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El Colapso de la Nada y el Rugido del Coliseo

La atmósfera en Equestria se había vuelto irrespirable. El cielo, antes de un azul cerúleo, ahora parecía un cristal roto, con fragmentos de realidad desprendiéndose para revelar el vacío digital de la energía .exe. GulusGammamon, o lo que quedaba de su esencia corrupta, se manifestaba como una masa de estática negra que devoraba los bosques y las montañas.

Senku Ishigami, en su forma de unicornio verde, corría frenéticamente por el laboratorio real de Canterlot. Sus cascos, ahora adaptados a la manipulación mágica, movían matraces y cables de cobre con una precisión que desafiaba la biología. Shaka de Virgo flotaba a su lado, manteniendo un escudo de cosmos dorado que repelía los ataques de código maligno que intentaban infiltrarse en el recinto.

—¡Diez mil millones por ciento de probabilidad de éxito si logro estabilizar este isótopo de armonía! —gritó Senku, vertiendo un líquido iridiscente en un condensador que mezclaba tecnología de la Edad de Piedra con alquimia de ponis—. ¡Shaka, necesito que canalices el Octavo Sentido directamente en el núcleo! ¡Komi, prepárate para el impacto del Messiah!

Shoko Komi, la imponente alicornio de diamante, asintió. Su cuerno brillaba con una intensidad cegadora. A su alrededor, Twilight Sparkle y las demás ponis de la armonía unían sus fuerzas, creando un arcoíris de energía que alimentaba la máquina de Senku.

—¡Ahora! —exclamó el científico.

Un rayo de luz pura, una amalgama de ciencia, magia y cosmos, salió disparado desde la torre de Canterlot. El rayo impactó en el corazón de la distorsión .exe. Por un momento, el multiverso entero pareció contener el aliento. La estática negra comenzó a disolverse, transformándose en píxeles blancos que se desvanecían como nieve al sol. La infección digital fue purgada, desintegrada por una frecuencia que no podía comprender: la frecuencia de la existencia absoluta.

Con un último destello, el cielo de Equestria se cerró. Las grietas desaparecieron y la paz regresó a las colinas. Sin embargo, el portal hacia los otros mundos comenzó a brillar con una luz suave, indicando que el equilibrio se había restaurado y que cada viajero debía regresar a su origen.

—Parece que el viaje terminó —dijo Hitohito Tadano, volviendo a su forma humana mientras la magia de Equestria se retiraba—. Gracias por todo, Twilight.

—Siempre serán bienvenidos aquí —respondió la princesa poni, con lágrimas en los ojos—. Han salvado no solo su hogar, sino el nuestro.

Uno a uno, los guerreros de Ishura, los luchadores de Kengan y los habitantes de Ozmargo cruzaron el portal. Leonhart y Sariphi se despidieron con un abrazo de Komi y Senku.

—Vuelvan a visitarnos —pidió Sariphi—. Ozmargo siempre tendrá un lugar para los humanos que desafían a los dioses.

Cuando Senku y Komi cruzaron finalmente, se encontraron de nuevo en el mundo humano, pero no en la era de piedra ni en la academia Itan. Estaban en una ciudad moderna, vibrante y llena de vida, donde los recuerdos de la Jump Force Star y la Isla Ganryu ya no eran pesadillas, sino una historia compartida. La paz, finalmente, era absoluta.

O eso creían.

Varios meses después de la derrota de la energía .exe, Shoko Komi se encontraba en su habitación, peinando su largo cabello oscuro. Su vida había vuelto a una relativa normalidad, aunque ahora caminaba con una confianza que intimidaba incluso a los delincuentes más rudos. De repente, una lechuza mecánica, una creación que gritaba "Senku" por todos sus engranajes, entró por la ventana y dejó caer un sobre lacrado con cera roja.

Komi abrió el sobre. Dentro, una tarjeta de invitación negra con letras doradas rezaba: "Torneo de Aniquilación Kengan: El Renacimiento de las Leyendas. Lugar: El Coliseo Subterráneo".

—Así que ha empezado de nuevo —murmuró una voz desde las sombras de la habitación. Era Shaka de Virgo, vestido con ropas civiles pero con su aura divina intacta—. El destino no nos permite descansar, Komi. Aquellos que sobrevivieron al borrado están siendo convocados para probar quién es el más fuerte en esta nueva realidad.

Komi tomó su cuaderno y escribió con firmeza: "Iré. No por la gloria, sino para asegurar que la paz que ganamos no se convierta en tiranía".

El día del torneo, el Coliseo Subterráneo estaba a reventar. La atmósfera estaba cargada de testosterona, sudor y una expectación casi religiosa. En las gradas, Senku Ishigami observaba con una bolsa de palomitas "científicamente optimizadas".

