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El Vínculo de las Crines y el Acero: El Despertar en Equestria

—Es inútil intentar procesar esto con lógica pura —murmuró Senku, aunque sus ojos rojos brillaban con una excitación maníaca mientras cruzaba el umbral del portal—. Las leyes de la física acaban de ser pateadas por un caballo, literalmente.

El tránsito a través del agujero de gusano no fue una caída, sino una metamorfosis. Mientras los cuerpos de los guerreros y los humanos cruzaban la brecha entre Ozmargo y Equestria, la realidad misma los moldeó para que encajaran en el nuevo entorno. Al aterrizar sobre la hierba de un verde tan vibrante que parecía emitir luz, el grupo se encontró sumergido en un silencio cargado de sorpresa.

—¿Qué... qué me ha pasado? —La voz de Hitohito Tadano sonó más aguda, pero extrañamente melodiosa. Al mirarse las extremidades, soltó un grito que terminó en un relincho—. ¡Soy un poni! ¡Un poni terrestre de color café!

A su lado, su madre, Shuko, soltó una risita encantada, ahora convertida en una elegante unicornio de crines perfectamente peinadas.

—¡Oh, Hitohito! ¡Mira qué monada de cola tengo! —exclamó ella, agitando un rabo sedoso que brillaba bajo el sol de Ponyville.

Sin embargo, el ambiente de asombro se tornó rápidamente en una melancolía desgarradora. Como si el aire de Equestria tuviera propiedades curativas para la mente, los muros que la distorsión .exe había levantado en sus memorias terminaron de derrumbarse por completo.

Ohma Tokita, ahora un robusto poni de pelaje oscuro y marcas que recordaban a sus cicatrices de combate, cayó sobre sus cascos delanteros. Lágrimas gruesas rodaron por su hocico equino.

—Lo recuerdo... —gruñó Ohma, su voz temblando por una emoción que nunca mostró en la arena Kengan—. Recuerdo la Isla Ganryu. Recuerdo haber luchado codo con codo con Senku y Shaka contra esas sombras digitales. Nos borraron... nos borraron la vida, nuestras victorias, nuestras amistades.

Alus el Corredor Estelar, transformado en un hipogrifo de plumaje metálico, batió sus alas con furia contenida.

—La injusticia de este borrado es incalculable —dijo Alus, sus ojos de ave escaneando el horizonte con una claridad dolorosa—. Recuerdo a mis compañeros de Ishura. Recuerdo la promesa de paz que sellamos con sangre. Todo fue tratado como un error de sistema por esa energía maligna.

Lucnoca el Invierno, ahora una imponente dragona de escamas blancas que emanaban un frío constante, dejó escapar un suspiro gélido que congeló las flores cercanas.

—El olvido es la muerte más cruel —sentenció la dragona—. Pero estamos aquí. La chispa no se apagó.

Toroa el Terrible, convertido en un grifo de aspecto feroz, soltó un graznido de rabia y alivio mientras abrazaba con sus garras a los demás. El grupo lloró abiertamente, una mezcla de dolor por lo perdido y el éxtasis de haber recuperado su identidad.

Shoko Komi, que ahora era una alicornio de un púrpura profundo con una crine que parecía contener galaxias, se acercó a ellos. Su presencia irradiaba una calma que solo el Caballero de Messiah podía poseer. No necesitó escribir nada; su mirada comunicaba todo el consuelo del universo.

—No estamos solos —dijo Shaka de Virgo, quien mantenía su forma humana gracias a su cosmos, aunque ahora tenía alas doradas de proporciones divinas—. Miren hacia adelante.

Desde el camino que conducía a una cabaña decorada con flores, un grupo de figuras se acercaba al galope. Eran ponis, pero sus ojos reflejaban una sabiduría que no pertenecía a ese mundo.

—¡Komi-san! ¡Senku! —gritó una poni terrestre de color rosa vibrante que saltaba como si tuviera resortes en las patas—. ¡Sabía que vendrían! ¡Mi sentido Pinkie me dijo que habría una fiesta de reencuentro multiversal hoy!

—¡Twilight, miren! ¡Son ellos! —exclamó una pegaso de crines arcoíris, Rainbow Dash, que volaba a una velocidad cegadora—. ¡Están vivos!

Twilight Sparkle, la Princesa de la Amistad, se detuvo frente a ellos con los ojos llorosos. A su lado estaban no solo las Mane 6, sino también figuras que Komi reconoció de inmediato: eran sus amigos de otros mundos, ahora habitando cuerpos de ponis y criaturas mágicas.

—Najimi... ¿eres un poni de género ambiguo? —preguntó Tadano, parpadeando ante una poni de pelaje lavanda que no paraba de moverse.

—¡Soy lo que el guion necesite que sea, Tadano-kun! —rio Najimi—. ¡Pero lo importante es que recordamos todo! La distorsión .exe no pudo con la fuerza de nuestra amistad.

En ese momento, una figura imponente emergió de entre los árboles. No era un poni, sino un ser gigantesco que conservaba gran parte de su forma original, aunque adaptado a la estética del mundo. Era Charlotte Katakuri, el General Dulce de los Piratas Big Mom. Su bufanda cubría su boca, pero sus ojos expresaban un respeto profundo.

—Llegan tarde —dijo Katakuri, su voz resonando con la autoridad de alguien que puede ver el futuro—. He estado vigilando las fronteras de este reino. La distorsión intentó entrar aquí, pero la armonía de estas tierras es un veneno para la energía .exe.

