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Regina Vibes

Mini-Mí y el Arte de la Adopción Estética

La llegada de los alumnos de primer año a la preparatoria de Beacon Hills siempre era un evento caótico, lleno de adolescentes desorientados, hormonas en ebullición y mochilas demasiado grandes para hombros demasiado pequeños. Pero este año, el caos tenía un filtro de Instagram y un aroma a perfume de diseñador. Reah Gorge estaba de pie en el vestíbulo principal, con una mano en la cadera y la otra sosteniendo un café helado con tres tipos de leche vegetal que Stiles le había entregado hacía exactamente cinco minutos.

Ese día, Reah vestía un conjunto que gritaba "autoridad glamurosa": una chaqueta de cuero rosa chicle sobre un top blanco de seda, una minifalda rosa con tablas impecables y unos tacones de aguja de aguja de marca que hacían que su caminar resonara como una sentencia de muerte para el mal gusto. A su lado, Isaac Lahey, su fiel "lobo tierno", cargaba con una bolsa de deporte llena de nuevos pompones con la paciencia de un santo y la devoción de un caballero andante.

—Honestamente, Isaac —dijo Reah, ajustándose sus gafas de sol de montura rosa—, el nivel de estilo de los de primer año es... deprimente. Es como si hubieran decidido que la pubertad es una excusa para vestirse en la oscuridad.

—Solo tienen catorce años, Reah —respondió Isaac con una sonrisa suave—. A esa edad, sobrevivir al primer día ya es un logro.

—No es excusa para usar calcetines con sandalias —sentenció ella.

Fue en ese momento cuando el aire cambió. Scott McCall y Stiles Stilinski doblaron la esquina del pasillo escoltando a un chico que parecía un manojo de nervios y energía cinética mal dirigida. Tenía el cabello rubio ceniza, ojos claros llenos de una intensidad casi salvaje y una expresión que oscilaba entre el pánico y las ganas de golpear algo.

—¡Reah! —gritó Stiles, agitando los brazos—. ¡Reah, tienes que ayudarnos! Este es Liam Dunbar. Es el nuevo... eh... fichaje de Scott.

Scott se rascó la nuca, pareciendo un hermano mayor superado por las circunstancias.

—Es mi beta, Reah. O bueno, lo será. Ha tenido un primer día un poco... explosivo. Problemas de control, ya sabes.

Reah bajó lentamente sus gafas de sol, dejando que sus ojos azules escanearan al chico de arriba abajo. Liam se quedó congelado ante la imponente figura de la rubia. Nunca había visto a alguien que pareciera tan fuera de lugar en una escuela pública y, al mismo tiempo, tan dueña de cada centímetro de suelo que pisaba.

—¿Liam? —preguntó Reah, su voz arrastrando las sílabas con una sofisticación letal—. Interesante.

Caminó hacia él con pasos lentos y rítmicos. El clic-clic de sus tacones parecía sincronizarse con los latidos acelerados del corazón de Liam. Se detuvo a escasos centímetros de él, obligando al chico a levantar la vista debido a la altura que le proporcionaba el calzado de Reah.

—Es rubio —observó ella, como si estuviera analizando una pieza de arte—. Tiene esos ojos de "voy a causar un desastre" y una estructura ósea sorprendentemente buena bajo toda esa angustia adolescente.

—Tiene problemas de ira —susurró Stiles, acercándose al oído de Reah—. Rompió el coche de un profesor con un palo de lacrosse. Es un desastre encantador.

Reah rodeó a Liam lentamente, como una depredadora de alta costura evaluando a su presa. Liam se giraba siguiendo sus movimientos, confundido y extrañamente intimidado.

—Es perfecto —dijo Reah finalmente. Se colocó de nuevo frente a él y, en un gesto que recordó a todo el mundo a una famosa película de espías y villanos excéntricos, se llevó el dedo meñique a la comisura de los labios, esbozando una sonrisa astuta—. Lo he decidido. Lo adoptaré.

—¿Qué? —exclamaron Scott, Stiles y Liam al unísono.

—A partir de hoy, Liam, dejas de ser un simple proyecto de Scott —declaró Reah, extendiendo una mano para acomodar el cuello de la camiseta del chico—. Eres mi nueva adquisición. Eres pequeño, eres rubio, tienes mal carácter y vas a ser mi sombra.

Miró a sus amigos con una expresión de triunfo absoluto.

—Lo llamaré... Mini-Mí.

Stiles soltó una carcajada que se cortó en seco cuando Reah le lanzó una mirada fulminante.

—Es igual que en la película, Stiles —dijo ella—. Él es la versión compacta, furiosa y potencialmente peligrosa de mi imperio. Solo necesita un poco de pulido, un cambio de armario y que alguien le enseñe que la ira es mucho más efectiva si se usa para conseguir la mesa principal en la cafetería que para romper coches.

—Reah, no puedes simplemente adoptar a un ser humano —protestó Scott, aunque en el fondo se sentía aliviado de que alguien más se hiciera cargo del temperamento de Liam.

