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El Despertar del Loto en el Coliseo del Destino

El aire en el palacio de Ozmargo comenzó a vibrar con una frecuencia que no pertenecía a la magia de las bestias ni a la tecnología de Alus. En el centro del jardín, justo donde Komi había celebrado su cumpleaños horas antes, el espacio se rasgó como una tela vieja. No era un agujero negro y aterrador, sino un vórtice de luz dorada que emanaba un aroma a sándalo y una paz tan profunda que resultaba opresiva.

—Esa firma de energía... —Alus la Estrella Fugaz activó todos sus sensores, sus tres brazos mecánicos vibrando por la sobrecarga—. No es un portal accidental. Es una invitación. O una citación.

—Siento una presencia al otro lado —dijo Toroa, desenvainando una de sus espadas—. Es tranquila, como un estanque en calma, pero tiene el peso de un continente entero.

Komi Shoko dio un paso adelante. Sus ojos, ahora imbuidos con la claridad de sus recuerdos recuperados del Kengan, brillaron con determinación. Cerró los puños, sintiendo el flujo del Estilo Niko recorriendo sus venas. No tenía miedo. Sabía que al otro lado de ese velo dorado se encontraban las respuestas a su pasado y el camino hacia su hogar.

—Si Komi-san va, nosotros también —declaró Sariphi, tomando la mano de la joven japonesa—. ¡No dejaremos que nuestra amiga cruce sola hacia lo desconocido!

—Es un riesgo innecesario para una reina —gruñó Leonhart, aunque sus ojos amarillos centelleaban con la emoción de la batalla—. Pero como Rey de las Bestias, no puedo permitir que un poder así desafíe mis dominios sin presentarme. Anubis, prepara a la guardia. Amit, Lante, vengan con nosotros.

Lucnoca, en su forma humana, simplemente se encogió de hombros con una elegancia gélida.

—Prometí que la acompañaría hasta el final de su historia. El frío no retrocede ante la luz dorada.

El grupo, una amalgama imposible de guerreros legendarios, reyes bestia, una dragona y una chica de preparatoria, cruzó el umbral.

El tránsito no fue doloroso, sino instantáneo. El escenario cambió de los jardines de Ozmargo a un lugar que Komi reconoció de inmediato: la cúpula gigante de la Isla Ganryu, el corazón del Torneo de Aniquilación Kengan. Pero algo estaba mal. El estadio no estaba lleno de espectadores corporativos, sino sumido en un silencio místico, bañado por una luz cenital que parecía provenir de otro plano de existencia.

En el centro del ring, un hombre estaba sentado en posición de loto. Sus ojos estaban cerrados, su cabello rubio caía sobre sus hombros con una perfección divina y un rosario de cuentas enormes colgaba de su cuello. A su alrededor, la realidad parecía curvarse en señal de respeto.

Pero no estaba solo. En los alrededores del ring, figuras familiares para Komi observaban con asombro.

—¡Komi-san! —El grito de Tadano Hitohito rompió el silencio. Estaba junto a Najimi y el resto de la clase 1-1, todos ellos escoltados por figuras imponentes como Ohma Tokita, Kanoh Agito y el gigante Julius Reinhold.

—¡Shoko! —Ohma dio un paso adelante, su torso lleno de cicatrices y su mirada tan salvaje como siempre—. Sabía que volverías. Te ves diferente... tu aura es un caos de mundos que no conozco.

Komi quiso correr hacia Tadano, pero la figura sentada en el ring habló, y su voz no se escuchó con los oídos, sino directamente en el alma de todos los presentes.

—Bienvenidos al Templo del Silencio —dijo el hombre, abriendo los ojos. Sus pupilas eran pozos de sabiduría infinita—. Soy Shaka, el Caballero de Oro de Virgo. El hombre más cercano a Dios.

—¿Tú? —Alus apuntó con una de sus reliquias—. Tú eres quien manipuló la causalidad. Tú arrancaste a esta niña de su hogar y borraste su mente.

Shaka se puso de pie con una lentitud que sugería que tenía todo el tiempo del universo.

—Lo hice por compasión —respondió Shaka con una calma exasperante—. Shoko Komi poseía un don que su mundo no podía contener. En el Torneo Kengan, ella no solo venció a hombres; ella alcanzó la iluminación a través de la violencia pura. Su mente estaba a punto de colapsar bajo el peso de su propio poder. Le di el olvido para que pudiera conocer la paz de una vida normal. Los portales fueron una prueba; quería ver si su esencia podía sobrevivir en mundos de conflicto sin perder su pureza.

