qhps senku de dr stone, shoko komi y shaka de virgo cayera en niehime to kemono no ou
Alquimia de Datos y el Susurro del Cosmos
El sol de Ozmargo se filtraba por los ventanales altos del palacio, proyectando sombras alargadas sobre un suelo que, por primera vez en milenios, servía de laboratorio improvisado. Senku Ishigami no había perdido el tiempo. Ignorando las miradas de sospecha de los guardias bestia, había recolectado diversos minerales de los jardines y ceniza de las chimeneas reales.
—Escucha bien, cabeza de chacal, y tú también, pequeña humana —dijo Senku, mientras machacaba unas piedras con un mortero improvisado—. La magia no existe. Todo en este mundo, incluso los músculos de tu rey o esa energía dorada del tipo rubio, tiene una explicación molecular. Solo necesitamos los ingredientes adecuados para doblar la realidad a nuestra voluntad.
Anubis cruzó los brazos, su cola agitándose con irritación.
—Te he permitido esta insolencia solo porque el Rey lo ordenó, humano. Pero llamar "magia" a la bendición de Ozmargo es un insulto. ¿Qué esperas lograr con ese polvo sucio?
—Ciencia, Anubis —respondió Sariphi con los ojos brillando de emoción—. Senku dice que puede crear algo llamado "fuego frío" o algo así. ¡Es increíble!
—No es fuego frío, es una reacción química básica de luminiscencia —corrigió Senku con una sonrisa de lado—. Observen. Diez mil por ciento seguro de que esto les volará la cabeza.
Senku mezcló los compuestos con una precisión quirúrgica. Ante los ojos atónitos de Anubis y la alegría de Sariphi, el cuenco comenzó a emitir un resplandor azul intenso, una luz que no quemaba pero que iluminaba los rincones más oscuros del gran salón.
—¡Es hermoso! —exclamó Sariphi, acercando sus dedos a la luz.
—¡Imposible! —rugió Anubis, retrocediendo un paso—. ¡No has invocado ningún hechizo! ¡No has recitado ninguna plegaria!
—Eso es porque la tabla periódica no necesita oraciones, solo comprensión —dijo Senku, rascándose la oreja—. Con los materiales adecuados en este reino, podría construir una central eléctrica en menos de un mes. Solo necesito que dejen de mirarme como si fuera a explotar en cualquier momento.
Mientras tanto, en un balcón privado que daba hacia los jardines colgantes, la atmósfera era radicalmente distinta. Leonhart, el imponente Rey de las Bestias, se encontraba sentado frente a una pequeña mesa de piedra. Frente a él, Shoko Komi sostenía una taza de té con ambas manos, sus hombros subiendo y bajando en un ritmo errático.
—Dime, joven humana —comenzó Leonhart, su voz profunda resonando como un trueno lejano—. Shaka dice que tu silencio no es un desprecio, sino una carga. En este reino, el silencio suele ser preludio de un ataque. ¿Por qué no hablas?
Komi se puso rígida. Sus ojos se volvieron dos grandes círculos blancos y sus orejas de gato imaginarias brotaron con un *pop* mental. Rápidamente, dejó la taza y tomó su cuaderno, escribiendo con una velocidad frenética.
"Lo siento mucho. Mi garganta se cierra cuando intento hablar con alguien tan imponente. Usted es un rey muy respetable y yo... yo solo soy Komi".
Leonhart leyó el mensaje y dejó escapar un suspiro que hizo vibrar las cortinas.
—Soy un monstruo, Komi. La mayoría de los humanos gritan al verme. Tu silencio es, en cierta forma, más civilizado que sus alaridos. Pero aquí, en Ozmargo, la fuerza lo es todo. ¿Cómo sobrevives en tu mundo si no puedes imponer tu voz?
Komi volvió a escribir, esta vez más despacio.
"Tengo amigos que me ayudan a ser escuchada. Creo que... la amabilidad puede ser más fuerte que un grito".
