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Posible futuro

La Luz que Gobierna el Firmamento: Hikari, la Primogénita del Orden

El aire en la sala de proyecciones se volvió denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos de las presentes se erizara. Si la visión de Kyōka había sido un choque emocional, la expectativa ante lo que la Comandante Suprema, Ren Yamashiro, podría engendrar con el misterioso Naruto Uzumaki era de una magnitud completamente distinta.

Ren se mantuvo imperturbable. Su postura era perfecta, sus manos descansaban sobre su regazo con una elegancia que ocultaba su curiosidad depredadora. Ella era el pináculo del poder en el mundo de Mato, la mujer que poseía ocho habilidades diferentes gracias al Melocotón. ¿Qué podría añadir un hombre a su linaje?

La pantalla se encendió con un estallido de luz blanca tan pura que obligó a varias a entrecerrar los ojos. Cuando la imagen se estabilizó, no vieron un campo de batalla, sino la cima de una torre que se alzaba por encima de las nubes. El cielo no era el rojo perpetuo de Mato, ni el azul claro de la Tierra, sino un crepúsculo dorado eterno.

—Ese lugar... —murmuró Tenka Izumo, fascinada—. Parece un palacio celestial.

En el centro de la terraza, una joven permanecía de pie con los ojos cerrados. Vestía un quimono de batalla blanco y dorado, con el emblema del remolino de los Uzumaki bordado en hilos de seda negra en su espalda. Su cabello era una cascada de oro pálido, casi blanco, pero lo que más destacaba era el aura que desprendía: una serenidad absoluta que bordeaba lo divino.

—**Hikari Uzumaki** —leyó Shushu en voz alta, su voz llena de asombro—. Solo su nombre ya suena... brillante.

La joven de la pantalla abrió los ojos. Eran orbes de un azul eléctrico, pero con los anillos concéntricos del Rinnegan grabados en sus pupilas. Al ver eso, Ren Yamashiro apretó ligeramente los apoyabrazos de su asiento.

—Esos ojos... —susurró Ren—. Puedo sentir su peso incluso a través de una proyección. No es solo poder visual; es autoridad sobre la realidad misma.

En la imagen, un grupo de Shūki de categoría "Dios" —criaturas que normalmente requerirían a varias unidades completas para ser subyugadas— surgió de las sombras del palacio. Hikari no se movió. Ni siquiera adoptó una postura de combate.

—La oscuridad no tiene lugar en la presencia de mi padre, ni en el reino de mi madre —dijo Hikari. Su voz era melódica, pero llevaba el peso de una montaña—. Desaparezcan.

Levantó una mano suavemente. No hubo explosiones, ni gritos, ni rastro de esfuerzo. Un pulso de luz omnidireccional emanó de su cuerpo. Al contacto con la luz, los Shūki simplemente se deshicieron en partículas de polvo dorado, reintegrándose a la atmósfera como si nunca hubieran existido.

—¿Qué... qué acaba de pasar? —preguntó Himari Azuma, estupefacta—. No usó energía técnica, ni fuerza bruta. Simplemente... los borró.

—Es la manipulación de la causalidad —respondió Ren, con los ojos brillando de una manera que pocas veces se veía—. Ella no está luchando contra ellos. Está decidiendo que no existen en su presencia. Es el nivel más alto de control que he visto jamás.

La escena cambió a un entorno más íntimo. Hikari caminaba por un jardín zen donde los pétalos de cerezo flotaban en el aire, suspendidos por una gravedad alterada. Al final del camino, dos figuras la esperaban.

Naruto Uzumaki se veía mayor que en la proyección anterior. Vestía una capa blanca de soberano con llamas rojas en el borde, y su rostro, aunque marcado por algunas cicatrices de batallas pasadas, irradiaba una paz absoluta. A su lado, Ren Yamashiro lucía una túnica de seda negra, su expresión era la misma de siempre, pero sus ojos se suavizaron cuando la joven se acercó.

—Llegas tarde a la meditación, Hikari —dijo la Ren del futuro, aunque no había reproche en su tono—. Tu padre dice que te quedaste observando las fronteras dimensionales otra vez.