—¡No tenías derecho! —rugió Leonhart, dando un paso al frente y mostrando sus colmillos—. ¡Nadie tiene derecho a robarle la identidad a un ser vivo, ni siquiera un dios!

—El Rey de las Bestias —Shaka lo miró sin inmutarse—. Tu corazón es noble, pero tu visión es limitada. Ella necesitaba aprender que su silencio no es una debilidad, sino un arma que puede unir dimensiones.

Ohma Tokita se acercó a Komi, ignorando por un momento al caballero dorado.

—Komi... cuando desapareciste, el mundo Kengan se volvió un caos —dijo Ohma con una sonrisa de medio lado—. Pero veo que has estado ocupada. Ese estilo que emanas... ya no es solo el Estilo Niko. Es algo más.

Komi sacó su libreta, pero sus manos ya no temblaban. Escribió con una caligrafía que irradiaba poder:

"Señor Shaka. Gracias por intentar protegerme. Pero mis amigos me enseñaron que no necesito olvidar para ser feliz. Mis recuerdos, incluso los dolorosos, son lo que me permite conectar con ellos".

Tadano, desde la grada, gritó con lágrimas en los ojos:

—¡Komi-san! ¡No importa si eres la reina de un torneo o una estudiante tímida! ¡Solo queremos que vuelvas con nosotros!

Shaka suspiró, y el sonido fue como el viento entre los pinos de un monasterio.

—Si ese es tu deseo, Shoko Komi, debes demostrar que tu voluntad es superior a mi decreto. El olvido es una bendición que no se retira fácilmente. Debes derrotar la ilusión de tu propio miedo.

De repente, el estadio se transformó. Miles de pétalos de loto comenzaron a caer del cielo, pero cada pétalo era tan afilado como una cuchilla. Shaka no se movió, pero su cosmos empezó a expandirse, creando una barrera que separaba a Komi de sus amigos.

—¡Komi-san! —Sariphi intentó correr, pero fue detenida por una pared invisible.

—Déjenla —dijo Toroa, cruzándose de brazos—. Este es el combate para el que la hemos estado preparando. El silencio de Ishura contra la divinidad de Virgo.

Komi se quitó la chaqueta de su uniforme escolar, revelando los vendajes en sus brazos. Se puso en posición de combate, una mezcla perfecta del Estilo Niko de Ohma, la agilidad de Inaba Ryo y la firmeza que Toroa le había enseñado.

—¡Tesoro del Cielo! —exclamó Shaka, desatando su técnica más temible.

El mundo alrededor de Komi desapareció. No había sonido, ni luz, ni tacto. Estaba atrapada en el vacío absoluto de Virgo, donde los sentidos son arrebatados uno a uno.

—Pierde tu oído —sentenció Shaka—. Pierde tu vista. Pierde tu habla... aunque eso ya lo habías perdido tú misma.

En la oscuridad de su mente, Komi buscó su centro. Recordó a Lucnoca explicándole cómo el frío absoluto es también una forma de pureza. Recordó a Alus hablándole sobre la precisión del cálculo. Y recordó a Tadano, simplemente diciéndole que su silencio era hermoso.

No necesitaba sentidos para comunicarse.

Komi cerró los ojos y, en lugar de luchar contra el vacío, lo abrazó. Utilizó la técnica de *Redirección* del Estilo Niko, pero no para desviar un golpe físico, sino para desviar el flujo del cosmos de Shaka. Su cuerpo empezó a brillar con una luz violeta, la misma de la Guadaña de la Luna Silente que había dejado en Ozmargo, pero que ahora formaba parte de su alma.

—¿Qué es esto? —Shaka abrió los ojos de par en par, sorprendido—. ¿Está utilizando mi propio vacío para fortalecer su voluntad?

Komi se movió. Fue un destello de velocidad pura. *Destello de Fuego* combinado con el paso de sombra de los Shura. Apareció frente a Shaka y, en lugar de un golpe devastador, simplemente puso su mano sobre el corazón del caballero dorado.

