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Posible futuro

La Tormenta de la Vitalidad y el Brillo de la Travesura: Sora, el Espíritu Indomable

La sala de proyecciones, que apenas comenzaba a recuperar su temperatura normal tras la gélida pero hermosa visión de Fubuki, se vio de repente inundada por una luz de color rosa neón y un naranja tan vibrante que parecía emitir su propio calor. Shushu Suruga, la joven de la Séptima Unidad conocida por su insaciable apetito y su capacidad para alterar su tamaño, estaba prácticamente saltando sobre su asiento.

—¡Sí, sí, sí! —exclamaba Shushu, agitando los puños—. ¡Al fin llega el plato principal! ¡Prepárense para ver a la verdadera heredera del trono de la diversión!

—Si hereda tu estómago, Shushu, Naruto va a necesitar un segundo trabajo solo para pagar la cuenta del supermercado —comentó Sahara con una sonrisa perezosa, aunque sus ojos estaban fijos en la pantalla.

—¡Oye! —protestó Shushu, inflando las mejillas—. ¡Una guerrera necesita combustible! Además, con los genes de Naruto, ¡mi hija seguramente podrá comer por diez y seguir siendo la más ágil de todas!

La pantalla parpadeó y, antes de mostrar cualquier imagen, un estruendo sacudió los altavoces de la sala. No era el sonido de un trueno ni de una explosión mágica, sino el impacto de un golpe físico tan potente que la cámara misma parecía temblar.

La imagen se aclaró para mostrar un campo de entrenamiento masivo en lo que parecía ser una versión futurista y colorida de Konoha, mezclada con la tecnología de Mato. En el centro, una joven de unos catorce años estaba rodeada por una docena de clones de sombras... que ella misma había creado.

La joven, Sora Uzumaki, era un torbellino de energía. Tenía el cabello rubio brillante, corto y despeinado con un estilo rebelde, y unos ojos grandes y expresivos de un color ámbar que chispeaban con travesura. Vestía un chaleco táctico naranja sobre una camiseta negra y unos pantalones cortos que le permitían moverse con total libertad. Lo más llamativo eran las marcas en sus mejillas, que parecían estar rodeadas por pequeños tatuajes de espirales que brillaban cuando acumulaba energía.

—¡Vamos, chicos! —gritó Sora a sus propios clones—. ¡Si no pueden seguirme el ritmo, no merecen llamarse Uzumaki!

De repente, Sora respiró hondo y su cuerpo comenzó a crecer. No de forma lenta, sino con una explosión de presión atmosférica. En un segundo, pasó de ser una adolescente menuda a una giganta de cinco metros de altura, pero manteniendo una agilidad que desafiaba las leyes de la física.

—**¡Arte de Sabio: Gran Impacto de la Mariposa de Hierro!** —rugió Sora.

Lanzó un puñetazo al suelo que no solo creó un cráter, sino que liberó una onda de choque de chakra que disipó a todos sus clones y levantó una cortina de polvo de cien metros de altura. En medio del polvo, Sora volvió a su tamaño normal, aterrizando de pie con una sonrisa de oreja a oreja y el pulgar hacia arriba.

—¡Eso es! —gritó Shushu en la sala, casi cayéndose de su asiento—. ¡Miren esa potencia! ¡Es mi "Gigantificación" combinada con el chakra de Naruto! ¡Es perfecta!

—Es aterrador —murmuró Himari, ajustándose las gafas—. Su densidad muscular debe ser increíble para moverse así mientras cambia de tamaño. Es una fuerza de choque pura.

La escena cambió a un entorno mucho más relajado: un restaurante de ramen que parecía ser el lugar favorito de la familia. Naruto, luciendo una chaqueta de chándal naranja y una expresión de pura felicidad, estaba sentado en una competencia de comida contra una Shushu que se veía idéntica a la actual, pero con un brillo de madurez en sus ojos.

Entre ellos, la pequeña Sora, de unos siete años, ya llevaba apilados el doble de cuencos que sus padres.

—¡Te voy a ganar, papá! —decía la pequeña Sora, sorbiendo fideos a una velocidad sobrehumana—. ¡Mamá dice que el que pierda tiene que limpiar la casa usando solo una mano!

—¡Eso no es justo, Sora-chan! —reía Naruto, tratando de no atragantarse—. ¡Tu madre te ha estado entrenando en secreto para expandir tu estómago con chakra! ¡Eso es dopaje gastronómico!

—¡En el amor y en la guerra de los fideos todo se vale, Naruto-kun! —exclamó la Shushu de la pantalla, dándole un codazo juguetón a su marido—. ¡Nuestra hija es una campeona nata!

En la sala de proyecciones, el silencio fue roto por una risita de Ren Yamashiro.

—Es... refrescante —dijo la Comandante Suprema—. Después de ver futuros tan cargados de responsabilidad y destino, ver a Naruto simplemente siendo un padre que compite por quién come más ramen es extrañamente reconfortante.

—Él se ve tan... él mismo —susurró Kyōka—. Con Shushu, Naruto no parece tener que cargar con el peso del mundo. Ella le da una ligereza que quizás él siempre necesitó.

