Parejas Disparejas
Orgullo, Hechicería y otras Declaraciones de Guerra
El pasillo que conducía a las máquinas expendedoras del ala este estaba inusualmente concurrido para ser una tarde de martes. Sin embargo, no era el ruido habitual de los estudiantes lo que flotaba en el aire, sino un murmullo de voces masculinas cargadas de una intensidad que rozaba lo competitivo.
A la vuelta de la esquina, ocultas tras la sombra de una columna estructural y protegidas por un velo de silencio que Shoko había improvisado por pura diversión, las tres mujeres escuchaban. Nobara tenía una mano sobre la boca para no soltar una carcajada; Maki mantenía los brazos cruzados, con una ceja arqueada que denotaba tanto escepticismo como curiosidad; y Shoko, apoyada con indolencia, se limitaba a disfrutar del espectáculo gratuito.
—Lo que les digo es que no tienen ni idea —la voz de Yuji Itadori sonaba vibrante, llena de esa convicción juvenil que lo caracterizaba—. Nobara es... es como un volcán de estilo. ¿Vieron cómo exorcizó a esa maldición de grado dos ayer? Ni siquiera se despeinó. Y cuando me mira después de una misión y me dice que hice un buen trabajo, aunque sea con ese tono de "podrías haberlo hecho mejor", siento que puedo cargar el mundo entero. No hay nadie más auténtica que ella. Es la mejor, punto.
Las mejillas de Nobara se tiñeron de un rojo súbito, del mismo color que los detalles de su uniforme. "Ese idiota", pensó, sintiendo un calorcito incómodo pero agradable en el pecho.
—Es una apreciación válida, Itadori-kun —intervino Yuta Okkotsu, con su tono suave pero firme—. Nobara-san es increíblemente fuerte. Pero... creo que te equivocas al decir que no hay nadie mejor. Maki-san es la definición de la voluntad. Ella no nació con energía maldita, y aun así, es la persona más imponente que he conocido. Cuando la veo entrenar, cuando veo cómo desafía todas las expectativas de su clan... —Hubo un pequeño silencio, y las oyentes pudieron imaginar a Yuta rascándose la mejilla con timidez—. Me hace querer ser una mejor versión de mí mismo solo para estar a su altura. Su fuerza no es solo física, es algo que te quema el alma. Ella es la mejor porque no necesitó que nadie le regalara nada.
Maki ajustó el agarre sobre sus propios brazos. Sus ojos marrones brillaron tras las gafas. Escuchar a Yuta hablar de ella con tanta reverencia, especialmente mencionando su lucha contra el clan Zenin, la dejó sin palabras por un segundo.
—Vaya, qué poéticos se han puesto —una voz profunda y burlona interrumpió el momento—. Pero lamento decirles, niños, que la experiencia gana en esta mesa.
Gojo Satoru estaba claramente disfrutando de la conversación. Se podía oír el tintineo de una lata de refresco siendo abierta.
—Shoko es otro nivel —continuó Gojo, y su tono perdió parte de la burla habitual para volverse algo más cálido—. Ustedes hablan de fuerza y voluntad, pero Shoko es la que nos mantiene a todos unidos cuando nos estamos cayendo a pedazos. Ella ha visto lo peor de este mundo, ha diseccionado la oscuridad misma, y aun así mantiene esa calma que te hace sentir que, si ella está ahí, nada puede salir realmente mal. Es la única persona que me trata como a un ser humano y no como a un arma o un dios. Y además, tiene el mejor sentido del humor del mundo, aunque sea un poco ácido. Definitivamente, Shoko es la mujer más increíble que ha pisado este colegio.
Shoko exhaló un suspiro silencioso. Sus dedos buscaron por instinto un cigarrillo en su bolsillo, pero se detuvo. Escuchar a Satoru ser genuino era una rareza que valía la pena procesar sin distracciones.
—¡Eso es trampa, Gojo-sensei! —protestó Yuji—. Ieiri-san es genial, pero Nobara tiene esa chispa. El otro día me obligó a ir de compras y, aunque me dolían los pies, me di cuenta de que ella hace que incluso lo más aburrido se sienta como una aventura. ¡Es divertida y tiene un corazón enorme, aunque intente ocultarlo tras su martillo!