No hubo impacto. Hubo una descarga de recuerdos, de sentimientos, de la alegría de su cumpleaños, del sabor del pan de yakisoba compartido con Uhak, y de la lealtad de Sariphi. Fue una comunicación masiva y silenciosa que inundó la mente del Caballero de Virgo.

Shaka retrocedió un paso, la ilusión de los pétalos de loto desvaneciéndose. El estadio Kengan volvió a la normalidad.

—Entiendo —dijo Shaka, su aura dorada suavizándose hasta volverse casi blanca—. No eres una guerrera que busca la victoria. Eres un puente que busca la comprensión. He subestimado la fuerza de los vínculos que has forjado en tu exilio.

Shaka volvió a sentarse en posición de loto y cerró los ojos, sonriendo levemente.

—El sello está roto. Shoko Komi, tu memoria y tu poder son ahora uno solo. Puedes volver a tu hogar, o puedes caminar entre los mundos. El universo ya no tiene secretos para tu silencio.

El portal dorado se estabilizó. Komi se giró hacia sus amigos de Ishura y Ozmargo.

—¿Te vas, Komi-san? —preguntó Sariphi con tristeza.

Komi tomó su libreta y escribió rápidamente, mostrándola a ambos grupos: los luchadores de Kengan, sus compañeros de clase y sus nuevos aliados de otros mundos.

"No me voy para siempre. Ahora sé cómo abrir los caminos. Mi meta de hacer cien amigos acaba de volverse mucho más grande. ¿Contarían todos ustedes?"

—¡Claro que sí, idiota! —gritó Najimi, saltando de alegría—. ¡Aunque tengas amigos dragones, yo sigo siendo la número uno!

—Yo... —Tadano se acercó, rascándose la nuca con timidez—. Me alegra que estés de vuelta, Komi-san. Te extrañamos mucho.

Ohma Tokita se cruzó de brazos, asintiendo hacia Toroa y Alus.

—Parece que cuidaron bien de ella. Si alguna vez necesitan un peleador en su mundo, busquen al Ashura.

—Lo tendremos en cuenta, humano —respondió Alus, guardando sus datos—. Tu estilo de combate es... ineficiente pero fascinante.

Leonhart se acercó a Komi y le puso una mano pesada en el hombro.

—Ozmargo siempre será tu hogar, Reina del Silencio. No olvides que tienes un trono esperándote si alguna vez te cansas de las escuelas.

Lucnoca se transformó en su forma de dragón por un instante, lanzando un rugido de despedida que hizo vibrar los cimientos de la isla Ganryu, antes de volver a su forma humana.

—Estaré observando desde el frío, Komi. No dejes que este mundo tan ruidoso te quite la paz que encontramos en el hielo.

Komi caminó hacia Tadano y sus compañeros de clase. El grupo de Ishura y Ozmargo comenzó a retroceder hacia el portal, que ahora brillaba con una luz estable y acogedora.

—¡Vendremos a visitarte! —gritó Sariphi, despidiéndose con la mano mientras Amit y Lante la seguían.

Cuando el portal se cerró, Komi se encontró de pie en el centro del ring de la Isla Ganryu, rodeada de sus amigos de siempre y de los guerreros del Kengan. El silencio regresó, pero ya no era un silencio de miedo o de incapacidad. Era el silencio de una reina que ha conquistado sus propios demonios.

—¿Komi-san? —preguntó Tadano suavemente—. ¿Estás bien?

Komi lo miró. Sus orejas de gato imaginarias vibraron de felicidad. Guardó su libreta en la mochila, respiró hondo y, por primera vez en su vida, frente a todos, abrió la boca.

—Es...toy... en casa —dijo con una voz suave, melódica y perfectamente clara.

El estadio estalló en vítores. Los luchadores Kengan chocaron sus puños, Najimi empezó a planear una fiesta legendaria y Tadano simplemente sonrió, sabiendo que la chica que no podía comunicarse acababa de dar el discurso más importante de la historia de todos los mundos.

Shoko Komi había regresado. Y con ella, traía la fuerza de los Shura, la nobleza de las bestias y la voluntad inquebrantable de alguien que, en medio del estrépito del multiverso, decidió que su primera palabra sería una de pertenencia.

La leyenda de la Flor de Cristal apenas estaba comenzando. Y con noventa y nueve amigos en su lista, Komi Shoko sabía que el número cien estaba justo frente a ella, esperándola para caminar juntos hacia el salón de clases.