—Mírame —respondió ella—. Liam, ven aquí.

El chico, por una razón que ni siquiera él mismo comprendía (pero que probablemente tenía que ver con el aura de mando que Reah desprendía), dio un paso adelante.

—Escúchame bien, Mini-Mí —dijo Reah, tomándolo por los hombros—. Beacon Hills es un lugar peligroso. Hay monstruos, hay cazadores y, lo que es peor, hay gente que usa imitaciones de marca. Pero mientras estés conmigo, serás intocable. Serás el príncipe de mi escuadrón. A cambio, solo te pido lealtad absoluta y que dejes de gruñirle a la gente; es de mala educación y arruga la frente.

Liam parpadeó, mirando a Scott en busca de ayuda.

—Hazle caso, Liam —susurró Isaac desde atrás, todavía cargando las cajas—. Es más fácil así. Además, te comprará ropa mejor que la que tienes ahora.

Reah asintió con aprobación.

—Isaac tiene razón. Tu primera lección, Mini-Mí: el estilo es tu armadura. Si vas a transformarte en un lobo y destrozar cosas, asegúrate de que lo que lleves puesto sea elástico y de buena calidad. No acepto jirones de tela barata en mi presencia.

—Yo... yo no soy un "Mini-Mí" —logró decir Liam, aunque su voz carecía de convicción.

—Oh, lo eres —insistió Reah, volviendo a llevarse el dedo meñique a los labios con ese gesto travieso y malvado—. Eres mi versión miniatura de destrucción masiva. Ahora, sígueme. Vamos a la cafetería. Quiero que todos vean a mi nuevo protegido. Isaac, trae el café de Liam. Sospecho que necesita cafeína para calmar esos nervios.

Reah se dio la vuelta, haciendo que su minifalda rosa volara con elegancia, y comenzó a caminar por el pasillo. Liam, tras un momento de duda, empezó a caminar tras ella.

—¡Espera! —gritó Stiles—. ¡Reah, tenemos entrenamiento de lacrosse en diez minutos!

—Mini-Mí no irá al entrenamiento hoy —respondió Reah sin mirar atrás—. Tiene una cita con el estilista. O lo que es lo mismo, conmigo y una tarjeta de crédito sin límite. El lacrosse puede esperar; la estética no.

Scott y Stiles se quedaron parados en medio del pasillo, viendo cómo la procesión se alejaba: Reah liderando con sus tacones de infarto, Liam caminando a su sombra con cara de no saber si estaba en el cielo o en el infierno, e Isaac cerrando la marcha como el hermano mayor resignado.

—Bueno —dijo Stiles, rascándose la cabeza—, supongo que eso soluciona el problema de quién iba a vigilar a Liam para que no matara a nadie. Ahora estará demasiado ocupado probándose zapatos rosas o algo así.

—No creo que le ponga nada rosa a Liam, Stiles —dijo Scott, aunque no estaba muy seguro—. Pero tienes que admitir que Reah tiene un don. Ha conseguido que Liam deje de temblar de ira en menos de tres minutos.

—Es el poder del meñique, Scott —sentenció Stiles—. Nunca subestimes a una chica que cita a Austin Powers mientras planea la dominación mundial de la preparatoria.

Mientras tanto, en la cafetería, la entrada de Reah fue, como siempre, triunfal. Pero la verdadera sorpresa fue ver al chico de primer año caminando justo detrás de ella. Reah se subió a una de las sillas, atrayendo todas las miradas.

—¡Atención, todos! —anunció, su voz clara y melodiosa cortando el murmullo general—. Para aquellos que no lo sepan, este es Liam. Mi Mini-Mí. A partir de ahora, cualquier problema con él es un problema conmigo. Y créanme, no quieren tener un problema conmigo. No tengo garras, pero tengo contactos en las mejores tiendas de la costa oeste y puedo hacer que su vida social desaparezca antes de que termine el almuerzo.

Liam, que al principio se sentía ridículo, empezó a notar cómo los chicos de segundo y tercer año, que antes lo miraban con superioridad, ahora bajaban la vista con respeto (o miedo). Se irguió un poco más, sintiendo el extraño calor de la protección de Reah.

—Siéntate, Mini-Mí —dijo Reah, señalando el lugar a su lado en la mesa principal—. Isaac, dale su bebida.

Isaac le entregó a Liam un batido que olía sospechosamente a fresa y vainilla.

—Es rosa —observó Liam, mirando el líquido.

—Es poder líquido —corrigió Reah, tomando un sorbo de su propio café—. Bébelo. Te hará sentir más... sofisticado.

A lo largo de la tarde, Reah se dedicó a su nueva misión con un entusiasmo aterrador. Le enseñó a Liam cómo caminar por los pasillos ("Hombros atrás, mirada de aburrimiento selectivo, Liam"), cómo responder a los profesores con un sarcasmo educado pero firme, y cómo ignorar a las chicas que intentaban llamar su atención ("Eres demasiado joven para distracciones baratas, Mini-Mí; espera a que yo apruebe a tus candidatas").