—¡Kukuku! ¡Esto será una recolección de datos masiva! —rio el científico—. He apostado diez mil millones de yenes a que Komi no solo gana, sino que redefine la anatomía humana frente a estos gorilas.

—No te confíes, Senku —dijo Tadano, sentado a su lado, visiblemente nervioso—. El oponente de Komi en la primera ronda no es un humano normal. Es un monstruo.

En el centro de la arena, el anunciador gritó por el micrófono, su voz amplificada por los altavoces que hacían vibrar el suelo.

—¡En la esquina izquierda, representando a la Corporación Itan, la belleza silenciosa, la mujer que habla con sus puños, la elegida del Messiah... SHOKO KOMI!

Komi entró en la arena vistiendo un dogi blanco inmaculado. Su rostro estaba sereno, sus ojos grandes y profundos no mostraban ni rastro de la ansiedad social que alguna vez la paralizó. Se colocó en el centro, su presencia emanando una presión que hizo que los espectadores de las primeras filas se echaran hacia atrás.

—¡Y en la esquina derecha! —el anunciador tragó saliva, visiblemente asustado—. ¡El maníaco de la familia Kure, el hombre que vive para la masacre, el demonio de ojos negros... RAIAN KURE!

Un hombre de cabello rubio platino y ojos completamente negros, con las escleróticas oscurecidas por generaciones de endogamia selectiva para el combate, saltó a la arena. Raian Kure lucía una sonrisa sádica que revelaba sus dientes afilados. Al ver a Komi, soltó una carcajada estridente.

—¿Me han puesto contra una muñequita? —rugió Raian, flexionando sus músculos hipertrofiados—. ¡Oigan, organizadores! ¡Voy a manchar este bonito traje blanco con sus entrañas en menos de diez segundos! ¡Espero que tengas un buen seguro de vida, preciosa!

Komi no respondió. Simplemente se puso en una guardia baja, una mezcla del Estilo Nico que aprendió de Ohma y la fluidez del agua de las técnicas de Ishura. Sus pies se movieron ligeramente, encontrando el equilibrio perfecto sobre el concreto de la arena.

—¡EL COMBATE... COMIENZA! —gritó el árbitro, saltando hacia atrás.

Raian no esperó. Se lanzó hacia adelante como un proyectil, lanzando un derechazo masivo que habría decapitado a un toro.

—¡MUERE! —bramó el Kure.

Komi no esquivó hacia atrás. En lugar de eso, dio un paso hacia el interior del golpe de Raian. Sus manos se movieron como relámpagos. Utilizando el "Redireccionamiento" del Estilo Nico, desvió la fuerza del puño de Raian hacia el suelo, haciendo que el gigante perdiera el equilibrio por un instante.

Sin perder un milisegundo, Komi conectó un golpe de palma abierta en el plexo solar de Raian. No fue un golpe de fuerza bruta, sino uno imbuido con una vibración de cosmos que Shaka le había enseñado a canalizar.

Raian retrocedió varios metros, escupiendo saliva. Su sonrisa se ensanchó, volviéndose aún más desquiciada.

—¡Oh, sí! ¡Tienes truquitos! ¡Eso me gusta! ¡Vamos a ver cómo manejas esto!

La piel de Raian comenzó a tornarse de un color púrpura oscuro. Las venas de su frente y brazos se hincharon hasta casi estallar. Estaba usando el "Removal", liberando el 100% de su potencial latente, eliminando los limitadores que el cerebro impone a los músculos.

—¡TE VOY A DESPEDAZAR! —Raian desapareció de la vista de los espectadores normales debido a su velocidad.

Apareció instantáneamente frente a Komi, lanzando una ráfaga de golpes que creaban ondas de choque en el aire. Komi cerró los ojos por un breve segundo, entrando en un estado de meditación activa. "El silencio no es ausencia de sonido", recordó las palabras de Shaka, "es la presencia de la armonía absoluta".

Komi se movía en el centro del huracán de golpes de Raian como si estuviera bailando. Cada impacto de Raian era desviado o bloqueado con una eficiencia aterradora. La elegancia de la joven contrastaba con la brutalidad animal del Kure.

—¿Por qué... por qué no puedo tocarte? —gruñó Raian, frustrado, mientras sus golpes solo encontraban el vacío o la resistencia elástica del cosmos de Komi.

—Porque tu fuerza nace del odio —escribió Komi mentalmente, proyectando su pensamiento hacia Raian—, y el odio es ruidoso. En el ruido, no hay precisión.

Komi aprovechó una apertura tras un gancho fallido de Raian. Agarró el brazo del gigante y, utilizando su propio peso contra él, ejecutó un lanzamiento que lo mandó a volar contra la pared reforzada del coliseo. El impacto fue tan fuerte que el concreto se agrietó en forma de telaraña.