—Lo siento, madre —respondió Hikari, inclinándose con respeto—. Pero las grietas en el espacio-tiempo de Mato estaban fluctuando. Tuve que estabilizarlas para que los ciudadanos no sufrieran el efecto de la erosión.

Naruto soltó una carcajada y revolvió el cabello de su hija, un gesto que hizo que la Ren de la sala de proyecciones parpadeara, incrédula.

—Te pareces demasiado a tu madre, Hikari-chan —dijo Naruto con una sonrisa radiante—. Siempre cargando con el peso del mundo en tus hombros. Deberías aprender a relajarte un poco, como yo.

—Si se relajara como tú, Naruto —intervino la Ren de la pantalla, esbozando una sonrisa casi imperceptible pero cargada de afecto—, el multiverso colapsaría en tres días. Alguien tiene que mantener el orden mientras tú sales a comer ramen con los sapos.

—¡Oye! ¡Esa es una parte vital de la diplomacia interdimensional! —protestó Naruto, haciendo un puchero cómico.

En la sala, el silencio era denso. Ver a la Comandante Suprema, la mujer más poderosa y temida, compartiendo una broma doméstica con un hombre y una hija era algo que desafiaba toda lógica para las capitanas.

—Capitana General... —se atrevió a decir Yachiho, mirando de reojo a Ren—. Usted... se ve muy feliz.

Ren no respondió de inmediato. Observaba la pantalla con una intensidad analítica, pero en el fondo de su mente, una pregunta se repetía: *¿Quién es este hombre para hacerme sonreír de esa manera?*

—Ese Naruto Uzumaki posee una energía que no es de este mundo —declaró Ren finalmente—. Es vasta, cálida... es como un sol que no quema, sino que nutre. Es lógico que una unión entre su energía vital y mi control sobre las habilidades del Melocotón resulte en algo como Hikari.

La proyección cambió bruscamente a una escena de conflicto. El cielo dorado se había vuelto negro. Una entidad colosal, una masa de sombras y ojos rojos que recordaba a un vacío viviente, estaba devorando la realidad misma.

—El Devorador de Mundos —susurró una voz en off, posiblemente la de la entidad que les mostraba los futuros.

Hikari estaba sola frente a la entidad. Sus padres estaban en el fondo, manteniendo una barrera para proteger lo que quedaba de la civilización. La joven Uzumaki-Yamashiro flotaba en el aire, su cabello ondeando como si estuviera bajo el agua.

—Madre me dio el control sobre las leyes de este mundo —dijo Hikari, y su voz resonó en toda la sala de proyecciones—. Padre me dio la voluntad para nunca rendirme y la energía para cambiar el destino.

Hikari juntó sus manos en un sello que ninguna de las presentes conocía. Detrás de ella, la imagen de un Buda gigante de mil manos apareció, pero no era de madera ni de piedra; estaba hecho de pura luz blanca y rodeado por nueve esferas negras que flotaban en círculo.

—**Arte Supremo: Juicio del Amanecer Eterno** —sentenció la joven.

De las mil manos del Buda brotaron rayos de energía que se entrelazaron, formando una red de geometría sagrada que atrapó a la entidad de sombras. Hikari extendió su mano derecha, y una de las esferas negras se transformó en una espada de luz que parecía cortar el tejido mismo del espacio.

—¡Desaparece en la nada de la que viniste! —gritó, lanzando un tajo que dividió el firmamento.

La explosión de luz fue tan intensa que la pantalla se quedó en blanco durante varios segundos. Cuando la imagen regresó, Hikari aterrizaba suavemente en el jardín zen, ahora restaurado. Naruto y Ren corrieron hacia ella. Naruto la atrapó en un abrazo de oso, levantándola del suelo mientras reía con lágrimas de orgullo en los ojos.

—¡Esa es mi chica! ¡Sabía que podías hacerlo! —exclamaba el Naruto de la pantalla.

La Ren del futuro se acercó y, para sorpresa de todas las presentes en la sala, puso una mano en la mejilla de Naruto y otra en la de Hikari, uniendo sus frentes en un gesto de unidad familiar absoluta.

—Has superado todas mis expectativas, Hikari —dijo la Ren proyectada—. Eres, verdaderamente, la luz de este mundo.

