Reencarne como shenlong en dragón ball
El Despertar del Héroe sin Don y el Banquete de la Pereza
El vacío entre dimensiones empezaba a sentirse como un hogar acogedor para Damián. Ya no era solo oscuridad; ahora, gracias a sus viajes previos, pequeños fragmentos de realidad flotaban a su alrededor como recuerdos tangibles. Un pétalo de flor de Lugnica, una brizna de aire salado del Gran Line y, lo más importante, su recién adquirida capacidad de soñar con algo más que hojas de cálculo.
— [Evolución de Escamas: 23%] —la voz del Sistema resonó, rompiendo el silencio sepulcral—. [Anfitrión, el flujo de energía en el sector 4-B está colapsando. Un deseo de tipo 'Auto-sacrificio' ha perforado las barreras. Es una llamada de auxilio de alta prioridad].
Damián, cuyos kilómetros de cuerpo azul profundo estaban enroscados en una espiral perfecta, soltó un gruñido que hizo vibrar el tejido del espacio.
—¿Otra vez? —preguntó con voz somnolienta—. Sistema, ¿no hay un sindicato de dragones eternos? Siento que estoy haciendo horas extras sin cobrar. El último mundo me dejó con un sabor a mar en la boca que todavía no se me quita.
— [Las recompensas por este deseo incluyen la estabilización total de su 'Avatar Humano'] —respondió el Sistema con su habitual tono monótono—. [Además, el mundo de destino posee una gastronomía altamente desarrollada. Podría utilizar su nueva forma para... comer].
Damián abrió ambos ojos de golpe. Sus pupilas plateadas brillaron con un hambre que no era precisamente de energía mística.
—¿Comida de verdad? ¿Nada de ambrosía espiritual o aire mágico? ¿Hablamos de hamburguesas, ramen, pizza?
— [Afirmativo, Anfitrión. El mundo de destino es una sociedad urbana contemporánea con una cultura culinaria diversa].
El dragón se desenrolló con una agilidad sorprendente. Sus escamas de zafiro emitieron un fulgor cegador mientras empezaba a girar sobre sí mismo, creando un vórtice de energía azul.
—¡Haberlo dicho antes! —exclamó Damián—. Olvida la leyenda y la autoridad espacial por un momento. Si puedo probar algo que no sea polvo de estrellas, acepto el contrato. ¡Ábreme el portal ahora mismo!
***
Mundo de My Hero Academia. Ciudad de Musutafu.
La escena era un caos de fuego y lodo. Un villano hecho de una sustancia viscosa y oscura tenía atrapado a un chico rubio explosivo en medio de una calle comercial. Los héroes profesionales estaban estancados, incapaces de actuar sin poner en riesgo la vida del rehén. El aire olía a humo y a la impotencia de los espectadores.
De repente, un chico de cabello verde, pecoso y sin poderes, corrió hacia el peligro. Izuku Midoriya no tenía un plan, no tenía un "Don", solo tenía el deseo desesperado de salvar a su amigo de la infancia.
—¡Kacchan! —gritó, lanzando su mochila contra el ojo del villano.
En ese instante, el tiempo no se detuvo como en Lugnica, pero el cielo sobre Musutafu se tiñó de un azul tan profundo que las llamas del incendio parecieron palidecer. Un trueno seco, sin nubes de tormenta, sacudió los edificios.
Damián no emergió como una bestia de kilómetros de largo esta vez. El Sistema, ajustándose a la densidad de la "Fama" necesaria en este mundo, comprimió su forma. Un dragón azul de unos treinta metros de largo, elegante y de una belleza aterradora, descendió lentamente desde el cenit. Sus garras blancas se posaron sobre los restos de un edificio quemado, y su cola se enroscó perezosamente alrededor de una torre de alta tensión.
El silencio que siguió fue absoluto. El villano de lodo se detuvo, Midoriya cayó de rodillas por la presión del aire, y los héroes profesionales como Death Arms y Kamui Woods quedaron petrificados.
—Vaya, qué escenario tan ruidoso —dijo Damián, bajando la cabeza para mirar directamente al pequeño Izuku—. Tú. El chico de los rizos verdes. Tienes un deseo que quema más que ese fuego de ahí abajo.
Izuku tartamudeó, con los ojos fuera de sus órbitas.
—¿U-un dragón? ¿Es un Don de transformación? No... la presión... es diferente.
—No soy un "Don", pequeño humano —respondió Damián, soltando un suspiro de vapor azul que apagó instantáneamente el fuego cercano—. Soy el que concede los deseos. He oído tu alma gritar que quieres ser un héroe, que quieres salvar a ese chico rubio que, sinceramente, tiene cara de tener muy mal genio.