El Rey observó a la joven. Había algo en su mirada, una determinación silenciosa que le recordaba a Sariphi, aunque Komi careciera de la extroversión de su futura reina.
—Una filosofía interesante —murmuró Leonhart—. Quizás el silencio sea, después de todo, una forma de poder que no he explorado.
A varios metros de allí, en el patio de entrenamiento, la tensión era física. Jormungand, el capitán de la guardia, empuñaba su lanza con fuerza, observando al hombre que flotaba a escasos centímetros del suelo en una posición de loto perfecta.
—Se dice que eres un guerrero, Shaka de Virgo —siseó Jormungand, su lengua bífida probando el aire—. Pero solo veo a un hombre que duerme mientras flota. Muéstrame tu fuerza o lárgate de mi vista.
Shaka no abrió los ojos, pero una presión invisible comenzó a aplastar la hierba alrededor de Jormungand.
—La fuerza de los sentidos es limitada, capitán —dijo Shaka con una calma sobrenatural—. La verdadera naturaleza del universo no se percibe con los ojos, sino con el espíritu. Si deseas ver, te mostraré la verdad a través de mis técnicas. Pero ten cuidado, pues la mente es un laberinto del que pocos regresan ilesos.
Jormungand rugió y cargó, pero antes de que su lanza pudiera tocar la armadura dorada, Shaka levantó una mano.
—*Tenma Kōfuku* —susurró el caballero.
Una explosión de luz dorada envolvió el patio. Jormungand sintió que el mundo desaparecía. No hubo dolor físico, pero su conciencia fue arrastrada a un vacío donde galaxias enteras nacían y morían en segundos. El capitán cayó de rodillas, soltando su arma, abrumado por la magnitud de lo que estaba presenciando.
—Esa es la Capitulación del Demonio —explicó Shaka, mientras la luz se atenuaba—. Una expansión de energía que somete la voluntad del adversario. Pero hay más.
Shaka abrió los ojos ligeramente, y el aire mismo pareció volverse denso como el plomo.
—*Riku Dō Rin Ne* —continuó Shaka—. Los Seis Senderos de la Reencarnación. ¿En cuál de ellos crees que reside tu alma, capitán? ¿En el mundo de los humanos, en el de los animales, o quizás en el de los demonios en constante lucha?
Jormungand jadeó, viendo visiones de sus ancestros y de batallas olvidadas. La técnica no solo atacaba su cuerpo, sino su historia misma. Era una lección de humildad que ninguna espada podría haberle enseñado.
—Y finalmente —dijo Shaka, elevando su cosmos hasta que el palacio entero comenzó a vibrar—, el tesoro más grande y temible que poseo. El *Tenbu Hōrin*. El Tesoro del Cielo.
En ese instante, el patio de entrenamiento se transformó en un mandala gigante. Jormungand se encontró atrapado en un espacio donde el movimiento era imposible.
—En este estado, la ofensiva y la defensiva son una sola —declaró Shaka—. Puedo privarte de tus cinco sentidos uno a uno. La vista, el oído, el tacto... hasta que solo quede tu esencia pura.
—Detente... —logró decir Jormungand, con el sudor corriendo por su frente fría—. He visto suficiente. Tu poder... no es de este mundo.
Shaka cerró los ojos y la ilusión se disolvió. Jormungand recuperó el control de su cuerpo, temblando pero ileso. El caballero de Virgo volvió a su posición de meditación, como si nada hubiera ocurrido.
—El poder es una ilusión, capitán. Lo que importa es el propósito con el que se usa.
De vuelta en el salón principal, Senku había pasado de la química a la ingeniería. Había construido una pequeña polea usando cuerdas de seda y madera, demostrando cómo Sariphi podía levantar una pesada caja de suministros con un solo dedo.
—¡Es como si tuviera la fuerza de Leonhart! —rio Sariphi, tirando de la cuerda.
