol con esta velocidad de reacción! Jeremy soltó una carcajada estridente y empezó a dar saltitos cortos mientras se colgaba la mochila al hombro. Sus ojos transmitian nervios, evitando cualquier rastro de profundidad emocional. Luka se quedó observándolo, así que hizo lo único que sabía hacer: se adaptó. Exhaló un suspiro largo, dejando que la tensión abandonara sus hombros, y permitió que una sonrisa pequeña se dibujara en sus labios. Si Jeremy quería jugar al juego de la amnesia selectiva, Luka podía jugar también. —Claro, el sustain es fundamental, no queremos que tu guitarra suene como una lata de conservas —respondió Luka, estirando los brazos con una calma fingida mientras se deslizaba fuera de la cama.

Personajes

Jeremy YoungLuka Souza