La imagen se desvaneció lentamente, dejando a las capitanas en una penumbra reflexiva.

—Increíble —murmuró Mira Kamiunten, rompiendo el silencio—. Esa chica... no es solo una guerrera. Es una deidad. Su poder no tiene las limitaciones de nuestras habilidades. No necesita transformaciones, no tiene debilidades visibles.

—Y lo más aterrador —añadió Fubuki Azuma con voz suave— es que ella parece ser la combinación perfecta de ambos. La disciplina de la Comandante y la... "chispa" de ese Naruto.

Kyōka Uzen, que había estado observando en silencio, cruzó los brazos y miró a Ren.

—Parece que tu hija es incluso más problemática que el mío, Comandante General. Borrar enemigos de la existencia... eso es un poco excesivo, ¿no crees?

Ren Yamashiro soltó una pequeña risa, un sonido que sobresaltó a todas las presentes. No era una risa de burla, sino de genuina intriga.

—El poder nunca es excesivo si se usa para mantener el orden, Kyōka —respondió Ren, levantándose de su asiento—. Lo que me resulta fascinante es la naturaleza de ese hombre. Naruto Uzumaki no solo aporta fuerza bruta; aporta una estabilidad emocional que parece ser el catalizador de nuestro poder.

—¿Estabilidad emocional? —Shushu infló las mejillas—. ¡Yo creo que lo que aporta es que es un bombón! ¿Vieron esa sonrisa? Hasta la Comandante General cayó rendida.

—¡Shushu! —reprendió Himari, aunque ella también estaba sonrojada—. Ten un poco de respeto. Aunque... es cierto que la química entre ellos era... palpable.

Tenka Izumo se estiró perezosamente, sus ojos fijos en el lugar donde la pantalla se iluminaría de nuevo.

—Bueno, ya hemos visto al "Guerrero Perfecto" de Kyōka y a la "Diosa Suprema" de Ren. Me pregunto qué tipo de futuro me espera a mí. Mi habilidad sobre el espacio-tiempo es bastante compatible con alguien que puede viajar entre dimensiones, ¿no creen?

—No te hagas ilusiones, Tenka —bufó Yachiho—. Probablemente tu hijo sea un vago que solo quiera dormir todo el día, igual que tú.

—O tal vez sea alguien que herede mi belleza y el carisma de Naruto —replicó Tenka con una sonrisa traviesa—. Imaginen eso: un hijo que pueda estar en todas partes al mismo tiempo y que sea irresistible para todas.

Ren Yamashiro volvió a sentarse, su mirada fija al frente. A pesar de su compostura, su corazón latía con una cadencia ligeramente diferente. La imagen de ella misma, sonriendo y tocando con ternura a aquel hombre rubio, se había quedado grabada en su retina. Como Comandante Suprema, siempre había estado sola en la cima, pero esa visión le había mostrado algo que nunca supo que deseaba: un igual.

—La siguiente proyección está por comenzar —anunció Ren, recuperando su tono de mando—. Mantengan la atención. Estos futuros no son solo curiosidades; son advertencias de un poder que podría cambiar nuestro mundo para siempre.

La pantalla parpadeó de nuevo. El color púrpura comenzó a filtrarse por los bordes, mezclándose con destellos de rayos amarillos.

**Tenka Izumo × Naruto → Hijo: Raiden Uzumaki**

—¡Ahí está! —exclamó Tenka, inclinándose hacia adelante con entusiasmo—. ¡Raiden! Un nombre fuerte. Veamos qué tan divertido puede ser el futuro conmigo.

Kyōka suspiró, frotándose las sienes.

—Esto va a ser un largo día.

—Un día muy interesante, diría yo —murmuró Ren para sí misma, mientras en su mente aún resonaba la voz de Hikari llamándola "madre".

El ambiente en la sala había pasado del escepticismo a una fascinación casi eléctrica. Ya no veían a Naruto Uzumaki como un simple extraño de otra dimensión, sino como el eje central de un destino que las vinculaba a todas de formas que nunca habrían imaginado. Y mientras las luces se atenuaban para la siguiente visión, cada una de ellas, en lo más profundo de su ser, se preguntaba qué tipo de legado dejarían junto al hombre del sol en su mirada.