—Es simplemente ventaja mecánica —dijo Senku, cruzando los brazos con satisfacción—. La ciencia es el gran igualador. No importa si eres una humana pequeña o una bestia de tres metros; las leyes de la física nos tratan a todos por igual.
Anubis observaba la polea con una mezcla de horror y fascinación.
—Si los humanos de tu tiempo poseían estos conocimientos... ¿cómo es que terminaron convertidos en piedra? —preguntó el consejero, su voz perdiendo parte de su veneno habitual.
La expresión de Senku se ensombreció por un breve segundo, una chispa de seriedad cruzando sus ojos rojos.
—Esa es la pregunta de los mil millones de puntos, Anubis. Alguien o algo decidió que la humanidad necesitaba una pausa. Pero se equivocaron. La curiosidad humana no se puede petrificar para siempre.
En ese momento, Leonhart y Komi entraron al salón. La joven caminaba un poco más cerca del Rey, pareciendo menos aterrorizada que antes. Amit corrió hacia ellos, abrazando a Komi por la cintura.
—¡Princesa Komi! ¡Senku ha hecho que el agua brille y que las cosas floten! ¡Es un mago muy extraño! —exclamó Amit.
Komi miró a Senku, luego al resplandor azul en el cuenco, y finalmente a Sariphi. Lentamente, sacó su cuaderno y escribió una frase que hizo que Senku sonriera.
"La ciencia se siente como una forma de hablar sin usar palabras. Gracias por mostrarlo".
—Diez mil por ciento correcto, chica del cuaderno —dijo Senku—. Los números y los elementos son el lenguaje universal.
Shaka y Jormungand llegaron poco después. El capitán de la guardia caminaba con un respeto renovado, manteniendo una distancia prudencial del caballero dorado.
—Rey Leonhart —dijo Shaka, inclinando levemente la cabeza—. El tejido de esta realidad sigue siendo inestable. Nuestra presencia aquí no es un accidente, sino una convergencia. El conocimiento de Senku, la voluntad de Sariphi y el corazón de Komi son piezas de un rompecabezas que aún no comprendemos del todo.
Leonhart se sentó de nuevo en su trono, mirando a este grupo tan dispar. Un científico que desafiaba a los dioses, un caballero que hablaba con ellos, y una joven que encontraba fuerza en su propio silencio.
—Ozmargo ha sobrevivido a muchas crisis —declaró el Rey—. Si el mundo está cambiando, nos adaptaremos. Senku, puedes seguir con tus... experimentos, siempre y cuando no vueles el ala oeste del palacio. Shaka, tus consejos serán escuchados. Y Komi...
La joven se tensó, esperando la orden del Rey.
—Puedes seguir tomando té con Sariphi y Amit. Parece que tu presencia les hace bien.
Komi se inclinó tanto que su cabeza casi toca el suelo, vibrando de alegría silenciosa.
Senku se rascó la cabeza, mirando hacia el techo del palacio como si pudiera ver las estrellas a través de la piedra.
—Bueno, esto es emocionante. Tenemos un rey león, un caballero cuántico, una chica con ansiedad nivel dios y un mundo lleno de materiales por descubrir. ¡Esto es la ciencia en su estado más puro!
—¿Qué haremos mañana, Senku? —preguntó Sariphi con entusiasmo.
Senku mostró una sonrisa llena de confianza, mientras sus ojos brillaban con la promesa de un nuevo amanecer.
—Mañana, pequeña humana, vamos a fabricar algo que este reino de fantasía nunca ha visto. Mañana, vamos a empezar la construcción del Reino de la Ciencia en la tierra de las bestias.
Komi, en un rincón, escribió rápidamente en su cuaderno y lo levantó para que todos lo vieran:
"Espero que podamos ser todos muy buenos amigos".
Bajo el cielo de Ozmargo, el destino de varios mundos comenzaba a entrelazarse, movido por la lógica, la fe y el simple deseo humano de conectar con los demás. La aventura, apenas, estaba comenzando.