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Reencarne como shenlong en dragón ball

Llamas en el Jardín de las Sombras y el Despertar de un Dios

El vacío de la dimensión de bolsillo de Damián ya no era tan silencioso como antes. Ahora, pequeñas motas de luz plateada flotaban a su alrededor, restos de la energía temporal que había absorbido en el mundo de Lugnica. Para él, aquello era como tener polvo en la habitación, pero un polvo que brillaba y que, de alguna manera, lo hacía sentir más pesado, más real.

— [Anfitrión, se detecta una fluctuación inusual en su núcleo de energía] —la voz del Sistema rompió su letargo—. [La mezcla de la energía del deseo de Subaru Natsuki y su propia esencia de Dragón Eterno está acelerando el proceso de 'Evolución de Escamas'. Actualmente: 12%].

Damián abrió un solo ojo, una pupila plateada que parecía un eclipse lunar. Se estiró, haciendo que el espacio mismo crujiera con un sonido similar al del cristal rompiéndose.

—¿Solo el doce por ciento? —se quejó, enviando una onda de choque azul a través del vacío—. He reescrito el destino de un reino entero, he asustado a un espíritu de fuego y he humillado a una asesina psicópata. ¿Qué tengo que hacer para conseguir un aumento de sueldo en este lugar?

— [Su leyenda debe ser grabada en el tejido de los mundos, no solo en sus crónicas] —respondió el Sistema con su habitual frialdad—. [Además, un nuevo llamado está emergiendo. Esta vez, la fuente de energía no es la desesperación, sino la ambición pura].

Damián soltó un bostezo que habría tragado una galaxia entera si hubiera estado en el universo físico.

—Ambición... eso suena a alguien que quiere conquistar el mundo o ser el rey de algo. Qué predecible. ¿No podemos simplemente ignorarlo y decir que el dragón está de vacaciones en el Caribe?

— [El invocador posee un objeto de poder que resuena con su origen. Se trata de una anomalía. Se recomienda intervención inmediata].

Damián se enderezó, su largo cuerpo azul zafiro ondeando como una cinta de seda al viento. Si había algo que odiaba más que ser despertado, era la curiosidad que el Sistema lograba inyectarle.

—Está bien, vamos allá. Pero esta vez quiero algo a cambio. Si cumplo el deseo, quiero que me permitas materializar una forma humana permanente en mi dimensión. Estoy harto de no tener pulgares para usar un control remoto imaginario.

— [Petición registrada. Iniciando transferencia...]

***

Mundo de One Piece. Gran Line.

El cielo sobre el Mary Geoise, la Tierra Santa, no solía cambiar. Siempre era brillante, majestuoso y opresivo. Sin embargo, en un rincón olvidado de los archivos secretos del Castillo de Pangea, algo estaba ocurriendo. Un individuo encapuchado, cuyas manos temblaban no de miedo sino de una anticipación febril, sostenía un pergamino antiguo y siete esferas de piedra que no brillaban, pero que vibraban con una frecuencia antinatural.

—Dicen que el Dragón de los Deseos desapareció hace eones... —susurró el hombre, cuya voz denotaba una edad avanzada—. Pero el equilibrio del mundo se rompe. El Gobierno Mundial, los Yonko... todo es un caos. Necesito una fuerza que no pertenezca a este mar.

De repente, el aire se volvió denso. No era Haki, no era el poder de una Fruta del Diablo. Era algo primordial.

El techo del archivo secreto simplemente dejó de existir, no porque se rompiera, sino porque fue desplazado a otra dimensión. En su lugar, un torbellino de nubes de color azul cobalto descendió, iluminando la estancia con un fulgor místico.

Damián emergió. Esta vez, decidió no contenerse tanto. Su cuerpo se enroscó alrededor de las inmensas columnas del castillo, sus escamas de zafiro raspando el mármol sagrado como si fuera papel de lija. Sus ojos plateados se fijaron en el pequeño anciano.

