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Ecos de un Futuro Borrado: La Alianza de las Estrellas y la Ciencia

El silencio en el gran salón de Ozmargo se volvió denso, pero no era el silencio cómodo de hace unos instantes. Era una presión atmosférica, una distorsión en la memoria que comenzó a manifestarse como estática en el aire. Senku, que estaba a punto de explicar el proceso de electrólisis, se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos con fuerza.

—Un momento... —murmuró Senku, su voz perdiendo su habitual tono burlón—. Diez mil millones por ciento seguro de que mi memoria está sufriendo una sobreescritura de datos. Estos recuerdos... no pertenecen a la línea temporal de la petrificación estándar.

Shoko Komi, que hasta hace un momento temblaba de timidez, dejó caer su cuaderno al suelo. Sus ojos, usualmente grandes y expresivos, se perdieron en un vacío infinito. Su cuerpo dejó de vibrar por la ansiedad social para empezar a emitir un aura oscura, un residuo de algo que una vez fue aterrador.

—La Isla Ganryu... —susurró Shaka de Virgo, abriendo los ojos por completo. La luz dorada de su armadura no brilló con paz, sino con el fulgor de la batalla—. El Torneo de Aniquilación Kengan. El lugar donde el destino de los guerreros se selló con sangre y voluntad.

Leonhart se levantó de su trono, sintiendo el cambio en la energía.

—¿De qué están hablando? —preguntó el Rey de las Bestias, su instinto detectando una amenaza que no podía ver—. ¿Qué es esa isla? ¿Qué es ese torneo?

Sariphi se acercó a Senku, preocupada al ver cómo el científico sudaba frío.

—¡Senku! ¡Estás pálido! ¿Qué está pasando?

Senku soltó una carcajada seca, una que no contenía alegría, sino la incredulidad del hombre que ha visto el código fuente del universo.

—Lo recuerdo todo ahora. El borrado no fue perfecto —dijo Senku, mirando sus manos—. Recuerdo la energía .exe. Recuerdo a GulusGammamon, esa bestia digital de pura sombra que amenazaba con devorar la estructura misma de la realidad. Yo no solo estaba contando segundos en la piedra... yo estaba allí, calculando la tasa de desintegración de esa energía maligna para salvar la existencia.

Komi se arrodilló, recogiendo su cuaderno con manos que ya no temblaban por miedo, sino por el peso de la responsabilidad. Escribió algo con trazos rápidos y violentos, mostrando la página a todos:

"Dark Komi.exe fue derrotada. Pero el precio fue el olvido".

—Así es —dijo Shaka, poniéndose en pie con una solemnidad que hizo que incluso Anubis bajara la cabeza—. En la Isla Ganryu, no solo luchamos contra hombres. Luchamos contra entidades que buscaban corromper la esencia de la humanidad. Komi, tú no eras solo una estudiante. Eras el faro que contenía la oscuridad de tu propia contraparte. Y yo... yo guié a los guerreros Kengan a través del infierno para que la Jump Force Star pudiera ser fundada.

—¿Jump Force Star? —Jormungand frunció el ceño, confundido—. Suena a una alianza de leyendas.

—Lo era —respondió Senku, recuperando su compostura y rascándose la nuca—. Era una coalición de mundos. Recuerdo haber ayudado a un hombre fénix robot... la reencarnación de mi propio hermano en ese caos de metal y fuego. Construimos una base que desafiaba el tiempo y el espacio. Pero algo ocurrió. Un reinicio. Una purga existencial que nos trajo aquí, a Ozmargo, y nos devolvió a nuestras formas "originales".

Sariphi miró a Leonhart, y luego a sus amigos humanos.

—¿Quieres decir que todos ustedes ya se conocían? ¿Que ya salvaron el mundo antes de llegar aquí?

—No solo un mundo, Sariphi —dijo Shaka, caminando hacia el centro del salón—. Salvamos el tejido de la realidad. Recuerdo las seis espadas que entregué. Armas forjadas con el cosmos y la voluntad, entregadas a aquellos que conocí en el mundo de Ishura. Amigos cuyos nombres ahora se desvanecen como arena en el viento, pero cuyas almas aún resuenan en mi armadura.

Komi volvió a escribir, sus ojos llenos de una tristeza profunda:

"Hicimos una promesa. Treinta años. Prometimos volver a vernos cuando la paz fuera absoluta. Pero el tiempo se rompió".

Leonhart bajó los escalones del trono y se colocó frente a ellos. Su presencia era imponente, pero ya no buscaba intimidar, sino comprender.

—Si todo eso fue eliminado, ¿por qué lo recuerdan ahora? ¿Por qué en Ozmargo?

—Porque este reino es un nexo —explicó Senku, sus ojos brillando con la chispa del descubrimiento—. La energía de este lugar, lo que ustedes llaman "bendición", es en realidad un residuo de esa energía cuántica que no pudo ser borrada del todo. Al tocarme tú, Sariphi, no solo rompiste la piedra. Rompiste el sello de la memoria que nos impusieron.

Anubis dio un paso al frente, su rostro mostrando una mezcla de escepticismo y respeto.