—La diversión no lo es todo, Itadori —replicó Yuta, y las chicas pudieron notar que incluso el pacífico Okkotsu estaba entrando en el juego de la rivalidad—. La madurez y la determinación de Maki-san son inigualables. Ella es capaz de guiar a cualquiera. No solo es mi "mejor novia", es mi héroe. ¿Pueden decir eso de las suyas?
—¡Oye! —exclamó Yuji—. ¡Nobara también es mi héroe! Me salvó la vida en el centro de detención, ¿recuerdas?
—Si hablamos de salvar vidas —intervino Gojo con una risita presuntuosa—, Shoko gana por goleada. Literalmente es su trabajo. Además, ¿alguna de sus novias puede aguantar una conversación sobre física cuántica y luego burlarse de mí por usar demasiado azúcar en el café? No lo creo. Shoko es la compañera perfecta. Es inteligente, es independiente y no me tiene miedo. Eso la hace la mejor.
—¡Nobara tampoco me tiene miedo! —gritó Yuji, aunque luego bajó el tono—. Bueno, a veces yo le tengo un poco de miedo a ella cuando se enoja, ¡pero eso es parte de su encanto! Es intensa. Y su estilo es impecable. ¡Díganme que Shoko-san o Maki-san se preocupan tanto por combinar sus zapatos con su energía maldita!
—Maki no necesita preocuparse por zapatos —dijo Yuta con una seriedad cómica—. Ella hace que un uniforme estándar parezca la armadura de una reina. Su presencia llena cualquier habitación.
—Bueno, bueno —dijo Gojo, y se escuchó cómo se apoyaba contra la pared—. Veo que esto no va a terminar pronto. Cada uno de nosotros está convencido de que tiene a la mejor mujer a su lado. Y saben qué... eso es lo que las hace especiales. Aunque, objetivamente, Shoko sea la ganadora.
—¡Que no! —dijeron Yuji y Yuta al unísono.
—¡Es Nobara!
—¡Es Maki-san!
Las tres mujeres, al otro lado de la pared, compartieron una mirada cargada de significados. Nobara estaba radiante, con una sonrisa de suficiencia que intentaba ocultar su timidez. Maki miraba al suelo, pero la comisura de sus labios estaba ligeramente elevada. Shoko simplemente cerró los ojos, dejando que las palabras de Satoru resonaran en su mente.
—Deberíamos irnos antes de que nos descubran —susurró Maki, aunque no hizo amago de moverse de inmediato.
—¿Y perderme el momento en que Itadori intente explicar por qué las uñas de Nobara son un tesoro nacional? Ni loca —respondió Nobara en el mismo tono bajo, aunque sus ojos brillaban de emoción.
—Son unos idiotas —concluyó Shoko, su voz apenas un hálito—. Pero son nuestros idiotas.
En el pasillo, la discusión continuaba.
—¡Además! —continuó Yuji—. Nobara tiene un gusto excelente. Me eligió esta sudadera. Dijo que me hacía ver "menos como un tonto y más como un hechicero". ¡Eso es amor!
—Maki-san me enseñó a usar la espada —dijo Yuta con orgullo—. Me tuvo paciencia cuando yo no sabía ni cómo pararme. Ella vio algo en mí cuando yo no veía nada. Eso vale más que cualquier sudadera, Itadori-kun.
—Niños, niños —Gojo suspiró dramáticamente—. Shoko me conoce desde que no era "el más fuerte". Ella conoce mis fracasos, mis errores y mis peores días. Y todavía me deja entrar en su oficina a robarle café. Si eso no es ser la mejor novia del mundo, no sé qué lo sea.
La conversación empezó a alejarse a medida que los tres hombres decidieron ir hacia el comedor, todavía debatiendo acaloradamente sobre las virtudes de sus respectivas parejas. Sus voces se volvieron ecos distantes hasta que el silencio regresó al pasillo.
