Posible futuro
El Rayo y la Rosa: Raiden, el Soberano de la Velocidad
La sala de proyecciones vibraba con una energía distinta. Tras la majestuosidad casi divina de Hikari, la hija de la Comandante Suprema, el ambiente se sentía cargado de una anticipación eléctrica, literalmente. Los bordes de la pantalla chispeaban con un color violeta intenso que se entrelazaba con destellos dorados, una combinación que hizo que Tenka Izumo se acomodara en su asiento con una sonrisa de suficiencia.
—Parece que mi turno va a ser bastante ruidoso —comentó Tenka, cruzando sus largas piernas—. Espero que mi pequeño Raiden tenga el estilo de su madre y la energía de su padre.
—Si se parece a ti, probablemente use su poder para saltarse las colas en las tiendas de dulces —refunfuñó Yachiho Azuma, aunque no podía ocultar que estaba pegada al borde de su asiento.
La pantalla se iluminó de golpe. Esta vez, la imagen no mostraba palacios celestiales ni campos de entrenamiento formales. Se encontraban en una metrópolis de Mato, un puesto de avanzada avanzado que parecía estar bajo un ataque masivo. Cientos de Shūki de tipo volador oscurecían el cielo, pero lo que llamó la atención de las capitanas fue la estela de luz que recorría las calles a una velocidad absurda.
—¡No puedo seguirlo con la mirada! —exclamó Shushu, abriendo mucho los ojos—. ¡Es demasiado rápido!
De repente, la estela se detuvo en lo alto de un rascacielos. El joven que apareció tenía unos diecisiete años. Su cabello era rubio, pero con mechones rebeldes de un color púrpura oscuro que desafiaban la gravedad. Vestía una chaqueta de cuero negra con detalles amarillos y pantalones de combate holgados. En su espalda, llevaba una espada corta cuya hoja parecía estar hecha de puro rayo.
—**Raiden Uzumaki** —susurró Tenka, y por primera vez, su tono juguetón tenía un matiz de genuino orgullo maternal—. Mírenlo. Es guapo, ¿verdad?
Raiden sonrió a la cámara, y fue como ver un reflejo de Naruto pero con la mirada traviesa y confiada de Tenka. Tenía tres marcas de bigotes en las mejillas, pero estas brillaban con una luz azulada.
—Muy bien, bichos feos —dijo Raiden, y su voz tenía esa cadencia relajada de quien sabe que ya ha ganado—. Mamá dice que tengo que volver a casa para la cena en diez minutos, así que vamos a terminar esto en cinco.
El joven desapareció. No fue un movimiento físico normal; fue un parpadeo en el espacio.
—¡Hiraishin! —exclamó Kyōka Uzen, reconociendo la técnica que Naruto le había mencionado en su propia visión—. No, es diferente. Está mezclando el salto espacial con...
—Con mi "Prime Minister" —completó Tenka, con los ojos brillando—. Está abriendo micro-portales para acelerar su propia masa. Es genio puro.
En la pantalla, Raiden era un borrón de destrucción. No golpeaba a los Shūki uno por uno; simplemente pasaba a través de ellos. Cada vez que reaparecía, una docena de monstruos explotaban en una descarga de electricidad estática. En un momento dado, se vio rodeado por un Shūki de clase Gigante que intentó aplastarlo con una garra masiva.
Raiden ni siquiera lo miró. Simplemente extendió dos dedos.
—**Estilo de Rayo: Rasengan de Espacio-Tiempo** —murmuró.
Una esfera de energía giratoria apareció en su mano, pero en lugar de ser solo azul, estaba rodeada por anillos púrpuras que distorsionaban el aire a su alrededor. Cuando el ataque impactó, el Shūki no solo fue destruido físicamente, sino que sus restos fueron succionados por un vacío dimensional, desapareciendo por completo de la realidad.