—Si lo que dicen es cierto, ustedes son seres que han vivido mil vidas. ¿Qué significa esto para Ozmargo? ¿Van a traernos sus guerras olvidadas?

—Al contrario —dijo Shaka, cerrando los ojos y elevando un cosmos suave y reconfortante—. El hecho de que recordemos significa que la amenaza de la energía .exe podría no estar erradicada por completo. El Phoenix Robot, la Jump Force Star... fueron baluartes. Si el destino nos ha reunido aquí, con el Rey de las Bestias y la joven que busca la paz entre especies, es porque Ozmargo es la última línea de defensa.

Komi empezó a escribir de nuevo, pero esta vez su expresión era de una determinación feroz. Sus orejas de gato imaginarias se erizaron, pero no por timidez, sino por alerta.

"Siento algo. La desintegración no terminó. Está escondida en las sombras de este mundo".

—Ella tiene razón —dijo Senku, ajustándose el cuello de su ropa—. Mi cerebro de científico me dice que la probabilidad de que seamos los únicos que recordamos es de un 0.00001%. Si nosotros estamos aquí, los restos de GulusGammamon o de la infección .exe también podrían estar filtrándose en este ecosistema.

Leonhart soltó un rugido bajo que hizo eco en las paredes del palacio.

—No permitiré que ninguna "energía" o "virus" destruya mi hogar. Si ustedes tienen el conocimiento y el poder de esas vidas pasadas, hablen. ¿Cómo defendemos Ozmargo?

Senku sonrió, esa sonrisa afilada que prometía maravillas tecnológicas.

—Necesitamos fusionar todo. La ciencia de mi era, el cosmos de Shaka y la conexión emocional que tú y Sariphi tienen con este reino. Komi, tú eres la clave para detectar la corrupción; tu sensibilidad a la ansiedad social se ha transformado en una sensibilidad a las distorsiones de la realidad. Eres nuestro radar biológico.

Komi asintió vigorosamente, sosteniendo su cuaderno como si fuera un escudo sagrado.

—Shaka —continuó Senku—, necesito que uses tu meditación para mapear los puntos de presión del cosmos en Ozmargo. Si hay una grieta por donde la energía .exe pueda entrar, la encontraremos.

—Se hará como dices, hombre de ciencia —respondió el caballero dorado—. Mi Tesoro del Cielo puede servir como una red sensorial para detectar cualquier anomalía en el flujo de la vida.

Sariphi tomó la mano de Leonhart, mirando a los invitados con una sonrisa valiente.

—No entiendo todo sobre robots fénix o islas de guerreros, pero entiendo que somos una familia ahora. Si el pasado está volviendo, lo enfrentaremos juntos.

—¡Exacto! —exclamó Amit, saliendo de detrás de una columna—. ¡Y yo ayudaré a la princesa Komi a no sentirse sola mientras vigila!

La tensión en el salón comenzó a disolverse, reemplazada por un propósito renovado. Sin embargo, en los rincones más profundos del palacio, donde la luz del sol no llegaba, una pequeña mancha de estática negra parpadeó sobre una piedra. Era un píxel fuera de lugar, un error en la matriz de la realidad que palpitaba con un hambre antigua.

Senku lo notó por el rabillo del ojo. Su sonrisa no flaqueó.

—Esto es emocionante —susurró para sí mismo—. Un mundo de bestias contra una infección digital de una línea temporal borrada. Diez mil millones por ciento... esto es el clímax de la historia universal.

—¿Senku? —preguntó Sariphi.

—Nada, solo calculando cuánta pólvora y cuántos circuitos vamos a necesitar para construir un cañón de positrones en un mundo que apenas conoce la polea. ¡Manos a la obra!

Komi escribió una última nota antes de que el grupo se dispersara para comenzar los preparativos. Se la mostró a Shaka, quien asintió con una leve sonrisa.

"La promesa de los treinta años no se rompió. Solo cambió de escenario".

El sol de Ozmargo comenzó a ponerse, tiñendo el cielo de un rojo sangre que recordaba a las arenas de la Isla Ganryu. El Rey de las Bestias, el Caballero de la Virgen, el Científico del Reino de la Piedra y la Chica que no podía comunicarse, se alzaron como los nuevos guardianes de un mundo que no sabía que estaba a punto de ser el escenario de la batalla final por la existencia.

—Jormungand, Anubis —ordenó Leonhart—. A partir de hoy, las leyes de Ozmargo cambian. Ya no solo protegemos nuestras fronteras de los humanos. Protegemos la realidad misma.

—¡Sí, mi señor! —respondieron ambos al unísono, arrodillándose.

Mientras tanto, en su mente, Senku ya estaba diseñando el plano de la Jump Force Star 2.0. Si el universo quería borrar sus logros, él simplemente los construiría de nuevo, átomo por átomo, hasta que la ciencia volviera a reinar sobre el caos.

Y así, en el silencio de la noche, el eco de un futuro que nunca fue empezó a latir con la fuerza de un presente que no se dejaría vencer. La alianza estaba sellada. La ciencia, el cosmos y el corazón se habían unido en el reino de las bestias.