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Rivals

Un Nuevo Amanecer y Viejas Llamadas

El suave ronroneo de Calliope contra su pecho era el único sonido que rompía el silencio en la habitación. Kaiser la observaba dormir, su rostro angelical relajado en el sueño, las huellas de las lágrimas aún visibles en sus mejillas. La luz de la luna, ahora más tenue, se filtraba por la ventana, pintando el cuarto con un tono plateado. La nieve seguía cayendo afuera, un manto blanco cubriendo Londres, como si la naturaleza misma estuviera intentando purificar el pasado y ofrecer un lienzo en blanco para el futuro.

Kaiser sintió una oleada de emociones, una mezcla de alivio, ternura y una punzada de miedo. Alivio porque la verdad finalmente había salido a la luz, ternura por la vulnerabilidad de la mujer que amaba, y miedo por lo que vendría después. Millones de años de malentendidos no se desvanecerían de la noche a la mañana. Pero por primera vez en eones, sentía una esperanza genuina.

Con sumo cuidado, para no despertarla, deslizó un brazo por debajo de su cabeza y con el otro acarició su cabello rosado. Era suave, sedoso, tal como lo recordaba. El calor de su cuerpo contra el suyo era un bálsamo para su alma solitaria. Se permitió cerrar los ojos por un momento, saboreando el instante, el simple hecho de tenerla de vuelta en sus brazos.

De repente, un zumbido vibró en el bolsillo de su gabardina, que estaba colgada en la silla cercana. Kaiser frunció el ceño. ¿Quién lo llamaría a estas horas de la madrugada? Estiró el brazo, con cuidado, para alcanzar su teléfono. La pantalla brillaba con el nombre de "Amelia" y una foto de grupo de cinco chicas sonrientes, donde Calliope era una de ellas. Era una llamada grupal. Las "Myth".

Una sonrisa irónica se dibujó en sus labios. Así que las amigas de Calli la estaban buscando. Claro, después de que ella se había ido con él de repente. Pensó en contestar, pero luego miró a Calliope, durmiendo pacíficamente. No quería despertarla. Además, ¿qué les diría? ¿"Hola, aquí Kaiser, el tipo que pensaban que odiaba a Calli, pero resulta que nos amamos y ahora está dormida en mi pecho"? No, eso sería un desastre.

Dejó que la llamada se cortara. Pero casi de inmediato, el teléfono volvió a vibrar. Esta vez era un mensaje de texto de Amelia: "¿Calli, dónde estás? ¡Estamos preocupadas! ¿Estás bien? ¿Kaiser no te hizo nada, verdad? ¡Responde!"

Kaiser soltó un suspiro. Esto iba a ser complicado. Las Myth eran como una familia para Calliope, y él sabía que eran protectoras. Y con razón, dadas las circunstancias. Él mismo había contribuido a la imagen de rivalidad y animosidad.

Miró a Calliope de nuevo. Se veía tan tranquila, tan en paz. No podía despertarla para esto. Decidió que lo mejor era lidiar con esto por la mañana, cuando ella estuviera despierta y pudiera explicar las cosas a sus amigas. Por ahora, su prioridad era proteger su descanso.

Guardó el teléfono de nuevo en el bolsillo de su gabardina y volvió a concentrarse en Calliope. Acarició su cabello una vez más, sintiendo la calidez de su respiración contra su piel. La noche era larga, y el camino hacia la reconciliación total sería aún más largo, pero por ahora, esto era suficiente. Tenía a Calliope a su lado, y eso era todo lo que importaba.

Se quedó observándola, perdiéndose en sus pensamientos. Recordó los días en que todo era más simple, cuando su amor florecía sin las sombras del pasado. Los paseos por los campos elíseos, las risas compartidas bajo el sol eterno, las promesas susurradas a la luz de las estrellas. Luego vinieron los demonios, la batalla, la decisión que él tomó para salvarla, y el malentendido que los separó por eones.

La ironía era tan cruel. Él creía haberla salvado, y ella creía haber sido abandonada. Ambos sufriendo en silencio, construyendo muros de hostilidad para protegerse del dolor que creían que el otro les causaba. Y ahora, aquí estaban, en la misma cama, la verdad finalmente desvelada.

La mañana llegó con un suave resplandor grisáceo que se colaba por la ventana. Calliope se removió en su sueño, emitiendo un pequeño gemido antes de abrir los ojos lentamente. Su mirada se encontró con la de Kaiser, y por un instante, una ola de confusión cruzó su rostro. Luego, los recuerdos de la noche anterior la golpearon, y una oleada de rubor tiñó sus mejillas.