El público guardó un silencio sepulcral. Nadie podía creer que la chica silenciosa estuviera dominando al demonio de los Kure.

Raian se levantó de los escombros, su rostro cubierto de sangre, pero sus ojos negros brillaban con una furia puramente demoníaca.

—¡Basta de juegos! ¡Voy a usar todo! —Raian cargó de nuevo, pero esta vez, su intención de matar era tan densa que se sentía como una neblina física.

Komi suspiró. Sabía que para detener a un monstruo, a veces hay que mostrar una fuerza que trascienda lo humano. Juntó sus manos en una posición de oración, la misma que Shaka de Virgo utilizaba antes de desatar el Tesoro del Cielo.

—Luz del Messiah —susurró Komi.

Un aura de diamante estalló alrededor de ella. No era una luz que cegara, sino una que revelaba la verdad. Raian, en medio de su carga, se detuvo en seco. Por un momento, el "Removal" se desactivó involuntariamente. El Kure miró a Komi y, por primera vez en su vida, sintió algo que no era ira: sintió paz. Y esa paz lo aterrorizó.

Komi se deslizó hacia él, sus movimientos ahora imbuidos con la velocidad del Corredor Estelar. Conectó una serie de golpes en puntos de presión específicos, bloqueando el flujo de energía de Raian. El último golpe fue un impacto directo en la frente, no con el puño cerrado, sino con la punta de los dedos.

Raian Kure se quedó rígido. Sus ojos se pusieron en blanco y cayó hacia atrás, impactando contra el suelo con un estruendo sordo. Estaba inconsciente, pero su rostro, antes deformado por la locura, ahora lucía extrañamente tranquilo.

El árbitro se acercó, incrédulo. Revisó el pulso de Raian y luego levantó la mano de Komi hacia el techo.

—¡LA GANADORA... SHOKO KOMI!

El coliseo estalló en un rugido de aclamaciones. Senku se puso en pie, aplaudiendo con una sonrisa de suficiencia.

—¡Diez mil millones de puntos por esa ejecución técnica! —gritó el científico—. ¡Eso es lo que pasa cuando mezclas el entrenamiento de un dios con la disciplina de una chica que solo quería hacer cien amigos!

Komi se inclinó ante el público y luego ante su oponente caído. Salió de la arena con la misma elegancia con la que había entrado. Al llegar al túnel de vestuarios, Tadano y Shaka la esperaban.

—Estuviste increíble, Komi-san —dijo Tadano, entregándole una toalla—. Aunque admito que me asusté un poco cuando Raian se puso morado.

Komi tomó su cuaderno de su bolso y escribió con una caligrafía perfecta: "Él tenía mucho ruido en su corazón. Solo lo ayudé a encontrar un poco de silencio".

Shaka asintió, su mirada perdida en el horizonte de los futuros posibles.

—Esta es solo la primera ronda, Komi. El torneo ha atraído a seres de todos los rincones del multiverso que restauramos. Hay guerreros de otros planos, incluso algunos que conocimos en Equestria y Ozmargo, que han venido a probar su valía.

—¿Quieres decir que esto es solo el comienzo? —preguntó Tadano, tragando saliva.

Senku llegó corriendo, con su laptop bajo el brazo y una chispa de locura científica en los ojos.

—¡Oh, es mucho más que eso! ¡Acabo de hackear los servidores del torneo! ¡La siguiente ronda incluye a un tipo que dice ser un "Dios de la Destrucción" y a un espadachín que puede cortar el espacio mismo! ¡Esto es un experimento a escala global!

Komi miró a sus amigos. A pesar de los desafíos que venían, a pesar de las batallas y los torneos, se sentía completa. Ya no era la niña que se escondía detrás de su cabello. Era una guerrera, una científica de la paz y, sobre todo, una amiga.

Escribió una última nota y se la mostró a Senku y Tadano: "¿Creen que después del torneo podamos ir todos a comer ramen? Mi madre dice que Shuko ha invitado a todos los que regresaron de Ozmargo".

—¡Kukuku! ¡Esa es la propuesta más lógica que he oído en todo el día! —exclamó Senku.

Mientras el grupo caminaba hacia la salida del coliseo, el sol de la tarde bañaba la ciudad. El multiverso era un lugar extraño, lleno de peligros digitales, reyes bestia y ponis mágicos, pero mientras estuvieran juntos, no había algoritmo ni demonio que pudiera borrar su historia. La verdadera batalla por el futuro apenas comenzaba, y Shoko Komi estaba lista para enfrentarla, un golpe silencioso a la vez.