Komi se adelantó hacia Katakuri. Para sorpresa de todos, la joven alicornio no retrocedió ante su imponente estatura. En lugar de eso, adoptó una postura de combate perfecta, una que sus cascos no deberían permitir, pero que su memoria muscular dictaba.

—Esa postura... —susurró Ohma, dejando de llorar—. Es el Estilo Nico.

—Y el juego de pies de Inba —añadió Alus con asombro—. Y la tensión muscular que Julius Reinhold le enseñó para optimizar su fuerza.

Komi realizó una serie de movimientos fluidos, golpeando el aire con una precisión técnica que combinaba las artes marciales más brutales con la elegancia divina del Messiah. Al terminar, miró a Ohma y asintió. "No he olvidado lo que me enseñaron", decía su mirada. "Incluso en el silencio, mis puños hablan por la justicia".

—Impresionante —dijo Katakuri, cruzando sus enormes brazos—. Has perfeccionado las técnicas de los guerreros Kengan y las has fusionado con tu cosmos. Eres, sin duda, la esperanza de esta coalición.

Twilight Sparkle se acercó a Komi, tocando su cuerno con el de ella en un gesto de respeto real.

—Princesa Komi, o debería decir, Caballero Messiah... Tenemos mucho que discutir. Las monarcas de Equestria, las Princesas Celestia y Luna, nos esperan en Canterlot. Ellas han sentido la llegada de su grupo y saben que la batalla contra la oscuridad digital está entrando en su fase final.

—Diez mil millones por ciento de acuerdo —intervino Senku, que ahora era un unicornio verde cuya marca de belleza era una fórmula química—. Pero antes de ir a ver a la realeza, necesito recolectar algunas muestras de estas "Flores de la Armonía". Si puedo sintetizar su esencia con el cosmos de Shaka y la energía de la armadura de Komi, podremos crear un antivirus que borre a GulusGammamon de la existencia de una vez por todas.

—¡Eso suena como un plan asombroso! —exclamó Applejack, ajustándose su sombrero de vaquera—. Pero primero, necesitan recuperar fuerzas. Nadie va a salvar el multiverso con el estómago vacío. ¡Tengo tartas de manzana que harían que hasta un dios bajara del cielo!

El grupo comenzó el ascenso hacia la ciudad de Canterlot, una joya blanca tallada en la ladera de una montaña. Mientras caminaban, las conversaciones fluían como un río desbordado. Ohma hablaba con Rainbow Dash sobre la velocidad y la resistencia; Alus intercambiaba tácticas de vuelo con Fluttershy (quien estaba aterrorizada pero fascinada por el hipogrifo); y Tadano caminaba junto a Komi, sintiendo que, a pesar de los cuerpos extraños y los mundos locos, su conexión era más fuerte que nunca.

Al llegar a las puertas del palacio de Canterlot, los guardias reales se hicieron a un lado de inmediato. En el trono, la Princesa Celestia y la Princesa Luna los esperaban con expresiones de seriedad y esperanza.

—Bienvenidos, viajeros de las estrellas y la ciencia —dijo Celestia, su voz como el sol de la mañana—. Hemos visto sus luchas en los reflejos del estanque de la memoria. Sabemos del sacrificio de la Jump Force Star y del dolor del borrado.

—Pero en Equestria —continuó Luna, su pelaje oscuro brillando como la noche—, los sueños no pueden ser borrados. Y ustedes son el sueño más grande de la creación: la unión de todas las razas y mundos contra la nada.

Komi dio un paso al frente, su armadura de diamante emitiendo un brillo que iluminó todo el salón del trono. No usó su cuaderno. Simplemente miró a las monarcas y, a través de un vínculo telepático potenciado por el Messiah, proyectó una imagen: todos ellos, humanos, bestias, ponis y dioses, marchando juntos hacia el corazón de la distorsión.

—Entendemos —dijo Celestia, conmovida—. La armonía no es solo música y risas. Es la voluntad de proteger la existencia misma.

—¡Kukuku! ¡Menos charla mística y más acción! —exclamó Senku, sacando un matraz de algún lugar de su pelaje—. ¡Princesas, necesito acceso a su biblioteca de magia antigua y un laboratorio de alquimia! ¡Vamos a convertir este reino en la forja de la victoria final!

Katakuri miró hacia el horizonte, donde el cielo de Equestria empezaba a mostrar pequeñas grietas de estática negra.

—Vienen —dijo el pirata—. La distorsión .exe ha localizado este nexo.

—Que vengan —respondió Ohma, sus cascos golpeando el suelo con el ritmo del Avance—. Esta vez, recordamos quiénes somos.

Komi se colocó en el centro del grupo, su figura de alicornio diamante alzándose como un faro. A su alrededor, la alianza más extraña y poderosa de la historia se preparaba para la batalla. Ya no eran solo refugiados de un borrado digital; eran los arquitectos de un nuevo comienzo.

—Por nuestros amigos —escribió Komi en el aire con chispas de su cuerno—. Por el futuro.

Y con un grito de guerra que mezclaba relinchos, rugidos y el estruendo de la ciencia, el grupo se preparó para defender el último bastión de la realidad. El destino de Equestria, Ozmargo y todos los mundos intermedios pendía de un hilo, pero ese hilo estaba hecho de la fibra más resistente de todas: el recuerdo de haber sido, alguna vez, una familia.