Damián miró al villano de lodo, que intentaba recuperar su compostura.
—¿Qué demonios eres tú? —rugió el villano—. ¡Fuera de mi camino, lagartija azul!
Damián entornó los ojos. Odiaba que lo llamaran lagartija.
—¿Lagartija? —Damián soltó una risita baja que hizo vibrar los cristales de toda la calle—. He visto el nacimiento de galaxias y he dormido en el ombligo del multiverso. Un montón de moco con ojos no debería hablarme con tanta confianza.
Con un movimiento rápido de su garra, sin siquiera tocarlo físicamente, Damián generó un vacío de presión. El villano de lodo fue succionado hacia afuera del cuerpo de Bakugo y comprimido en una esfera perfecta de sustancia viscosa que quedó flotando en el aire, totalmente inmovilizada.
Bakugo cayó al suelo, tosiendo y jadeando, mientras miraba al dragón con una mezcla de odio y asombro.
Damián volvió a centrar su atención en Izuku.
—Tu deseo es ser un héroe —afirmó el dragón—. Pero este mundo está lleno de tipos con mallas que se llaman a sí mismos héroes. ¿Quieres ser como ellos, o quieres el poder para proteger lo que amas sin importar las reglas de esta sociedad aburrida?
Izuku se puso de pie, apretando los puños. Las lágrimas seguían en sus ojos, pero su mirada era firme.
—¡Yo... yo solo quiero poder salvar a la gente con una sonrisa! —gritó Izuku—. ¡Incluso si no tengo un Don, no puedo quedarme de brazos cruzados!
Damián lo observó unos segundos. Le recordaba un poco a Goku, pero con mucha más ansiedad y menos hambre.
—Interesante —murmuró Damián—. Te daré una chispa. No un Don, sino una conexión. A partir de hoy, cuando tu voluntad sea lo suficientemente fuerte, mis escamas te protegerán.
Damián hizo brillar sus ojos plateados. Una pequeña escama azul, del tamaño de una moneda, se materializó y se fundió en el pecho de Izuku, justo sobre su corazón.
—He cumplido tu deseo de tener una oportunidad —declaró Damián, empezando a elevarse—. Pero ahora, tengo asuntos más importantes. Sistema, activa el Avatar. Tengo una cita con el menú de este mundo.
Antes de que los héroes o la prensa pudieran reaccionar, el inmenso dragón azul se desvaneció en una neblina de partículas brillantes.
***
Diez minutos después, en un callejón apartado a pocas calles del incidente.
Un joven de unos veinte años, con una sudadera azul oscuro y pantalones negros, salió de las sombras. Tenía el cabello de un azul tan oscuro que parecía negro bajo la sombra, y unos ojos plateados que conservaban esa chispa de pereza divina.
Damián se miró las manos. Pulgares. Tenía pulgares.
—¡Sí! —exclamó, con una voz mucho más suave pero aún profunda—. ¡Finalmente! Sistema, ¿cuánto tiempo tengo?
— [La forma de Avatar puede mantenerse durante tres horas antes de que la tensión dimensional requiera un retorno al núcleo] —respondió la voz en su mente.
—Tres horas son más que suficientes para un banquete —Damián caminó hacia la avenida principal, maravillado por la sensación de sus pies tocando el pavimento—. A ver... ese olor... ¿es carne a la brasa?
Damián entró en un pequeño restaurante de yakiniku. El lugar estaba lleno de gente hablando sobre el "Dragón Azul" que acababa de aparecer en las noticias, pero nadie sospechaba que el chico sentado en la esquina, pidiendo el menú más grande de la carta, era la deidad en cuestión.
—Aquí tiene, joven —dijo la camarera, dejando varios platos de carne marinada y arroz humeante—. Se le ve con mucha hambre.
Damián no esperó. Tomó los palillos con una destreza sorprendente para alguien que acababa de obtener manos y probó el primer trozo de carne. Sus ojos se cerraron y por un momento, el multiverso entero dejó de importar.
—Por esto... —murmuró con la boca medio llena—, por esto vale la pena ser Shenlong. ¡Sistema, anota esto! En el próximo mundo, si el invocador no tiene un restaurante cerca, no pienso aparecer.
— [Anotado, Anfitrión. Sin embargo, se detecta una presencia poderosa acercándose a su ubicación. Un individuo con una firma de energía que el mundo conoce como 'All Might'].
Damián suspiró, dejando los palillos de lado por un momento.
—¿Ese rubio musculoso que siempre sonríe? —Damián miró hacia la puerta del restaurante—. Es persistente. Supongo que sintió la energía de mi escama en el chico.