—Has hecho mucho ruido para ser alguien que vive en las sombras —dijo Damián. Su voz no fue un trueno, sino un susurro que se filtró directamente en los huesos del hombre—. Habla, mortal. ¿Qué es lo que tu ambición desea tanto como para perforar el velo entre mundos?

El anciano cayó de rodillas. No podía respirar. La presencia del dragón era como tener un océano entero presionando su pecho.

—¡Oh, Gran Dragón de Zafiro! —exclamó el hombre, con la frente pegada al suelo—. El mundo está sumido en una guerra sin fin. Los hombres buscan un tesoro que solo trae destrucción. ¡Deseo el conocimiento! ¡Deseo saber la verdad sobre el Siglo Vacío y cómo restaurar el orden!

Damián parpadeó lentamente. Miró al anciano y luego escaneó el mundo exterior con su percepción divina. Vio barcos con velas negras, vio islas que volaban, vio a un chico con un sombrero de paja luchando contra gigantes.

—¿El Siglo Vacío? —repetió Damián, rascándose la barbilla con una garra blanca—. Qué aburrido. Quieres un libro de historia. Podrías haber ido a una biblioteca en lugar de molestarme.

—¡No es solo historia! —protestó el hombre—. ¡Es el poder para cambiar el futuro!

Damián soltó una carcajada que hizo que las campanas de toda la Tierra Santa repicaran solas.

—El futuro no se cambia con libros, anciano. Se cambia con voluntad. Pero me gusta tu audacia. Invocarme en el corazón de este "Gobierno" tuyo... es un movimiento arriesgado.

Damián se inclinó, su rostro gigante a centímetros del hombre.

—Podría darte ese conocimiento. Podría simplemente descargar toda la verdad de este mundo en tu cerebro —dijo el dragón con una sonrisa perezosa—. Pero tu cabeza estallaría como un melón maduro. Los humanos no están hechos para contener la verdad absoluta.

—¡Entonces dame una señal! —suplicó el hombre—. ¡Algo que los haga temblar! ¡Algo que demuestre que hay un poder por encima de los dioses de este mundo!

Damián suspiró.

—Siempre queréis un espectáculo de fuegos artificiales. Está bien. Te daré tu "señal". Pero no será un libro. Será una advertencia.

Damián elevó su cuerpo, atravesando las nubes hasta que su figura fue visible para todos en Mary Geoise. Los Dragones Celestiales, los guardias, los esclavos... todos miraron hacia arriba. Vieron a la inmensa serpiente azul que eclipsaba el sol, cuyas escamas brillaban con la luz de mil zafiros.

— [Habilidad detectada: Presencia de la Deidad Eterna] —anunció el Sistema—. [Efecto: Parálisis por asombro activada en un radio de 50 kilómetros].

Damián abrió la boca y, en lugar de fuego, exhaló una ráfaga de energía plateada. La luz no destruyó nada físico, pero barrió el cielo, borrando todas las nubes y dejando una marca permanente en el firmamento: una constelación en forma de dragón enroscado que sería visible incluso a plena luz del día durante los próximos cien años.

—He cumplido tu deseo de una "señal" —tronó la voz de Damián, resonando en cada rincón del Gran Line—. A partir de hoy, este mundo sabe que hay algo más allá de sus mares y sus frutas. La verdad que buscas está ahí fuera, pero no te la daré masticada. No soy un profesor de escuela.

El anciano miraba hacia arriba, con los ojos llenos de lágrimas. El conocimiento no había entrado en su mente, pero la esperanza —o quizás el terror— sí.

—¡Espera! —gritó un guardia de alto rango, desenvainando una espada que brillaba con Haki—. ¡No sé qué clase de criatura seas, pero este es territorio sagrado! ¡Identifícate!

Damián miró al guardia como si fuera una hormiga particularmente ruidosa.

—¿Territorio sagrado? —preguntó Damián con desdén—. He dormido en dimensiones que harían que vuestros dioses lloraran como niños. No me hables de sacralidad, pequeño espadachín.

Con un movimiento rápido de su cola, Damián generó una ráfaga de viento que mandó a volar a todo el batallón de guardias, no para matarlos, sino para quitárselos de encima como quien espanta moscas.