—Esa técnica... —Ren Yamashiro entrecerró los ojos—. Está enviando la materia del enemigo a otra dimensión mientras la desintegra a nivel molecular. Es una combinación aterradora de la fuerza bruta de los Uzumaki y la manipulación espacial de los Izumo.
La escena cambió a un momento de calma. Raiden estaba en una sala de juegos de aspecto moderno, sentado en un sofá junto a un Naruto que se veía notablemente joven y relajado, vistiendo una camiseta naranja sencilla. Ambos estaban concentrados en una pantalla, jugando intensamente a un videojuego de carreras.
—¡Te tengo, viejo! —gritó Raiden, moviendo el mando con una velocidad que hacía que sus manos fueran un borrón—. ¡No puedes ganarle al dios del rayo!
—¡Ni en tus sueños, Raiden! —rio Naruto, esforzándose por seguirle el ritmo—. ¡He vencido a dioses reales, un videojuego no es nada!
En ese momento, la Tenka del futuro entró en la habitación. Llevaba un vestido ligero y su cabello caía en ondas relajadas sobre sus hombros. Se acercó por detrás y abrazó a ambos, apoyando su barbilla en la cabeza de Raiden.
—Si no apagan esa consola ahora mismo, usaré mi poder para enviar sus personajes al inicio del nivel uno —amenazó Tenka con una sonrisa maliciosa.
—¡Eso es trampa, mamá! —protestaron padre e hijo al unísono.
La Tenka real, en la sala de proyecciones, soltó una carcajada encantada.
—¡Oh, me encanta! —exclamó, aplaudiendo—. Son como dos niños grandes. Ese Naruto parece ser el compañero de juegos perfecto.
—Parece que tu "futuro" es el menos militar de todos hasta ahora, Tenka —observó Fubuki Azuma con una sonrisa suave—. Hay mucha calidez en esa casa.
—El poder no lo es todo —respondió Tenka, aunque sus ojos seguían fijos en la imagen de su hijo—. Pero miren... algo está pasando.
La pantalla se volvió roja. La alarma del Cuartel General de esa realidad comenzó a sonar. La imagen se trasladó a una brecha dimensional masiva que se abría sobre la ciudad. De ella surgió un ser que no era un Shūki, sino algo más antiguo, una entidad vestida con túnicas blancas y piel pálida.
—Un Otsutsuki —susurró la voz de la entidad que manejaba la pantalla.
Naruto se puso de pie, su expresión cambiando instantáneamente de la de un padre juguetón a la de un guerrero legendario. Pero Raiden fue más rápido. Se colocó frente a su padre, desenvainando su espada corta.
—Papá, quédate con mamá y protege a los civiles —dijo Raiden. Ya no había rastro de juego en su voz. Sus ojos habían cambiado; el patrón de tres aspas del Sharingan giraba en sus pupilas, rodeado por el brillo púrpura de su madre—. Yo me encargo de este turista espacial.
—Ten cuidado, Raiden —dijo Naruto, poniendo una mano en su hombro—. Ese tipo no es como los Shūki.
—Él no conoce la velocidad de un Uzumaki-Izumo —respondió el joven con una sonrisa feroz.
Lo que siguió fue un despliegue de poder que dejó a las capitanas sin aliento. Raiden no solo se movía rápido; estaba en todas partes a la vez. Creó cientos de clones de sombra, y cada uno de ellos abrió un portal dimensional diferente. El enemigo Otsutsuki lanzaba ataques devastadores, pero todos eran absorbidos por los portales de Raiden y devueltos desde ángulos imposibles.
—**Arte Secreto: Lluvia de Dios del Trueno Volador** —rugió Raiden.
Miles de kunais con sellos especiales llovieron del cielo. Raiden se convirtió en un rayo puro, saltando de un kunai a otro a una velocidad que superaba la percepción del tiempo. Para las espectadoras, solo se veía una red de líneas púrpuras y doradas que envolvían al enemigo, cortándolo miles de veces en un solo segundo.