Efectivamente, unos segundos después, un hombre extremadamente alto y musculoso, aunque intentando pasar desapercibido con una gabardina, entró en el local. Sus ojos azules buscaron por la sala hasta detenerse en Damián. El héroe número uno se acercó lentamente y se sentó en el taburete vacío junto al joven.
—Es un día extraño para ver dragones en la ciudad, ¿no crees, joven? —preguntó All Might con una voz que intentaba ser casual, pero que desprendía una autoridad natural.
Damián masticó un trozo de arroz con calma antes de responder.
—Es un día extraño para que el símbolo de la paz coma en un lugar tan modesto —replicó Damián, mirando de reojo al héroe—. ¿Quieres un poco? La carne está excelente.
All Might se tensó. El hecho de que este joven lo hubiera reconocido tan fácilmente y mantuviera esa calma absoluta era una señal clara.
—¿Quién eres? —preguntó All Might en un susurro—. Ese ser que apareció... no era un Don. Los sensores de energía de la ciudad se volvieron locos. Y el joven Midoriya... tiene algo tuyo ahora.
Damián dejó los palillos y se recostó en su asiento, mirando al techo con aburrimiento.
—Soy un turista, All Might. Solo que mi agencia de viajes es un poco... interdimensional. Cumplí el deseo de ese chico porque su voluntad era más ruidosa que mi siesta. La escama que le di solo reaccionará si él está en peligro de muerte. Es un seguro de vida, nada más.
—¿Por qué ayudarlo a él? —insistió All Might.
—Porque mientras todos vosotros os quedasteis mirando, él se movió —Damián volvió a su comida—. Me gustan los que se mueven cuando el mundo les dice que se queden quietos. Ahora, si no te importa, estoy intentando disfrutar de mi primera comida sólida en... bueno, en toda mi existencia actual. No arruines el momento con preguntas de héroe.
All Might observó al joven. No sentía malicia en él, solo una pereza infinita y un aura de poder que lo hacía sentir como si estuviera sentado junto a un volcán dormido.
—Si eres un peligro para este mundo... —empezó All Might.
—Si fuera un peligro, este mundo ya sería un cinturón de asteroides —lo interrumpió Damián con una sonrisa gélida que hizo que All Might retrocediera instintivamente—. Relájate. Solo quiero comer, dormir y ver cosas interesantes. Si el chico Midoriya se convierte en un gran héroe, será divertido de ver. Si no, pues al menos habrá tenido una buena historia que contar.
Damián terminó su plato de un bocado y dejó varios billetes sobre la mesa (dinero que el Sistema había "creado" convenientemente).
—Me queda una hora de Avatar y he visto una tienda de helados a la vuelta de la esquina —Damián se levantó y le dio una palmada en el hombro a All Might, quien se sorprendió por la fuerza física del joven—. Cuida bien del chico, rubio. Tiene un corazón que brilla casi tanto como mis escamas.
Damián salió del restaurante con las manos en los bolsillos, silbando una melodía que no pertenecía a ese mundo. All Might se quedó sentado, mirando el plato vacío.
***
De vuelta en su dimensión, Damián se dejó caer sobre su cuerpo de dragón, sintiendo cómo la forma humana se disolvía con un agradable hormigueo.
—Ese helado de menta y chocolate fue un regalo de los dioses —murmuró, enroscándose de nuevo—. Sistema, ese mundo fue divertido. Ponlo en la lista de "favoritos".
— [Lista actualizada. Evolución de Escamas: 27%] —anunció el Sistema—. [Anfitrión, el joven Izuku Midoriya ha comenzado su entrenamiento. La escama de zafiro está registrando sus niveles de esfuerzo. Su leyenda en ese mundo ha comenzado como 'El Dragón del Comienzo'].
Damián cerró los ojos, sintiendo el peso reconfortante de la energía del deseo cumplido fluyendo por sus venas.
—Que entrene todo lo que quiera —dijo Damián con un bostezo—. Yo ya he hecho mi trabajo por hoy. Ahora... a dormir. Y que nadie me despierte a menos que alguien desee una hamburguesa gigante.
El Dragón de Zafiro se sumió en un sueño profundo, mientras en el mundo de los héroes, un chico peliverde sentía un calor extraño en su pecho, una fuerza que no era suya pero que le recordaba que, en algún lugar del multiverso, un dragón azul perezoso creía en él.
Damián sonrió en sueños. Ser Shenlong no era solo cumplir deseos; era coleccionar sabores, momentos y, de vez en cuando, cambiar el destino de un mundo antes de volver a la cama. Al final del día, la eternidad era muy larga, y no había ninguna prisa por despertarse.