—Me voy —anunció Damián—. Este mundo huele demasiado a sal y a sudor. Sistema, sácame de aquí. El anciano ya tiene su juguete nuevo.

— [Deseo procesado. Recompensa: Fragmento de Autoridad Espacial. Evolución de Escamas: 20%].

Antes de desaparecer, Damián sintió una presencia. Lejos, en una isla llamada Egghead, algo o alguien lo estaba observando a través de la tecnología. Y en otro lugar, un hombre con una cicatriz en el ojo y una capa verde sonreía al ver la nueva constelación.

—Esto se está poniendo interesante —murmuró Damián mientras su cuerpo se desvanecía en partículas de luz azul—. Pero sigo queriendo mi almohada.

***

De vuelta en el vacío, Damián no se durmió de inmediato. Se quedó mirando sus garras. Ahora, las puntas de sus dedos tenían un matiz dorado, un signo de que su poder estaba mutando de nuevo.

—Sistema —dijo Damián, dejándose flotar de espaldas—. Ese anciano... no pidió dinero, ni poder personal. Pidió un cambio para su mundo. Es raro encontrar a alguien así después de lo del cerdo y las bragas.

— [Los deseos evolucionan según el alma del invocador, Anfitrión] —explicó el Sistema—. [A medida que tu leyenda crezca, los deseos serán más complejos. Estás dejando de ser un simple dispensador de milagros para convertirte en un pilar del multiverso].

Damián hizo una mueca de disgusto.

—Pilar suena a mucho trabajo. Yo prefiero ser el adorno del techo. Ese que nadie toca pero que todos admiran.

— [Se ha desbloqueado una nueva función: 'Avatar Humano (Prototipo)'. Debido a que has alcanzado el 20% de evolución, puedes proyectar una forma humana durante cortos periodos de tiempo en los mundos que visites].

Damián dio un vuelco en el aire, emocionado.

—¡Al fin! ¿Puedo elegir mi apariencia? Quiero algo que no grite "soy un dios", pero que tampoco sea "trabajador de oficina estresado". Algo... relajado.

— [La apariencia se basará en tu esencia: joven, de cabello azul oscuro y ojos plateados. ¿Deseas probarla ahora?]

—No, guárdatela para el próximo mundo. Si voy a ser humano, quiero que sea para comer algo delicioso o para dormir en una cama de verdad, no para flotar en este vacío oscuro.

Damián se enroscó de nuevo, sintiendo cómo la fatiga de usar su autoridad espacial lo invadía. Ser Shenlong era agotador, incluso si solo trabajaba cinco minutos por siglo. Pero había algo en la mirada de aquel anciano, y en la de Subaru antes que él, que le daba una extraña satisfacción. No era solo el poder; era el hecho de que él, un oficinista que murió por exceso de trabajo, ahora era el ser más importante en la vida de esas personas.

—No está mal —susurró Damián, cerrando los ojos—. Nada mal para un dragón perezoso.

El silencio volvió a reinar en la dimensión de zafiro. Pero fuera, en el multiverso, la leyenda del Dragón Azul de los Deseos se propagaba como un incendio forestal. En Lugnica, los bardos ya cantaban sobre la bestia que detuvo el tiempo. En el Gran Line, los eruditos buscaban el significado de la nueva constelación.

Y en algún lugar, en un mundo de héroes y villanos, un joven sin poderes miraba al cielo, deseando con todas sus fuerzas una oportunidad. El llamado estaba cerca, y Damián, aunque no lo supiera, estaba a punto de tener que dejar su siesta una vez más para demostrar que, a veces, los deseos más puros no necesitan esferas de cristal, solo un dragón con ganas de divertirse.

— [Hibernación iniciada. Próximo destino: Clasificado].

Damián roncó suavemente, y una pequeña chispa de energía azul escapó de su nariz, viajando a través de las dimensiones como una promesa de que el Dragón Eterno siempre estaría escuchando... siempre que el deseo fuera lo suficientemente interesante.