Shoko deshizo la técnica de ocultamiento con un leve movimiento de dedos. Las tres salieron de su escondite, parpadeando ante la luz de la tarde que entraba por los ventanales.
Nobara fue la primera en hablar, tratando de recuperar su compostura habitual. Se alisó la falda y se colocó un mechón de pelo tras la oreja.
—Bueno... —comenzó, con un tono que pretendía ser despectivo pero fallaba estrepitosamente—. Parece que Itadori tiene un poco más de cerebro de lo que pensaba. Al menos sabe reconocer la calidad cuando la tiene delante.
Maki soltó una risa nasal, ajustándose las gafas.
—"Mi héroe", ¿eh? —comentó, mirando hacia el pasillo vacío por donde se había ido Yuta—. Ese chico es demasiado honesto para su propio bien. Va a hacer que me resulte difícil gritarle en el entrenamiento de mañana.
Shoko se cruzó de hombros, apoyándose de nuevo en la pared, pero esta vez a la vista de todos.
—Satoru siempre ha sido un exagerado —dijo, aunque sus ojos castaños tenían un brillo inusual—. "Compañera perfecta"... qué cursilería. Pero supongo que, para ser un hombre que puede ver todo con sus Seis Ojos, finalmente ha aprendido a mirar lo que realmente importa.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Nobara, con una chispa de travesura en su mirada—. No podemos dejar que piensen que se salieron con la suya teniendo esa conversación "secreta".
Maki se encogió de hombros.
—Yo no voy a decirles nada. Dejaré que sigan creyendo que son unos genios del romance. Pero... tal vez sea un poco más suave con Yuta en el próximo combate de práctica. Solo un poco.
—Yo voy a exigirle a Itadori esa cena en el buffet de albóndigas —añadió Nobara, sonriendo—. Pero esta vez, dejaré que él elija el postre. Se lo ha ganado por decir que soy un volcán de estilo.
Shoko miró al techo, pensativa.
—Yo creo que voy a dejar que Satoru se quede en mi oficina esta noche —murmuró—. Y tal vez, solo tal vez, no me queje cuando traiga esos dulces empalagosos de Sendai.
Las tres caminaron juntas hacia la salida del edificio. El aire se sentía más ligero, y el peso de ser hechiceras, de cargar con la responsabilidad de salvar un mundo que a menudo no las comprendía, parecía haberse disipado ante la calidez de aquellas confesiones accidentales.
—Oigan —dijo Nobara de repente, deteniéndose antes de cruzar el umbral—. Aunque ellos sean unos idiotas... tienen razón en algo.
—¿En qué? —preguntó Maki.
Nobara sonrió de par en par, una sonrisa que era pura confianza y alegría.
—En que somos las mejores.
Maki y Shoko se miraron y, por una vez, no hubo sarcasmo ni frialdad. Solo el reconocimiento mutuo de tres mujeres que sabían lo que valían, y que habían encontrado, en medio del caos de las maldiciones, a tres hombres lo suficientemente valientes como para amarlas tal como eran.
—Sí —asintió Maki con firmeza—. En eso no se equivocan.
—Definitivamente —concluyó Shoko.
Mientras el sol se ocultaba tras los rascacielos de Tokio, las tres se dirigieron al comedor. Allí, seguramente, encontrarían a sus respectivos novios todavía discutiendo, todavía intentando ganar una batalla que ya habían ganado hace mucho tiempo en el momento en que ellas decidieron quedarse a su lado.
Y aunque ellos nunca supieran que habían sido escuchados, la forma en que Nobara se sentó junto a Yuji, la manera en que Maki le dirigió una mirada suave a Yuta, y el gesto de Shoko al guardar un sitio para Satoru, fueron respuestas más que suficientes.
Porque en el mundo de la hechicería, donde todo puede terminar en un parpadeo, saber que eres el "héroe" o la "compañera perfecta" de alguien es el ritual más poderoso de todos. Y esa noche, bajo las luces de la escuela de magia, los corazones de los seis latieron con una sintonía que ninguna maldición podría jamás romper.