—Es... es hermoso —murmuró Sahara Wakasa, impresionada por la fluidez del combate—. Es como una danza de muerte eléctrica.
El clímax llegó cuando Raiden apareció justo encima del enemigo. Sus manos estaban envueltas en una mezcla de rayos negros y energía espacial.
—¡Este es el poder que mis padres me confiaron! —gritó—. ¡Colapso de Rayo: Gran Brecha Dimensional!
El impacto creó un vacío que tragó al enemigo y luego explotó en una supernova de color violeta. Cuando el humo se disipó, Raiden estaba de pie en el aire, jadeando pero con una sonrisa de victoria, mientras su espada chispeaba con los últimos restos de energía.
La imagen final mostró a Raiden regresando a la terraza donde Naruto y Tenka lo esperaban. Naruto le dio un pulgar arriba, mientras que Tenka lo envolvía en un abrazo protector, besando su frente.
—Buen trabajo, mi rayito —dijo la Tenka de la pantalla.
La proyección se desvaneció, dejando la sala en un silencio reverente que fue roto, como era de esperar, por la propia Tenka Izumo.
—Bueno, creo que es oficial —dijo Tenka, estirándose con una expresión de triunfo—. Mi hijo es el más genial. Tiene el poder, tiene el estilo y, claramente, tiene a los mejores padres.
—Fue impresionante —admitió Kyōka, aunque con un tono de advertencia—. Pero ese enemigo... ese "Otsutsuki"... parecía mucho más peligroso que cualquier Shūki que hayamos enfrentado. Si Naruto atrae ese tipo de amenazas, nuestro mundo va a necesitar a esos hijos.
—Ese es el punto de estas visiones, ¿no? —intervino Ren Yamashiro, con la mirada perdida en la pantalla oscura—. No solo nos muestran familias felices. Nos muestran armas vivientes. Hikari, Akio y ahora Raiden... cada uno de ellos es una respuesta a una amenaza que aún no comprendemos del todo.
Shushu se levantó de un salto, emocionada.
—¡Esto es genial! Cada hijo es como una versión "super-plus" de sus padres. ¡Ya quiero ver quién sigue! ¿Será alguna de las hermanas Azuma? ¿O tal vez yo? ¡Oh, espero que mi hija sea gigante y súper fuerte!
Yachiho Azuma se cruzó de brazos, ocultando el hecho de que su corazón latía con fuerza.
—Si Raiden pudo hacer eso con el espacio-tiempo, me pregunto qué podría hacer alguien con mi control sobre el tiempo —murmuró para sí misma.
—Parece que el destino tiene mucho que decirnos todavía —dijo Ren, haciendo una señal hacia la pantalla—. La entidad se está preparando para la siguiente "posibilidad".
Un nuevo resplandor comenzó a formarse. Esta vez, el color era un naranja vibrante mezclado con un verde esmeralda profundo. Pétalos de flores y ráfagas de viento comenzaron a girar en la pantalla, creando una atmósfera de renovación y vigor.
**Yachiho Azuma × Naruto → Hija: Mirai Uzumaki**
Yachiho se puso de pie de un salto, sus mejillas encendiéndose.
—¡Al fin! —exclamó—. Prepárense para ver lo que sucede cuando el linaje Azuma se toma en serio esto de la genética. ¡Mirai, enséñales quién manda!
—Cuidado con lo que deseas, Yachiho —se burló Tenka, guiñándole un ojo—. Puede que tu hija sea tan estricta que te ponga a entrenar a ti.
La sala se sumergió en una nueva ola de expectación. El viaje a través de los futuros de Naruto Uzumaki en el mundo de Mato continuaba, y con cada revelación, las mujeres del Cuerpo de Anti-demonios se daban cuenta de que sus vidas, sus poderes y sus corazones estaban a punto de ser reescritos por la voluntad de fuego de un hombre que aún no conocían, pero que ya empezaban a admirar.