Incluso cuando llegó la hora de que la manada se reuniera en el bosque para hablar de los problemas sobrenaturales que acechaban al pueblo, Reah se presentó con Liam a rastras.

Derek Hale, que estaba apoyado contra un árbol con su habitual expresión de tormento existencial, miró al grupo con incredulidad.

—¿Qué hace ella aquí? —preguntó Derek, señalando a Reah—. ¿Y por qué el chico nuevo lleva una chaqueta de marca que cuesta más que mi coche?

—Se llama estilo, Derek. Deberías probarlo alguna vez, ese cuero negro está empezando a oler a desesperación —respondió Reah, sin inmutarse por la mirada gélida del Alpha—. Y este es mi Mini-Mí. Está aquí para aprender que ser un hombre lobo no es excusa para descuidar el aspecto personal.

—Es un beta, no un accesorio de moda —gruñó Derek.

—Puede ser ambas cosas —replicó Reah, cruzando los brazos—. Liam, enséñale lo que aprendimos hoy.

Liam, sintiéndose extrañamente motivado, dio un paso adelante y miró a Derek a los ojos. No rugió, no mostró los colmillos. Simplemente levantó una ceja con una mezcla de superioridad y aburrimiento que era un calco exacto de la expresión de Reah.

—Hola, Derek —dijo Liam con voz calmada—. Bonita chaqueta. ¿Es de la temporada pasada o simplemente te gusta el estilo retro-depresivo?

Stiles soltó una carcajada tan fuerte que se cayó de la roca donde estaba sentado. Scott se tapó la boca con la mano, horrorizado y divertido a la vez. Isaac simplemente asintió con orgullo, como un mentor viendo a su pupilo triunfar.

Derek se quedó sin palabras. Por primera vez en su vida, alguien lo había dejado fuera de juego sin necesidad de usar la fuerza física. Miró a Reah, quien le dedicó una sonrisa radiante y volvió a llevarse el dedo meñique a la boca.

—Te lo dije —susurró Reah—. Mini-Mí es brillante.

La reunión continuó, pero el ambiente era diferente. La tensión habitual de Beacon Hills parecía haberse disipado bajo el aura de Reah y su nuevo protegido. Incluso cuando hablaron de los peligros que se avecinaban, Reah tenía una solución estética para todo.

—Si vamos a patrullar el bosque —dijo ella—, necesitamos linternas frontales con luz LED blanca, no esa luz amarilla amarillenta que hace que todos parezcamos enfermos. Y por favor, Isaac, asegúrate de que Liam no se ensucie la chaqueta si tiene que transformarse.

Al final de la noche, mientras regresaban a los coches, Liam se acercó a Reah.

—Oye... Reah —dijo tímidamente—. Gracias. Por lo de hoy. Me sentía muy perdido y... bueno, ahora parece que tengo un lugar aquí.

Reah se detuvo y lo miró. Por un breve momento, la máscara de "Regina George" se deslizó, revelando a la chica sentimental y dulce que Stiles había vislumbrado en el gimnasio. Le puso una mano en la cabeza y le revolvió el cabello rubio con cariño.

—No te preocupes, Mini-Mí —dijo en voz baja—. Este pueblo puede ser una pesadilla, pero mientras estés bajo mi protección, nos aseguraremos de que sea una pesadilla con mucho estilo. Mañana te recogeré para ir a clase. Y no te pongas esa camiseta gris otra vez; el gris es para la gente que no quiere ser vista, y tú y yo siempre seremos el centro de atención.

—Entendido, jefa —respondió Liam con una sonrisa de verdad.

Reah subió a su descapotable rosa, con Isaac al volante. Mientras se alejaban, Liam se quedó mirando las luces traseras del coche.

—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Scott, acercándose a su beta.

—Creo que he sido adoptado por una reina rubia que quiere conquistar el mundo con brillo de labios y sarcasmo —respondió Liam, todavía procesándolo—. Y lo peor es que... creo que me gusta.

Stiles se puso al lado de ellos, observando el rastro del perfume de Reah que todavía flotaba en el aire del bosque.

—Bienvenidos al mundo de Reah Gorge, chicos —dijo Stiles—. Donde los hombres lobo son accesorios, la ira se cura con compras y todos somos, de una forma u otra, parte de su plan de dominación mundial.

Esa noche, Stiles escribió en su tablero de investigación, justo debajo de la foto de Reah: "Actualización: Ha empezado a clonarse. El ejército de los Mini-Mís es inminente. El rosa es inevitable".

Beacon Hills seguía siendo un lugar de sombras y misterios, pero ahora, gracias a Reah y su pequeño Mini-Mí, esas sombras tenían que tener mucho cuidado. Porque no había nada más peligroso en ese pueblo que una rubia inteligente con un plan, un beta leal con problemas de ira y un par de tacones de aguja que no se detenían ante nada. La revolución rosa acababa de ganar un nuevo e inesperado soldado, y el tercer año de Reah Gorge apenas estaba empezando a mostrar su verdadero brillo.