– Buenos días – susurró Kaiser, su voz suave y llena de ternura.

– Buenos días – respondió ella, su voz un poco ronca. Se dio cuenta de lo cerca que estaban, de la intimidad de la situación, y su corazón dio un vuelco. – Yo... yo lo siento. Me quedé dormida.

– No te disculpes – dijo él, sonriendo. – Dormiste bien. Y te veías tan pacífica que no quise moverte.

Ella se acurrucó un poco más contra él, el calor de su cuerpo era tan reconfortante. – Me siento... extraña. Como si hubiera despertado de un sueño muy largo y pesado.

– Lo entiendo – dijo Kaiser, acariciando su cabello. – Pero ya no estás soñando. Esto es real.

Un silencio cómodo se instaló entre ellos, roto solo por el suave sonido de la nieve cayendo afuera. Calliope levantó la cabeza y lo miró a los ojos, una mezcla de emociones reflejadas en los suyos.

– Kaiser – dijo ella, su voz apenas un susurro. – Todo lo que dijimos anoche... ¿es verdad? ¿Realmente no me abandonaste?

– Cada palabra – afirmó él, su mirada firme. – Mi intención nunca fue dejarte. Solo quería darte una oportunidad. Te amo, Calli. Siempre lo he hecho.

Una lágrima solitaria se deslizó por la mejilla de Calliope. – Y yo a ti, Kaiser. Siempre te he amado. Incluso cuando pensaba que me odiabas.

Él la besó suavemente en la frente, un beso lleno de promesas y arrepentimiento. – Tenemos mucho de qué hablar. Mucho que reconstruir. Pero lo haremos. Juntos.

Ella asintió, su corazón lleno de una esperanza que creía perdida para siempre.

De repente, el teléfono de Kaiser volvió a sonar. Esta vez era una llamada de "Gura". Y luego otra de "Kiara". Y otra de "Ina". Las Myth, en pleno ataque de pánico.

Kaiser soltó un suspiro. – Parece que tus amigas están un poco... preocupadas.

Calliope frunció el ceño. – ¿Mis amigas? ¿Por qué?

– Bueno – dijo Kaiser, con una sonrisa irónica. – Después de la escena de anoche, y considerando nuestra reputación de "enemigos acérrimos", supongo que es natural que estén un poco alarmadas por tu desaparición repentina conmigo.

Calliope abrió los ojos en shock. – ¡Oh, no! ¡Se me olvidó por completo! Deben de estar pensando lo peor.

– Probablemente – Kaiser se encogió de hombros. – Amelia me envió un mensaje preguntando si no te había hecho nada.

Calliope se sonrojó, luego se rió. Una risa genuina y alegre que Kaiser no había escuchado en eones. – ¡Amelia! Siempre tan dramática.

– No la culpo – dijo Kaiser. – Después de todo, durante millones de años hemos estado actuando como si quisiéramos arrancarnos la cabeza el uno al otro.

– Tenemos que llamarlas – dijo Calliope, incorporándose. – Necesito explicarles.

– O podríamos simplemente ignorarlas y disfrutar de este momento – sugirió Kaiser, con una sonrisa pícara.

Calliope le dio un codazo juguetón. – ¡Kaiser! Son mis amigas. Y estoy segura de que están al borde de un ataque al corazón.

– De acuerdo, de acuerdo – se rindió él, levantando las manos en señal de rendición. – Pero al menos déjame hacerte un café. Y tal vez... un abrazo más.

Ella le sonrió, su corazón lleno de una calidez que había olvidado que existía. – Un abrazo más. Y luego, el café. Y luego, tendremos que enfrentar a las Myth.

Kaiser la abrazó de nuevo, sintiendo la suavidad de su cuerpo contra el suyo. La noche había sido un torbellino de emociones, de verdades dolorosas y de una reconciliación esperada. La mañana traía consigo la promesa de un nuevo comienzo, pero también los desafíos de un pasado que no se borraría tan fácilmente. Las Myth eran solo el primer obstáculo.

Pero por primera vez en millones de años, Kaiser no sentía miedo. Tenía a Calliope a su lado, y juntos, podrían enfrentar cualquier cosa. El amor, al final, había encontrado su camino, desafiando el tiempo, la distancia y los malentendidos. Y en el corazón de Londres, bajo un manto de nieve recién caída, un nuevo capítulo comenzaba para Kaiser y Calliope, un capítulo lleno de esperanza, amor y, sin duda, muchas explicaciones.