Shushu, en la sala, se quedó callada por un momento. Sus ojos brillaban de una manera inusual. Ver a ese hombre tan poderoso y legendario compartiendo su estilo de vida caótico y alegre la hacía sentir algo que nunca había experimentado: la sensación de ser aceptada por completo, con todos sus excesos y sus ganas de vivir al máximo.

Sin embargo, la visión dio un giro hacia la acción. El cielo de la ciudad de Sora se tiñó de un color violeta oscuro. Un Shūki de categoría "Calamidad", una bestia con múltiples cabezas y una piel que parecía absorber los ataques de energía, estaba arrasando el distrito comercial.

Las unidades de defensa normales estaban siendo repelidas. Naruto y Shushu estaban en otra parte de la ciudad evacuando civiles, dejando a Sora como la única línea de defensa inmediata.

—¡Oye, tú, montón de basura con demasiadas caras! —gritó Sora, saltando desde lo alto de un edificio—. ¡Nadie interrumpe mi hora de la merienda y vive para contarlo!

Sora comenzó a girar en el aire. No era un simple salto; estaba acumulando chakra en sus extremidades mientras alteraba su tamaño de forma rítmica para generar inercia.

—**¡Estilo Uzumaki-Suruga: Rasen-Golpe de Masa Infinita!** —sentenció.

En pleno descenso, Sora agrandó su puño hasta que fue del tamaño de una casa pequeña, pero lo rodeó con un Rasengan masivo que giraba violentamente. El impacto fue cataclísmico. La bestia intentó absorber la energía, pero no pudo lidiar con la presión física de la masa de Sora combinada con el desgarro molecular del Rasengan.

La explosión de energía rosa y azul limpió las nubes del cielo. Sora aterrizó suavemente, volviendo a su tamaño normal, justo cuando Naruto y Shushu llegaban al lugar.

—¡Esa es mi chica! —gritó el Naruto de la pantalla, corriendo hacia ella para cargarla en hombros—. ¡Ese golpe final fue increíble! ¡Incluso mejor que el mío!

—¡Por supuesto! —dijo la Shushu de la pantalla, apretando las mejillas de su hija—. ¡Tiene mi fuerza y tu terquedad! ¡Es la combinación definitiva!

Sora se rió, abrazando a su padre desde sus hombros mientras miraba a su madre con adoración.

—Papá, ¿ahora podemos ir por postre? —preguntó la joven guerrera—. He gastado muchas calorías salvando el mundo.

—¡Jajaja! ¡Todo lo que puedas comer, Sora! —respondió Naruto, comenzando a caminar mientras Shushu se colgaba de su brazo, riendo con ellos.

La imagen se desvaneció, dejando a la Shushu real con una sonrisa que no le cabía en la cara.

—¿Vieron eso? —preguntó Shushu, mirando a sus compañeras—. ¡Mi hija es la jefa! ¡Y Naruto... Naruto es el mejor papá del multiverso!

—Fue... intenso —admitió Yachiho, cruzándose de brazos—. Pero tengo que admitir que esa combinación de fuerza física y chakra es devastadora. No hay defensa que aguante un golpe así.

—Lo más importante —añadió Fubuki con una sonrisa suave— es que ella se ve realmente feliz. No parece sentir el peso de su poder como una carga, sino como una herramienta para proteger su alegría. Eso es algo que todas podríamos aprender de ella, Shushu.

Ren Yamashiro asintió, mirando hacia la pantalla que ya empezaba a mostrar nuevos destellos.

—Cada uno de estos hijos refleja una parte de nosotros que Naruto logra potenciar —reflexionó Ren—. En el caso de Shushu, es la vitalidad pura. El deseo de vivir sin miedo y con el corazón en la mano.

La pantalla volvió a zumbar, pero esta vez el color fue un marrón terroso, mezclado con un amarillo brillante que recordaba a la arena del desierto y a la luz del sol al mediodía. Un aire de estabilidad y resistencia comenzó a llenar la sala.

**Sahara Wakasa × Naruto → Hijo: Daichi Uzumaki**

Sahara, que había estado observando todo con su habitual desgana, se enderezó un poco, rascándose la nuca con una expresión de sorpresa.

—¿Yo? —murmuró Sahara—. Vaya, eso suena a mucho trabajo. Espero que el chico sea más activo que yo, o esa casa va a ser un dormitorio permanente.

—¡Sahara! —rio Tenka, dándole un codazo—. ¡Tu hijo se llama Daichi, "Gran Tierra"! ¡Eso suena a alguien que no se mueve por nada ni por nadie!

—O tal vez —dijo Sahara con una pequeña sonrisa perezosa— sea alguien que sepa exactamente cuándo vale la pena esforzarse.

La pantalla comenzó a brillar de nuevo, y las capitanas se prepararon para ver qué sucedía cuando la resistencia absoluta de Sahara se encontraba con la voluntad inquebrantable de Naruto Uzumaki. El rompecabezas de los futuros seguía completándose, y cada pieza era más fascinante que la anterior.